Martinelli, punto sin retorno

La opinión del Periodista….

DEMETRIO  OLACIREGUI  Q.


El haber forzado la destitución de la procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, y la saña con que ordenó aplastar el movimiento huelguístico de Changuinola, dos hechos gravísimos dentro de la cascada cotidiana de violaciones contra la institucionalidad y los derechos civiles, va cerrando el círculo totalitario en el que Ricardo Martinelli está sumiendo al país.   En forma precipitada su gobierno ha desnaturalizado la democracia panameña y pisoteado los Órganos del Estado para erigirse en el amo absoluto del país.

En el caso de Changuinola, Martinelli y su círculo de poder tratan de falsificar la historia para hacer creer al colectivo nacional que los trabajadores e indígenas fueron los responsables de una tragedia —condenada por la mayoría ciudadana como una acción fascista, genocida y racista—, cuyo único origen está en la imposición de una ley que atenta contra la convivencia pacífica y la estabilidad social.

Mientras una comisión nombrada en forma unilateral busca reforzar la teoría oficial de un movimiento anárquico encabezado por opositores, con el mayor cinismo el gobierno rehúsa responder por los muertos, los centenares de heridos y las decenas de ciegos de por vida.    Un diálogo engañoso concede, como gran aporte, descontinuar el bombardeo de la propaganda sobre las supuestas bondades de la ley que originó el masivo descontento social.

El escarnio al que fue sometida la ahora ex procuradora obedece al capricho de Martinelli y cinco magistrados del máximo Órgano de Justicia convertidos, como editorializó un diario nacional, en sus ‘mercenarios y mercaderes’.   Gómez, asediada y tratada en forma vulgar,   rechazó de plano violentar los procedimientos legales para detener a opositores políticos y empresarios.   Ante la acusación directa de pretender manosear la justicia,  Martinelli reaccionó colérico contra la ex procuradora.   ‘Puede decir misa’, rugió.

Acostumbrado a sus espectáculos mediáticos de mazazos, la condena de Gómez es un golpe contra la institucionalidad democrática. Sin embargo, la opinión pública sabe quién fue el titiritero que manejó los hilos para precipitar lo que ha significado su propia condena, ante una Nación que observa angustiada cómo ha cruzado el punto sin retorno de las transgresiones democráticas.

La democracia panameña ha sido violada por un gobernante empecinado en reducirla a su visión totalitaria. De nada vale que ponga cara de compungido y aparente humildad. Quienes lo conocen saben de las múltiples máscaras que responden a sus estados de ánimo cambiantes.

Martinelli es incapaz de encontrar un área del cerebro que le ayude a aprender de sus errores. Su pasión por el doble discurso está lejos de agotarse en las archiconocidas tergiversaciones oficiales. Los dardos martinellistas saturan la opinión pública para tratar de instalar su falsificación de la realidad. En sus fantasías mentales es ingenioso para imaginarse dueño absoluto de la verdad, porque jamás escucha otras campanas.

Al ser el gobierno de un comerciante, siempre anda de compra a través del miedo, del poder o del manejo extorsivo de los fondos públicos.   El suyo es un gobierno proclive al autismo político, dispuesto a sembrar cuanta discordia le valide su condición totalitaria. Al perder todo contacto con la realidad, no hay quien lo llame a la cordura.

Sin capacidad de reflexionar un gobernante es nada. A Martinelli, no obstante, le tiene sin cuidado no emplear un lenguaje decente y evitar confrontaciones inapropiadas. La secuencia de desplantes y estigmatización, de insultos y agravios contra los ciudadanos que no aceptan sus imposiciones, promueve la crispación y degrada la convivencia civilizada.

Por eso la democracia va de tumbo en tumbo, al compás de la voluntad iracunda de un gobernante que ha hecho de las amenazas, abiertas o encubiertas contra adversarios, una conducta. Todo eso es contrario al espíritu de la democracia, que ahora se encuentra degradada, en involución en términos de calidad institucional.

Hay signos de que la sociedad panameña está fatigándose con la receta de imposiciones y exabruptos martinellistas.   Su gobierno solo conoce la puerta de su negativa terca y su persistente despotismo convertido en epidemia. Si esa es la atmósfera interna, desde el exterior el mundo asiste al espectáculo de horror que representan Panamá y su gobernante.

El ejercicio de la democracia no puede funcionar cuando se aplican trabas y se actúa con impunidad. Lo que sucede con la justicia embadurna a toda la sociedad.  Lo importante es que el colectivo nacional se dé cuenta, por fin, que fue vilmente engañado y comience a discernir el ciclo martinellista que entró irremediablemente en un punto sin retorno.

