Los lagartos sí vuelan

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

RENÉ HERNÁNDEZ GONZÁLEZ

El siguiente escrito va dirigido a los alabarderos, aquellos que solo se atreven a decir lo que puede hacer felices a sus jefes.    Seres humanos que se arrastran; que se venden al mejor postor; que se cambian de un lugar a otro, no por convicciones, lo hacen por varias monedas de plata.   Son los que se guardan sus verdades, para no provocar reacciones en su contra; seres que anidan en su mente mucho resentimiento.   Ellos están a la espera de que caiga el rey para sacarse el clavo.

A mediados de 1990, en mi condición de secretario de Prensa de la Presidencia de la República, acompañé al presidente Guillermo Endara Galimany a Tegucigalpa, Honduras. Era una visita que se hacía para cumplir con la invitación del mandatario de aquel país, don Rafael Leonardo Callejas.  En el salón principal estábamos, los dos jefes del Ejecutivo, y los contralores de Honduras y Panamá, los embajadores y este servidor.

El inspector de las finanzas hondureñas inició su disertación con una excelente exposición sobre lo que debe hacer una institución fiscalizadora.    Al finalizar, el presidente Callejas le hizo varias observaciones.   En cada una de ellas, la respuesta del contralor era, ‘si presidente, tiene usted toda la razón’.

El señor Rafael Callejas, cansado de la misma frase, indicó:  ‘La posición de mi funcionario me recuerda que hace un par de meses se reunieron dos altos ejecutivos del gobierno de México, liderado por Carlos Salinas de Gortari’. Al calor del diálogo, uno de los mexicanos expresó que los lagartos volaban, siendo refutado por el otro. ‘¡Cómo se te ocurre semejante disparate; tal vez en épocas muy lejanas, pero ahora eso es imposible!’, manifestó. El primero insistió en que los lagartos sí volaban. El otro pidió pruebas, siendo ésta la respuesta. ‘Esos animales vuelan, porque yo se lo escuché al presidente Carlos Salinas de Gortari’. ‘¡Ah, en ese caso, no te puedo contradecir; claro que vuelan, pero bajito, bajito!’.

En ese momento yo no sabía qué hacer; el contralor hondureño mostró incomodidad ante el comentario de su presidente. Y es que así como esa persona existen muchas que no se atreven a refutar lo que dice un jefe. Pienso que eso mismo está ocurriendo en el Órgano Ejecutivo panameño, cuando los ministros evitan contradecir a don Ricardo Martinelli.

Un filósofo francés dejó grabada para la posteridad la famosa frase de ‘pienso, por lo tanto existo’. Es como decir, primero reflexiono y después actúo.    El presidente Martinelli, es la antítesis de ese ‘Cogito ergo sum’, de René Descartes.

En el Ejecutivo hay muchos principiantes y esa característica los lleva a ser timoratos. Los pocos experimentados que tiene el presidente de la República llevan gasolina para apagar el fuego.   En pocas palabras, la falta de un talento con experiencia, madurez y con muchos kilómetros de negociación, ha permitido que se meta la pata constantemente.    A ello hay que agregarle la personalidad del jefe mayor.

Él no me ha pedido consejos, pero se los doy de manera gratuita. Primero, deber moderar su temperamento irracional a la hora de dirigirse al pueblo; segundo, debe rodearse de funcionarios que tiren puentes, para que los demás sectores puedan conectarse con él; tercero, analice las promesas antes de darlas a conocer.    En Bocas del Toro se asemejó a una piñata en tiempos de cumpleaños; y cuarto, mucho cuidado con las facultades que le está dando a la Policía.

Señores ministros y ministras, señores directores y directoras, honorables diputados y diputadas, ¿consideran ustedes que los lagartos sí vuelan?   Entonces, actúen con tacto, pero con firmeza; es mejor decir las cosas a tiempo. Consulten a las personas que están afuera de la burbuja llamada gobierno;   desde acá se miran las cosas distintas y ellas les pueden señalar el camino correcto, para evitar lo de Bocas del Toro.

¡Señores, los lagartos no vuelan, aunque diga lo contrario el presidente Martinelli!

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Este artículo fue publicado el  30 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

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