‘El poder no corrompe, desenmascara’

La opinión de…


Ariel Cubilla Lezcano

En este momento vivo fuera de mi querido Panamá, pero aún lejos de mi terruño me avergüenzo por las situaciones que se presentan, similares que en los tiempos de la dictadura militar.

Siempre me informo de todo lo que sucede a través de la prensa digital y lo comento con mi esposa, ella me dice: “en tu país no hay democracia”; antes yo decía que sí, y hasta discutía por esta razón, hoy me doy cuenta de que ella hacía una mejor lectura de la situación. Las leyes impuestas por el gobierno igualan y hasta superan las acciones de la dictadura militar, yo creí en la propuesta de Martinelli y voté por él, pero hoy me frustro; yo pensé que su gobierno sería democrático y abierto al diálogo, no de imposición y atropello.

Le recuerdo al señor Martinelli que Panamá no es una empresa suya, ni debe ser administrada como tal; Panamá es una empresa del pueblo y, por lo tanto, debe respetar la voluntad popular. Si el pueblo sale a la calle a reclamar sus derechos, es porque se siente violentado. No hay que ser muy inteligente para comprender que su administración se está convirtiendo en una dictadura civil, y sería irresponsable quedarse callado.

Si de su partido sale gente, es porque se avergüenza de su trabajo y no desea ser cómplice. Mi hermano una vez me dijo “el poder no corrompe, solo desenmascara”, yo no entendía con exactitud, pero hoy lo comprendo muy bien; hay personas que siempre han sido así, pero como no tienen el poder, no demuestran su realidad, y la máscara que tienen no permite ver su verdadero yo, pero cuando tienen la oportunidad de ejercer poder, cambian totalmente y sale a la luz su verdadero yo.

Cuando me entero de la persecución en contra de periodistas, dirigentes y personas que luchan por una verdadera libertad, entiendo que en Panamá se vive una falaz democracia, y que este gobierno actúa como le da la gana, sin pensar en el pueblo que lo eligió. Señor Martinelli, los que votamos por usted nos avergonzamos, y si el tiempo se pudiese devolver nunca le daríamos la oportunidad que tiene hoy. Recapacite, está a tiempo, enmiende sus errores para no ser recordado como aquel Presidente que quería acabar con una democracia a través de la represión.

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Este artículo se publicó el 29 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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