Ante lo injusto, solidaridad y resistencia

El fallo de la Corte… La opinión de…

Aurelio Barría Jr.

Editoriales y artículos de opinión de los principales diarios escritos del país se han pronunciado y han reflejado, como muchos ciudadanos, el pensamiento crítico y el sentimiento de rechazo al injusto y cuestionado fallo de la Corte Suprema de Justicia, que condena a seis meses de cárcel a la procuradora general de la nación, Ana Matilde Gómez, quien fue separada inicialmente como consecuencia de mantener una posición firme e independiente frente a la injerencia del Ejecutivo, como es percibido, sin duda alguna, por la sociedad civil.

Como ciudadano independiente, he asistido a las audiencias públicas que se realizaron, primero para determinar si procedía un llamamiento a juicio a la procuradora separada y, posteriormente, al propio juicio para juzgar su inocencia o condena, en ambos casos con la participación del pleno de los magistrados de la Corte Suprema.

He sido testigo de los argumentos a favor y en contra de todas las partes, y muy en especial de las preguntas formuladas por los magistrados al testigo de la defensa de la procuradora, Rigoberto González, quien con elocuencia y conocimiento de la materia legal, por más de tres horas, respondió cuestionamientos y defendió el criterio, que el Ministerio Público asumió su responsabilidad sobre la interpretación sustentada legalmente de que en la fecha del acto cuestionado les asistía el derecho de autorizar la solicitud de intervenir el celular relacionado con el caso de corrupción contra el “tristemente célebre” ex fiscal, acusado y comprobado de pedir una coima a los familiares de una joven detenida.

Estamos ante un hecho consumado, una decisión tomada por el más alto Tribunal de Justicia, cuyo fallo de condena, aunque lo consideremos injusto e impregnado de injerencias políticas… es un fallo final –por lo menos en esta administración– y quedará en las páginas de nuestra historia republicana como un grave precedente. El actuar de los magistrados que condenaron a la procuradora también será recordado por sus nombres, como ejemplo lamentable de lo que no puede ser, condenar a una persona inocente que no ha cometido un delito, solo por presiones y capricho de quienes hoy se lavan las manos, como Poncio Pilatos, ganándose los magistrados el repudio de los ciudadanos honestos de este país. Queda en sus conciencias y ojalá puedan dormir tranquilos el resto de sus días, hasta la rendición de cuentas ante el Supremo.

Los panameños que luchamos cívica y pacíficamente por la vigencia de los principios y derechos de justicia, libertad y democracia, volvemos a revivir un sentimiento de frustración e impotencia al pensar que no se puede hacer nada al respecto, al igual que sentíamos el peso y el miedo del poder de la dictadura militar, que concentraba el poder absoluto con injerencia en todos los órganos del Estado.

Sin embargo, fueron hechos y situaciones graves ocurridos, como los que estamos viviendo ahora, los que fueron despertando la conciencia ciudadana, que unida espontáneamente forjó un gran movimiento civilista nacional, solidarizándose para convocar la resistencia con sacrificios personales con la esperanza de lograr un gobierno democrático, con independencia de poderes, con plenas libertades, y una administración de justicia digna, íntegra, honesta y responsable.

Todos tenemos la gran responsabilidad de contribuir en la búsqueda de las soluciones a los problemas nacionales –que no es exclusiva de los gobernantes– a través del diálogo franco y abierto, con interlocutores válidos y con una clara voluntad verdadera de corregir errores, de lo contrario, iremos caminando nuevamente hacia destinos indeseables que no se merece Panamá.

“La paz es fruto de la justicia, … si no hay justicia, no tendremos paz”.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El testamento final de Wilson Lucom

“.. –hablan de 50 millones– a una fundación cuyo propósito era “alimentar a niños con necesidades en Panamá”.  La opinión de…

R. M. Koster

Wilson Lucom, diplomático e inversionista norteamericano, se radicó en Panamá en 1991 después de ganar una batalla contra el cáncer. Era muy rico, pero había nacido pobre y sus gustos eran sencillos. Prefería el interior a la capital. Compró una finca en Antón, y con Chinchorro Carles y otras amistades coclesanas llegó a conocer rincones como Toabré y La Pintada. Como he visto pasar a menudo con paisanos míos, parecía tener más aprecio por Panamá que muchos panameños.

Lucom se casó dos veces, pero nunca tuvo hijos propios. Le preocupaba la falta de oportunidades para los jóvenes del campo, y el juega vivo de la política criolla. Se preocupaba por Panamá.

Cuando murió, en junio de 2006, a los 88 años, dejó un condominio y un cuarto de millón anual a su viuda, sumas menores a varios otros, y el grueso de su fortuna –hablan de 50 millones– a una fundación cuyo propósito era “alimentar a niños con necesidades en Panamá”. Era el legado más grande para una obra de caridad en la historia del país.

El legado iba a salvar muchas vidas. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “Panamá es uno de los dos países de América Central que han experimentado en los últimos años un aumento en la desnutrición crónica de los menores de cinco años”.   En 2007, la Asociación Nacional Pro Nutrición Infantil estimaba que en la comarca Ngäbe Buglé dos niños morían de desnutrición cada tres días.