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Este artículo fue publicado el  19 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.
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El país del chorizo

La opinión de…

Jorge Luis Macías Fonseca

Pareciera que en Panamá nos aprestamos a inaugurar el trotskismo. Este concepto desde luego alude a la teoría de la revolución permanente, impulsada por León Trostsky.    Entonces, pudiera tratarse de una estrategia dirigida a mantener el país en ascuas, y en sostenida tensión, para crear las condiciones que conduzcan al ascenso al poder político, sin reparar en las erosiones que se causan a la sociedad.

Si observamos a la oposición política partidista encarnada en el PRD y en la no menos tímida en el Partido Popular, unida a unos grupos que integran la llamada “sociedad civil”, habría que concluir que sin rumbo definido, y apostando al azar, han pretendido crear la contraparte al Gobierno, sin mayores satisfacciones, pero sí con muchas desilusiones y tragedias, como las de los muertos y heridos graves de Bocas de Toro.   Allí no cayó, ningún alto dirigente político partidista de oposición, ni de la sociedad civil y menos de la dirigencia sindical. Fue el pueblo en su esencia el que sacó la peor parte.

Pero el asunto no cesa, y ahora los que dispensan billetes de lotería, y a quienes –consideramos– hay que atender en sus justas reclamaciones, deciden en desafío a las autoridades y de manera pública manifestar su interés por mantener un negocio de manera irregular, matrimoniando los billetes y haciendo rifas con el famoso one–two.

Los educadores de áreas de difícil acceso –y a quienes también– hay que atender en sus peticiones plantean como método de reclamo abandonar las aulas. Entre tanto, la solicitud de mejora salarial al conjunto de los docentes se mantiene como un péndulo, justo para ubicarse en la línea de fuerza, cuando se estime conveniente.

Los jubilados encuentran el camino atascado, dado el hecho de que las promesas de aumento a sus emolumentos son vistas en lontananza.

El Cemis, amaga y no asesta el golpe con contundencia y los opositores perredianos lo adjetivan en los términos de hablar de persecución política, tratando de desviar lo fundamental de este asunto.

El caso Ana Matilde Gómez se suma al chorizo panameño, con el agravante del rechazo público y retador de la ex funcionaria, quien prefiere la cárcel que pagar lo conmutado. En cualquiera de las dos opciones que tome se trata de una sanción frente a lo que se consideró como un delito cometido.   Lo grave es que el mensaje retador de la que fue custodia del cumplimiento de la ley lleva un contenido explosivo, pues todo aquel que obtenga un fallo adverso encontrará correcto enfrentarlo en la calle y no en las instancias pertinentes.

El Gobierno con la llamada Ley Chorizo, los disturbios bocatoreños y el diálogo pone pica en Flandes, buscando remediar lo que aceptaron no fue debidamente discutido y divulgado con las partes interesadas. El panorama nos habla de un país enchorizado, justo en el camino del trostkismo, es decir el de las protestas permanentes, y el del rechazo a todo, aun cuando tengan conciencia de que no todo lo que se hace es malo.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Enseñando a gobernar

La opinión de la Doctora…

Amarillys Taylor Schwander

Los últimos e importantes acontecimientos en el país, las protestas de Changuinola que ocasionaron pérdidas de vidas, ciudadanos gravemente perjudicados en sus capacidades para continuar una vida útil, por una tanto brutal, irrazonada como exagerada represión, han traído como consecuencia que varios actores de la sociedad civil, ante los ataques y las reacciones desfasadas con los acontecimientos de los gobernantes se han rebelado y han exigido una revisión de la ley 30, cuya aprobación por el legislativo y el ejecutivo es considerada un atentado a las libertades individuales y a la democracia.

Si bien podemos constatar que los manifestantes no hicieron una manifestación no violenta sino que -por el contrario- destruyeron propiedades tanto particulares como gubernamentales; el exceso de estos, no puede de ninguna manera justificarse con una represión que elimina a conciudadanos y deja inválidos a otros es decir, respondiendo con aún más exceso.  Vienen a la mente los siniestros sucesos de la dictadura y la actual represión es aprovechada ahora por el brazo político de la dictadura, el partido PRD.

