Forma mata fondo

La opinión de…

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Rafael Mezquita

En gestión de gobierno, el fondo se asocia a las obras materiales, inversiones públicas, programas sociales o a los resultados económicos del país y financieros del Gobierno, a las leyes aprobadas y a una larga lista de proyectos.   La forma se asocia a las maneras de convencer de la pertinencia de esos proyectos y tiene que ver con la construcción de consensos, diálogo, tolerancia, percepción, suma y disposición a escuchar, negociar y ceder para avanzar.

Parafraseando al general Torrijos, el fondo tiene rango y la forma jerarquía. Un político que aspira a concluir un gobierno aceptable y a ganar nuevamente la confianza del electorado –con su delfín como candidato– lo logrará con un buen manejo de las formas, aun sin terminar su agenda, porque en política la forma es fondo.

El Gobierno actual tiene una impresionante lista de imperdonables, o sea, aquellas macro iniciativas que debe terminar antes de irse. Quien le diga al jefe que con cumplir esa agenda su éxito está asegurado le miente. La culminación en tiempo y costo de esos imperdonables medirá, cuando mucho, si el gobernante cumple su palabra o si tuvo la capacidad y voluntad política para cumplir lo prometido y así ganar credibilidad.

La evaluación ciudadana no irá más allá de:   para eso los elegimos y para eso les pagamos. Pero la ecuación del buen gobierno será incompleta porque le hará falta el cómo gobernó, categoría que oscila en un péndulo cuyos extremos son: o un estadista respetuoso de las instituciones democráticas y de sus formas o un político cuyo objetivo son los resultados y que subvalora cómo lograrlos.

La buena o mala nota tendrá que ver también con la percepción de qué tanto mejoró el país al final del gobierno en comparación con el inicio, valoración en donde las buenas formas de gobernar serán determinantes.

En el arte de gobernar tienen categoría de forma desde los gestos o señales de los que gobiernan, pasando por los estilos de liderazgo o por las maneras de comunicar.

Las formas tienen que ver también con la paciencia del dirigente para escuchar los problemas de la gente y por su propensión a dialogar con quienes debe hacerlo. El manejo de las formas lo determina su capacidad para tirar puentes a los adversarios o su buen o mal humor para digerir los sapos que se tragan en política.

En medio de la discusión de la Ley 9 en 1, escuché a un diputado de gobierno decir que el Presidente era un hombre que se atrevía a tomar decisiones difíciles a diferencia de su antecesor. Confío que Changuinola lo haya hecho recapacitar.

El buen conductor, antes de tomar decisiones complicadas busca minimizar los riesgos asociados, y si la decisión no tiene suficiente nivel de maduración en el tejido social que impactará, la pospone, modifica o busca mecanismos de compensación social para hacerla atractiva, y así minimizar los costos políticos.

Entre administrar una empresa y gobernar un país hay grandes diferencias. Cuando se administra una empresa las decisiones impactan a pocos, se pueden revertir fácilmente, son de corto plazo y de bajo riesgo y afectan a un grupo de leales que dependen de quien los dirige. Cuando se gobierna un país, las decisiones impactan a muchos ciudadanos y a diversos poderes fácticos (medios, organizaciones, iglesias, etc.) y sus lealtades cambian con cada decisión del gobernante en función de cómo les afecta o beneficia.

Los manuales de marketing político enseñan que en política lo afectivo mata lo racional.

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Este artículo se publicó el 1 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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La voluntad política

La opinión del Odontólogo y Abogado…

Omar O. López Sinisterra  

La voluntad política es una expresión que la podemos encontrar en Rousseau, quien guardaba en sus pensamientos que el Estado debía ser llevado por la voluntad política del pueblo, en su forma generalizada. Esto se constituía en la sumatoria de todos los intereses que comulgaban en la población.

Para la realización de actividades que trascienden e impactan en las mayorías, se debe poseer voluntad política. Esto significa que se tiene el interés de actuar o accionar para obtener los resultados que se han planificado con antelación. En ocasiones la voluntad política que hay que desarrollar no concuerda con los intereses de quien tiene que accionarla o activarla y hay que tener la capacidad de llevar a efecto esas acciones, aunque sean opuestas a nuestros intereses o formas que comúnmente utilizamos para realizar las cosas.

