El presidente en su laberinto…qué hacer con la banca de desarrollo?

La opinión del Economista…

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Francisco Bustamante

Hace 30 años asistí a un foro sobre banca de desarrollo en Santo Domingo, República Dominicana. Una de las ponencias que se presentó fue, como NO administrar un banco de desarrollo.  El ejemplo presentado, el Banco de Desarrollo Agropecuario, BDA, de Panamá. Silenciosamente, tratando de no llamar la atención, me salí de la sala, sufriendo pena ajena.

Años después asistía a un seminario de gerencia bancaria en el INCAE. Se presentó otro ejemplo de desorganización bancaria.   El ejemplo, el organigrama del Banco Nacional de Panamá en donde trabajaba en ese entonces.   Ahí no me pude escapar  y tuve que soportar las bromas de otros colegas latinoamericanos.

A qué viene esto.  Hoy día el BDA sigue inmerso en su embrollo.  Eliminado el uso de los subsidios del FECI para  financiar la administración del BDA  y sin capital, no alcanza a llenar las expectativas de los agricultores. Por otro lado, el agro sigue cayendo en su participación en el Producto Interno Bruto, PIB, y los salarios más bajos se pagan en el sector, consecuencia de la baja productividad y las deficiencias del mercadeo agropecuario.

El Banco Nacional continúa con una situación sui géneris.  No paga usualmente intereses a los depósitos públicos, excepción de los fondos del Seguro Social,  y usa parte importante de sus utilidades para abonar al sobregiro documentado de gobiernos anteriores.

Pero lo peor, no tiene un papel claro en el financiamiento de sectores estratégicos como se esperaría lo hiciera un banco de desarrollo.  Y se dedica a competir con la banca privada en sectores bien atendidos por ésta como lo son los créditos comerciales e hipotecarios.

Creo que parte del problema es la falta de una visión clara institucional. Siendo ejecutivo de planeamiento del BNP hice un ejercicio de introspección de la institución, con ejecutivos y mandos medios. Para mi sorpresa, hubo opiniones distorsionadas acerca de la visión del banco. He aquí algunas de esas opiniones:   Éste le pertenecía a los trabajadores. Sus utilidades debían entregarse a los funcionarios en lugar de fortalecer el mismo o financiar el desarrollo del país.

Pensé que este gobierno de empresarios tendría una  visión más progresista de estas instituciones. Por ejemplo, gerencias contratadas con base a objetivos claros y definidos de performance. Juntas Directivas profesionales, técnicas, empresariales.   Personal evaluado y motivado hacia la consecución de logros específicos.  Pero sobre todo, una visión clara del papel de la banca de desarrollo.   Si no se tiene claro para qué se quieren estas instituciones, cómo justificar la existencia de las mismas?   O  tal vez, es éste el objetivo no declarado que se busca:   La eliminación de dichas instituciones por irrelevantes?

Igual como está ocurriendo con los recursos de la Caja del Seguro Social, CSS: se crea un excedente líquido de recursos pagando por anticipado documentos públicos en cartera de la CSS; y se propone el uso de los mismos para comprar unos corredores viales insuficientes para atender las necesidades de tránsito de la ciudad. Esto es comprar un problema no resuelto, con dineros de los jubilados. Poniendo en riesgo dichos dineros. Cuál es el propósito?

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Este artículo fue enviado el 26 de julio de 2010 a las  6:25 a este medio para su publicación  por el autor a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

El Casco Antiguo de Panamá, un patrimonio en peligro

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

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MARIELA SAGEL


En el año 1997 el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO (siglas en inglés de la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura). Este asentamiento fue el segundo constituido como capital de la república y fundado en 1673, posterior a la destrucción por enfermedades y ataques de piratas que sufriera lo que se conoce hoy como Panamá La Vieja.