Lucom habla en el testamento de habilitar a las escuelas de lugares necesitados para dar almuerzos a los alumnos. Así era que el legado iba también a ayudar a la economía interiorana.

Iba a mejorar las vidas de todos los que vivimos en el istmo, y de muchos no nacidos todavía. Por el legado de Lucom, íbamos a tener más ciudadanos responsables entre nosotros y menos delincuentes. Iba a corregir un poco la injusticia económica a la cual el presidente Martinelli se refirió en su campaña cuando dijo que, “Panamá es el tercer país con la peor distribución de riqueza en el mundo”. Más importante aún, iba a dar esperanza y reducir ira.

La Corte de Sucesión aceptó el testamento de Lucom el 5 de julio de 2006, declarando que la fundación era el heredero principal.   Poco tiempo después, la viuda de Lucom presentó un incidente para anular el testamento y para que ella fuera nombrada heredera universal –es decir, única– de Wilson Lucom.     El 4 de mayo de 2007, el Tribunal Superior de Panamá confirmó la validez del testamento de Lucom.   La viuda apeló e interpuso un recurso formal de casación.  El caso fue a la Corte Suprema.

La Corte falló el 6 de agosto.   Señaló en el fallo que Lucom, en su testamento, se refirió a quien hoy es su viuda como su “amada esposa”.   Estas palabras, decidió la Corte, indican “que aún después de la muerte del causante [es decir, Lucom], éste se preocupara por el bienestar y la posición socioeconómica de quien al momento de su muerte tenía la condición de cónyuge, situación que no puede inferirse pueda tener una fundación”.  Por esto, la Corte declaró a la viuda heredera universal.

Al morir Wilson Lucom, la República de Panamá tenía casi 103 años de existencia.    Aunque dure otros 103 siglos, no tendrá en su tierra a nadie tan bobo de tratar de dar su fortuna a los pobres.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Extranjeros en nuestra tierra

La opinión de…

Manuel Gaspar Vega Zúñiga

Desde hace unos años se viene dando un fenómeno inmobiliario de grandes proporciones en todo el país.   A simple vista, observamos en la metrópoli grandes edificaciones que nos proyectan como un país en franco desarrollo. Paralelo a esto, algunos expertos estiman inversiones en tierras altas y en Boquete por encima de los 200 millones de dólares; así como también en las zonas costeras, provincias centrales, el valle de Antón y Bocas del Toro, entre otras.

Pero este movimiento económico, que pareciera tener una repercusión positiva, va aunado a una serie hechos que nos hacen reflexionar sobre las consecuencias que puede tener este avance mercantil en el país.

Por ejemplo, en el proyecto Punta Pacífica se dio un conflicto sobre una garita de acceso;   en Boquete algunos de los nuevos “residentes” se quejan por el exceso de ruido durante los días festivos y los clásicos domingos cuando llegan nuestros indígenas; por otra parte, en la provincia de Los Santos en el distrito de Tonosí, más específicamente en el sector de Cambutal, hay unas villas a las cuales el panameño común no tiene acceso.

Según la página web Salvemos nuestras islas y costas, en los últimos años se ha dado una venta indiscriminada de costas e islas a manos extranjeras: “Unas 20 islas panameñas con un valor individual que va de 395 mil a 4 millones de dólares están a la venta en un sitio de internet”.

Sin medir las consecuencias, en la región de Azuero, en donde resido, están a la venta no sólo las zonas costeras, sino también tierras dedicadas a la ganadería.   Producto de esta venta indiscriminada, con el pasar de los años los habitantes de esta región se quedarán sin las mismas para su producción; así como nuestras playas que están quedando en gran parte en manos de extranjeros.

Ahora bien, este problema no es sólo de los grupos ambientalistas que por años lo han venido denunciando; los panameños sin un carácter chauvinista y xenófobo debemos ser celosos de nuestras riquezas naturales (playas, ríos, reservas naturales), pero también le compete al Gobierno impulsar políticas económicas para evitar que gran parte de estas propiedades quede en manos extranjeras.

Soy consciente de que se debe promover el turismo y la inversión extranjera como paliativo al problema de desempleo,   pero no a merced de la promoción y venta de nuestros hermosas zonas costeras (Coronado, Bocas del Toro, Pedasí, entre otras), ni de los grandes latifundios que embellecen nuestro Panamá, porque al ritmo que vamos en la promoción y venta de nuestros recursos las futuras generaciones se podrán considerar extranjeras en nuestra tierra.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Profundización de la crisis

La opinión de…

Jorge Gamboa Arosemena

El caso de Ana Matilde Gómez debe abstraerse de los subjetivismos personales que ella puede generar a favor o en contra. Que la hoy ex procuradora haya o no tenido un desempeño criticable durante su ejercicio no debe confundir a los ciudadanos que deben defender la institucionalidad democrática.

