Educar no es prioritario

La opinión de…

Elda Maúd De León

El Gobierno anuncia una lista larga de proyectos y maneras de encontrar fondos, pero a la ministra Molinar la discriminan. Hace una o dos semanas expresó que los horarios escolares no se incrementarían porque el costo es alto y el dinero no alcanza.

En Panamá todos creen que la educación es la mejor vía para disminuir la pobreza y que la oferta panameña necesita mejorar su calidad. Los dirigentes políticos saben que con horarios y calendarios tan cortos, lo demás que hagan por la educación funcionará como parches.

No creo que el plan de reforma de los planes de bachillerato sea “improvisado y no consensuado”, porque en el diálogo educativo de 2002, coordinado por el PNUD, se acordó la transformación curricular de la escuela media, mejorar la evaluación y acoger las competencias de Jacques Delors: aprender a ser, aprender a hacer, aprender a aprender y aprender a convivir. El plan de estudio 2005–2009, intentaba cumplir con la ley que creó la educación básica en 1995 y reformaba el currículo de la media.

Pero en el ministerio como en palacio, todo va despacio… Es esperanzador que los comentarios de los estudiantes en la reciente evaluación del ministerio apunten a lo fundamental: 1. La metodología de la enseñanza ha cambiado muy poco, “hasta en la asignatura taller estamos sentados frente al profesor”. 2. Sí hay especialización, aunque la ministra diga que no, “según Adela, ella y sus compañeros han sido obligados a escoger el bachillerato en el décimo grado, cuando antes se hacía en el undécimo” y “María que cursa bachillerato en turismo en el Moisés Castillo…” (La Prensa, 9/8/2010).

Los pedagogos no necesitaban que la evaluación dijera que se precisaba “mayor capacitación y mejorar el equipamiento escolar”, estos son prerrequisitos de cualquier cambio. Si solo se capacita en técnicas didácticas tal vez un mes baste, pero para una transformación curricular se requiere capacitación en metodología que es más amplia, teórico–práctica y necesita tiempo.

Esta primera evaluación debería inducir a superar las carencias y errores, es lo que espera la comunidad educativa en función de que el gasto genere un buen resultado para los estudiantes.

En primer lugar, 16 ofertas de bachillerato es demasiada división y atomización del conocimiento, sobre todo en un país con tan poco desarrollo industrial, y ello influye negativamente en lo que denominan “el tronco común”. En la escuela media el mismo debe tener mínimo dos años, idealmente deberían ser tres, aunque al tercero se adicionara algo de especialización, pero básica. ¿Qué clase de cultura general adquirirá un bachiller en servicios turísticos si el programa solo le asigna dos horas semanales a historia, geografía de Panamá, historia de Panamá, cívica, filosofía, ética y durante un solo año de los tres?

Los padres deben exigir que se construyan más escuelas de bachillerato y se den más becas para asegurar el ingreso. Que el ministerio asuma, de una vez por todas, que hace 50 años la función de la media era otra, que ahora la especialización se adquiere en la universidad o mediante cursos de educación superior no universitaria. No es cierto que el bachillerato dará las competencias para la vida en este siglo en que los cambios tecnológicos son tantos y tan acelerados. Lo que sí debe garantizar son habilidades y capacidades mentales para seguir aprendiendo, así como la sólida conciencia moral del que ha accedido al nivel de lo justo y lo bueno.

Los futurólogos dijeron en 1990 que en el siglo XXI los trabajadores tendrían que cambiar tres o cuatro veces de profesión –no solo de empleo–. Un bachillerato con 16 especializaciones seguirá enfatizando la diferencia entre los que pueden seguir estudiando y los que tienen tan poca formación que tendrán que conformarse con empleos mal pagados.

El bachillerato está obligado a ofrecer una base cultural amplia y una mentalidad de cambio, no una especialización cuando se tienen 18 años.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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