Los panameños tenemos muy claro que es lo que no queremos y que es lo que deseamos con respecto a esta ley. Los numerosos capítulos que se trataron en ella corresponden a temas que deben tratarse separadamente, el gobierno ha dado un paso en vías de una reconciliación, aceptando que se ha equivocado, que hay que discutir y que hay que cambiar. Estas buenas intenciones deben ser sancionadas por propuestas vinculantes que nos afirmen que las decisiones tomadas por la mesa de la concertación serán verdaderamente respetadas y que la ley va a ser subdividida en sus varios temas que serán tratados cada uno por separado.

Para discutir, llegar a un acuerdo, ninguna de las partes debe fijar metas inalcanzables a priori. Es decir: los sindicatos no pueden exigir antes de sentarse en la mesa que se anule completamente la ley, ni el gobierno imponer su manera de ver diciendo que sólo se tratarán ciertos temas.   Hay que llegar a esa mesa con las ideas claras, con propuestas razonables y con la certeza de que se va a escuchar, cambiar lo que se debe y tener una propuesta específica para todos los temas que se tratan en esta ley y que el pueblo con la malicia y la visión que lo caracteriza ha llamado: “Ley Chorizo”.

La lección es: si a pesar de tener buenas intenciones no has presentado tus proyectos, leyes, de manera clara, transparente, aceptable para la mayoría; el pueblo te enseñará como hacerlo y esto es lo que ha estado ocurriendo. ¿Podremos creer que se ha cambiado? Que los días de las innombrables concertaciones sin ningún resultado son cosas del pasado?   El tiempo nos lo dirá.

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Este artículo se publicó el  19  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Hablemos de justicia


La opinión de….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

La justicia es algo fundamental, básico, para el buen desenvolvimiento de una sociedad que se precia de ser democrática y humana. Cuando Jesús de Nazareth fue conducido ante Pilatos y reconoció que era rey, dijo: “Nací para dar testimonio de la Verdad y para ello vine al mundo”. Parecía sencilla la respuesta. Entonces Pilatos preguntó: “¿Y qué es la Verdad?”. El procurador romano esperaba la respuesta a esta pregunta y Jesús no se la dio,  ya que dar testimonio de la Verdad no era la esencia de su misión divina como rey mesiánico.

Jesús había venido a este mundo para dar testimonio de justicia, la justicia del reino de Dios, y por esta justicia murió en la cruz.

Ante la pregunta de Pilatos, se plantea, quizás por la sangre derramada por Nuestro Señor Jesucristo, otra importantísima pregunta que se ha convertido en el calvario de las sociedades modernas: “¿Qué es la justicia?”, la cual emana, casi de seguro, a raíz de esa sangre derramada por Él.

Quizás ninguna otra cuestión ha hecho vaciar tanta sangre y lágrimas en toda la historia, así como el objeto de mucha reflexión para pensadores muy ilustres, desde Platón a Kant. S in embargo, la pregunta sigue sin una respuesta clara y contundente, porque parece que ésta ha sido una de esas cuestiones que la sabiduría de generaciones se ha resignado a no poder contestar de manera definitiva.

Para una inmensa cantidad de seres, la Justicia es en primer lugar una cualidad posible del orden social que regula las buenas relaciones mutuas entre los hombres. De igual forma, ella es una virtud humana, ya que un hombre es justo si su conducta se adecúa a las normas de un orden social supuestamente justo. Esto significa que el orden social regula la conducta de los hombres de un modo satisfactorio para todos y los hombres encontramos en él la felicidad, su búsqueda y su aplicación.

Tenemos que buscar siempre la Justicia, porque ella es la felicidad social y, consecuentemente, la paz, tranquilidad y el sosiego de toda la sociedad, aunque muchas veces su aplicación honesta no dará felicidad a todas las partes. Y en política, como arte de gobernar bien, la Justicia está siempre en función de la conciencia y la voluntad de quienes la aplican. La justicia depende del conocimiento y tiene por objetivo explicar, no gobernar porque sí.

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Artículo publicado el  15 de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Todo al revés

La opinión de…

Xavier Sáez–Llorens

Cuando se rumoraba sobre la posible condena de Ana Matilde pensé que se trataba de una inocentada desfasada de fecha.  Todavía no logro asimilar la sentencia, por más legalidad jurídica que pintorescos defensores intenten argumentar a posteriori.  Imagino la escena del malhechor, pescado in fraganti en la fechoría, riéndose frente a la televisión mientras la decente abogada (extraño adjetivo para esta profesión) era castigada por autorizar a un fiscal la grabación voluntaria del celular de una víctima sujeta a soborno.

