La honestidad se enseña en casa

La opinión de la integrante del Club Rotario…

Lidia Stec de Samudio

Mediante el discurso y el ejemplo.   Sí, es cierto que nuestros padres se desviven orientándonos y nosotros a nuestros hijos en el valor de la honestidad.   No obstante está en nosotros, que desde niños nos atrae la excitación de tomar lo ajeno o copiar en un ejercicio sin ser descubiertos.   Muchas veces no por el interés de lo obtenido sino por la emoción y la sensación del éxito de nuestra habilidosa travesura. Por retar al miedo de hacer algo que sabemos está mal.

El problema es que algunos no superan esa etapa. Se convierte en una costumbre decir mentiras, medias verdades, omitir la parte de la verdad que pudiera perjudicarnos ante la mirada de otros. Está en nosotros convencernos de que no se debe cruzar la raya y menos hacer de ello un hábito. En ese caso la sensación que se siente es más pasiva pero igual gratificante al saber que, pudiendo haber engañado, haces lo correcto.

La honestidad se mide en el diario quehacer. A grandes escalas y en pequeñitos detalles: Por ejemplo en la forma de realizar tu trabajo. Lo puedes hacer honestamente, dando todo de ti, o haciendo el mínimo necesario para ser remunerado por el menor esfuerzo. Si te dan un carro para diligencias del trabajo y mientras trabajas paras a recoger un amigo, o a comer, o a hacer tus compras en el vehículo ajeno y en el tiempo que te pagan, eres deshonesto.

Si haces compras para tu empresa y de paso recibes un ‘incentivo’, éste le corresponde a la empresa, no a ti hasta que los jefes sean informados y lo aprueben. No se trata de quedarte o no con un ‘vuelto’, de llevarte o no los útiles de tu oficina para el uso de tus hijos en la escuela o de pasar e imprimir las tareas de ellos en el equipo y tiempo de la empresa. Es más profundo. Es a conciencia ser y hacer con rectitud. Si al actuar sientes que te daría vergüenza que alguien te descubriera en lo que haces y continúas sin pensarlo, créeme que eres deshonesto y desleal a tu propio juicio.

Si piensas: “que no me vean ahora mismo”. “Que no pase un compañero en este momento y se entere”. “Si el jefe me descubre, que pena”. Escúchate. Nuestra conciencia nos lo hace saber claramente y siempre. Es uno mismo que se engaña para hacer lo que prefiere y lo justifica con cualquier excusa que sabemos no tiene peso.

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Este artículo se publicó el  19  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La baja ejecución presupuestaria

La opinión de…

Eloy Fisher

Uno de los problemas de tener un ambicioso plan de gobierno, es precisamente llevarlo a cabo. No se trata de mala voluntad, incapacidad o de demagogia, sino de los escollos operativos que afectan a toda administración. Tener un plan no significa ejecutarlo: para realizarlo, es necesario no sólo conseguir las partidas, sino ser fieles a un cronograma con innumerables contigencias en su desarrollo.

El diseño de un presupuesto es un asunto complejo de hacienda pública, y no aburriré a los lectores con los detalles; sólo me concentraré en la fase de ejecución presupuestaria.   De acuerdo a los manuales del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), esta ejecución se realiza en asignaciones mensuales que deben presentar las instituciones al Consejo de Gabinete apruebe el presupuesto.   En ese documento se cotejan los ingresos y los egresos, los saldos en caja y cómo se concatenan estas cifras con las metas del proyecto, establecidas con relación a programas de trabajo y cronogramas definidos con antelación.

Por eso, se requiere mucha planificación y más importante aún, seguimiento y evaluación de las metas presupuestarias. En administraciones con interés en realizar cambios apresurados, esta parte de la ejecución presupuestaria se enfrenta con el grave desafío de revisar los planes periódicamente.

Peor aún, en nuestra legislación existen distorsiones que aceleran el proceso, a riesgo de menor transparencia, planificación y evaluación. En lo que respecta a inversiones de ejecución a corto plazo, una vez aprobado el presupuesto, las instituciones estatales deben contratar a quienes realizarán los proyectos y con eso, empatar objetivos y flujos de efectivo de antemano de acuerdo al principio de disponibilidad presupuestaria, hecho que añade un nivel de complejidad adicional. A raíz de los recursos legales disponibles en un sistema de justicia demorado, existen incentivos para recurrir a la contratación directa ante el MEF, el Consejo Económico Nacional y el Consejo de Gabinete, y con ello, a menores niveles de fiscalización presupuestaria.