Desde mi óptica, ella debió haber sido procesada desde mucho antes por incumplimiento de los deberes de su cargo, claro está, mediante un debido proceso que, considero yo, no se puede dar en un Estado enfermo.

Muchas de las pérdidas de las oportunidades para hacer justicia, ya sea en lo judicial, como en lo social y económico, se dan porque la ciudadanía no ha aceptado que el cuerpo de la nación panameña está enfermo.

Hágase una pregunta, estimado lector: ¿una persona enferma puede rendir a cabalidad el objetivo de su responsabilidad, o tiene que atenderse sus afecciones para poder producir lo que una sana puede producir? ¿Un Estado enfermo puede producir bienestar común?

Hemos asistido a la profundización de la crisis con un golpe de Estado sutil para controlar la administración de justicia, en su parte de instrucción de los sumarios, que le faltaba a este gobierno.   La Corte y la Asamblea están bajo control.   Instituciones como la Procuraduría de la Administración y la Universidad seguirán sin cambios, si muestran abyección.   Aunque esto no es del todo cierto porque, cabe recordar que, a principio de año, la Sra. Gómez, luego de unas escaramuzas con el Ejecutivo dijo por los medios que había entendido las “señas de boca a oído”, lo cual no valió para ser removida unos días después.

Hoy los panameños estamos perdiendo de vista el bosque por ver un árbol. El problema no es el caso de esta señora, que ya se habla de que, agotada la instancia interna, acudirá a la justicia internacional, donde es muy probable que gane el caso, pero tarde para ser restituida por el vencimiento de su período. El problema es que perdemos de vista lo medular que es el colapso de la institucionalidad democrática.

Tendremos que esperar que la crisis se profundice mediante circunstancias que seguro se darán, pero mientras tanto seguiremos en un país de tráfico de influencias, de injusticias, donde vergonzosamente más de 30% vive en pobreza y más del 20% en pobreza extrema, donde un gobierno mata, reprime y desaparece manifestantes, mientras sus voceros se engañan con sus propias mentiras.

El momento propicia profundizar la crisis, lo cual podría darse mediante la renuncia o la denuncia de los llamados magistrados de la Corte Suprema de Justicia que no condenaron. La renuncia porque, si tienen un poco de dignidad, no pueden estar en un cuerpo adocenado, o la denuncia contra sus colegas que violan normas. El seguir en sus puestos, sin una de estas acciones, los hace cómplices de lo que ha salido, en el pasado y presente y lo que saldrá en el futuro, de ese cuerpo.

Ojalá no sigamos engañándonos con que vivimos una democracia normal, cuando estamos enfermos como Estado. La única medicina política para esta República enferma es la constituyente, donde los panameños busquemos constituir la nueva República.   Si no ordenamos la vida política de la nación, los anhelos de seguridad, salud, educación, trabajo e igualdad de oportunidades seguirán siendo un quimera, con unos pocos que viven y una gran mayoría que sobrevive a duras penas, en este Panamá secuestrado.

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

‘Id, también, vosotros a mi viña’

CAMPAÑA ARQUIDIOCESANA   La opinión de…

Carlos A. Voloj Pereira

El mensaje más relevante de Juan Pablo II, entre tantos inspiradores pensamientos que sembró en su arduo y fértil camino por los senderos de su misión como vicario de Cristo, ha sido el que los panameños hemos exaltado como consigna conductora de nuestra misión católica en nuestro país, cual es: ¡Cristiano, la iglesia eres tú!

Hoy, más que en el pasado esta consigna cobra un significado corpulento porque se ha fundido en la convicción de los panameños, el espíritu formidable de un Papa que, a lo largo de todo su apostolado fue la imagen y mensajero mismo de Cristo, (cuando nos repite sus palabras: “Id también vosotros a mi viña” (Mt. 20,4).

El encuentro personal de Juan Pablo II con nuestro señor Jesucristo ha servido durante todos estos años para recordarnos que somos trabajadores de la viña del señor y que no debemos permanecer indiferentes ni ociosos ante el llamado que cada día se hace más necesario e inevitable en el fortalecimiento y continuidad de la fe cristiana y sus valores.

En el Concilio de Nicea (323 D.C.), la Iglesia católica comenzó a diseñar su estructura administrativa, ejecutiva y de evangelización masiva. Eran tiempos en los que los señores feudales, los mercaderes, los industriales y los fabricantes, resolvieron apoyar la obra de la Iglesia porque esta significaba el aglutinamiento de los hombres en torno a una religión común para todos. La Iglesia debía desarrollar una labor de entronización de la fe y sus valores. Sin embargo, en esos tiempos la Iglesia contaba con abundantes recursos provenientes de gobernantes, de creyentes comunes y corrientes que no olvidaban que hay que rendir honores y deberes a un supremo ser que te lo da todo. Ninguno objetaba que había que dar a Dios los que era de Dios y al César lo que era del César. Los hombres pagaban sus impuestos y también el diezmo que sabían que correspondía a los representantes de Dios que velaban por la salud de sus almas y el bienestar de los cuerpos.