Ambos conjuntos históricos y monumentales están ahora mismo en peligro de perder la categoría de Patrimonio de la Humanidad por razones muy diversas, pero que afectarían enormemente tanto la imagen del país como atractivo tanto turístico como histórico. Este hecho, además, dejaría muy mal al gobierno por su falta de coherencia y supondría un deshonor para todos los panameños.

Panamá La Vieja está en esa cuerda floja por diversas afectaciones externas provocadas por el lógico deterioro y una aguda falta de presupuesto que se combinan para sabotear la diligente preservación que lleva a cabo su patronato. El Casco Antiguo ha sido llevado a esa situación por la violación a las normas establecidas, tanto de parte de las autoridades como de particulares y los mismos propietarios que dañan los inmuebles o le restan autenticidad. Toda esa maraña de cables, tragantes, carteles, invasiones, así como la acción inmisericorde de las pandillas y depredadores de cuello y corbata lo han llevado a una situación que debe avergonzarnos como panameños responsables, cuando lo que deberíamos es estar orgullosos de contar con una joya arquitectónica e histórica como ésa.

La culpa no la tiene una sola entidad sino la malversación en la dirección de varias que no se ponen de acuerdo y no tienen una visión coherente hacia dónde ir. Inicialmente se constituyó la Oficina del Casco Antiguo, que dependía del Ministerio de la Presidencia, pero que ahora ha pasado a la Dirección del Instituto Nacional de Cultura (INAC). Inciden también en las decisiones la Dirección de Patrimonio Histórico (dependencia del INAC) y el Municipio de Panamá, a través de la Dirección de Ingeniería Municipal. Existe tal zaperoco en la aprobación de lo que debe ir y lo que no –además de serios indicios de corrupción de funcionarios pasados y actuales, y el usufructo de las posiciones decisivas por parte de los menos competentes— que ha colocado algo que nos debería enorgullecer al borde de la categorización de ‘sitios en peligro’, donde no va a haber inversión y que sumará aún más al desprestigio del país.

Este sitio histórico, que visitan muchos turistas como parte de la lista que la UNESCO ha catalogado como ‘World Heritage Sites’ (lugares de herencia mundial), sitios que hay visitar antes de morir, atrae a miles de personas anualmente que se dedican a recorrer estos conjuntos.

Son varias las edificaciones que ponen en peligro un patrimonio de todos los panameños que se gestó con mucho esfuerzo, fue escenario de las luchas sociales y nacionalistas que determinaron nuestro rumbo como nación, y que a través de las diversas gestiones, ha ido perdiendo impulso y prioridad: el PH Independencia, cuyas referencias históricas no le permiten excederse más de tres a cuatro niveles, y ya va por 11. Este polémico inmueble está ahora mismo paralizado por todas las demandas y contrademandas que le han puesto los arquitectos restauradores que se mantienen vigilantes en preservar el legado de nuestra segunda ciudad histórica, pero no debe sorprendernos que algún iluminado le dé por levantarle esa alarma y siga alcanzando su objetivo de deslucir nuestra herencia cultural.

Al Hotel Central, otro emblemático inmueble que fue construido en 1880, se le ha derrumbado en dos ocasiones una de sus paredes y se tratado de esconder uno o dos niveles dentro de una disfrazada mansarda. El antiguo Club Unión, que fuera posteriormente el Club de Clases y Tropas, y que ha sido objeto de varios intentos de restauración, ahora mismo corre peligro de que se remodele como un adefesio más con que se disfraza lo ‘avant garde’ en nuestro país. Menciono estos como de muestra, tres botones.