Sin duda, existen muchas salvedades, el Estado en materia de gasto público se administra diariamente por excepciones y no por reglas, especialmente en países tan políticamente impredecibles como Panamá.   Pero es claro que el gobierno contrató directamente en un año casi 200 millones de dólares, y e incluso tuvo que reformar esta ley a fin que las instituciones públicas accederían a ventanas favorables en caso de urgencia social.   Si bien el Ministro Vallarino reconoció que en muchos de estos gastos no existe alternativa, el problema radica en que el no tener alternativa da pie a estos resultados.

El regaño del Presidente Martinelli es meritorio por lo anterior, pero también lo debe ser una revisión a la premura con que hoy se gestiona y los incentivos existentes para menores niveles de planificación y seguimiento. Existen proyectos que hoy se llevan a cabo dentro de un plan coordinado, que si bien no es perfecto, pueden ser de gran provecho nacional: el Metro es un candidato viable. Sin embargo, otros tantos, especialmente aquellos llamados a resolver situaciones de urgencia social no parecen engarzarse dentro de un plan coordinado y comprensivo, y son estos los que merecen más atención… o regaños, según sea el caso.

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Este artículo se publicó el  17  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Nueva era de democracia o tiranía?

La opinión de…

Rodrigo Noriega

Decía Jean Paul Sartre que los franceses nunca habían sido tan libres como cuando los alemanes ocuparon Francia.   Esto era porque todos soñaban y anhelaban la libertad individual y la soberanía nacional.   Parece que los panameños estamos a punto de experimentar ese tiempo de libertad escrito por Sartre.

Panamá hace un tránsito regresivo en su débil institucionalidad. La todavía húmeda tinta del fallo de la Corte Suprema que condena a la ahora sí, ex procuradora Ana Matilde Gómez Ruiloba, representa el entierro infortunado que nunca tuvo la cruzada civilista.   Este movimiento nacido en 1987 y que buscó derrocar a la dictadura militar fue incapaz de concretar su proyecto político debido primero al secuestro que de la gran causa nacional en contra de la dictadura hicieron los partidos políticos más tradicionales, y segundo, una infame invasión que supuso el desmantelamiento de la sociedad civil y su capacidad de organización. No se quería repetir el ejemplo de Filipinas donde un gran movimiento nacional sacó al dictador Ferdinand Marcos. La invasión evitaba que la sociedad civil panameña fuera agente de su propio destino.

La procuradora Gómez no fue quizás la mejor ni la mayor perseguidora de los delitos del poder en Panamá.   Solo basta recordar los casos de alto perfil desde Vanessa Márquez, hasta Murcia para darse cuenta que el Ministerio Público hacía aguas por muchas partes.   Sin embargo, la agenda reformista era esperanzadora y la mejora sustancial en el ejercicio de la vindicta pública se hacia evidente.   Su período coincidió con una sistemática fricción con la ex presidenta de la Corte Suprema, Graciela Dixon, y con la pérdida de la Policía Técnica Judicial a manos de una siempre voraz Policía Nacional.

Una vez devuelto el Canal a manos panameñas, y concluidos los caudillismos de Arnulfo Arias y Omar Torrijos encarnados respectivamente en una viuda, y en un hijo, ¿a dónde se iría la clase política panameña? La respuesta es clara.   Se fue al vacío.

El vértigo institucional de los últimos 14 meses es apabullante. Desde las reformas fiscales hasta periodistas y ciudadanos perseguidos, incluyendo la derogación y modificación de leyes claves de tutela de los bienes públicos y los derechos individuales y sociales de la población y finalmente Bocas del Toro, apuntan a una carencia de rumbo y a la confusión del Poder Ejecutivo con el poder personal del Presidente.

En una situación similar, a mediados del siglo XX con los dos grandes caudillismos de la época desvanecidos del horizonte político (el porrismo por la muerte de Belisario Porras, y el arnulfismo con la inhabilitación de Arnulfo Arias), le abrieron el camino a una estructura autoritaria y militarista de ejercer el poder: el remonato.

José Antonio Remón Cantera (1909–1955) fue el primer comandante de seguridad en Panamá de la Guerra Fría.   Su amplio dominio de las relaciones con el bajo mundo, y su exitoso control electoral en las elecciones de 1948 cuando impuso a Domingo Díaz como Presidente, y en 1952 en forma más escandalosa cometió un fraude electoral para colocarse él mismo la banda presidencial.   Remón no tardó en volarse a la Corte Suprema, desmantelar a la Guardia Presidencial, reformar las leyes electorales haciendo tremendamente difícil formar un partido político y a la vez muy caro el hacer una campaña electoral.   Debido a la amenaza “externa” y para poder recibir asistencia militar de Estados Unidos, la Policía Nacional se transformó en Guardia Nacional.

Remón fue tristemente asesinado el 2 de enero de 1955   mientras veía una carrera de caballos.   En uno de los más oscuros y tenebrosos casos judiciales de la República, su magnicidio jamás fue aclarado. Se culpó a los comunistas, a la mafia peruana e italiana y a la propia CIA.