Hoy, en el inicio del siglo XXI, la labor de la Iglesia es gigantesca. Se han multiplicado los fieles, más de mil millones. Algunos que pertenecieron a la Iglesia se han alejado; otros están confundidos y otros no conocen siquiera la palabra de Dios.

El mayor mérito de la Iglesia es haberle otorgado al ser humano el conocimiento de la existencia de un Dios todo amor, misericordia y esperanza.   La Iglesia católica es el baluarte de la salvación y de la fe, y por ella el hombre tiene un faro de luz en su destino y unas coordenadas –de dónde vengo, para qué estoy y adónde voy– que dan sentido a su existencia. El hombre no puede reducirse a una simple realidad material; posee un espíritu que le abre a la trascendencia y le conecta con Dios mismo, y en Dios por ello tiene su destino final.

Trabajar por esa paz de la que gozan los hombres de buena voluntad en este planeta demanda medios y recursos materiales para hacerla efectiva. La Iglesia ha trabajado tesonera y constantemente en la persecución de esa meta evangelizadora y humanizadora. Pero las necesidades, tanto materiales como espirituales, crecen; muchos creyentes carecen de una formación luminosa del significado e implicaciones de su fe; aumentan los desposeídos y marginados que reclaman solidaridad; se acrecienta la degradación de valores; abundan las enfermedades del cuerpo, pero también de las almas.

Para ese hospital integral de la salud se creó, en Panamá, hace 35 años, la Campaña Arquidiocesana con su maravillosa alcancía y la Fundación Pro–Fe, que cumplió en abril pasado sus primeros 10 años de feliz y provechosa existencia.   Instituciones estas de la Iglesia dirigidas por laicos comprometidos quienes se han propuesto recoger de la buena voluntad del católico istmeño y de su amor y respeto al prójimo, un aporte de sus bienes. Antiguamente fue normativa de la Iglesia el “diezmo”: aporte de cada familia católica proporcional a sus recursos. Hoy se pide un aporte voluntario.

¿Queremos que quede en evidencia que no es sincero nuestro fervor cristiano y nuestro deseo de trabajar por la Iglesia si nos quedáramos ociosos mirando cómo se construye y se destruye la obra de los hombres de buena voluntad?   Son los sacerdotes, religiosos y los laicos quienes conformamos el cuerpo de la Iglesia que, como labriegos en el campo, produciremos los frutos que alimentarán el alma cristiana.

¡Vosotros seréis mis brazos! Vosotros seréis los que labrarán la tierra. Sacerdotes y religiosas son un brazo y los laicos somos el otro. Así queda enfáticamente declarado en la Exhortación Apostólica Pots-Sinodal Christifedeles Laici acerca de la vocación y misión de los laicos en el mundo. Recojamos en este momento el mensaje que como un legado nos ha dejado el santo padre Juan Pablo II: “¡Laicos del orbe, vosotros seréis mis brazos!”.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Presupuesto 2011: Inversiones

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República….

MIREYA  LASSO

El proyecto de Presupuesto de Inversiones del Sector Público No Financiero, que asciende a más de B/.3.8 mil millones sin incluir la banca estatal, debe estimular muchos cuestionamientos en la opinión pública. Le corresponde a la Asamblea Nacional desempeñar con plena responsabilidad una de sus más importantes funciones, cual es la de escudriñar y formular todas las preguntas necesarias para aclarar las intenciones, la factibilidad y la forma como este peldaño encaja en la ruta de cinco años que se fijó el Ejecutivo. El telón de fondo es el Plan Estratégico de Gobierno que incluye un Plan Indicativo de Inversiones 2010—2014 por un total de B/.13.6 mil millones, anunciado por el gobierno, como se lo exige una ley aprobada por la Asamblea del periodo 2004—2009.

Muchos aspectos llaman la atención, pero solo podemos referirnos a algunos de ellos, a título de ilustración.

En primer lugar, comparando el total de las inversiones presupuestadas durante los cinco años del gobierno anterior —B/.4.0 mil millones— con el total presupuestado en solo dos años del actual gobierno —B/.3.9 mil millones— se observa una pequeña diferencia de apenas B/.100 millones. Traducido en términos del esfuerzo de ejecución requerido, el actual equipo de gobierno deberá haber producido en dos años lo que el anterior intentó en cinco.

En segundo lugar, se aprecia que las inversiones se concentran en el Ministerio de Obras Públicas, al cual se le destinarán B/.700 millones, cifra que más que duplica lo presupuestado para el presente año —B/.333 millones— y muy cercana a la programada por el anterior gobierno durante sus dos últimos años de gestión juntos —B/.306 millones para el 2008 y B/.452 millones para el 2009.

Por su lado, los montos asignados a los ministerios de la Presidencia, Salud y Vivienda —B/.664 millones, B/.174 millones y B/.81 millones, respectivamente— parecen ser consecuentes con las obras del Metro y del fortalecimiento de programas de salud ambiental y nutricional, y de construcción de viviendas populares. En contraste, llama la atención la reducción de recursos asignados a los ministerios de Educación y Desarrollo Agropecuario que, entre los dos, recibirían B/.31 millones menos que en la actual vigencia; aunque, de otro lado, se aumentarían en más de B/.50 millones los fondos destinados al IFARHU.

