Entre la maldad y la benevolencia

La opinión de…

Penny de Henríquez 

Hay personas que van por la vida esparciendo preguntas impertinentes sin ningún tipo de embarazo, demostrando claramente que necesitan con urgencia un seminario de etiqueta y urbanidad.

Yo he sido siempre de constitución muy delgada, y eso aunado a que hago ejercicios y como poco y sano, contribuye a que siempre mantenga un peso ligero y saludable. Además, me gusta. Porque de lo contrario, todo lo que tendría que hacer es comer, comer y comer, ¡es tan fácil!

Quienes me conocen de siempre saben que eso es así, pero algunos no se acostumbran o no les gusta y no pueden callarlo.

¿Cuándo vas a engordar?, me espetó una señora robusta cual cerdito de Navidad sentada en una cafetería, mientras mordía una torta grasosa que sostenía en una mano.

Casi le contesto “cuando usted adelgace”, mas me fue imposible atentar contra las normas de los buenos modales que enseño día a día en mis seminarios.

Así mismo, me fascinan los zapatos con tacones altos. Son elegantes y nos hacen lucir muy femeninas.   Si a usted no les gustan o no puede usarlos, lo entiendo, pero a mí me encantan y como puedo manejarme muy bien con ellos, pienso usarlos hasta que la edad y sus achaques ya no me lo permitan. Mientras tanto, no se mortifiquen cuando vean a alguien trepada en medio metro de tacón, que si los lleva es porque no le molestan. Es cosa de modas y de gustos.

¿Cómo haces para andar con esos tacones?, me pregunta no sé con qué intención una conocida hace poco con cara de sorpresa, como si nunca en su vida hubiera visto algo igual.

¡Me los pego con Maco!, quise decirle, pero qué va, ¿y dónde quedaba mi buena educación?

Y así vemos cómo las jóvenes solteras son atacadas con la pregunta clásica: ¿cuándo te casas?   Tengo un sobrino que quiero presentarte, ¡está guapísimo!

Y luego que se casan no crean que allí termina el martirio; la cosa apenas comienza.

“Cuándo van a tener hijos, el tiempo pasa, es mejor tenerlos temprano, y ténganlos seguidos, no esperen”.

Es como si la consigna fuera atormentar a los demás.

Y estos son simples ejemplos, hay cientos de casos en los que la falta de respeto y consideración se asoman para mortificar con temas que no le conciernen a nadie.

A la joven mamá que acaba de dar a luz, y por consiguiente aún conserva algo de pancita, le dicen sin miramientos y sin pensarlo dos veces, ¿para qué fecha estás esperando?

Y a aquella que por ser muy delgada no se le nota la barriga, le preguntan ¿qué tuviste?

Hace poco fui testigo de una anécdota relacionada que parece inventada para reírse.

Una joven secretaria de un banco en donde estuve dictando una charla sobre imagen ejecutiva es muy dada a vestirse siempre de negro.

Se ve elegante y muy profesional, y en verdad a mí no me pareció nada mal su gusto por este color que está tan de moda, especialmente porque es joven y muy bonita.

A la hora del café, cuando todas conversaban sobre los temas de la charla, una de ellas la interroga. A propósito, ¿tú estás de luto? ¿Por qué?, le dice ella con aires de ingenuidad.

Ah, yo creía, como siempre estás de negro.

Esta vez no pude callarme y de manera cortés les expliqué que el luto ya no se usa, que el negro es hoy día el color de la elegancia y la distinción.

Y que aunque es cierto que no es el único que puede usarse para ese fin, las personas que les gustan no tienen por qué dejarlo de usar si se sienten bien y además, si les queda bien, como es el caso de la joven en cuestión.

Por supuesto que la preguntona sabía bien que no había tal luto, era solamente ese afán de fastidiar a los demás con cizaña y malas intenciones.

¿Por qué ciertas personas actúan de esta manera?

Tengo mi propia teoría: algo de malevolencia, bastante de inseguridad y mucho de envidia.

El ser humano vive atrapado entre la maldad y la benevolencia, y cada quien maneja uno de estos componentes de forma que anule al otro para lograr mantener a flote la clase de persona que desea ser.  Quienes se sienten seguros y a gusto consigo mismos no tienen la necesidad de molestar a los demás, porque son felices con lo que tienen y no les importa lo ajeno.

¿En qué grupo está usted?

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Este artículo se publicó el 31 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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