En alguna ocasión el constitucionalista César Quintero me contó que la oposición a Remón temía que este haría una reforma constitucional para establecer la reelección presidencial inmediata una vez se aprobase el Tratado del Canal Remón–Eisenhower, documento que fue aprobado en abril de 1955, tres meses después de su muerte.

El remonato es la forma normal de gobernar en Panamá en tiempos de crisis y transición de los caudillismos. En otras palabras, la clase política panameña ha vuelto al libro de magia que siempre ha usado.   Queda a los ciudadanos cambiar esa historia. Es en ese sentido, que el 11 de agosto de 2010 debe entenderse como la aurora de una nueva era de democracia o tiranía.

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Este artículo se publicó el 18 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El engaño vía acciones carentes de seriedad

La opinión del Abogado…



Alberto E. Fadul N.

Las representaciones, desacertadas, de acciones públicas, cuando las personas ocupan o han ocupado, cargos públicos de relevancia; como la Procuraduría General de la Nación, deberían ser delito, castigable con pena de cárcel y máxima condena pública.

Es inverosímil que personas con cargos importantes en el área de la educación privada, el periodismo, organizaciones de la sociedad civil y otras, sin conocimiento de causa o verdad del los hechos, defiendan a calzón quitado, a personas como éstas.

En Panamá se practica el “Derecho Romano” no el “Sajón”; es decir la Ley es la última palabra, el funcionario público no podrá, sin cometer falta o delito, actuar más allá de lo prescrito en las Leyes. De hacerlo será juzgada y declarada culpable.

Sin duda comprendo el hastío de personas comunes y profesionales sobre la corrupción/impunidad que hostiga nuestro país, de todas fuentes de gobierno, particularmente de aquellas que administran justicia; es por ello, que personas de buena presencia, hombres o mujeres, también de buenas costumbres e intelecto, saben moldear sus facciones y manipular a gentes de elevada inteligencia, posan sus manipulaciones antes las cámaras y acuden a iglesias, etc., con lágrimas de pena por el aparente abuso sufrido y aprovechan para adelantar representaciones carentes de seriedad. Éstas son peligrosas y dañinas pues desvalorizan las instituciones de un país que busca el cambio. Se dan una importancia de la cual carecen. Hablan de detractores como si fueran figuras propias de homenajes múltiples. Encienden las dudas en los espíritus de personas decentes y correctas. Empañan todo su alrededor, sin razón para ello y con propósito. Si un elevado funcionario o sus asesores conocían que le era prohibido utilizar, por ejemplo, escuchas telefónicas y las efectúa sin la autorización de autoridad pertinente, entiende el peligro de sus actos. Su abogada, explica que la acción de su defendida, fue producto de una mala interpretación de la Ley.

Semanas antes del juicio, según los medios de comunicación escritos, cuatro magistrados emiten salvamento de voto a favor de la persona, basándose en que, a su juicio, no observaban acto doloso en la acción de la acusada. Lo que se esperaba era un actuar profesional   ¡Hubo o no, falta o delito!   De no considerar lo actuado, grave, pudieron haber votado en contra, sin el “show” del salvamento de voto; así, lo interpretado y el voto salvado, fue el verdadero acto político.

La arrogancia no conduce a buen puerto. Estas personas no deben lavar sus trastos en público; después del fallo, del cual nunca dudó, indicar su arrepentimiento. Que irá a las cortes internacionales. Que sus detractores quieren que corra para la presidencia de la república. ¿Somos ignorantes?

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Este artículo se publicó el  17  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Colombia: ¿Mejores augurios para los paisas?

La opinión del Sociólogo y Docente Universitario….

ROBERTO  A.  PINNOCK

Luego de escuchar el discurso de toma de posesión del nuevo presidente de la República de Colombia, deseo referirme a uno de los puntos de su propuesta de gobierno que pudiesen tener implicaciones para nuestro país.

Este es el concerniente a la inusitada migración de hermanos de ese país hacia otros sitios, entre ellos el nuestro.   Con lo de la famosa ‘feria’ de la Dirección de Migración hace un par de semanas, fue fácil confirmar lo que muchos ya sabíamos: Que los latinoamericanos que más han emigrado a Panamá en los últimos 10 años son los colombianos.

Pues bien, el señor Santos, prometió implantar una serie de mecanismos institucionales destinados a hacer ‘retornar a sus parcelas a los desplazados y víctimas de la violencia’.   Ciertamente, buena parte de las migraciones internacionales de colombianos obedecen a la crítica desigualdad socioeconómica agravada con el gobierno del señor Uribe y otro tanto por los desplazamientos provocados en áreas rurales. Por un lado, por lo que indica la CEPAL, al inicio de su presidencia, en 2002, Colombia era el cuarto país más desigual de América, hoy es el primero.