Más ridícula fue la conmutación de la pena para inhabilitarla por el tiempo exacto que le quedaba como procuradora vigente.   Para mayor hilaridad, la votación de los magistrados se fraccionó según el partido que los puso en la CSJ, clara demostración de que las conciencias se compran desde el Ejecutivo.

Ante el circense veredicto, recordé al fabuloso humorista George Carlin, que en sus chistes sobre la hipocresía de la sociedad, se mofaba de la irracionalidad de la humanidad. Una de sus actuaciones criticaba las paradojas de la era en que vivimos. He agregado y modificado algunas de sus observaciones para ilustrar mejor el asunto.

Tenemos edificios más altos, pero tolerancias más cortas; carreteras más amplias, pero puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero poseemos menos; compramos más, pero disfrutamos menos. Contamos con casas más grandes, pero familias más pequeñas; mayores comodidades, pero menor tiempo para disfrutarlas. Ostentamos más diplomas académicos, pero menos sentido común; mayor conocimiento, pero menos educación.

Aparentamos conocer mucho, pero leemos muy poco; disponemos de más expertos, pero menos soluciones; mejor medicina, pero menos salud. Incrementamos los bienes, pero reducimos nuestros valores; rezamos a diario, pero odiamos a cada rato. Aprendemos a ganarnos la vida, pero no a vivir; agregamos años a la vida, pero no vida a esos años. Hemos visitado la Luna, pero nunca el hogar del vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no dominamos el yo interior. Manipulamos átomos, pero no controlamos prejuicios. Sabemos apresurarnos, pero no esperar. Inventamos tecnologías para contactarnos, pero nos comunicamos menos.

Pagamos más impuestos, pero recibimos menos beneficios; somos solidarios con los que menos tienen, pero éstos cada vez son más vagos. Nos arruinamos con elevadas pólizas, pero quedamos desprotegidos contra enfermedades graves. Aportamos con esfuerzo dinero al fisco, pero el tesoro estatal se utiliza para pagar viajes, coimas, vehículos de lujo y joyas de gobernantes, ministros o diputados.

Votamos por esperanzas y promesas, pero presenciamos inseguridad, corrupción e iniquidad. Aportamos cuotas a sindicatos o gremios buscando bienestar individual, pero sus líderes se liberan de trabajar, rascan sus escrotos en oficinas refrigeradas, transan con el mejor postor, inventan conflictos, exponen a los más indefensos a la represión y consiguen poder perpetuo.

Hoy en día hay dos ingresos, pero más divorcios; domicilios más lujosos, pero hogares más disueltos; fácil acceso a condones desechables, pero más embarazos indeseables; más cuerpos obesos, pero menos alimentos saludables; píldoras que alegran y curan, pero también que deprimen y matan.

Nos maravillamos al mirar cataratas, montañas nevadas y aves preciosas, pero cortamos bosques, envenenamos ambientes, contaminamos mares y destruimos hábitats.   Hablamos de amor al prójimo, pero discriminamos por color, sexo o etnia.   Nos imponen cuándo nacer, pero no nos permiten decidir cuándo morir. Resaltamos el valor de la familia, pero solo decimos “te amo” cuando el ser querido agoniza o ya se ha ido.

La vida es lo único que debería ser al revés. Como apuntaba Woody Allen, “Tendríamos que empezar muriendo para superar rápidamente ese trámite. Luego despertar en un asilo e ir mejorando día a día. Después ser botado de allí porque estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión.

Trabajas 40 años hasta que seas bastante joven para gozar el retiro de la vida laboral. Entonces vas de fiesta en fiesta, bailas, tomas cerveza, practicas el sexo y te preparas para empezar a estudiar.   Asistes al colegio para jugar con tus amigos, sin responsabilidad alguna, hasta llegar a ser bebé. Los últimos nueve meses te la pasas flotando tranquilo, con calefacción central y comida constante.   Al final, abandonas tu existencia en un orgasmo”.  Lo firmaría ya.

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Este artículo se publicó el 22 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Hacia dónde va el presupuesto?


La opinión de la Ex Candidata Presidencial…

BALBINA HERRERA ARAÚZ

Esta semana se ha conocido que Panamá tendrá en el año 2011 el presupuesto más grande de su historia. Son trece mil nueve punto tres millones (13,009.3) de balboas, que representan un incremento de dos mil setecientos veintinueve punto tres millones (2,729.3) de balboas, hecho que nos preocupa a todos los panameños.

