Cómo se disipa nuestra historia

La opinión del Ingeniero…

Carlos Eduardo Galán Ponce

La gula ha sido ilustrada, con mucho acierto, con un individuo obeso, frente a una mesa atiborrada de viandas, posesionado de la pierna completa de una res, que en su mano parece un muslito de pollo, mientras la ataca a grandes mordiscones hasta hacerla desaparecer.

Para luego tomar otra. Pero, bueno, allí lo que desaparece solo es el cuarto de la res y probablemente algo de la longevidad del comensal. Y las reses no paran de reproducirse. Pero en estos tiempos, aunque el propósito final de esa práctica es el mismo, el acaparamiento de bienes para uno solo, su manifestación ha tomado formas diferentes y desaparece lo que no ha de volver.

Ese apetito insaciable ya se ha trasladado a los rasgos de nuestra historia. Se la están comiendo. Los monumentos que la encierran. Esas estructuras que el solo caminarlas nos hace sentir, como si el tiempo no hubiese transcurrido. Que nos transportan a evocar las vivencias en esos interiores, de cinco siglos de generaciones, mientras la memoria nos trae los recuerdos de las enseñanzas en nuestras clases de historia.

Cosas que en otros lares se preservan como oro en polvo, aquí tienen que salir las organizaciones civiles de panameños a luchar para evitar que sean botín de extranjeros insaciables, con los que no nos une ningún lazo histórico. Solo vienen por el dinero. De ejemplos de cómo es arrasada nuestra historia, por la “gula” de esos individuos, dan fe cada día nuestros medios de comunicación.

Yo no sé exactamente cuál es la gracia de ese pregón de “crisol de razas”.   Más heterogeneidad en sus orígenes hay en países como Estados Unidos y nadie hace una “alharaca” de eso.    Pero lo que sí es una realidad, que se puede ver con solo acceder a ciertos canales de televisión por cable, es que en otros países, no importa su ideología política ni su régimen económico, los gobiernos hacen causa común para la preservación de su historia y de los monumentos que la simbolizan.

Cuando escuché a un ministro decir que había que demoler la antigua embajada de Estados Unidos, para hacer allí un mamotreto de concreto, y que los estudiantes gustosos lo ayudarían a derribarla, por aquello de “las luchas”, pensé que alguien se había fumado “un pito”.   Con esa sapiencia se podría tener un canciller que fuera llevándole al mundo esa genial teoría.

Pudiera comenzar por alentar a los rusos a demoler en Petesburgo el Hermitage, porque fue la residencia de invierno de los zares hasta la caída de la monarquía y a hacer un “desarrollo urbano” de sus jardines, porque allí recreaban su vista las zarinas.

A los franceses bien podría convencerlos de demoler el Palacio de Versalles, porque desde allí los oprimieron Luis XIV y sus sucesores. Y convencer a los mexicanos de “volarse” el Palacio de Chapultepec, porque desde allí disponía el emperador Maximiliano, durante la dominación francesa. Y de paso que hicieran en sus jardines una barriada estilo “áreas revertidas”, porque en ellos se exhibía Carlotita, sin mucho pudor, en sus mañanas.

Oye, ni en Haití, el país con el mayor índice de analfabetismo de América, se le ha ocurrido a nadie demoler las hermosas estructuras de la época de la dominación francesa. Qué barbaridad.

En una ocasión, cuando departía con la familia de una amiga mexicana, Elena Izquierdo (entonces diputada federal), en su residencia en Tenancingo, estado de México, llegó de visita otro colega. De pronto surgió el comentario, de que un prominente empresario había adquirido “ese” rancho ganadero, muy cercano a la ciudad, cuyas edificaciones venían de la época de la dominación española. Y a ninguno le preocupaba el destino que se le daría a la propiedad, porque, además de que la ley la protegía, quien tiene allí el dinero para adquirir una propiedad tan hermosa y contada, lo hace para disfrutarla. Por el orgullo de poseer de un inmueble irremplazable, parte de la historia del país. Estilo. Elegancia.

Si un día tienes la oportunidad, te recomiendo pasar unas vacaciones en Guanajuato, México. Vas a encontrar hoteles como el Parador San Javier. Qué diferencia. Un antiguo rancho ganadero, con todas sus estructuras básicas conservadas tal como fueron construidas hace más de 100 años. Acondicionadas para ofrecerte todas las comodidades en un ambiente de espacios abiertos y de historia, para deleite de propios y extraños.

Y la provincia chiricana no podía dejar de hacer su aporte al cariño por las estructuras de los personajes ilustres que nos antecedieron y que la hicieron grande.    Si un día tienes la suerte de ser invitado en David a una recepción en la residencia construida por don Toto y doña Anita Tribaldos a finales de los años 40, en su residencial de Balvuena, por nada del mundo dejes de ir. Una residencia señorial, conservada como en su primer día. Joya de la arquitectura de la época y tesoro incalculable de nuestra historia local.   Vas a recrear tu vista contemplando un estilo de vida de una época. Del buen gusto y de una familia creativa, donde los estratos sociales no causaban escozores. Hoy, descendientes de esa pareja conservan la casa impecable y, en acontecimientos especiales, los presentes, además de degustar de excelentes viandas, tienen el placer de recrear su vista en un retazo de nuestra historia.

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Este artículo se publicó el 30 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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