Por otro lado, se sabe que más de tres millones de personas son desplazadas: Los paramilitares y los caciques regionales, que hicieron parte del engranaje del Uribismo, les arrebataron más de cinco millones de hectáreas de tierras; por cierto, no en cualquier tierra, sino en sitios altamente productivos y con potencial para la minería que se muestra en alza en ese país.

A una porción de esos desplazados los podemos encontrar no solo en Darién, sino también en áreas pobres de San Miguelito, en Curundú o en Arraiján.   Ahora bien, nos asoman interrogantes obligadas en este asunto:   ¿Hasta dónde llegará esta intensión del presidente Santos?   En caso que tome acciones, ¿lo hará manteniendo la impunidad y el terrorismo de Estado que caracterizó al gobierno de su antecesor Álvaro Uribe?

Me explico. Ya a estas alturas es inocultable (al menos para el pueblo de ese país) que la famosa política de ‘seguridad democrática’ del señor Uribe estaba basada en la desaparición de cuanto activista que fuera defensor(a) de los derechos humanos se alzara como disidencia a su régimen, tanto como campesinos con tierras atractivas para el enriquecimiento, cual ‘asesino Bill’ acá en Bocas del Toro.

No por azar, Colombia posee las cifras más elevadas de América Latina respecto de dirigentes sindicales ‘desaparecidos’. Las mismas son parte de la enorme cuantía de desaparecidos del periodo Uribe. La Fiscalía General de la Nación recién emprendió un censo nacional sobre cadáveres enterrados como ‘NN’ (sin nombre) a lo largo de todo el país, con el fin de cruzarlos con los 32348 desaparecidos que tiene registrados la Unidad de Justicia y Paz. Una cifra superior a la suma de los desaparecidos en todas las dictaduras de América Latina.

Gran parte de estos muertos sin nombre ya habían sido confesados como víctimas de masacres por los jefes paramilitares que se han acogido a sentencias benignas (no más de ocho años de cárcel) por confesar sus acciones. Al menos 1700 de las víctimas son ‘falsos positivos’:   jóvenes asesinados y presentados luego como guerrilleros muertos en combate.

Como quien dice, el general Noriega no es más que un bebé de pecho al lado de estas horrendas masacres; pero no he visto el más mínimo pronunciamiento de los medios internacionales ni locales de Estados Unidos, ni de quienes le hacen eco en nuestros países al respecto de estas realidades.

Así, si el nuevo presidente está dispuesto a no ignorar las razones de los desplazamientos que dice querer revertir, esto es, no dejar en la impunidad a sus autores y regresarle las tierras a los campesinos de los que hoy se benefician los mismos del equipo uribista, entonces ¡reciba nuestras congratulaciones desde ya! Las razones de la excesiva migración de nuestros(as) hermanos(as) colombianos(as) se reducirían sensiblemente y por ende, sus odiseas en países como el nuestro.

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Este artículo fue publicado el  17 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Un Presidente arrepentido?

La opinión del analista Político…

Gil Moreno 

En días pasados, el Sr. Lewis Galindo, persona muy allegada a Ricardo Martinelli, en un artículo publicado en el Panamá América (29-7-10 ), había afirmado que el problema que tiene el Sr. Presidente “consiste en la forma en que las cosas se vienen haciendo”, en otras palabras, daba a entender que su gestión no ha sido del todo buena, principalmente por falta de buenos asesores, con criterios políticos.

Además dejaba entrever que durante su primer año de gobierno se habían cometido algunos errores, que fácilmente se podían subsanar, mejorando su relación con los medios informativos , y pienso, que también con la sociedad civil y el pueblo en general, cosa que no ha sucedido porque como el mismo Martinelli ha dicho, no lo eligieron para co-gobernar con minorías.

Yo siempre he creído que el Sr. Lewis Galindo tiene cierta influencia sobre Martinelli. Por eso no me extrañó que después de sus anteriores apreciaciones, relacionadas con el comportamiento político del Sr. Presidente,   éste haya reconocido sus errores: que ha hecho cosas malas, que tiene poca experiencia política, que necesita que lo aconsejen, que se siente arrepentido y que quiere mejorar, con la ayuda de todos los panameños.

Si esto es así, si de verdad está lleno de buenas intenciones, el primer paso que debe tomar es hacer los cambios necesarios. Es comprensible que después de tantos errores que ha cometido en este su primer año, no va poder rectificarlos todos, pero por lo menos debe corregir algunas cosas, derogando la ley 30 y poniendo todo su empeño para que se le haga justicia a la Procuradora, reincorporándola a su cargo .