En ocasiones tomamos decisiones o nos acostumbramos a tomar decisiones de acuerdo a nuestros cerrados intereses lo que realizamos muy seguido y sin ningún contratiempo, pues los efectos se centran sobre puntos determinados o sobre procesos controlados, pero cuando la voluntad política se vierte sobre un pueblo o sobre un contingente significativo de personas, la creación de esta voluntad política se transforma quizás en la forma de aprendizaje de mayor dificultad confrontada.

En el manejo de la “Cosa Pública”, la voluntad política se perfila en función del combate a la criminalidad, la pobreza y la miseria de los pueblos, la corrupción de los funcionarios públicos y privados, al control del narcotráfico, y a la inequidad en función de la distribución de la riqueza.

La voluntad política y su accionar y desarrollo, debe ser objeto de monitoreo por los ciudadanos, los cuales deben garantizar que los objetivos o pretensiones de la acción gubernamental sea observada a través de los grupos religiosos, sindicatos, grupos profesionales, sector privado, organizaciones no gubernamentales y los grupos cívicos entre muchos.

La voluntad política en el ejercicio gubernamental, garantiza por ejemplo mejorar la calidad de vida de sus asociados de tal forma que para su logro se finaliza con la movilización de figuras importantes en la vida política del país, en función de la realización de cambios reales y palpables que respondan a muy buenas estrategias y con excelentes resultados cuando en ocasiones no todo el equipo funciona de acuerdo al esquema de “Voluntad Política” expresa por los gobernantes.

Si la voluntad política flaquea para el logro de los mejores intereses del pueblo, aumentan significativamente los problemas que llevan a aflorar estados de inseguridad, en todos los esquemas de vida de la población y que repercute sensiblemente en el estado de los gobernantes y de su capacidad para gobernar.

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Este artículo se publicó el  14  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un camino eficaz para reducir la pobreza

Un camino eficaz para reducir la pobreza es el que nos plantea en su artículo de opinión, el destacado empresario panameño…

RAFAEL CARLES

E n el año 2000, más de ciento cincuenta líderes mundiales se reunieron en las Naciones Unidas en Nueva York para fijar objetivos globales para el nuevo milenio.

Los objetivos hacían hincapié en la reducción de la pobreza, pero también apuntaban a cuestiones relacionadas, como la infección del sida, el alfabetismo y la mortalidad infantil.

Para alcanzarlos, los países más ricos —Estados Unidos, Japón y las naciones de Europa Occidental— acordaron aumentar su ayuda externa con una meta a largo plazo de una séptima parte del 1% de sus ingresos nacionales. Por su parte, los países pobres también prometieron colaborar, implementando reformas honestas y efectivas en materia de administración pública y economía.

El acuerdo fue justo: Más ayuda a cambio de más gobernabilidad. El hecho sorprendente es que una ayuda financiera de la séptima parte del 1% de la producción económica anual de los países ricos —según los niveles actuales, esta cifra asciende aproximadamente a $250000 millones—, si los países receptores la utilizaran de manera efectiva, permitiría controlar las grandes enfermedades pandémicas como el sida, la tuberculosis y la malaria; aumentar la producción de alimentos de los granjeros empobrecidos; asegurar que los niños vayan a la escuela en lugar de trabajar y permitirles a los hogares pobres tener un acceso al menos mínimo al agua potable, la energía y los mercados.

El Informe de Desarrollo Humano 2008 de la ONU menciona los repetidos logros de los programas de desarrollo práctico y detalla cómo se pueden lograr los objetivos a través de inversiones específicas en salud, educación, agricultura, agua, servicios sanitarios y otras áreas urgentes.  Pero también demuestra todo el trabajo que resta por hacer.

Los países ricos aportan apenas el 20% del 1% de sus ingresos a los países con mayores necesidades. En cuanto a los países pobres, aunque la buena gobernabilidad sigue siendo un objetivo lejano en muchos rincones del mundo, muestran candidatos que merecen una mayor ayuda: Las democracias de Bangladesh, Bolivia, Ghana, Senegal y Tanzania, entre otras. Estos países hacen esfuerzos para combatir la pobreza y necesitan mucha más ayuda de la que reciben.

