Recordando a Arnulfo Arias Madrid

La opinión del Ingeniero…

Alfredo Arias 

Hoy 10 de agosto se cumplen 22 años de la desaparición física de Arnulfo Arias Madrid, gran forjador de la nacionalidad panameña y uno de los indiscutibles líderes del pueblo panameño.

A rendirle tributo acudieron a la plaza de Catedral y al campo santo hombres y mujeres de todas las clases sociales, políticas, e intelectos. Allí se encontraban los que siempre lo habían adversado, admitiendo con su presencia, respeto por ese hombre cuya bandera siempre fue Panamá.

Cuando recuerdo la noche en que la tierra abrió sus entrañas para cubrir su cuerpo y cierro yo los ojos, lo único que veo es las miles de luces, cual cielo estrellado que daban iluminación al cementerio, y es que la gran multitud con sirios encendidos daban una espontánea y unísona señal de un último adiós. Arnulfo no se ha ido del todo: está presente en sus familiares, viuda, amigos y seguidores políticos, jóvenes, hombres y mujeres adultas, al igual que ancianos. Nos ha dejado un legado extenso sobre todo en la rectitud, amor a Panamá y al desvalido.

A su muerte trataron de despojarnos de su partido, pero la tenacidad de Mireya Moscoso, logró recoger todas las corrientes y unificarnos logrado así que el partido Arnulfista hoy día Panameñista, se revistiera con las glorias del pasado.

Hoy día existe un relevo generacional en la dirección de nuestro conglomerado, pero lamentablemente le ha faltado empuje y dinamismo a tal punto que hay mucho descontento, pero todo ello será pasajero cuando exista la voluntad de unirnos y emular su último pensamiento el cual está escrito en la lápida y que dice así: “Aquí yace un servidor de la nación panameña”.

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Este artículo se publicó el  10  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una solución salomónica

La opinión del Empresario y Político…

Samuel Lewis Galindo

Indudablemente que la aprobación de la Ley 30 ha creado en muchos sectores del país una gran crisis, que por el bienestar de la patria debe encontrársele una pronta solución.

Algunos abogados han presentado recursos ante la Corte acusando al proyecto de tener varios vicios de inconstitucionalidad.

No soy abogado, por lo tanto, no puedo dar una opinión al respecto. Sin embargo, analizando el problema en su conjunto y buscándole una salida decorosa, creo conveniente que si la Corte Suprema de Justicia considera que la Ley 30 es inconstitucional, sería esta una salida política adecuada.  La Corte, por su parte, mostraría una clara independencia al emitir su fallo y esos que dudan de ella quedarían sin ningún tipo de argumentos. El gobierno, por su lado, tendría la oportunidad de declarar enfáticamente su respeto al fallo del máximo tribunal de justicia de nuestro país y le permitiría, una vez por todas, poner fin a la especie muy diseminada por sus opositores, de que él controla la justicia panameña.

Al ser declarada inconstitucional la ley 30, si es que en efecto adolece de fallos constitucionales, le evitaría también a la Asamblea un problema de difícil solución. Por otros lado le daría tiempo al Ejecutivo de presentar por separado los distintos componentes de la Ley 30, que analizado objetivamente contienen, salvo algunas cuestiones que más bien son de semántica, puntos muy convenientes y necesarios para el país. Creo, por supuesto, que el Presidente de la República actuará declarando su respeto absoluto a lo dispuesto por ella.

Esta salida le daría una solución salomónica a la crisis por la cual está atravesando nuestro país. La ley 30 fue muy criticada por la forma en que ella fue aprobada, no por su contenido. Unió, como dije anteriormente, sin quererlo, al agua y al aceite; es decir grupos ideológicamente antagónicos se aliaron para combatirla. Con cada grupo de los que se sienten afectados podría el gobierno con calma y de manera separada explicar, más que a ellos al país, lo positivo de las reformas aludidas con los pocos cambios que se le introduzcan a los proyectos.

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Este artículo se publicó el  11  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Subsidio electoral, insulto a la pobreza

La opinión de la Economista y Educadora….

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

En diciembre de 2009 el Tribunal Electoral informó la creación de la Comisión Nacional de Reformas Electorales, cuya intención es la de formular propuestas que perfeccionen el actual sistema electoral, a fin de disponer —para los próximos comicios del 2014— con un Código Electoral renovado que garantice la emisión de un sufragio popular libre y transparente.

Esta Comisión integrada por representantes del Tribunal Electoral, miembros de partidos políticos y sociedad civil, analizan diversos temas en materia de adherentes para constituir partidos políticos, financiamiento y propaganda, entre otros.

