Ante lo injusto, solidaridad y resistencia

El fallo de la Corte… La opinión de…

Aurelio Barría Jr.

Editoriales y artículos de opinión de los principales diarios escritos del país se han pronunciado y han reflejado, como muchos ciudadanos, el pensamiento crítico y el sentimiento de rechazo al injusto y cuestionado fallo de la Corte Suprema de Justicia, que condena a seis meses de cárcel a la procuradora general de la nación, Ana Matilde Gómez, quien fue separada inicialmente como consecuencia de mantener una posición firme e independiente frente a la injerencia del Ejecutivo, como es percibido, sin duda alguna, por la sociedad civil.

Como ciudadano independiente, he asistido a las audiencias públicas que se realizaron, primero para determinar si procedía un llamamiento a juicio a la procuradora separada y, posteriormente, al propio juicio para juzgar su inocencia o condena, en ambos casos con la participación del pleno de los magistrados de la Corte Suprema.

He sido testigo de los argumentos a favor y en contra de todas las partes, y muy en especial de las preguntas formuladas por los magistrados al testigo de la defensa de la procuradora, Rigoberto González, quien con elocuencia y conocimiento de la materia legal, por más de tres horas, respondió cuestionamientos y defendió el criterio, que el Ministerio Público asumió su responsabilidad sobre la interpretación sustentada legalmente de que en la fecha del acto cuestionado les asistía el derecho de autorizar la solicitud de intervenir el celular relacionado con el caso de corrupción contra el “tristemente célebre” ex fiscal, acusado y comprobado de pedir una coima a los familiares de una joven detenida.

Estamos ante un hecho consumado, una decisión tomada por el más alto Tribunal de Justicia, cuyo fallo de condena, aunque lo consideremos injusto e impregnado de injerencias políticas… es un fallo final –por lo menos en esta administración– y quedará en las páginas de nuestra historia republicana como un grave precedente. El actuar de los magistrados que condenaron a la procuradora también será recordado por sus nombres, como ejemplo lamentable de lo que no puede ser, condenar a una persona inocente que no ha cometido un delito, solo por presiones y capricho de quienes hoy se lavan las manos, como Poncio Pilatos, ganándose los magistrados el repudio de los ciudadanos honestos de este país. Queda en sus conciencias y ojalá puedan dormir tranquilos el resto de sus días, hasta la rendición de cuentas ante el Supremo.

Los panameños que luchamos cívica y pacíficamente por la vigencia de los principios y derechos de justicia, libertad y democracia, volvemos a revivir un sentimiento de frustración e impotencia al pensar que no se puede hacer nada al respecto, al igual que sentíamos el peso y el miedo del poder de la dictadura militar, que concentraba el poder absoluto con injerencia en todos los órganos del Estado.

Sin embargo, fueron hechos y situaciones graves ocurridos, como los que estamos viviendo ahora, los que fueron despertando la conciencia ciudadana, que unida espontáneamente forjó un gran movimiento civilista nacional, solidarizándose para convocar la resistencia con sacrificios personales con la esperanza de lograr un gobierno democrático, con independencia de poderes, con plenas libertades, y una administración de justicia digna, íntegra, honesta y responsable.

Todos tenemos la gran responsabilidad de contribuir en la búsqueda de las soluciones a los problemas nacionales –que no es exclusiva de los gobernantes– a través del diálogo franco y abierto, con interlocutores válidos y con una clara voluntad verdadera de corregir errores, de lo contrario, iremos caminando nuevamente hacia destinos indeseables que no se merece Panamá.

“La paz es fruto de la justicia, … si no hay justicia, no tendremos paz”.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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El testamento final de Wilson Lucom

“.. –hablan de 50 millones– a una fundación cuyo propósito era “alimentar a niños con necesidades en Panamá”.  La opinión de…

R. M. Koster

Wilson Lucom, diplomático e inversionista norteamericano, se radicó en Panamá en 1991 después de ganar una batalla contra el cáncer. Era muy rico, pero había nacido pobre y sus gustos eran sencillos. Prefería el interior a la capital. Compró una finca en Antón, y con Chinchorro Carles y otras amistades coclesanas llegó a conocer rincones como Toabré y La Pintada. Como he visto pasar a menudo con paisanos míos, parecía tener más aprecio por Panamá que muchos panameños.