No se puede dejar de lado ciertos proyectos ‘llave en mano’ incluidos en la presentación del Presupuesto, pero cuyos montos ni se contabilizan, ni se suman. Se trata del reordenamiento vial de la capital, la Ciudad de las Artes, ocho mercados de la Cadena de Frío, y la construcción y rehabilitación de cinco hospitales —Metetí, Anita Moreno, Amador Guerrero, Chicho Fábrega y Bugaba. En términos populares, llave en mano significa ‘diséñalo, constrúyelo y fináncialo con tu plata ahora, que yo te lo pago después’.

Estamos conscientes de que una cosa es lo presupuestado —que solo representa intenciones a principios de año— y otra es lo que resulte efectivamente ejecutado a final del año.   Es evidente que las cifras delatan proyectos ambiciosos que pondrán a prueba la capacidad de ejecución del equipo de gobierno, capacidad que ha sido cuestionada reiteradamente por el propio jefe del Ejecutivo, al considerar muy poco satisfactorio el nivel de ejecución de algunos programas del actual ejercicio fiscal.

Resulta obvio que la intención de este gobierno, al igual que los anteriores, es poder cosechar frutos políticos al final de su gestión y cuenta para ello con lograr completar todas las obras antes de las elecciones del 2014. Pero debe evitar, como ya sucedió, sacrificar calidad por el apuro de inaugurar obras incompletas como sucedió con un Puente Centenario sin autopista de acceso o una Cinta Costera aún no terminada.

Ojalá el gobierno no sacrifique la calidad de las obras por la prisa de inaugurarlas antes de tiempo. Recordemos, en buen italiano, que ‘chi va piano va lontano’.   Los contribuyentes nos merecemos esa consideración y mucho respeto.

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Este artículo fue publicado el  18 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Dificultad de los panameños

La opinión de la Doctora en Medicina…

Marisín Villalaz de Arias 

No comprendo qué sucede a los panameños que hemos llegado a un estado poco saludable para el bienestar del país.

Hace tiempo vengo augurándolo por lógica y finalmente hemos llegado al estado de división y muchas otras cosas. Somos un país dividido, polarizado en el que permanentemente existen dos grupos: los de allá y los de acá; ellos y nosotros; los de oposición y los de gobierno y todo lo vemos con ese prisma hasta llegar a lo que vimos con el juicio de Ana Matilde Gómez: los PRD y los del gobierno en la CSJ.   No estudiaron los pros y los contras sino que votaron de acuerdo al partido que pertenecen y eso es peligroso.

La agresividad de mis compatriotas es visible y puede llevarnos a lo que antes no aparecía. Hace un tiempo, un conductor de camión tiró una basura a la calle. Me adelanté y le dije que no lo hiciera y me gritó: “cállate vieja hija de P…”  Le respondí: eso no me importa pero lo de vieja me ha entristecido; subí el vidrio y seguí.   Así es todo y hemos visto hasta disparos por reclamos que ya no pueden hacerse en las calles.

La anarquía que existe en nuestras calles no tiene nombre.   Cada uno maneja como le da la gana, pasa por donde quiera, comete las faltas más grandes y no hay quien le ponga el cascabel al gato.

En algunos semáforos se forma tal despelote que nadie entiende, sobre todo algunos días y a determinadas horas.

No podemos continuar con esta anarquía porque estamos acabando con la tranquilidad de los que vivimos en esta hermosa ciudad, así que necesitamos que cada uno ponga de su parte para manejar correctamente sin hacernos los vivos ni aprovecharnos que no hay autoridades para sancionar.

Los conductores se pasan las luces rojas, no se detienen cuando personas cruzan las líneas de seguridad; los buseros se detienen donde les da la gana igual que los taxeros y violan todas las reglas del tránsito.

Una ciudad tan hermosa como Panamá, donde la gente es gentil, sobre todo con los extranjeros, no los subas a un carro para conducirlo porque se vuelven irreconocibles y cometen toda clase de infracciones. La impaciencia y el apuro acaban con la tranquilidad de la gente. Los turistas no saben cómo comportarse ante la anarquía y seguimos en las mismas.

Compatriotas, utilicen más el coco y aprendan en las escuelas: educación vial.

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Testimonios de una época

La opinión de…

Carlos Guevara Mann 

El nuestro no es un país de estadistas ni pensadores. Una politiquería chapucera y barata –sustentada en la corrupción, el militarismo y una seudointelectualidad mediocre, acomplejada y charlatana– impera en la esfera pública.

A semejante pobreza moral e intelectual podemos atribuir, en medida nada despreciable, las malas políticas públicas, la conculcación de nuestros derechos y el menoscabo de nuestras condiciones de vida característicos del Panamá contemporáneo.   Por ello, cuando del ingenio de algún compatriota emanan análisis sensatos y orientaciones lúcidas, una sensación de que no todo está perdido alienta el espíritu cívico de quienes sentimos hondamente la panameñidad.