Cuando la UNESCO puso los ojos en el Casco Antiguo lo hizo confiando en que el gobierno, sea el que fuera, se mantendría vigilante para que se cumplieran estas normas; lo hizo creyendo en que las autoridades locales se esforzarían en rescatar aquello que caracterizó una época de nuestra historia patria. Por encrucijadas parecidas han pasado otros países, como Egipto, que vio amenazadas sus pirámides por el proyecto de la construcción de una vía en las cercanías y ante eso, el gobierno de aquel país tomó partido a favor del valor histórico y el atractivo que el sitio representaba y cambió el recorrido trazado, lo que le causó un enorme desembolso, pero le permitió conservar su tesoro. Igual e imaginario lo hace el escritor Juan David Morgan, en su libro ‘El Silencio de Gaudí’, al novelar el trazado del tren AVE por debajo de la Sagrada Familia, iglesia inacabada de Antoni Gaudí, el arquitecto catalán, en Barcelona, en una historia de espionaje, intrigas clericales y el enamoramiento entre un cura y la arquitecta a cargo de la obra.

Perder la categoría de Patrimonio de la Humanidad para el Casco Antiguo, así como para Panamá La Vieja, sería una vergüenza nacional y un desprestigio internacional. Leyes y reglamentaciones sobran para que se siga el plan maestro concebido inicialmente y que ha sido dejado a un lado en estos 13 años desde que se logró tan ansiado reconocimiento.

¿Queremos un país de plástico o uno que ofrezca tanto atractivos históricos como riquezas naturales, que combine lo moderno y donde respete lo antiguo? En manos de todos nosotros está esa decisión.

Para mayores informaciones ingresar a: www.conservatoriosa.com o www.hacheuve.com

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Artículo publicado el 25 de julio de 2010  en  Facetas, suplemento cultural de La Estrella de Panamá, a quienes demos, lo mismo que a la autora que nos envió el material por e-mail, todo el credito que les corresponde.

La gran muralla que salvó a Panamá

La opinión de…

Patrizia Pinzón

Aquí estamos en nuestro Panamá de hoy lleno de rascacielos, pantallas gigantes, buses y tecnología digital. De polución y problemas políticos. Pero dentro de todo, nos hemos convertido en una ciudad exitosa en Latinoamérica, el sitio hub por excelencia en donde nuestra economía ha podido crecer incluso dentro de las crisis mundiales. Pero nada de esto hubiera sido posible sin nuestra gran muralla.

Al igual que la Gran Muralla China, la muralla que rodea el Casco Antiguo y su plataforma rocosa nos defendieron a capa y espada, permitiéndonos crecer como pueblo y más tarde pensar en transformarnos en República.   El que vive hoy piensa que las cosas “siempre fueron así”. Pero para 1671 era un hecho que cientos de panameños morían en manos de las enfermedades que traía el pantano que rodeaba Panamá la Vieja y por los ataques piratas. Si queríamos sobrevivir, teníamos que mudarnos… y rápido. O perderíamos Panamá para siempre.

La escogencia del sitio no fue casualidad. La península de vientos cruzados era más saludable ya que alejaba a los temibles mosquitos. Las rocas de su plataforma continental daban la perfecta base para la construcción de la muralla y evitaban que barcos pesados se acercaran demasiado. Sin esas condiciones no hubiese habido un Casco Antiguo, y mucho menos una declaratoria de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hoy día, la muralla y su rocoso paisaje ofrece a los turistas y visitantes nacionales su dramática belleza. Especialmente, cuando la marea baja se puede caminar y admirar el atardecer o amanecer mientras se bordea la impresionante muralla. Estar ahí, entre rocas de distintos colores y formas, da la impresión de estar en otro planeta. Además se puede apreciar a los caracoles y las aves marinas que cruzan buscando alimento. El sitio es un oasis para la vida natural y una puerta a nuestro pasado, cuando los carros no decidían la escala de nuestra vida. Tiene un potencial turístico increíble. Se me encoge el corazón de pensar que en algún momento alguien inclusive pensó en pasarle una carretera por encima. ¿Será que los panameños nunca podremos apreciar lo que tenemos… sino hasta que lo perdemos?

