Dificultad de los panameños

La opinión de la Doctora en Medicina…

Marisín Villalaz de Arias 

No comprendo qué sucede a los panameños que hemos llegado a un estado poco saludable para el bienestar del país.

Hace tiempo vengo augurándolo por lógica y finalmente hemos llegado al estado de división y muchas otras cosas. Somos un país dividido, polarizado en el que permanentemente existen dos grupos: los de allá y los de acá; ellos y nosotros; los de oposición y los de gobierno y todo lo vemos con ese prisma hasta llegar a lo que vimos con el juicio de Ana Matilde Gómez: los PRD y los del gobierno en la CSJ.   No estudiaron los pros y los contras sino que votaron de acuerdo al partido que pertenecen y eso es peligroso.

La agresividad de mis compatriotas es visible y puede llevarnos a lo que antes no aparecía. Hace un tiempo, un conductor de camión tiró una basura a la calle. Me adelanté y le dije que no lo hiciera y me gritó: “cállate vieja hija de P…”  Le respondí: eso no me importa pero lo de vieja me ha entristecido; subí el vidrio y seguí.   Así es todo y hemos visto hasta disparos por reclamos que ya no pueden hacerse en las calles.

La anarquía que existe en nuestras calles no tiene nombre.   Cada uno maneja como le da la gana, pasa por donde quiera, comete las faltas más grandes y no hay quien le ponga el cascabel al gato.

En algunos semáforos se forma tal despelote que nadie entiende, sobre todo algunos días y a determinadas horas.

No podemos continuar con esta anarquía porque estamos acabando con la tranquilidad de los que vivimos en esta hermosa ciudad, así que necesitamos que cada uno ponga de su parte para manejar correctamente sin hacernos los vivos ni aprovecharnos que no hay autoridades para sancionar.

Los conductores se pasan las luces rojas, no se detienen cuando personas cruzan las líneas de seguridad; los buseros se detienen donde les da la gana igual que los taxeros y violan todas las reglas del tránsito.

Una ciudad tan hermosa como Panamá, donde la gente es gentil, sobre todo con los extranjeros, no los subas a un carro para conducirlo porque se vuelven irreconocibles y cometen toda clase de infracciones. La impaciencia y el apuro acaban con la tranquilidad de la gente. Los turistas no saben cómo comportarse ante la anarquía y seguimos en las mismas.

Compatriotas, utilicen más el coco y aprendan en las escuelas: educación vial.

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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