Ha sido esa, precisamente, mi reacción a la publicación de una colección de artículos periodísticos y ensayos del Dr. Carlos Iván Zúñiga por la Editorial Libertad Ciudadana, titulada Testimonios de una época.   Sus cuatro volúmenes recogen el pensamiento perspicaz del apóstol de la democracia panameña y valiente expositor de los postulados históricos del civilismo, la probidad, la soberanía y la justicia social.

La obra del Dr. Zúñiga contiene los elementos necesarios para el buen gobierno y el logro del bien común. Por ello, si a nuestros “políticos” les interesara promover esos objetivos, la consultarían con interés y entusiasmo. Encontrarían en sus páginas opiniones inteligentes y recomendaciones juiciosas al respecto de una multitud de temas de actualidad.

Escritas en 2002, las líneas que siguen –por ejemplo– transmiten una excelente observación al respecto de la política partidista, tan válida entonces como ahora: “Si los partidos políticos no toman, bien dosificado, el depurativo que reclama su organismo enfermo de cleptomanía y de gula, podría venir en acción recurrente el nocivo purgante totalitario que, además de extinguir al enfermo, se llevaría de calle a la precaria democracia obtenida con grandes sacrificios por el pueblo panameño (“La depuración de los partidos”, Vol. I).

Ante un estallido ocurrido hace una década, similar –aunque no tan intenso– como el de julio pasado, el Dr. Zúñiga se preguntó: “¿Qué hacer con esos levantamientos sospechados pero inesperados como el de Bocas del Toro? ” Su respuesta fue contundente: “Ir al lugar de los hechos, pisar la tierra embravecida, presentarse al mismo ojo de la tempestad, como Daniel en el foso de los leones, tomar el toro por los cachos, dialogar, ejercer la autoridad, encontrar soluciones razonables y pactar con la pobrería que arrastra su dolor de centurias” (“Entre la tranca y el diálogo”, Vol. I).

Una preocupación por la ecología inspiró estas palabras, escritas en 2007: “Las cabeceras de ríos y quebradas deben ser inventariadas y sembrar en ellas tantos árboles como sea posible. Se debe desempolvar la vieja ley, de la patria vieja, que instituyó el Día del Árbol y en la semana en que cae ese día, todos los estudiantes, maestros y padres de familia de la República deben sembrar árboles en los ejidos de sus pueblos. Pero no sembrarlos para que en el futuro los arboricidas hagan su agosto, sino para dar belleza al paisaje, frescor al ambiente y protección a las aguas. Si yo fuera autoridad, promovería una moratoria de la tala de árboles (“Las virtudes de la solidaridad”, Vol. III).

Y sobre la extraña e inconveniente proclividad de ciertos seudointelectuales, corruptos y militaristas, de convertir a la Universidad estatal en botín político y económico, el Dr. Zúñiga sentenció en octubre de 2000: “No existe mayor lesión al buen nombre de la universidad y a los fines de la cultura superior que el rector se convierta en un dispensador de canonjías o en mago de pactos politiqueros. Los rectores deben estar marginados de la política partidaria y sólo deben estar comprometidos con la política académica. Por eso siempre he creído en las bondades de la no reelección, en nuestro medio aún inmaduro y oportunista (“La identidad y el rumbo universitario”, Vol. IV).

Organizado por Nadhji Arjona y prologado por el director fundador de este diario, I. Roberto Eisenmann, Jr., el compendio de escritos del Dr. Zúñiga trae al inicio una semblanza suya redactada por la Dra. Sydia Candanedo, esmerada poetisa y compañera fiel del extinto patriota durante más de medio siglo de jornadas cívicas y realizaciones familiares. Su lectura –no cabe duda– resultará muy provechosa a todo aquel que la emprenda.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Educación escolar

La opinión del Abogado y Comentarista…

Guillermo Márquez B.

La noticia nos ha causado preocupación: “MEDUCA y educadores analizan clases de 60 minutos y trimestres.”

Está comprobado que el tiempo ideal para la enseñanza es el de 45 minutos. La atención, si se excede de ese término, fatiga, disminuye la capacidad de atención de los alumnos y los conduce a divagar sobre cosas ajenas a lo que se les está exponiendo.

Es de desear, y lo sugerimos con la mejor de las intenciones, que el Ministerio de Educación reconsidere la situación con la serena y desapasionada colaboración de personas autorizadas en la materia.

En cuanto a las horas que se proyecta escoger para dictar las clases, se contempla que la jornada matutina sería de 7:00 a.m. a 12:15 p.m. y que aquellas se reanudarían de 12:30 p.m. a 5:45 p.m.

Obviamente, resulta irreal que los alumnos puedan ir a almorzar a sus casas y dispongan tan sólo de 15 minutos para ir a ellas y regresar al colegio para cubrir la jornada de la tarde.

Fervientemente deseamos que en esto haya habido una confusión y que las cosas no se han estado proyectando conforme se ha anunciado, porque de ser así, el proyecto, una vez puesto en práctica, sufriría un rápido y rotundo fracaso.