Si la reducción de la pobreza es una ecuación tan transparente, ¿qué explica, entonces, la incapacidad del mundo para cumplir con sus reiterados compromisos con esta causa? En el caso de EE.UU., cuya ayuda externa sigue siendo la más baja del mundo donante en términos de porcentaje de ingresos (una décima parte del 1% de su PIB), la respuesta parece radicar en la confusión pública sobre lo que hace EE.UU y qué ayuda puede ofrecer. Las encuestas de opinión demuestran que los estadounidenses están convencidos de que su país aporta más ayuda a los países pobres de lo que sucede en la realidad.   Es más, durante la Guerra Fría y aún hoy, gran parte de la ayuda externa norteamericana fue a parar a manos de tiranos en pos de objetivos tácticos de política exterior, mientras que fue mínima la ayuda que se utilizó para combatir la pobreza, el hambre y la enfermedad.

A veces se dice que los países ricos simplemente carecen de los medios para ofrecer más ayuda financiera y que sus presupuestos ya son demasiado ajustados como para donar más al resto del mundo.   Sin embargo, EE.UU., Japón y la Unión Europea, en conjunto, gastan mucho más en subsidios inútiles a sus propios agricultores —protegiendo, por ejemplo, a productores de azúcar ineficientes en climas templados— que en ayuda externa.

El interrogante no es si los países ricos pueden esforzarse más o tienen que elegir, por ejemplo, entre defensa y reducción de la pobreza mundial. Dado que se necesita menos del 1% del ingreso nacional, el interrogante solo reside en saber si harán de la eliminación de la pobreza extrema del mundo una prioridad.

Los objetivos establecidos en aquella conferencia del milenio en la ONU en 2000 siguen teniendo vigencia y son la mejor esperanza de la Humanidad para asegurar que la globalización no solo beneficie a los más ricos. Pero queda poco tiempo.

Las metas para reducir la pobreza, el hambre y las enfermedades se fijaron para 2015, dentro de apenas cinco años. Los países ricos deben demostrar que están dispuestos a ofrecer la ayuda necesaria —a través de reglas comerciales más justas y aportes mucho más generosos— a los muchos países pobres que están dispuestos a ayudarse a sí mismos.  No hay más tiempo que perder para crear un mundo de mayor justicia, prosperidad y seguridad compartida.

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Este artículo fue publicado el 3 de agosto de 2010 en el diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

La vida sigue su curso

La opinión de la Comunicadora Social…

Fabiola M. De León G.

Había una serie de televisión en donde salía un joven discapacitado que se llamaba Corki, el nombre de esta serie en inglés era “Life Goes On”, la vida sigue su curso, y porqué el nombre de la serie, porque ocurrían un sinfín de situaciones y al final siempre queda la frase “la vida a pesar de las cosas tiene que seguir su curso”.  Y creo que eso es lo que prevalecerá luego que ya finalizó este domingo 11 de julio, la final del Mundial Sudáfrica 2010, la vida seguirá su curso.

Soy mujer y aunque no sé mucho de términos futbolísticos, si soy una de las que durante un mes donde estuviera, buscaba la manera de por lo menos escuchar los partidos por radio.

No sé ustedes, pero sentiré un vacío en mi corazón porque definitivamente que cada 4 años hay una fiesta que paraliza los países y esta celebración se llama Mundial.

Son pocos los que escuché decir durante este mes “ay a mí nada que ver con el Mundial”, eran la mayoría los que hacían malabares para por lo menos tener un tiempito para ver un pedacito de algún juego.

Pero ni hablemos de cuando jugaban los equipos preferidos, que ni los menciono porque yo creo que está tácito y sobrentendido cuales eran los favoritos de los panameños.

Ya no oiremos la canción de David Bisbal ni el waka waka de Shakira, ni hablaremos del famoso “pulpo Paul” que definitivamente fue la mascota del Mundial y restó crédito a Zakumi, se acabaron los semáforos plagados de vendedores de guantes, banderitas y lo que usted ni se imagina de algo alusivo al Mundial.

