Crecimiento económico, ¿para quiénes?

La opinión de…

Christi Escalante 

En los últimos tres años me ha sorprendido el alto crecimiento económico con que Panamá se ha perfilado, y parece que este buen ambiente económico se mantendrá por algunos años más.

Sin embargo, este supuesto crecimiento no se compagina con la realidad que vivimos los panameños. Cada día observamos cómo se incrementan sin cesar los precios de los alimentos, el aumento de los impuestos y el alto costo de la energía eléctrica, factores que terminan originando pobreza y extrema pobreza.

Otros de los tantos malestares que nos agobian, son el pésimo sistema de salud y transporte, los tranques descomunales, la ausencia de agua potable en sectores apartados, la inseguridad en las calles, el crecimiento de los maleantes de cuello blanco, algunos políticos altamente mediocres y, bueno, si sigo mencionando no creo acabar nunca.

Precisamente, hace escasamente unos días tuve el disgusto de escuchar a un alto funcionario del Ministerio de Desarrollo Agropecuario aconsejar al pueblo que, en virtud del costo elevado de algunos productos, se hace necesario optar por alimentos sustitutos, es decir, que si antes teníamos acceso a comprar ciertas verduras o vegetales, simplemente ya no podremos consumirlos. Sus palabras produjeron en mí “repugnancia” y una percepción de mediocridad del personaje, al ser incapaz de ofrecer alternativas para lograr que los precios de los productos bajen, pero ya todos sabemos de qué va esto.

Los panameños nos merecemos una mejor calidad de vida, y no me refiero únicamente a percibir un buen salario, es poder además contar con una buena alimentación, beneficiarnos de un sistema educativo y de salud confiable y digno, poder movilizarnos en un servicio de transporte público adecuado, un verdadero sistema legal donde impere la ley y que los infractores –no importa de quiénes se trate– sean verdaderamente sancionados.

También anhelamos un clima agradable y tranquilo en los vecindarios, sin tener que escuchar palas excavadoras a las 8:00 p.m. y permitirnos descansar; vivir en un lugar donde no haya hacinamiento de viviendas, ya que las autoridades conceden permisos de construcción a diestra y siniestra, sin hacer las evaluaciones técnicas responsables y serias, todo por permitirle a empresarios inescrupulosos hacer grandes negocios; un país donde se respete y proteja el medio ambiente; pero lamentablemente estamos a muchos años luz de lograr que todo esto mejore y todavía este gobierno se atreve a decirnos que está trabajando.

Con profunda tristeza y decepción observo cómo este gobierno quiere reflejar de cara al exterior y a nosotros mismos, que Panamá es una especie de fina y majestuosa alfombra persa, pero nosotros los panameños, sabemos muy bien lo que hay debajo: abundante porquería, y nosotros, lamentablemente somos sus receptores.

Este crecimiento económico no está llegando a los panameños, principalmente a los más humildes, por eso me atrevo a preguntar: crecimiento económico, ¿para quiénes?

Lo único que nos queda es aferrarnos a nuestros valores y principios, defender y proteger nuestros derechos, que el pueblo alce su voz al unísono en contra de todo aquello que hoy sigue perjudicándonos.

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Este artículo se publicó el 20 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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