Y digo esto porque me parece que si él hace un buen gobierno no debe tener ninguna clase de temor. En ese sentido, lo primero que tiene que hacer el Sr. Presidente es cambiar él mismo, él no puede manejar el país como si fueran sus empresas. Yo creo que ahí fue donde dimanó su error, que él mismo está lamentando ahora. ¿Será verdadero este arrepentimiento de Martinelli?

Y digo esto porque cuando se reunió, por primera vez, con los gremios cívicos, se sinceró; pensamos que las cosas iban a mejorar.   No fue así.

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Este artículo se publicó el  17  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde están las élites?

La opinión de…

Paco Gómez Nadal

Entiendo muchas de las pasividades que medran el ánimo del país.   Quién va a protestar por el dolor que le produce a los campesinos del río Santa María en Veraguas la pérdida de su cauce y de sus tierras “en pro del desarrollo”;   por qué se iba a movilizar la sociedad ante un nuevo tramo de la cinta costera que confirmará el extraño empeño de nuestros gobiernos de acabar con el Patrimonio de la Humanidad que ha sido el Casco Viejo; qué motivaría a los que están entretenidos en la difícil tarea de sobrevivir a hacer vigilia a favor de la Procuradora, víctima del juicio express y de la vendetta del Ejecutivo; en qué momento un movimiento ciudadano se tomaría la Asamblea Nacional para tratar de refundarla desde sus ya humeantes cenizas…

La pasividad no es casual.   Son décadas, si no siglos, de educación adormecedora, formadora de seres sumisos que aceptan los golpes del poder con ese extraño silencio del que nos ha provisto ese mismo poder enfermo y enfermante.

La vida se ha convertido, sin más, en un tránsito bastante aburrido del trabajo a la casa hacinada y de la tristeza a la borrachera del olvido;   las protestas ya no son derecho sino el revés de unos cuantos tildados de antisistema, de enemigos de lo correcto. El país va camino del desbarrancadero mientras la mayoría sonríe en la fiesta de la desmemoria y el sinfuturo.   Pero… ¿y las élites? ¿Dónde están las élites?

No es que yo sea un patrocinador de esos clubes de empresarios que dicen velar por el desarrollo de nuestros pueblos, ni que crea que una teletón sea la solución para nuestros desvelos… pero sí pensaba –de forma ingenua, probablemente- que las élites económicas del país querían proteger la gallina de los huevos de oro, sus inversiones, sus cuentas de ahorros abultadas por la desigualdad y la injusticia.

Por eso, insisto, pensaba que las élites le pondrían freno a esta locura a la que estamos asistiendo. Es cierto que no frenaron a Martín Torrijos, pero es que este trabajó directamente para ellas: Martín fue el mejor CEO que podían soñar los millonarios reales y los potenciales, les parceló el país, hizo las leyes a su gusto y beneficio, los protegió y, además, logró dar una apariencia de cierta paz democrática –mentirosa, pero eficaz-.

Sin embargo, con el gobierno que se hace el loco las cosas no van bien. Cualquier empresario inteligente entendería que el golpe de Estado de facto con el que el Ejecutivo se ha metido en el bolsillo a la justicia supone la defunción oficial de la tan cacareada “seguridad jurídica”;   sabría que por mucha plata que se reparta a punta de contratos directos para las megainfraestructuras prometidas se está generando una bomba de tiempo en barrios y poblaciones afectadas por los mismos;   comprendería que sin un mínimo marco democrático la prosperidad de las élites se verá amenazada por embargos, bloqueos económicos o juicios internacionales;   intuiría que, si la imagen internacional de Panamá se empaña –como ya está ocurriendo-, muchos de los negocios que precisan de inversión extranjera o de compradores fulitos se irán apagando; temería por este rearme policial que ya parece militar y que dejará sin poder real a quien no controle esas “tropas”.

Creo que ha llegado el momento de las élites.   Las hay egoístas y acaparadoras, y esas deberían estar moviendo ya sus hilos para cambiar el rumbo de este gobierno y provocar cambios a su favor.   Hay élites, y soy consciente, preocupadas sinceramente por su país y el futuro de los suyos, y a esas les tocaría fomentar una reforma profunda del sistema que no se haga en el clóset del cabildeo sino a la luz de las mayorías.

Pareciera que este gobierno estuviera en su cuarto año, pero no es así. Y las élites, al igual que el pueblo, no van a salir indemnes de esta locura política que parece no tener límites.

Cuando se dice que con este actual gobierno los dueños del país se han puesto al frente de lo público se miente. Quien dirige el actual gobierno es la élite tradicional, el gamonal en su más pura expresión, los finqueros del ayer jugando a los gobernantes del presente.

Debe haber, y las hay, élites modernizadas que entienden que sin un marco democrático donde las mayorías reciban algo del cake y tengan los derechos básicos asegurados lo que peligra no son sus fortunas sino su tranquilidad, sus vidas, el mismo sistema.   Salgan del clóset y ayuden a enderezar este entuerto.