Yo no sé ustedes, pero yo voy a extrañar los temas de conversación del Mundial, que se había convertido en el tema de moda durante un mes.

Ahora nos quedará esperar hasta junio de 2014 para el otro Mundial, y si la euforia por este evento fue increíble y era en Sudáfrica, imagínese ahora que será en Brasil. Yo no quiero ni saber porqué si Panamá medio se paralizaba, ahora que se realizará en América usted imagínese, yo creo que ya algunos deben estar alistando maletas para ver a su equipo favorito de cerquita. Yo por mi parte ahorraré porque el Mundial del 2014, si Dios me da vida y salud, de seguro que a mis albicelestes los veré en algún estadio en Brasil, “ciao” Sudáfrica 2010, bienvenido Brasil 2014.

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Este artículo se publicó el  14  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

En busca de turismo cultural

La opinión de….

MARIELA SAGEL


Como parte de la extraordinaria capacitación y serie de conferencias que lleva a cabo la Universidad Tecnológica, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), asistí recientemente a la tercera charla del Proyecto I +D en Cultura, que persigue establecer ésta como herramienta para el desarrollo.

El tema era el patrimonio cultural y turismo, y coincidió con un artículo que publiqué en Facetas, de este mismo diario, el domingo pasado, en el que alertaba sobre el peligro de perder la designación con que la UNESCO nos honró en el año 1997 al incluir el Casco Antiguo como Patrimonio de la Humanidad.

El conferencista, el catalán Jordi Tresserras, expuso una presentación comprehensiva, donde señaló las ventajas que tiene contar con una estrategia de turismo que atraiga a los visitantes a los sitios históricos y mostró estadísticas de los lugares que mejor han aprovechado su riqueza ancestral.

En mi artículo Un Patrimonio en Peligro señalaba con preocupación que nos van a poner en la lista de sitios en peligro, después de la dura labor que se realizó para inscribir tanto el Casco Antiguo como a Panamá La Vieja. Los funcionarios locales y de la organización de Naciones Unidas invirtieron tiempo y recursos revisando miles de documentos para llegar a la decisión de incluirnos en esa lista.

Y luego de trece años de haber logrado tan preponderante sitial, pareciera que no hemos entendido la responsabilidad que se adquirió con ello.  La Oficina del Casco Antiguo se fue convirtiendo en tinglado político, vitrina o pasarela para la farándula y más recientemente, desprecio de los encargados de la estrategia turística, quienes alegan que esos sitios no atraen turistas.

Jordi Tresserras desgranó las múltiples experiencias que han atravesado otros países, con menos recursos que Panamá, y han mantenido y conservado sus tesoros culturales.

Cuba, sobre todo, bajo el liderazgo de Eusebio Leal, ha sido un ejemplo del respeto a la historia y eso le ha permitido la supervivencia en todos estos años de bloqueo.

Perú ha ido poco a poco saliendo del estigma de ser un país peligroso por lo de Sendero Luminoso (al senderismo allí le llaman ‘treking’) para que sea mundialmente asociado con Machu Pichu y la gastronomía.

La República Dominicana ha ‘dado la vuelta’ y además de ser recipiente de muchas inversiones en sus idílicas playas, apuesta a la capacitación para entrenar a las personas a atender apropiadamente a los visitantes.

Colombia ha hecho una marca país —algo que nosotros no hemos logrado por el prurito que cada administración tiene para c ambiar el eslogan turístico— y ahora se enfrasca en una campaña que utiliza íconos, como esculturas de Botero, para posicionar, por ejemplo, a Cali, como capital de la salsa a nivel mundial.

Algo que me llamó mucho la atención fue el caso de Barcelona, que al ser considerada por Woody Allen para filmar ‘Vicky Cristina Barcelona’ en sus escénicos parajes, exigió la utilización de los íconos de esa ciudad, —las obras de Gaudí y Miró—, así como la comida mediterránea y los vinos, reforzando las costumbres que atraen al visitante a esa ciudad.

Qué diferente hubiera sido si Panamá le hubiera sentado estrictas pautas al director de ‘El Sastre de Panamá’, y no resultara el desastre que fue.