Lucom se casó dos veces, pero nunca tuvo hijos propios. Le preocupaba la falta de oportunidades para los jóvenes del campo, y el juega vivo de la política criolla. Se preocupaba por Panamá.

Cuando murió, en junio de 2006, a los 88 años, dejó un condominio y un cuarto de millón anual a su viuda, sumas menores a varios otros, y el grueso de su fortuna –hablan de 50 millones– a una fundación cuyo propósito era “alimentar a niños con necesidades en Panamá”. Era el legado más grande para una obra de caridad en la historia del país.

El legado iba a salvar muchas vidas. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “Panamá es uno de los dos países de América Central que han experimentado en los últimos años un aumento en la desnutrición crónica de los menores de cinco años”.   En 2007, la Asociación Nacional Pro Nutrición Infantil estimaba que en la comarca Ngäbe Buglé dos niños morían de desnutrición cada tres días.

Lucom habla en el testamento de habilitar a las escuelas de lugares necesitados para dar almuerzos a los alumnos. Así era que el legado iba también a ayudar a la economía interiorana.

Iba a mejorar las vidas de todos los que vivimos en el istmo, y de muchos no nacidos todavía. Por el legado de Lucom, íbamos a tener más ciudadanos responsables entre nosotros y menos delincuentes. Iba a corregir un poco la injusticia económica a la cual el presidente Martinelli se refirió en su campaña cuando dijo que, “Panamá es el tercer país con la peor distribución de riqueza en el mundo”. Más importante aún, iba a dar esperanza y reducir ira.

La Corte de Sucesión aceptó el testamento de Lucom el 5 de julio de 2006, declarando que la fundación era el heredero principal.   Poco tiempo después, la viuda de Lucom presentó un incidente para anular el testamento y para que ella fuera nombrada heredera universal –es decir, única– de Wilson Lucom.     El 4 de mayo de 2007, el Tribunal Superior de Panamá confirmó la validez del testamento de Lucom.   La viuda apeló e interpuso un recurso formal de casación.  El caso fue a la Corte Suprema.

La Corte falló el 6 de agosto.   Señaló en el fallo que Lucom, en su testamento, se refirió a quien hoy es su viuda como su “amada esposa”.   Estas palabras, decidió la Corte, indican “que aún después de la muerte del causante [es decir, Lucom], éste se preocupara por el bienestar y la posición socioeconómica de quien al momento de su muerte tenía la condición de cónyuge, situación que no puede inferirse pueda tener una fundación”.  Por esto, la Corte declaró a la viuda heredera universal.

Al morir Wilson Lucom, la República de Panamá tenía casi 103 años de existencia.    Aunque dure otros 103 siglos, no tendrá en su tierra a nadie tan bobo de tratar de dar su fortuna a los pobres.

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Este artículo se publicó el 19 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Extranjeros en nuestra tierra

La opinión de…

Manuel Gaspar Vega Zúñiga

Desde hace unos años se viene dando un fenómeno inmobiliario de grandes proporciones en todo el país.   A simple vista, observamos en la metrópoli grandes edificaciones que nos proyectan como un país en franco desarrollo. Paralelo a esto, algunos expertos estiman inversiones en tierras altas y en Boquete por encima de los 200 millones de dólares; así como también en las zonas costeras, provincias centrales, el valle de Antón y Bocas del Toro, entre otras.

Pero este movimiento económico, que pareciera tener una repercusión positiva, va aunado a una serie hechos que nos hacen reflexionar sobre las consecuencias que puede tener este avance mercantil en el país.

Por ejemplo, en el proyecto Punta Pacífica se dio un conflicto sobre una garita de acceso;   en Boquete algunos de los nuevos “residentes” se quejan por el exceso de ruido durante los días festivos y los clásicos domingos cuando llegan nuestros indígenas; por otra parte, en la provincia de Los Santos en el distrito de Tonosí, más específicamente en el sector de Cambutal, hay unas villas a las cuales el panameño común no tiene acceso.

