Cuando la comparación sí vale

La opinión de la periodista…

Berna Calvit

El refrán es compendio de sabiduría popular. Si se busca, siempre se encontrará el adecuado para cada situación. “En todas partes se cuecen habas”, fue el que recordé al leer en The Washington Post el dilema que representa para el partido Demócrata el juicio por faltas a la ética, contra Charles Rangel, representante demócrata por New York; un panel del cuerpo legislativo se encargará de considerar las pruebas acumuladas en contra de Rangel, quien ha estado en la Cámara de Representantes 40 de sus 80 años de vida.

Los colegas del acusado, figura prestante del partido y muy influyente en New York, tienen la esperanza de que renuncie para evitar el escrutinio público; el entramado de corrupción del que se le acusa, podría alcanzar a otros que se beneficiaron con el manejo de donaciones a través del destacado político. Rangel, acorralado pero terco, afirma que tiene intenciones de lanzar su candidatura nuevamente. Con razón se dice que el poder es adictivo.

Otro en problemas es el destituido gobernador de Illinois Rod Blagojevich, que enfrenta una investigación federal por soborno, perjurio, extorsión, tráfico de influencias y fraude electrónico. Fue tal la codicia de Blagojevich que incluso trató de negociar, a cambio de beneficios personales, la vacante que dejó Obama en el Senado al ganar la Presidencia. Los pinchazos telefónicos y otras pruebas no dejan duda de la red de corrupción que montó este notorio pillo de la política norteamericana. Estar de visita en Washington D.C. cuando los dos sonados casos de escándalos políticos se están ventilando, me lleva a comparar con el manejo de situaciones similares en Panamá. En casos así no considero válida la afirmación de que “todas las comparaciones son odiosas”. Más bien son recomendables.

Aun ausente no pierdo de vista lo que sucede en mi atormentado país. Las compras con precios inflados en el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) son escándalo político.   Me resulta incomprensible que las denuncias de Gustavo Barahona, ex director de Finanzas y de Política Social del Mides, sean tomadas a la ligera. ¿Será porque el afectado directo por la denuncia es el ministro Ferrufino, favorecido en las encuestas gracias al programa 100 para los 70 que maneja el Mides? ¿Pagar capotes de $35.00 a $150; cuchillos de $3.50 a $50.00; hamaca de $50 y cerca de cinco yardas de soga por otros $50.00? Les hubiera dicho que en Salsipuedes se consiguen hamacas de todo tipo (nilón, poliéster, y de buena tela, la más cara a $25.00) y de ñapa, el trozo de soga.

El ministro, responde acusando a Barahona de intento de extorsión sin dar respuestas satisfactorias sobre lo irregular del proceso de compra en la página web PanamáCompra, sobre los proveedores y otros detalles denunciados. La extorsión es delito grave. ¿Por qué no la denunció inmediatamente y lo hace ahora? Que demande y a ver si puede probar el intento de extorsión, es su derecho. Mas su contraataque parece cortina de humo para desdibujar la denuncia que, sin duda, ha empañado la aureola que le creó el lacrimoso programa ¿Qué tal si te digo? que, como otros, explota la pobreza y el dolor ajeno.

Que el presidente Martinelli haya defendido a Ferrufino, fue inapropiado; corresponde a las autoridades proceder a investigar sin la presión del Ejecutivo que dejó sentir el Presidente al opinar. Tampoco son aceptables las absurdas respuestas, confesión de incompetencia, de la ex funcionaria de la Contraloría que “fiscalizó”, o debería haber fiscalizado, las compras del Mides, entre esas las denunciadas por Barahona; y llama la atención que la funcionaria Reyes, sea ahora la directora administrativa del Mides. ¿Qué tal si digo que pienso que este asunto despide un cierto tufo?

En los casos de corrupción política en EU, que comento arriba, el presidente Obama ni opina ni interviene, aunque su partido salga perjudicado. Es lo que debió hacer nuestro Presidente.   Sobre Rangel, dijo el senador Hoyes, líder de la mayoría demócrata en el Congreso, que “el proceso está funcionando como debe, incluso para un poderoso miembro del Congreso”.   Según parece a Blagojevich le esperan muchos años de prisión.

En Panamá los que se conducen como Rangel y Blagojevich, no tienen nada que temer. La impunidad y la complicidad entre los poderes del Estado los pone a salvo. “Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”, dijo Sófocles, poeta de la antigua Grecia.

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Este artículo se publicó el 2 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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