¡Usted tiene derecho!

La opinión y el Mensaje de Monseñor…


Rómulo Emiliani

El sistema tenebroso imperante le ha hecho creer que usted no tiene derecho a la felicidad, ya que ella es imposible, inalcanzable, fruto de ilusiones falsas. Heredamos una mentalidad fatalista, basada en la creencia de una impotencia radical que arrastramos, en la que frases como “no es posible”, “jamás lo lograrás”, “otros lo han intentado y han fracasado”, “yo no puedo”, “solamente algunos privilegiados pueden”, nos mantienen anclados viviendo en una rampante mediocridad.

Hay una especie de hipnosis colectiva mantenida por muchos elementos que componen las fuerzas de poder mundanas, en la que se nos ha hecho creer que solo los de una raza, condición social, o países determinados pueden triunfar. Creemos, y esa es nuestra falsa visión de la realidad, que valemos por el color de la piel, las cosas materiales que tenemos y el poder humano que podemos adquirir.  ¡Qué falso es eso!   Satanás, el padre de la mentira nos mantiene así engañados.

El poder de la sugestión, por el cual algunos hipnotizadores hacen que una persona tirite de frío en un lugar de 30 grados de temperatura, o viceversa, hacer sudar a una persona en un ambiente de 2 grados, o inclusive hacer levitar horizontalmente, es una fuerza impresionante que puede enfermarnos o sanarnos inclusive.   Todo depende de cómo usemos esa energía mental. Usted tiene una fuerza interior, la misma que animó a Bolívar a cruzar los Andes con su ejército, a San Ignacio de Loyola a fundar la Compañía de Jesús, o a Francisco de Asís a dejarlo todo y crear la Orden de los Frailes Menores.   La misma de Einstein, Teresa de Calcuta, Pavarotti, Gabriela Mistral, Churchill, Pablo Neruda y otros que han hecho tanto bien a la humanidad en diferentes campos.

Usted tiene derecho a romper estos esquemas mentales, estos barrotes del alma que no nos dejan usar la imaginación, visualizar una situación mejor, y usar nuestras fuerzas interiores para desarrollarnos mentalmente. La felicidad se vive en los pequeños detalles. Usted tiene derecho a sentir complacencia diariamente en algunas cosas que están ahí y que merecen ser festejadas, desde un desayuno con su familia, a respirar el aire fresco, tener un rato de quietud en la oración, o tener una lectura profunda de su autor preferido.

Usted tiene derecho a investigar el porqué de las cosas y a adquirir un sentido crítico de la realidad y pasar por el filtro de su razón todos esos mensajes externos e internos que intentan degradarlo.

Tiene derecho a preguntarse con frecuencia: ¿quién soy yo? Tiene derecho a responderse y decirse que: “yo soy un ser inteligente, único, irrepetible, grandioso por ser imagen de Dios,  hijo del Padre en Cristo, con capacidad para decidir mi futuro, con hambre de eternidad y un puesto en la historia”.

“Soy una persona con un caudal de fortaleza muy grande que se activa con la pasión por hacer algo que valga la pena”.

“Soy un ser que todavía no me descubierto en todo lo que puedo ser capaz, ya que mi energía y cualidades vienen de ese pozo infinito de vida que es Dios”.

Tiene derecho por lo tanto a romper el mito creado por miles de mensajes del mundo y suyos que han bajado su autoestima, que va acompañada por palabras negativas como “soy un aburrido, fracasado, torpe, perezoso, feo, perdedor, despreciable y fracasado.” Estas palabras se repiten muchas veces en un día y crean una imagen negativa suya.

Tiene derecho a vivir el momento presente, “el ahora” y dejar el pasado de recuerdos ingratos y condicionamientos paralizantes, muriendo a ellos para nacer de nuevo. “Deja que los muertos entierren a sus muertos y ven y sígueme” dijo Jesús, buscando la vida que solamente puede gozar en el presente. Goce de su “ahora” pensando que ya es la eternidad vivida fragmentariamente.

A toda experiencia vivida en el “ahora” le puede ver su lado maravilloso: por ejemplo, “estoy hablando con mi madre, qué privilegio encontrarme con quien me dio la vida. Puedo saborear su dulzura: siento el amor que doy y recibo de mi mamá. Capto la belleza del encuentro pero también su transitoriedad y por lo tanto vivo el despego: algún día ella se irá y se puede vivir seguir viviendo. Todos somos necesarios, pero no imprescindibles. Puedo experimentar un encuentro con el Ser, con Dios, a través de esa relación. Dios está en mi madre.” Puedo unir todas esas experiencias en un solo encuentro y eso es la felicidad.

Usted tiene derecho a reclamar los momentos que Dios le regala y que el espíritu del mal le quiere arrebatar. Pídale al Señor le dé fuerzas para realizarse plenamente en la vida, ya que con Él usted es invencible.

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Este artículo se publicó los días  14 y 21  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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