Según la página web Salvemos nuestras islas y costas, en los últimos años se ha dado una venta indiscriminada de costas e islas a manos extranjeras: “Unas 20 islas panameñas con un valor individual que va de 395 mil a 4 millones de dólares están a la venta en un sitio de internet”.

Sin medir las consecuencias, en la región de Azuero, en donde resido, están a la venta no sólo las zonas costeras, sino también tierras dedicadas a la ganadería.   Producto de esta venta indiscriminada, con el pasar de los años los habitantes de esta región se quedarán sin las mismas para su producción; así como nuestras playas que están quedando en gran parte en manos de extranjeros.

Ahora bien, este problema no es sólo de los grupos ambientalistas que por años lo han venido denunciando; los panameños sin un carácter chauvinista y xenófobo debemos ser celosos de nuestras riquezas naturales (playas, ríos, reservas naturales), pero también le compete al Gobierno impulsar políticas económicas para evitar que gran parte de estas propiedades quede en manos extranjeras.

Soy consciente de que se debe promover el turismo y la inversión extranjera como paliativo al problema de desempleo,   pero no a merced de la promoción y venta de nuestros hermosas zonas costeras (Coronado, Bocas del Toro, Pedasí, entre otras), ni de los grandes latifundios que embellecen nuestro Panamá, porque al ritmo que vamos en la promoción y venta de nuestros recursos las futuras generaciones se podrán considerar extranjeras en nuestra tierra.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Profundización de la crisis

La opinión de…

Jorge Gamboa Arosemena

El caso de Ana Matilde Gómez debe abstraerse de los subjetivismos personales que ella puede generar a favor o en contra. Que la hoy ex procuradora haya o no tenido un desempeño criticable durante su ejercicio no debe confundir a los ciudadanos que deben defender la institucionalidad democrática.

Desde mi óptica, ella debió haber sido procesada desde mucho antes por incumplimiento de los deberes de su cargo, claro está, mediante un debido proceso que, considero yo, no se puede dar en un Estado enfermo.

Muchas de las pérdidas de las oportunidades para hacer justicia, ya sea en lo judicial, como en lo social y económico, se dan porque la ciudadanía no ha aceptado que el cuerpo de la nación panameña está enfermo.

Hágase una pregunta, estimado lector: ¿una persona enferma puede rendir a cabalidad el objetivo de su responsabilidad, o tiene que atenderse sus afecciones para poder producir lo que una sana puede producir? ¿Un Estado enfermo puede producir bienestar común?

Hemos asistido a la profundización de la crisis con un golpe de Estado sutil para controlar la administración de justicia, en su parte de instrucción de los sumarios, que le faltaba a este gobierno.   La Corte y la Asamblea están bajo control.   Instituciones como la Procuraduría de la Administración y la Universidad seguirán sin cambios, si muestran abyección.   Aunque esto no es del todo cierto porque, cabe recordar que, a principio de año, la Sra. Gómez, luego de unas escaramuzas con el Ejecutivo dijo por los medios que había entendido las “señas de boca a oído”, lo cual no valió para ser removida unos días después.

Hoy los panameños estamos perdiendo de vista el bosque por ver un árbol. El problema no es el caso de esta señora, que ya se habla de que, agotada la instancia interna, acudirá a la justicia internacional, donde es muy probable que gane el caso, pero tarde para ser restituida por el vencimiento de su período. El problema es que perdemos de vista lo medular que es el colapso de la institucionalidad democrática.

Tendremos que esperar que la crisis se profundice mediante circunstancias que seguro se darán, pero mientras tanto seguiremos en un país de tráfico de influencias, de injusticias, donde vergonzosamente más de 30% vive en pobreza y más del 20% en pobreza extrema, donde un gobierno mata, reprime y desaparece manifestantes, mientras sus voceros se engañan con sus propias mentiras.

