Semillero de ideas y cambio

La opinión de…

Hugo Navarro

Un grupo de alcaldes y funcionarios gubernamentales se reunió en Washington por invitación del WBI (World Bank Institute) para dialogar sobre la pobreza urbana mundial. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, grupo que se espera suba a dos millardos en los próximos 20 años. Alcaldes y administradores aceptan que la dirección y administración son la clave para el funcionamiento de ciudades amigables.

Modelos urbanos como el de Marikina, en Filipinas, pueden servir como plataforma de aprendizaje para alcaldes y gerentes que luchan con el hacinamiento, la migración rural-urbana y la sustentabilidad ambiental, la idea detrás del diálogo global lanzado el mes de julio por el WBI y las unidades de desarrollo urbano y unidad de gobierno local.

Los alcaldes y administradores de varios países describieron cómo han hecho para que sus ciudades sean más atractivas, tanto para los hombres de negocios como para lograr un equipo de trabajo mejor preparado, como un resultado de los intercambios. Los diálogos van dirigidos a destacar los retos, oportunidades y logros importantes en administración urbana. De acuerdo con Keshav Uama se pretende cosechar y compilar las experiencias adquiridas para futuros intercambios de esos conocimientos.

En su presentación, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos, Shaun Donovan, comentó cómo se invierte en crecimiento urbano, reconstruyendo ciudades más fuertes e inteligentes. Agregó que las áreas metropolitanas deberán verse como semilleros de ideas de innovación y laboratorio en el sector urbano pobre. Una ciudad amigable ofrece una buena calidad, eso incluye servicio de primera clase. En el caso de Panamá, tenemos que trabajar en equipo; el problema es complejo y necesita un tratamiento cauto para lograr los éxitos en comunidades como las que nos presenta el WBI.

Los modelos son importantes para analizarlos y ajustarlos a nuestra situación en seguridad (en Panamá hay 226 pandillas); en el uso y reglamentación del suelo; en educación para incorporar a las familias a la economía del país por medio de sus conocimientos, experiencia y productividad. Nuestras ciudades deben funcionar como “máquinas incubadoras” para beneficio de la población. En el corazón de la reforma social y económica se refleja el liderazgo. No podemos pensar en el liderazgo único, se requiere una distribución del mismo en donde los autores son empoderados en diferentes sectores, sea Gobierno, empresa privada o sociedad civil. Si no ponemos atención a este aspecto, será difícil innovar y hacer los cambios que nos recomienda WBI.

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Este artículo se publicó el 1 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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