Sobre el particular es trascendental señalar, que se hace necesario analizar a profundidad y con objetividad lo relativo al financiamiento y tiempo de las campañas eleccionarias. La experiencia vivida durante la última, evidenció claramente más que un proceso participativo y democrático para definir quiénes conducirían los destinos de la Nación, un festín publicitario, donde quien tenía más recursos invertía más para alcanzar el botín (administrar la Cosa Pública). Hubo escándalos principalmente producto de las donaciones privadas, algunas de dudosa procedencia de las cuales se mencionó lavado de dinero o narcotráfico. Como recordarán la situación se torno tan agresiva que en momentos se perdió el respeto entre los candidatos aflorando el dañino propósito de interponer sus intereses particulares y partidistas.

La campaña llegó a niveles descomunales en publicidad y derroche monetario; algunas deteriorando la honra de los oponentes, de sus partidos, gestiones y personal o familiar. Adicional a lo expuesto el Tribunal Electoral subvenciona a los partidos políticos con sumas millonarias, lo cual es un insulto a la pobreza del país, pero además se tienen dudas razonables respecto al uso y la posible malversación de fondos públicos, donde la entidad regente y otras instituciones, hacen poco por investigar, convirtiéndose en cómplices silenciosos de la irregularidad.

El sufragio es una expresión legítima de la consolidación de las democracias. Durante las pasadas elecciones el pueblo emitió su voto, a favor de quien prometió un cambio positivo en la forma de administrar la gestión gubernamental. Está claro que la censura fue la demostración de frustración vivida día a día por el electorado, al verse burlado por el incumplimiento de promesas y la incapacidad de los gobernantes para hacer frente a la solución de las demandas sociales.

Esta situación lleva a reflexionar sobre el desarrollo de procesos que abran la puerta a una mayor participación ciudadana. Es conveniente razonar sobre la libre postulación, la cantidad de adherentes y el excesivo 4% establecido para inscribir partidos políticos, lo cual desfavorece la mayor participación y democracia.

Si de lo que se trata es de lograr mayores niveles de transparencia, y equidad en los procesos electorales, es necesario incorporar nuevos elementos y mecanismos de implementación que generen confianza y credibilidad en la población mediante campañas ejemplares revestidas de docencia, organización y ecuanimidad, donde no se pierda la esencia de la democracia participativa.

Señores, la ciudadanía está cansada de pan y circo.

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Este artículo fue publicado el  11 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor(a), todo el crédito que les corresponde.

Guerra es guerra

La opinión de…

Roberto Arosemena Jaén

Los uniformados del cambio aprueban nueve leyes y la meten como un chorizo en la Ley 30. Lo sorprendente es la doctrina de seguridad que esconde dicha Ley en su artículo 27. La confianza y seguridad de los mandos altos –los que ordenan el uso de la fuerza (ministro y directores de Servicios de Policía)- está garantizada.   Al menos, mientras el Presidente mantenga el poder omnímodo.

La obediencia debida, proscripta desde el juicio de Nüremberg, jamás excusa a quien da la orden superior. Los únicos que pueden alegar “cumplir orden superior” son los subalternos en el ejercicio de su cargo. Ahora, con la Ley 30, ministros y directores de Policía son irresponsables hasta que no termine el juicio penal en firme. Lo macabro de la Ley 30 es aceptar como moralmente bueno el uso injustificado de la fuerza letal o enceguecedora.

Lo injustificado está permitido legalmente, el exceso está aceptado y ni querellas ni lamentaciones podrán conducir a nadie a la cárcel ni a la pérdida de su puesto. Guerra es guerra; es el grito de los uniformados del cambio. Si el delincuente usa la fuerza y mata, el uniformado del cambio puede hacer más, ir más allá y disparar en exceso e injustificadamente, sin preocuparse del resultado.   Es la confianza de poder sacar un arma y usarla. Es lo que dijo un diputado panameñista, al ser aprobada la ley 30 de un manotazo.

Esta actitud de guerra es guerra se refuerza con la manera de sofocar la primera reacción creíble, políticamente, contra la Ley 30. Con esta actitud se conforma el “síndrome de la Ley 30” en base a la experiencia de las protestas de Bocas del Toro.

El Gobierno reconoce la culpa, reconoce el mal manejo de la situación, pide disculpas, proclama la necesidad de dar más información la próxima vez que cometa una trastada, ofrece comida, atención médica y hasta indemnizaciones a los que protestaron. Los uniformados del cambio llegan a dar indicio de su flexibilidad: por 90 días suspenden tres artículos y exigen obediencia al restante articulado.