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Este artículo se publicó el 17 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El poder de la voluntad

La opinión de….

RAFAEL CARLES

Hacia el año 1995,   Ralf Dahrendorf de la London School of Economics, escribió un trabajo al que tituló ‘La cuadratura del círculo’.   En él intentaba contestar, desde un punto de vista práctico, preguntas fundamentales como: ¿Cuál es el precio que las sociedades modernas deben pagar para gozar de los privilegios del Primer Mundo? Concluía en seis propuestas, según él viables y congruentes para el mundo en general, que ayudarían a lograr un clima de confianza en el que sería posible relacionar libertad política, bienestar económico y cohesión social.

A diferencia de lo que se pudo observar durante los años dorados del capitalismo, es difícil encontrar un país latinoamericano que en algún período de su historia haya podido combinar democracia plena con crecimiento económico y una justa distribución del ingreso. Hubo países que mostraron importantes avances sociales con notorios déficit democráticos. También es posible observar, en distintas etapas, altas tasas de crecimiento conviviendo con una creciente desigualdad y gobiernos autoritarios. Por supuesto, tal como sucede en la actualidad, vivimos en democracias que funcionan relativamente con altos niveles de exclusión y de pobreza.

El gran desafío que enfrenta el Gobierno, y así parece percibirlo el presidente, es comenzar a mejorar la calidad institucional, para que sea el marco de un proyecto estratégico de desarrollo económico duradero, inclusivo y eficaz en cuanto a la generación de empleo. Instituciones fuertes, Estado eficiente, mercados competitivos y fundamentos económicos sólidos son parte de los retos que enfrentamos para comenzar en torno a un modelo de país o un proyecto de sociedad, en lugar de insistir en el concepto confuso de ‘modelo’ económico.

Como señala el economista de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik, en un trabajo que tituló Estrategias de Crecimiento, ‘los últimos dos siglos de historia económica en los países desarrollados pueden ser interpretados como un proceso continuo de aprendizaje sobre cómo lograr un capitalismo más productivo, en el cual el marco institucional posibilite una economía de mercado autosostenida a través de burocracias públicas meritocráticas, justicia independiente, políticas macroeconómicas sanas, supervisión financiera, regulación antitrust, seguridad social y democracia política’.

Cada país, según el contexto histórico—cultural, debe producir los arreglos institucionales que contribuyan al crecimiento sostenido de la economía. De la misma manera que en nuestro caso se debería incorporar a la agenda del Gobierno el tema central de la distribución del ingreso, en tanto ya se demostró que el crecimiento es una condición necesaria, pero no suficiente.   El Gobierno se enfrenta con la política y la economía cabalgando entre dos épocas. ¿Cómo construir lo nuevo con los materiales del pasado? ¿Cómo resolver la tensión entre la voluntad política de cambio y el sistema de intereses que se niega a resignar sus privilegios?

La política vuelve a definirse primariamente como el poder de la voluntad, una herramienta que debe reconocer las durezas y las restricciones de la realidad, pero sin ser condenada al mero ejercicio administrativo.

Esta relocalización de la política en un espacio de mayor centralidad, proclive a la deliberación pública y a la participación de los ciudadanos, abre una nueva concepción. La aprobación mayoritaria de la sociedad sobre las decisiones que el Gobierno lleva adelante, si bien podría entenderse como una luna de miel extendida, también puede percibirse como una expectativa y un respaldo más activo a la decisión de trazar una frontera visible y marcar con audacia el fin de un Panamá asociado al capitalismo de amigos, a los enriquecimientos vertiginosos e ilícitos, a la ausencia de reglas y controles y a la absoluta falta de premios y castigos.

El presidente Martinelli enfrenta, entonces, el extraordinario reto de comenzar a cuadrar el círculo, uniendo una fuerte renovación institucional, que otorgue confianza para emprendimientos, inversiones y ciudadanos, con un plan económico en el cual la supremacía de lo productivo pueda asociarse al empleo y a una mejora gradual de la distribución del ingreso.

Con esta voluntad, que requiere una amplia base de apoyo popular, una ciudadanía activa que haga valer la democracia de los ciudadanos por sobre la democracia calificada de los mercados, se puede comenzar a elaborar consensos y áreas de coincidencia, que vayan dando paso a una nueva cultura política como soporte estratégico para un sentido compartido de comunidad y de futuro.

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Este artículo fue publicado el  17 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Martes, paz y buena suerte

La opinión de la periodista…

Judy Meana 

Primero quiero explicar por qué le pusimos El Periodicazo a esta columna. Fue coincidencia y nos pareció un nombre bastante atractivo. Como dicen por ahí que este medio es especialista en periodicazos y hasta hace poco fui Portavoz del Gobierno, esto haría volar la imaginación de muchos.