El momento propicia profundizar la crisis, lo cual podría darse mediante la renuncia o la denuncia de los llamados magistrados de la Corte Suprema de Justicia que no condenaron. La renuncia porque, si tienen un poco de dignidad, no pueden estar en un cuerpo adocenado, o la denuncia contra sus colegas que violan normas. El seguir en sus puestos, sin una de estas acciones, los hace cómplices de lo que ha salido, en el pasado y presente y lo que saldrá en el futuro, de ese cuerpo.

Ojalá no sigamos engañándonos con que vivimos una democracia normal, cuando estamos enfermos como Estado. La única medicina política para esta República enferma es la constituyente, donde los panameños busquemos constituir la nueva República.   Si no ordenamos la vida política de la nación, los anhelos de seguridad, salud, educación, trabajo e igualdad de oportunidades seguirán siendo un quimera, con unos pocos que viven y una gran mayoría que sobrevive a duras penas, en este Panamá secuestrado.

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

‘Id, también, vosotros a mi viña’

CAMPAÑA ARQUIDIOCESANA   La opinión de…

Carlos A. Voloj Pereira

El mensaje más relevante de Juan Pablo II, entre tantos inspiradores pensamientos que sembró en su arduo y fértil camino por los senderos de su misión como vicario de Cristo, ha sido el que los panameños hemos exaltado como consigna conductora de nuestra misión católica en nuestro país, cual es: ¡Cristiano, la iglesia eres tú!

Hoy, más que en el pasado esta consigna cobra un significado corpulento porque se ha fundido en la convicción de los panameños, el espíritu formidable de un Papa que, a lo largo de todo su apostolado fue la imagen y mensajero mismo de Cristo, (cuando nos repite sus palabras: “Id también vosotros a mi viña” (Mt. 20,4).

El encuentro personal de Juan Pablo II con nuestro señor Jesucristo ha servido durante todos estos años para recordarnos que somos trabajadores de la viña del señor y que no debemos permanecer indiferentes ni ociosos ante el llamado que cada día se hace más necesario e inevitable en el fortalecimiento y continuidad de la fe cristiana y sus valores.

En el Concilio de Nicea (323 D.C.), la Iglesia católica comenzó a diseñar su estructura administrativa, ejecutiva y de evangelización masiva. Eran tiempos en los que los señores feudales, los mercaderes, los industriales y los fabricantes, resolvieron apoyar la obra de la Iglesia porque esta significaba el aglutinamiento de los hombres en torno a una religión común para todos. La Iglesia debía desarrollar una labor de entronización de la fe y sus valores. Sin embargo, en esos tiempos la Iglesia contaba con abundantes recursos provenientes de gobernantes, de creyentes comunes y corrientes que no olvidaban que hay que rendir honores y deberes a un supremo ser que te lo da todo. Ninguno objetaba que había que dar a Dios los que era de Dios y al César lo que era del César. Los hombres pagaban sus impuestos y también el diezmo que sabían que correspondía a los representantes de Dios que velaban por la salud de sus almas y el bienestar de los cuerpos.

Hoy, en el inicio del siglo XXI, la labor de la Iglesia es gigantesca. Se han multiplicado los fieles, más de mil millones. Algunos que pertenecieron a la Iglesia se han alejado; otros están confundidos y otros no conocen siquiera la palabra de Dios.

El mayor mérito de la Iglesia es haberle otorgado al ser humano el conocimiento de la existencia de un Dios todo amor, misericordia y esperanza.   La Iglesia católica es el baluarte de la salvación y de la fe, y por ella el hombre tiene un faro de luz en su destino y unas coordenadas –de dónde vengo, para qué estoy y adónde voy– que dan sentido a su existencia. El hombre no puede reducirse a una simple realidad material; posee un espíritu que le abre a la trascendencia y le conecta con Dios mismo, y en Dios por ello tiene su destino final.

Trabajar por esa paz de la que gozan los hombres de buena voluntad en este planeta demanda medios y recursos materiales para hacerla efectiva. La Iglesia ha trabajado tesonera y constantemente en la persecución de esa meta evangelizadora y humanizadora. Pero las necesidades, tanto materiales como espirituales, crecen; muchos creyentes carecen de una formación luminosa del significado e implicaciones de su fe; aumentan los desposeídos y marginados que reclaman solidaridad; se acrecienta la degradación de valores; abundan las enfermedades del cuerpo, pero también de las almas.