Pareciera contradictorio porque debiéramos estar felices por la cantidad de recursos que tiene el país a través de su presupuesto, pero no es así, porque el presupuesto del 2010, dicho por las propias autoridades, no se ha ejecutado aún, ni el 20 por ciento de inversión, porque es normal que nos gastemos el de funcionamiento.   Y lo que es peor, ya en el mes de julio se han hecho transferencias de partidas del sector educación, vivienda y salud a otros proyectos.

¿Por qué entonces aprobamos el 7 por ciento, sino tenemos la capacidad de ejecutar?   Cada balboa que se queda sin ejecutar es un balboa que no le llega a los sectores más necesitados de nuestro Panamá.

Señor Presidente: No es quitar control previo, no es contrataciones directas, lo que debe ser es respetar a los funcionarios que por años saben lo que es la administración pública y que hoy lamentablemente han sido despedidos.

Temas como la pobreza, la inseguridad, la seguridad alimentaria, el agua y las infraestructuras son las que necesitan de nuestro mayor esfuerzo, tanto de gobierno como de oposición. Estos son nuestros verdaderos enemigos.

Panamá tiene muchos recursos económicos, sin embargo, es el octavo país más caro de América Latina y no podemos darnos el lujo que se nos vaya de las manos, porque hay crecimiento pero no hay desarrollo social.

El desarrollo social que necesitamos es para que haya una población educada, sana, capacitada para el trabajo y, sobre todo, promoviendo el desarrollo humano en todo el territorio nacional, preocupándonos especialmente por las necesidades de los niños, de los jóvenes, mujeres jefes de hogar, adultos mayores, ciudadanos históricamente excluidos de nuestra sociedad.

Es necesario que nos desarrollemos en un ambiente natural, sano y, sobre todo, próspero para que con ello podamos cumplir los objetivos del milenio. Todos, panameños y panameñas, queremos paz, trabajo, solidaridad, no queremos más confrontación porque luego sería tarde para lamentarnos de lo que hoy podemos evitar.

Por esto hay que seguirlo trabajando para que nadie nos robe nuestros sueños.

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Artículo publicado el  15  de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Primero, el interés nacional

La opinión del Periodista-Analista Internacional…

Jairo Henri Pertuz

Esta premisa es válida para cualquier Estado en el mundo que se precie de demócrata y respetuoso de los derechos humanos. Los gobiernos son pasajeros, los pueblos son permanentes. Por ello los gobernantes elegidos para administrar el Estado Deben proceder en concordancia con la defensa de los intereses nacionales.

En todo gobierno, algunos Ministros actúan con prepotencia o ligereza que, en realidad, no benefician al pueblo. ¿Qué causa tal comportamiento?

Nuestro Ministro de Comercio es un buen comerciante judío que tiene afán, en lograr éxitos, así como en las “enormes cantidades de dinero” que produce la minería, pero, soslayando los graves y grandes perjuicios que esta actividad genera.

Fallas en varios directores de ANAM, legislación incoherente y falta de recursos agravan el escenario. Si además, en lugar de fortalecer legalmente la defensa de nuestros recursos naturales, los hacemos más vulnerables, exterminaremos el país. Analícelo ministro, busque el consejo de su hermano Milton del PP, podría serle útil.

Nuestro oro debe quedarse en Panamá y, con el cobre, solicitar la asesoría chilena y continuar con un modelo de explotación cónsono a nuestros intereses como Estado. No hay que precipitarse o abusar, (la ACP regala 50 millones por adelantar las esclusas 6 insignificantes meses). Hay que consultar con el pueblo, son sus bienes, es Su dinero.

El personalismo, el espejismo de la popularidad y las vanidades del poder llevaron al ex presidente Uribe a olvidar los beneficios sociales para el pueblo, cedió muchas “concesiones”, pretendió abrogarse todos los poderes del Estado, y los recursos los empleó en la guerra, creció la pobreza y entregó la soberanía.   Hoy encara muchas demandas e investigaciones.   Ojalá que Santos enrumbe al fin a este gran país por la senda de la paz y el progreso.

En México, hasta hoy, Felipe Calderón reconoce y acusa a EE.UU. de “culpable e irresponsable” por su alto consumo de drogas y venta de armas a los narcos que tantas desgracias les causa.   Así es la política exterior errada de EE.UU. que hoy se retira de Irak, dejando este país en ruinas y sin beneficios. Para donde irán ahora: a Irán, N. Corea o Venezuela, no pueden quedar inactivas, tampoco su industria de armas, son asuntos de su interés nacional y su democracia.

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Este artículo se publicó el  23  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.