Mientras tanto, siguen vanagloriándose de su irrespeto al sindicalismo en base a la falsa libertad individual del trabajador. El síndrome de la Ley 30 tira un velo de respetabilidad sobre el engendro de nueve cabezas.   Su interés soterrado es justificar lo injustificable: el uso abusivo de fuerza letal y enceguecedora. El mismo síndrome legitima el terrorismo, el narcotráfico y cualquier forma de conducta irracional y disparatada; ir más allá del ojo por ojo y de la muerte por muerte.  La esencia de la guerra preventiva.

El síndrome de la Ley 30 pone a circular el librito agotado de plata, palo y plomo. A un pueblo desvertebrado y vulnerable hay que llenarlo con brujos, demonios y pesadillas. Todavía hay 53 restos de los asesinados por el Estado panameño entre 1968 y 1989 sin identificar y ya empieza una nueva cuenta.   El monopolio de la violencia, que le dio el panameño bien intencionado al presidente Martinelli, se la dio en base a la Constitución que juró cumplir el 1 de julio del año pasado.

Ricardo Martinelli Berrocal se obligó a proteger nuestras vidas, bienes y honra. Él sabe o debe saber que Panamá no le extendió un cheque en blanco para gobernar a lo bruto ni con brutalidad.   Él, como primer magistrado de la nación, está limitado y restringido por el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Estas son las reglas del juego de una democracia y no el ejercicio de un poder ilimitado como pretende la Ley 30 con el uso injustificado del monopolio de la violencia.

El síndrome de la Ley 30 es el efecto maléfico que los uniformados del cambio se han apresurado a racionalizar para tranquilizar la conciencia del que juró cumplir con la Constitución y proteger la vida y honra de los panameños.   Martinelli debe saberlo: La responsabilidad penal, administrativa y civil, por la manera en que se sofocó la protesta de Bocas del Toro, recaen en su ministro de Seguridad y en los tres comisionados de las Fuerzas de Policía.

Él, como Presidente, y la Asamblea Nacional asumen la responsabilidad política de mantener el engendro de nueve cabezas. Es cierto que el soberano duerme. No se sabe hasta cuándo.

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Este artículo se publicó el 11 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El olvidado arte del perdón

La opinión de la Psicóloga Clínica Especialista de la Conducta Humana….

GERALDINE EMILIANI

No debe sorprendernos que el centro de la vida de una familia sea la mesa y su símbolo la comida. La mesa no es una simple superficie para poner alimentos.

Es el último baluarte del orden y la tradición tanto de la familia como de la sociedad. Comer no solo es una necesidad biológica, es una manifestación social y un ejercicio espiritual que mantiene unida a la Iglesia, a la familia y a las amistades.

En una ocasión monseñor Rómulo Emiliani tuvo como invitados a cenar a un grupo de amistades como agradecimiento por el esfuerzo y el trabajo realizado en la publicación de su libro ‘Me mueve la compasión’. Entre los invitados estuvieron un escritor y un poeta.

Algo curioso me sucedió al convidar al poeta a la cena.   Mi memoria falló. Se me olvidó por completo aquel incidente lamentable ocurrido entre estos dos personajes. Confieso que la invitación la hice de la manera más ingenua, animada por el deseo de pasar una velada agradable con dos verdaderos maestros de la pluma, mi hermano, familiares y amigos.

Al darme cuenta de mi error, me encantó, sobre todo, por lo inofensivo e interesante que resultó, y cuanto más lo pienso más significativo me parece. Este incidente sucedió hace años y vale la pena compartirlo nuevamente con mis lectores.

Las diferencias de ideas del escritor y el poeta en relación al escenario político tuvieron sus efectos mortíferos y la discordia ensombreció una amistad de años. Esta situación produjo un gran impacto en la sociedad. Se desató una ola cruel con malas intenciones, en la que muchos disfrutaron de este enfrentamiento para sacarle provecho.

Sin planearlo, esa noche, al poeta y al escritor se les brindó el lugar y el momento oportuno para que pudieran hablar y volver a oír sus propios pensamientos en voz alta ante un auditorio paciente y solidario.

El poeta escuchaba atento a monseñor, quien desconocía aquel incidente. El prelado hablaba del perdón sincero, del perdón que emana del corazón, del perdón de Dios, al referirse a una parte del Padrenuestro: ‘Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden’.   Estas palabras inquietaron al poeta, quien dio muestras de gratitud por la invitación, y con valentía y coraje le pidió perdón a su amigo el escritor.   Fue un perdón real y profundo.