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Este artículo se publicó el  19  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Educar no es prioritario

La opinión de…

Elda Maúd De León

El Gobierno anuncia una lista larga de proyectos y maneras de encontrar fondos, pero a la ministra Molinar la discriminan. Hace una o dos semanas expresó que los horarios escolares no se incrementarían porque el costo es alto y el dinero no alcanza.

En Panamá todos creen que la educación es la mejor vía para disminuir la pobreza y que la oferta panameña necesita mejorar su calidad. Los dirigentes políticos saben que con horarios y calendarios tan cortos, lo demás que hagan por la educación funcionará como parches.

No creo que el plan de reforma de los planes de bachillerato sea “improvisado y no consensuado”, porque en el diálogo educativo de 2002, coordinado por el PNUD, se acordó la transformación curricular de la escuela media, mejorar la evaluación y acoger las competencias de Jacques Delors: aprender a ser, aprender a hacer, aprender a aprender y aprender a convivir. El plan de estudio 2005–2009, intentaba cumplir con la ley que creó la educación básica en 1995 y reformaba el currículo de la media.

Pero en el ministerio como en palacio, todo va despacio… Es esperanzador que los comentarios de los estudiantes en la reciente evaluación del ministerio apunten a lo fundamental: 1. La metodología de la enseñanza ha cambiado muy poco, “hasta en la asignatura taller estamos sentados frente al profesor”. 2. Sí hay especialización, aunque la ministra diga que no, “según Adela, ella y sus compañeros han sido obligados a escoger el bachillerato en el décimo grado, cuando antes se hacía en el undécimo” y “María que cursa bachillerato en turismo en el Moisés Castillo…” (La Prensa, 9/8/2010).

Los pedagogos no necesitaban que la evaluación dijera que se precisaba “mayor capacitación y mejorar el equipamiento escolar”, estos son prerrequisitos de cualquier cambio. Si solo se capacita en técnicas didácticas tal vez un mes baste, pero para una transformación curricular se requiere capacitación en metodología que es más amplia, teórico–práctica y necesita tiempo.

Esta primera evaluación debería inducir a superar las carencias y errores, es lo que espera la comunidad educativa en función de que el gasto genere un buen resultado para los estudiantes.

En primer lugar, 16 ofertas de bachillerato es demasiada división y atomización del conocimiento, sobre todo en un país con tan poco desarrollo industrial, y ello influye negativamente en lo que denominan “el tronco común”. En la escuela media el mismo debe tener mínimo dos años, idealmente deberían ser tres, aunque al tercero se adicionara algo de especialización, pero básica. ¿Qué clase de cultura general adquirirá un bachiller en servicios turísticos si el programa solo le asigna dos horas semanales a historia, geografía de Panamá, historia de Panamá, cívica, filosofía, ética y durante un solo año de los tres?

Los padres deben exigir que se construyan más escuelas de bachillerato y se den más becas para asegurar el ingreso. Que el ministerio asuma, de una vez por todas, que hace 50 años la función de la media era otra, que ahora la especialización se adquiere en la universidad o mediante cursos de educación superior no universitaria. No es cierto que el bachillerato dará las competencias para la vida en este siglo en que los cambios tecnológicos son tantos y tan acelerados. Lo que sí debe garantizar son habilidades y capacidades mentales para seguir aprendiendo, así como la sólida conciencia moral del que ha accedido al nivel de lo justo y lo bueno.

Los futurólogos dijeron en 1990 que en el siglo XXI los trabajadores tendrían que cambiar tres o cuatro veces de profesión –no solo de empleo–. Un bachillerato con 16 especializaciones seguirá enfatizando la diferencia entre los que pueden seguir estudiando y los que tienen tan poca formación que tendrán que conformarse con empleos mal pagados.

El bachillerato está obligado a ofrecer una base cultural amplia y una mentalidad de cambio, no una especialización cuando se tienen 18 años.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Política alimentaria y producción nacional

La opinión de la Economista y Educadora….

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

Aún cuando nuestro país ha descollado durante la última década por mantener una economía sana frente a la crisis financiera internacional que afectó a la mayoría de los países del mundo, por lo cual logró el reconocimiento de grado de inversión internacional, todavía mantiene un considerable cordón de pobreza.

Situación originada producto de desequilibrios sociales, causados por la implementación de corrientes políticas y económicas, que históricamente han creado polarización, fortaleciendo pequeñas elites en menoscabo de las grandes mayorías poblacionales.

A la faz de este escenario, la actual gestión gubernamental enfrenta uno de los retos más grandes de la administración pública, para lo cual debe focalizar una serie de estrategias que conlleven al desarrollo de programas y proyectos que vayan más allá del cumplimiento de promesa de un periodo presidencial; de forma tal que se instituya un verdadero cambio, encaminado al sostenimiento de políticas de Estado que favorezcan efectivamente el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos.