Para ese hospital integral de la salud se creó, en Panamá, hace 35 años, la Campaña Arquidiocesana con su maravillosa alcancía y la Fundación Pro–Fe, que cumplió en abril pasado sus primeros 10 años de feliz y provechosa existencia.   Instituciones estas de la Iglesia dirigidas por laicos comprometidos quienes se han propuesto recoger de la buena voluntad del católico istmeño y de su amor y respeto al prójimo, un aporte de sus bienes. Antiguamente fue normativa de la Iglesia el “diezmo”: aporte de cada familia católica proporcional a sus recursos. Hoy se pide un aporte voluntario.

¿Queremos que quede en evidencia que no es sincero nuestro fervor cristiano y nuestro deseo de trabajar por la Iglesia si nos quedáramos ociosos mirando cómo se construye y se destruye la obra de los hombres de buena voluntad?   Son los sacerdotes, religiosos y los laicos quienes conformamos el cuerpo de la Iglesia que, como labriegos en el campo, produciremos los frutos que alimentarán el alma cristiana.

¡Vosotros seréis mis brazos! Vosotros seréis los que labrarán la tierra. Sacerdotes y religiosas son un brazo y los laicos somos el otro. Así queda enfáticamente declarado en la Exhortación Apostólica Pots-Sinodal Christifedeles Laici acerca de la vocación y misión de los laicos en el mundo. Recojamos en este momento el mensaje que como un legado nos ha dejado el santo padre Juan Pablo II: “¡Laicos del orbe, vosotros seréis mis brazos!”.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Presupuesto 2011: Inversiones

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República….

MIREYA  LASSO

El proyecto de Presupuesto de Inversiones del Sector Público No Financiero, que asciende a más de B/.3.8 mil millones sin incluir la banca estatal, debe estimular muchos cuestionamientos en la opinión pública. Le corresponde a la Asamblea Nacional desempeñar con plena responsabilidad una de sus más importantes funciones, cual es la de escudriñar y formular todas las preguntas necesarias para aclarar las intenciones, la factibilidad y la forma como este peldaño encaja en la ruta de cinco años que se fijó el Ejecutivo. El telón de fondo es el Plan Estratégico de Gobierno que incluye un Plan Indicativo de Inversiones 2010—2014 por un total de B/.13.6 mil millones, anunciado por el gobierno, como se lo exige una ley aprobada por la Asamblea del periodo 2004—2009.

Muchos aspectos llaman la atención, pero solo podemos referirnos a algunos de ellos, a título de ilustración.

En primer lugar, comparando el total de las inversiones presupuestadas durante los cinco años del gobierno anterior —B/.4.0 mil millones— con el total presupuestado en solo dos años del actual gobierno —B/.3.9 mil millones— se observa una pequeña diferencia de apenas B/.100 millones. Traducido en términos del esfuerzo de ejecución requerido, el actual equipo de gobierno deberá haber producido en dos años lo que el anterior intentó en cinco.

En segundo lugar, se aprecia que las inversiones se concentran en el Ministerio de Obras Públicas, al cual se le destinarán B/.700 millones, cifra que más que duplica lo presupuestado para el presente año —B/.333 millones— y muy cercana a la programada por el anterior gobierno durante sus dos últimos años de gestión juntos —B/.306 millones para el 2008 y B/.452 millones para el 2009.

Por su lado, los montos asignados a los ministerios de la Presidencia, Salud y Vivienda —B/.664 millones, B/.174 millones y B/.81 millones, respectivamente— parecen ser consecuentes con las obras del Metro y del fortalecimiento de programas de salud ambiental y nutricional, y de construcción de viviendas populares. En contraste, llama la atención la reducción de recursos asignados a los ministerios de Educación y Desarrollo Agropecuario que, entre los dos, recibirían B/.31 millones menos que en la actual vigencia; aunque, de otro lado, se aumentarían en más de B/.50 millones los fondos destinados al IFARHU.