En ese instante aprecié que algo maravilloso se había proyectado en la pantalla de las mentes de estos dos caballeros y que todos lo estábamos presenciando.   Solo unos minutos fueron suficientes para renovar el afecto y el aprecio hacia el amigo. Compartir este hecho fue enriquecedor para los presentes, pues comprendimos que ‘ni el poeta y tampoco el escritor pueden vivir sin el sonido del otro’.   No es fácil vencer los viejos rencores, pero, el perdón y el abrazo hicieron que el resentimiento no siguiera corroyendo el corazón de ambos ni un momento más.

Muchas veces las amistades no solo se acaban en silencio, sino que se acaban por el silencio. Ayudar a romper el silencio es el regalo que todos podemos dar, es salvar los espacios que nos dividen.

El perdón tiene su origen en la humildad. Solo quien es humilde es capaz de perdonar y comprender al amigo. Cometemos errores porque nos dejamos llevar por juicios o sospechas temerarias y por la soberbia y la falta de tolerancia que deforma la verdadera realidad de las cosas.

Somos una mezcla de contradicciones, complejidades, imperfecciones e incertidumbres. La búsqueda está en el proceso de darle sentido a las contradicciones, de luchar con las imperfecciones, de tratar de desatar las aparentes complejidades y de superar las incertidumbres.

El objetivo de una verdadera amistad no es el triunfo, el éxito, la fama ni la gloria. Lo primordial es tener la seguridad de contar con el amigo y jamás romper ese lazo de unión en la primera señal de dificultad. Construir una verdadera amistad toma tiempo y paciencia.

La noche transcurrió entre bromas, risas, sondeando sentimientos ajenos y contando historias de otros, sin desviar jamás nuestra mirada a nuestros dos grandes personajes. Durante la conversación se aferraron a los recuerdos valiosos. Fue el encuentro de dos almas y de dos sensaciones disponibles para ambos. Lo cierto es que la vida es asombrosa si estamos atentos a ella. Sin duda existen el odio y la crueldad, pero también la belleza, el afecto y la verdad.

Fue una lección valiosa ante la presencia de monseñor Emiliani —servidor incondicional de las causas justas—, quien sin saberlo sirvió de instrumento para que dos amigos se reencontraran y descubrieran, una vez más, que como amigos tienen mucho en común: Una vida para vivirla y años para disfrutarla. Valió la pena mi torpeza.

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Este artículo fue publicado el  11 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Últimos sucesos

La opinión de…

Marisín Villalaz de Arias 

Durante las últimas semanas se ha suscitado una serie de sucesos que mantuvieron en ascuas a la población y que es necesario pensar detenidamente cuáles serán los lineamientos a seguir al respecto.

No es posible que el poder pase del gobierno a los gobernados; estos pueden participar en la solución de los problemas del país, pero quien decidirá al final deber ser el gobierno que para eso elegimos al Presidente, para gobernar. Es peligroso invertir esta situación porque nos encontraremos con una anarquía, antagónica a la democracia que logramos con tanto esfuerzo. Me pregunto cómo comenzaron los hechos de Bocas del Toro y quiénes los alentaron u organizaron para desestabilizar el país.

Si bien el gobierno cometió un error con la aprobación apresurada de la ley chorizo, la reacción a la misma fue exagerada, como traída por los cabellos y que luego se le salió de las manos a los dirigentes que la propugnaron. Fíjense que, aquí en Panamá, los que han protestado por la ley y sus tres artículos fueron los dirigentes quienes saldrán perjudicados. Sin embargo, al llamar a una protesta, los trabajadores no respondieron en masa al llamado. Sería bueno analizar esto para darnos cuenta dónde está concentrado el poder, si en la dirigencia o en las bases.

El actual gobierno tiene, ya lo he dicho anteriormente, una gran responsabilidad en el futuro del país y en el de la democracia. De lo que haga ahora dependerá quién nos gobernará en el 2014 y también deben pensarlo algunos medios de comunicación y algunos periodistas que vienen aliándose con la izquierda frustrada y con la izquierda del PRD en contra del gobierno.

Tengamos mucho cuidado para no llorar como mujeres lo que no supimos defender como hombres; cuando sea tarde ya para qué. Mirémosnos en el espejo de los vecinos. Tenemos un bello país que va hacia delante. No permitamos que la izquierda trasnochada que no tiene mayoría, tome fuerza por equivocaciones oficiales.

Sr. Presidente: analice y piense antes de actuar para no tener que echar atrás, situación que debilita su posición. Sea fuerte y mantenga su poder de gobernar, pero no dé pie a reacciones erradas de los que son pagados y mandados por un loco desorbitado que ha destruido en vez de construir.

Hagamos lo contrario y defendamos la democracia como mejor sistema de gobierno. No dé oportunidades que le hagan daño. Gobierne correctamente que para eso lo elegimos.

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Este artículo se publicó el  11  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.