Para entender lo grave de la vulnerabilidad que estamos ahora mismo atravesando, hace falta una verdadera voluntad política que impulse una preservación con sentido ético y humanístico, respeto a la parte estética, arquitectónica e histórica y equipos interdisciplinarios, que no sean liderados por instituciones desfasadas o por funcionarios que solo quieren conservar su puesto y se prestan para todo tipo de caprichos de ricos.

Profesionales que entiendan de políticas de preservación, que es un trabajo altamente sensitivo y técnico y que existen en nuestro país, pero que son dejados de lado, porque no se amedrentan ante las acciones de fuerza que esgrimen los que pasan por las posiciones de decisión con la única finalidad de enriquecerse.

Qué triste e irónico será que nos otorguen un grado de inversión como país y al mismo tiempo, nos saquen de la lista de patrimonio histórico de la Humanidad. Como se dice, es para dormirse de pie.

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Este artículo fue publicado el 1 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

En Washington, diferentes perspectivas sobre Martinelli

“–Así como cada quien habla de la fiesta según le vaya en ella, esta semana se vio que los varios think tanks (centros de análisis) en Washington hablan del gobierno de Ricardo Martinelli según su perspectiva ideológica.” Así inicia su columna de opinión,  la distinguida periodista…

Betty Brannan Jaén

Tras los disturbios graves en Bocas del Toro, varios think tanks emitieron pronunciamientos tan diferentes que parecían no referirse al mismo país. La Fundación Heritage –de corte conservador– encuentra que todo marcha de maravilla en Panamá, mientras que el Consejo para Asuntos Hemisféricos (Coha) –de tendencia izquierda– considera que la democracia panameña se está “deshaciendo”. (En inglés, unraveling).

Para Coha, la “ley chorizo” es un “golpe mortal” a los derechos laborales en Panamá, lo cual bien podría hacer que el presidente Barack Obama retire el apoyo que recientemente expresó por el tratado de promoción comercial (TPC) con nuestro país. “La Oficina Comercial de la Casa Blanca se está poniendo crecientemente aprensiva”, señaló Coha en un comunicado emitido el jueves, subrayando que fue por preocupación con derechos laborales que Obama se opuso al Cafta y se opone ahora al tratado pendiente con Colombia. Coha acusa que Martinelli quiere disminuir el poder de los obreros para complacer a la derecha estadounidense y así asegurar la ratificación del TPC (a lo que yo agregaría que esta estrategia ricardista más bien asegurará que los sindicatos norteamericanos se opongan con vehemencia al TPC).

Por lo demás, el comunicado de Coha critica duramente a Martinelli. Lo pinta como un Presidente “con clara afinidad por conducta anti-democrática” y que “prioriza los intereses privados por encima de los públicos”. Afirma Coha, “Las últimas semanas han revelado su afición por la arrogancia y la impetuosidad, a expensas de sus conciudadanos”.

Pero la Fundación Heritage no ve nada de eso en Panamá. Lejos de una democracia desmoronándose y un TPC tambaleándose a causa de atropellos, Heritage ve en Panamá “una democracia fuerte y vibrante” (comunicado del 23 de este mes). Sin referencia alguna a los disturbios violentos o a los choques con la sociedad civil, Heritage considera que “ha llegado el momento para que el gobierno de Obama presione sinceramente por la aprobación del tratado de libre comercio con Panamá”, y que lo haga inmediatamente –antes de fin de año–. (Creo que las posibilidades de que eso ocurra están entre escasas y nulas; between slim and none, como dicen los norteamericanos).

Por lo demás, Heritage ve a Panamá como un aliado importante en el hemisferio y por ello critica que el gobierno de Obama no ha hecho mucho por fortalecer sus relaciones con Martinelli, especialmente considerando que la política exterior de Obama no ha tenido éxitos concretos en Latinoamérica. Por ello, Heritage recomienda que Obama reciba pronto una visita de Martinelli. Que se conforme una “Comisión de Seguridad de Colombia,  Panamá y Estados Unidos”, para coordinar actividades en Darién, descrito como “el lugar más peligroso de las Américas”. Que Panamá y Estados Unidos nombren una comisión conjunta para celebrar debidamente el centenario del Canal.