No se puede dejar de lado ciertos proyectos ‘llave en mano’ incluidos en la presentación del Presupuesto, pero cuyos montos ni se contabilizan, ni se suman. Se trata del reordenamiento vial de la capital, la Ciudad de las Artes, ocho mercados de la Cadena de Frío, y la construcción y rehabilitación de cinco hospitales —Metetí, Anita Moreno, Amador Guerrero, Chicho Fábrega y Bugaba. En términos populares, llave en mano significa ‘diséñalo, constrúyelo y fináncialo con tu plata ahora, que yo te lo pago después’.

Estamos conscientes de que una cosa es lo presupuestado —que solo representa intenciones a principios de año— y otra es lo que resulte efectivamente ejecutado a final del año.   Es evidente que las cifras delatan proyectos ambiciosos que pondrán a prueba la capacidad de ejecución del equipo de gobierno, capacidad que ha sido cuestionada reiteradamente por el propio jefe del Ejecutivo, al considerar muy poco satisfactorio el nivel de ejecución de algunos programas del actual ejercicio fiscal.

Resulta obvio que la intención de este gobierno, al igual que los anteriores, es poder cosechar frutos políticos al final de su gestión y cuenta para ello con lograr completar todas las obras antes de las elecciones del 2014. Pero debe evitar, como ya sucedió, sacrificar calidad por el apuro de inaugurar obras incompletas como sucedió con un Puente Centenario sin autopista de acceso o una Cinta Costera aún no terminada.

Ojalá el gobierno no sacrifique la calidad de las obras por la prisa de inaugurarlas antes de tiempo. Recordemos, en buen italiano, que ‘chi va piano va lontano’.   Los contribuyentes nos merecemos esa consideración y mucho respeto.

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Este artículo fue publicado el  18 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Dificultad de los panameños

La opinión de la Doctora en Medicina…

Marisín Villalaz de Arias 

No comprendo qué sucede a los panameños que hemos llegado a un estado poco saludable para el bienestar del país.

Hace tiempo vengo augurándolo por lógica y finalmente hemos llegado al estado de división y muchas otras cosas. Somos un país dividido, polarizado en el que permanentemente existen dos grupos: los de allá y los de acá; ellos y nosotros; los de oposición y los de gobierno y todo lo vemos con ese prisma hasta llegar a lo que vimos con el juicio de Ana Matilde Gómez: los PRD y los del gobierno en la CSJ.   No estudiaron los pros y los contras sino que votaron de acuerdo al partido que pertenecen y eso es peligroso.

La agresividad de mis compatriotas es visible y puede llevarnos a lo que antes no aparecía. Hace un tiempo, un conductor de camión tiró una basura a la calle. Me adelanté y le dije que no lo hiciera y me gritó: “cállate vieja hija de P…”  Le respondí: eso no me importa pero lo de vieja me ha entristecido; subí el vidrio y seguí.   Así es todo y hemos visto hasta disparos por reclamos que ya no pueden hacerse en las calles.

La anarquía que existe en nuestras calles no tiene nombre.   Cada uno maneja como le da la gana, pasa por donde quiera, comete las faltas más grandes y no hay quien le ponga el cascabel al gato.

En algunos semáforos se forma tal despelote que nadie entiende, sobre todo algunos días y a determinadas horas.

No podemos continuar con esta anarquía porque estamos acabando con la tranquilidad de los que vivimos en esta hermosa ciudad, así que necesitamos que cada uno ponga de su parte para manejar correctamente sin hacernos los vivos ni aprovecharnos que no hay autoridades para sancionar.

Los conductores se pasan las luces rojas, no se detienen cuando personas cruzan las líneas de seguridad; los buseros se detienen donde les da la gana igual que los taxeros y violan todas las reglas del tránsito.

Una ciudad tan hermosa como Panamá, donde la gente es gentil, sobre todo con los extranjeros, no los subas a un carro para conducirlo porque se vuelven irreconocibles y cometen toda clase de infracciones. La impaciencia y el apuro acaban con la tranquilidad de la gente. Los turistas no saben cómo comportarse ante la anarquía y seguimos en las mismas.

Compatriotas, utilicen más el coco y aprendan en las escuelas: educación vial.

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Este artículo se publicó el  18  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.