Me dieron espacio para los días martes y acepté, a pesar de lo que se dice que, “martes, ni te cases ni te embarques” o que no empieces proyectos nuevos, por eso de la mala suerte.   Como si fuera poco, se le considera un día de agresividad, por Marte, el Dios de la Guerra para los Romanos.   Fue precisamente por ahí que encontré algo de inspiración, y recordé que la única batalla que tengo, interna, es por mi constante deseo de superación, mi amor al trabajo y nuevos retos, que como este, permiten sembrar una semilla.

Esta columna representa un espacio libre, puedo escribir lo que yo quiera. La primera vez que experimenté esto fue a mediados de 1992, en el periódico ”El Lasallista de Colón”.

Publiqué una poesía en la que lamentaba el estado de abandono de mi provincia. Han pasado 18 años, ya me salieron unas cuantas canas y tengo un par de historias, anécdotas e ideas que quiero compartir. Espero que lo disfruten porque pienso escribir con sencillez y picardía, haciendo uso de mi libertad de expresión.

Poder escribir o decir lo que piensas, aunque los demás opinen diferente, es gratificante. Con el tiempo descubres que nadie es dueño de la verdad. Casualmente en 1992, el hermano Juan Rilova, director de la escuela, nos pidió que escribiéramos sobre “la inutilidad de dar consejos”. Le pregunto a usted: ¿será inútil dar consejos? El próximo martes le diré lo que pensaba y lo que ahora pienso.

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Este artículo se publicó el  17  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El ‘Correo de brujas’

La opinión de….

JUAN RAMÓN MORALES

En diversas oportunidades he apreciado las dificultades que Colombia aplica a los compradores en la Zona Libre de Colón (ZLC), esta situación obstaculiza las ventas en la Zona Franca, cuando es en Colombia en donde se deben imponer los correctivos a la entrada de las mercancías.   Las deficiencias existentes en sus puertos aéreos o marítimos son solo de Colombia.

En Colombia existe un fenómeno conocido como ‘El correo de brujas’, que no es más que la ceguera ex profeso de los funcionarios aduaneros. Cuando pasan cuantiosos cargamentos de mercancías, estos señores no ven nada.    Se denomina Correo de Brujas, porque una ‘bruja imposibilita ser vista la mercancía’, pues tal hecho estropearía grandes negociados traducidos en contrabando.

Bajo lo expuesto, solo falta que Panamá realice las labores aduaneras en tierra colombiana. Sin embargo, se puede crear una fórmula que contribuya al control aduanero de las compras de los colombianos en la ZLC.

Explico: En un mundo tecnificado como el actual, sería fácil una interconexión entre los sistemas, de tal suerte que cuando un colombiano compra en Zona Libre, esas compras sean referidas a las autoridades colombianas con la siguiente información:  Nombre del comparador, monto de la compra, descripción de dicha compra y generales del destino. Con esta información, corresponderá al gobierno colombiano el resto. Absurdo pensar que dichas mercancías también deben ser llevadas persona a persona por el gobierno panameño.

Así como surgió el Correo de Brujas, en el futuro podrán surgir figuras efectivas, por que el colombiano que se dedica a vivir al margen de la ley, siempre estará en busca de nuevas figuras delictivas.

¿Por qué conozco la existencia del Correo de brujas? Estaba en Miami, hace quince años, firmaba un contrato de representación y simultáneamente de vendedor internacional para Sur y Centro América, empresa que lamentablemente cerró operaciones por motivos económicos ocasionados por pérdidas millonarias debido a las inundaciones ocurridas en Centro América. En ese momento estaba un colombiano cuyas compras eran por el orden de $10000 mensuales, para lo cual él recordaba a quién le debía hacer llegar su mercancía en Colombia, porque esta persona era la experta en el manejo del ‘Correo de Brujas’.   Este relato es con el propósito de que se conozca cuál es una de las realidades aduaneras colombianas, por qué y cómo conocí dicha figura, por tanto no es a Panamá a quien corresponda la fiscalización de las entradas de mercancía a Colombia.

Las autoridades colombianas fueron vencidas en lo del ingreso de mercancía al suelo colombiano, de allí que en lo único que piensan es en bloquear las mercancías salidas de la ZLC, lo que creo contribuye a que haya más contrabando en Colombia, porque simple y llanamente, la ZLC no le puede negar a sus compradores mercancía y los colombianos no dejarán de comprar. Colombia demuestra ser incapaz de manejar sus puertos, marítimos y aéreos, legales o ilegales.

Así son las cosas.

