Problemas con soluciones

Panamá, que ostenta el título de mayor consumidor per cápita del continente, con ese ritmo pronto obtendrá la presea de mayor importador per cápita de arroz de América. Esto y mucho mas sobre la agricultura panameña en el siguiente artículo de opinión de…

Angelo Chen Guardia —


Una amplia gama de negocios y oficios que se ubican bajo la égida del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) están sumidos en crisis que ni los subsidios, incentivos y financiamientos consigue normalizar.

La ley define como asuntos agropecuarios la pesca industrial, la de la flamante flota de barcos camaroneros, la cría, ceba y exportación de camarones y, ambas, se debaten entre números rojos y negros.   La pesca artesanal se practica en un nivel de virtual subsistencia, sobreviviendo sin equipos adecuados. En un puesto inferior de la jerarquía económica del Mida se encuentra la acuicultura rural, atendida por grupos vulnerables de campesinos que cultivan tilapia como fuente de proteína.

Pescadores y acuicultores son cortejados por los políticos solo en tiempo de promesas electoreras, pasadas la fanfarrias les dejan caer el telón de indiferencia y de olvido en sus respectivos submundos de ruina y abandono.

No obstante, alguna ayuda económica se ha obtenido por intermedio de la Misión Técnica de Taiwan para desarrollar pequeños proyectos de producción. Escuelas para pescadores, mercados de mariscos, financiamiento para equipos, planes de vivienda, seguro social, servicio de extensión y asistencia técnica, proyectos de producción semicomercial de ricipiscicultura con especies menores como aves y cerdos y pequeños molinos serían ejemplos de iniciativas de fuerte impacto para esos subsectores.

La oferta local de alimentos de consumo masivo es insuficiente, hay que resolver las causas del déficit para suplir la demanda con producto nacionales, demostrando preocupación por el trabajo y la vida de casi la mitad de la población; no hacerlo ratifica que hay mayor interés por el negocio de las importaciones. Saltan a la vista motivos como el bajo nivel empresarial del productor, la ausencia de un eficaz sistema de transferencia de tecnología, sistemas de riego, canales de mercadeo y otros que sólo con ayuda oficial y de la empresa privada serán superados.

El potencial de éxito del trabajo agrícola se expresa con fuerza integrando al productor en un módulo empresarial, administrando todos los componentes de la cadena sin la intermediación asfixiante y oportunista. Experiencias de empresas productoras de leche, la exportación de cucurbitáceas y de piña ilustran que el valor agregado funciona como un seguro que puede sacar la cara por la empresa cuando las causas naturales incontrolables marginan la producción en el campo. El molinero que es, a la vez, productor de arroz sabe que un fracaso en el trabajo agrícola podría compensarse con creces con el negocio del molino.

No se puede negar que la agricultura en Panamá está en decadencia, con casi todos sus renglones más importantes en apuros: producción porcina, lechería, café, maíz, arroz y, peligrosamente, este último, el rubro central de la cocina panameña es tomando a la ligera, hundiéndose sin esperanza de acometer el compromiso de duplicar la superficie sembrada, de 53 mil 222 hectáreas en 2009, a 104 mil 560 hectáreas en 2015, cuando se enfrentará una demanda de 5.8 millones de quintales pilados.

Cada año la demanda del mercado aumenta en 83 mil 666 quintales pilados, exigiendo la siembra adicional de mil 504 hectáreas, pero en lugar de aumentar disminuye considerablemente.

Panamá, que ostenta el título de mayor consumidor per cápita del continente, con ese ritmo pronto obtendrá la presea de mayor importador per cápita de arroz de América.

Hoy, que las exigencias de nuevos mercados han cambiado el panorama agropecuario mundial, están forzando al país a una rápida transformación para adaptar la “empresa” a esos requerimientos.

Los fundamentos que sustentaron el actual desarrollo agropecuario han sido superados y las universidades deben formar un nuevo profesional con conocimientos y experiencias útiles para administrar los nuevos negocios; integrando conceptos de finanzas, mercados, interpretación y aplicación de normas de calidad, inocuidad, trazabilidad, para obtener y conservar la certificación que autoriza el acceso a aquellos mercados. En conclusión, es un problema de educación agropecuaria, de salud y de comercio internacional. Como Gobierno y como empresa privada hay que enfrentar responsablemente esos desafíos.

Hoy, uno de los grandes retos del agricultor es obtener más productos con un costo unitario menor, especialmente ahora que el territorio agrícola es ocupado, en una lucha desleal, por el desarrollo urbanístico, turístico, comercial y minero. Tareas ingentes de adecuación de suelos ácidos, inundables y la rehabilitación de suelos empobrecidos por las aplicaciones masivas de fertilizantes y pesticidas son impostergables, si importa obtener alimentos para hoy y mañana.

Gracias al desarrollo de la industria química en 1950 y 1960, la producción mundial de alimentos dio un salto espectacular y, también, Panamá amplió sus áreas de siembra de granos.

Como siempre, los excesos, el uso indiscriminado de agroquímicos y la ausencia de regulaciones fitosanitarias han degradado el ambiente.

En el suelo ahora crecen plantas intoxicadas y débiles, sin defensas para sobreponerse al ataque de patógenos, plagas, temperatura y humedad extremas, vientos y demás inclemencias de los elementos.

Suelos y plantas se han convertido en “adictos” a esos químicos que exigen cada vez en mayores cantidades, envenenándose en ese proceso de muerte provocado, lo que en los seres humanos correspondería a un “piedrero” o alcohólico.

Forzando la producción en esas condiciones, se aumentan los costos sin conseguir rendimientos económicos. De allí la eterna guerra de precios entre productores y compradores, para mantener artificialmente la actividad, sin beneficios permanentes y en detrimento del bolsillo del consumidor. La salud y la vida de todos son amenazadas con ese estilo de agricultura convencional sin control.

Es el momento de abrir paso a la agricultura sin residuos tóxicos, la de los microorganismos benéficos vivos, combinados con extractos de plantas y minerales, de formulaciones homeopáticas de nutrientes, humus, pesticidas orgánicos, que restablecen el equilibrio macro y microbiológicos, desintoxican suelo, plantas y agua, estimulan el metabolismo, favorecen la absorción de nutrientes, propician el crecimiento de plantas fuertes, mejoran la calidad y, obviamente, multiplican los rendimientos.

La agricultura convencional puede resolver muchos problemas, pero el tema es la restauración de la obra de la naturaleza que el hombre se empeña en liquidar, con su egoísta y suicida existencialismo.

Esta agricultura viva ha sido diseñada para contrarrestar los excesos de la agricultura de los químicos y, como primer objetivo, para garantizar la supervivencia de la especie humana en este planeta.

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Este artículo se publicó el 31 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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