En aspectos de política pública, el presidente Martinelli expresó en su discurso de toma de posesión, el 1 de julio de 2009, en materia de reforma agraria y desarrollo agropecuario, acciones encaminadas a la titulación de tierras, así como a la promoción de más crédito al sector agropecuario y apoyar las granjas sostenibles.

Si bien estas acciones van encaminadas a lograr mayor generación económica, no es menos cierto que se requiere de un conjunto de acciones concatenadas con otros sectores que conlleven al desarrollo de proyectos integrales, que permitan la construcción de nuevos centros poblacionales y el fortalecimiento de los ya existentes, en diferentes áreas de la geografía nacional, que garanticen servicios básicos, den reales oportunidades de generación de ingresos para garantizar la independencia económica como mecanismo de sostén que coadyuve a la cohesión familiar y a controlar el constante flujo migratorio de áreas rurales a centros urbanos.

Mucho se habla de crecimiento económico, pero poco de seguridad y soberanía alimentaría, aún cuando nuestro nivel de consumo depende en gran medida de importaciones, consecuencia de la instauración del actual modelo de globalización.

Ello implica que la disponibilidad de nuestra alimentación estará cada vez más supeditada a la oferta de productos y precios del mercado internacional.  Así como a la especulación de los intermediarios en el mercado interno, quienes encarecen el precio de los alimentos en perjuicio del consumidor, resultado del abandono de nuestro sector agropecuario, limitando con ello el acceso a disponer de alimentos básicos esenciales para nuestra alimentación.

Esta situación debe llamar a la reflexión de nuestros gobernantes, en procura de visualizar estrategias que vuelvan su mirada al campo, y den cumplimiento al mandato constitucional que en su capítulo 6° Salud, Seguridad Social y Asistencia Social, artículo 110, primer numeral indica: ‘Desarrollar una política nacional de alimentación y nutrición que asegure la disponibilidad, el consumo y aprovechamiento biológico de los alimentos adecuados’.

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Este artículo fue publicado el  18 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Se juega la fe del pueblo en el derecho

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…


Raúl Leis R.

Casi simultáneamente mientras la mayoría de la CSJ intentaba hacer desaparecer de la vida pública a la Procuradora (11 agosto), diversas entidades de la sociedad civil buscaban a través de un habeas corpus la aparición con vida de un indígena desaparecido hace más de un mes durante la represión en Bocas (12 de agosto).

Como señala un comunicado ciudadano en el caso de Ana Matilde Gómez, la audiencia contra la Procuradora General de la Nación se realizó en medio de denuncias de manipulación por parte del Órgano Ejecutivo y en medio de un escándalo por delitos mayores en contra de la institución que solicitó la separación del cargo y llamamiento a juicio de la Procuradora.

La condena de la Procuradora que ha sido proferida con el voto de los cinco magistrados nombrados por los partidos de la Alianza en gobierno, y el voto en contra de los cuatro magistrados nombrados por el partido hoy en oposición, lo que deja en la percepción ciudadana que es una fallo con connotaciones políticas.

Exigimos una administración de justicia independiente del poder político, sin corrupción, sin agendas políticas, ni tráfico de influencias, que garantice y asegure la democracia y los derechos humanos, finaliza el comunicado.

Este es un caso deplorable que demuestra el pozo insondable en que se encuentra la justicia en Panamá.   El reverso se encuentra en lo que afirma el magistrado Rubén Galecio: “Si el concepto de juez es una idea-símbolo,   también es una idea-fuerza,   es un motor de la paz social en la lucha contra la arbitrariedad, la delincuencia y el abuso.   Si la sociedad actual aprovecha esta fuerza, encausándola con inteligencia y buen sentido, ella puede contribuir caudalosamente a lo que es más imprescindible para una Democracia: la fe del pueblo en el Derecho”

En cuanto al segundo caso afortunadamente apareció vivo Valentín Palacio, que había presuntamente desaparecido luego de ser arrestado por la policía.   Lo realizado por las entidades de la sociedad civil con la solicitud de habeas corpus, fue lo indicado, puesto que tanto familiares como amigos del señor Palacio, como los informes de derechos humanos daban cuenta de la situación y en estos casos era un deber acudir a la defensa de los derechos humanos de los posibles afectados.

Precisamente por ello, y dada las discrepancias en los datos de lo ocurrido al Palacio creo “que para lograr la Verdad, la Justicia y la Reparación en este caso, como en el de la mayoría de víctimas de Bocas del Toro, es urgente la investigación por parte de una comisión independiente conformada por la Defensoría del Pueblo, Organizaciones de Derechos Humanos nacionales, Iglesias y la asistencia técnica del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas o de otro organismo internacional con experiencia y credibilidad. Asimismo, solicitamos un examen físico y psicológico inmediato y completo por parte de médicos independientes para determinar el estado de salud y las supuestas heridas de Valentín Palacios” (Human Rights Everywhere).

La fe del pueblo y del país en el derecho y la justicia está en crisis, la respuesta ya la proclamó Justo Arosemena hace más de siglo y medio: “Vista la urgencia, ¿Cual es la esperanza de una reforma completa, general y concienzuda de nuestro cuerpo de derecho?”

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.