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Este artículo fue publicado el  16 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un Presidente de rodillas

La opinión del Periodista…

Aquilino Ortega Luna

Sin bien no comparto muchas de las actuaciones del “Gobierno del Cambio”, particularmente en el área legislativa, considero que el presidente Ricardo Martinelli se encuentra sumergido en este momento político en medio de dos fuerzas: la de los bajos intereses sindicales y la de los altos y poderosos sistemas económicos que desde siempre han gobernado el país.

Las organizaciones sindicales lideradas por SUNTRACS por tradición e historia han sido una piedra en el zapato para todos los gobiernos democráticos. Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos puedan dar fe de ello y de las múltiples vicisitudes que enfrentaron a raíz de las protestas de este grupo de “cabezas calientes”.

Los sindicalistas son reaccionarios por naturaleza, se oponen a todas las políticas sociales y económicas que puedan implementar los gobiernos. No importa si los que dirigen la cosa pública son PRDs, panameñistas o de la novedad política de Cambio Democrático (CD), con motivos o sin ellos, siempre tendrán una razón cerrar calles o tirar piedras.

Por su parte los poderosos sistemas económicos, alegres en principio con la asunción al poder de Ricardo Martinelli, no ocultan su decepción por la decisión del hombre de los “zapatos deportivos” de cerrarle el grifo de los grandes negociados para desarrollar proyectos de orden social, pagando un elevado costo político. Ambos sectores quieren arrinconar a Martinelli, secuestrarlo y llevarlo a un porcentaje de aceptación popular del 40%, ponerlo de rodillas y obligarlo a negociar pero no para beneficio del pueblo, sino para satisfacer sus intereses particulares y egoístas.

Los días en los que el presidente Martinelli, participaba en iniciativas como la “Marcha por la Paz”, en “short o bermudas” acabaron,   es la hora de estrenar los pantalones largos, de comportarse como adulto de ponerse el overol del trabajo y dejar de lado el “show mediático y político”, antes que lo diagnostiquen de “incapaz para gobernar el país por loco”.

Algunas iniciativas desarrolladas por el “Crazy Team” tienen problemas de fondo y de forma, son extemporáneas o simplemente debieron ser implementadas luego del tercer año de administración pública. Hay que aceptarlo y recapitular. La conclusión de una de las grandes obras prometidas como el Metro, pudiera representar la eventual continuidad del “Gobierno del Cambio” en el poder más allá del 2014, eso es conocido por los sindicalistas, los poderosos sectores económicos y sobre todo por sus adversarios políticos.

La popularidad es buena para cualquier presidente. “Quien más consulta menos se equivoca”. Se necesita un gobierno dispuesto a actuar, pero también abierto a escuchar y dialogar con todos los sectores. En medio de esta encerrona política y económica que pudiera sumergir en la intranquilidad al país, impera la convocatoria de todos los actores sociales, medios de comunicación social y sociedad en general para crear un frente común contra quienes, pretenden imponer su voluntad por encima de la ley. Paralelamente, se hace necesario cerrar filas contra el desafío del crimen organizado, contra la pobreza y la corrupción, erradicar el clientelismo y la politiquería barata y convertir las promesas de campaña en realidad.

Y Frente a cualquier amenaza de desestabilización, debe prevalecer el diálogo, franco, respetuoso y constructivo, la unidad y la consulta con todos los sectores, por encima de las legítimas diferencias.

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Este artículo se publicó el  16  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La ’Cortesana’ nuevamente en la picota

La opinión del Periodista coclesano….

HADULFO VÁSQUEZ

El país se consternó cuando los medios informaron del absurdo engendro político elaborado en la llamada Corte Suprema de Justicia y en la cual una mayoría de magistrados, muchos señalados por la opinión pública por la comisión de actos dolosos y bochornosos, emitieron el fallo condenatorio contra la ex procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, por el supuesto delito de ordenar pinchazos telefónicos para investigar un caso de corrupción en el cual se encontraba involucrado el ex fiscal Arquímedes Sáenz.

Estamos frente a un verdadero vértigo de infamia dentro de la justicia, donde no debe haber partido y en donde para una alma honrada no debe haber más partido que el de la justicia.

No hay justicia política; sino venganza política. La justicia tiene en sus manos una balanza, la política tiene un hacha que hiere, pero no pesa, mata, pero no juzga. Todo juez político es un verdugo, porque los atributos de la justicia son la imparcialidad y la verdad; y la política es ciencia de pasión y mentira.

La política es a la justicia lo que la magia a la ciencia, una farsa, pero una farsa sangrienta. Por ello vemos que cuando una sociedad, cree no tener otro medio de salvarse de la justicia política, esa sociedad está irremediablemente perdida, porque ella se ampara bajo la fuerza.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia en contra de Ana Matilde Gómez no es más que la culminación de la poca credibilidad, dignidad y entereza que le quedaba a la ‘Cortesana’, cuyas impúdicas vestales han quedado al descubierto.

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Este artículo fue publicado el  16 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.