Y la propuesta más interesante de Heritage es que Washington incluya a Panamá en la lista de países cuyos ciudadanos no necesitan visa para entrar a Estados Unidos. (Sería fabuloso, pero no apuesto a que se haga realidad).

Debo agregar que un tercer think tank comentó esta semana la situación en Panamá. El Diálogo Interamericano –de tendencia liberal y de lazos estrechos con el PRD, hasta tiene a Martín Torrijos en su junta directiva– publicó los análisis de Eric Jackson (editor del Panamá News) y el profesor Richard Millett. Jackson opinó que la “ley chorizo” confirma que Martinelli tiene una agenda “anti–obrera, anti–ambiental, y de ideas represivas”, mientras que Millett planteó que todo el lío ha debilitado a Martinelli, lo que probablemente lo obligará a negociar una salida de la crisis.

Varias organizaciones de derechos humanos también se han pronunciado, criticando fuertemente a Martinelli.

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Este artículo se publicó el 1 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La dama del carrito

Una experiencia en el diario tráfico de la ciudad Panamá que nos narra en su columna de opinión, el destacado Doctor en Medicina y columnista de opinión…

Juan Carlos Ansin

En esta época lluviosa, en la horas pico, por las calles también suelen correr torrentes de metal en cuatro ruedas.  Como ríos embravecidos buscan su cauce madre, para encontrarlo atosigado de transeúntes audaces e irresponsables, semáforos inteligentes con bajo coeficiente, agentes de tránsito indiferentes, dedicados exclusivamente a cuidar el acceso vehicular de empresas constructoras privadas donde camiones cementeros descargan -en esas horas inconvenientes del mediodía- con calma chicha y lavado incluido, su espeso contenido para terminar de verterlo por las estrechas alcantarillas de la ciudad.

La marea amarilla suele contribuir a esta inundación de ruido y desorden. Los diablos rojos intentan colaborar con los semáforos de ese color y obstruyen las bocacalles con más eficacia que la luz que lo ordena.

La semana pasada me ocurrió algo que en mis cuarenta y tantos años de manejo jamás me había sucedido. Iba por una avenida de cuatro vías, la Aquilino de la Guardia. De los dos carriles por los que circulaba, uno estaba totalmente bloqueado por un policía del tránsito con chaleco fluorescente. Alineaba una fila de camiones cementeros preparándolos para su faena.

Yo tenía que girar a la izquierda; mientras tanto, de las dos vías contrarias, una estaba obstruida por una hilera de vehículos estacionados junto a una línea amarilla, frente a un cartel que lo prohibía. De modo que de las cuatro vías originales, sólo funcionaban, malamente, las dos del centro. La línea contraria inmediata a la mía, también estaba atascada, pero una leve movida de un carro permitía unos metros de luz.

Aquí interviene la dama del carrito. Como la trompa de su auto impedía que yo maniobrara, le hice señas que avanzara esos metros para pasar por detrás. La dama del carrito no se inmutó. Volví a insistir, esta vez bajando el vidrio de mi ventanilla. La dama no acusó recibo.

Mientras tanto, un concierto de bocinas, pitos, cláxones y vuvuzelas hacían temblar todo Marbella. Y la dama ahí. Una señora mayor, muy elegante, que iba en un Mercedes Benz, le solicitó a la dama del carrito, muy cortésmente, lo mismo que yo le estaba pidiendo empapado de sudor por no poder comprender esa conducta “trancadora”, carente de las más elementales normas de urbanidad y sentido común.

Frente a mí, el policía del Estado que cuidaba el tránsito de la empresa privada, fingía mirar el inmenso monstruo inconcluso.  Resistiendo con debilidad mi desesperación, alcancé a ver tres policías, dos hombres y una mujer, dentro de una camioneta con jaula. Les hice señas, miraron a la dama del carrito paralizada en su estolidez, luego volvieron a mirarme a mí, los tres con cara de yo no fui.   Bajé la ventanilla y les pedí por favor que hicieran algo. Los tres se miraron, pusieron la sirena y arrancaron riendo. En la próxima entrega les diré cómo llegué a destino.

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Este artículo se publicó el  1  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.