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Este artículo se publicó el 28 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Dedicado a mi Padre, Julio Rangel, con cariño y amor

La opinión del  Periodista…

Modesto Rangel Miranda

Es muy hermoso cuando al nacer las personas festejan alrededor de nuestra familia. Posteriormente, al cumplir el primer año se festeja con una celebración del primer año de vida, luego los procesos de la etapa de la vida como el crecer, ir a la escuela, forjarse como un verdadero niño de la escuela primaria y secundaria, son los momentos más importantes en nuestras vidas.

Lo fundamental de nuestras vidas es convivir hasta el ultimo día de nuestras vidas. Es agradable mencionar a una persona que a sus 92 años dedicó su vida con amor a su familia, trabajo y esfuerzo por dar lo mejor de sí. Mi padre fue una persona consagrada a sus notables principios de que primero era ayudar el hogar, luego, si se podía ayudar a las otras personas.

Desde que culminó su labor en la sección de Enfermería de Sanidad Militar, puesto que se desempeñó por años, fueron muchas personas que siempre lo buscaban para cualquier ayuda médica. Sus conocimientos nunca fueron olvidados. Sus esfuerzos por cultivar cada vez más lo aprendido como auxiliar y médico de enfermería dentro de la Guardia Nacional fue el mejor anhelo en su vida de ayudar a las personas.

Cuando se jubiló comenzó a vacacionar en la ciudad de Boquete y siempre lo hacía, ya que al culminar mis estudios primarios y secundarios viajábamos para descansar. Mi padre y yo nos íbamos a la montaña junto con mis tíos con quienes nos deleitábamos diariamente bajo el fresco agradable de las montañas cercanas al Volcán Barú, en Boquete. Mi padre Julio Rangel siempre me enseñó que debería ser una persona muy sencilla, agradable y con otras cualidades que serían de gran aceptación para muchas personas.

Pero a pesar de todo siempre nos enseñó lo mejor de su persona tanto a mí como a mi hermana (Teresita). La unidad entre nosotros fue el verdadero bastión que nos fortaleció cuando nuestro padre, para una navidad de 1994, perdió sus bellos ojos para siempre. Pero a pesar de que no veía su espíritu para desafiar la vida era muy grande.

Hoy a la edad de 92 años, un lunes 5 de julio del 2010, hace 24 días partió para la Patria celestial donde Dios lo recibió con una gran bienvenida. Siento en mi corazón un verdadero dolor, pero a la vez siento una gran alegría por Dios, me lo permitió compartir 92 años de edad.

Agradezco a todas las personas que acompañaron a mi padre hasta su última morada, como también en vida compartieron bellos recuerdos. Descansa en la Paz del Señor, querido Papá.

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Este artículo se publicó el  28  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Respeto para Saladino

RESPETO PARA SALADINO

Por Euclides Fuentes Arroyo

∞∞

Señores, Irving Saladino

Bien se ganó la gloria

ya ingresó a la historia

ignorarlo es mezquino.

Resulta desagradable

Que la burda insensatez

no lo entienda de una vez

petulancia inaceptable.

Obtuvo fama y tesoro

con su talento de atleta

ese galardón se respeta

amor de pueblo mejor que oro.

Regatearle sus honores

es propio de los avaros

que envidian a los preclaros

a los seres superiores.

Los ídolos deportivos

son el corazón popular

nacidos para ganar

nunca mueren, siguen vivos.

Un percance por lesión

causó todo el alboroto

en un vaso el terremoto

para humillar al campeón.

Que sepan los insidiosos

los triunfos de Saladino

son los premios del destino

al panameño glorioso.

Pero luego allá en España

ganó y les calló la jeta

con firmeza y sin maña

a este negro se respeta.

∞∞∞

Panamá junio de 2,010  E.F.A.  ced. 7-44-677

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Enviado por e-mail el 25 de julio de 2010 a este medio por el autor,  a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

Las cuotas sindicales y la Ley 30

La opinión de…

Víctor Collado S. 

A consecuencia de la desafortunada aprobación de la Ley 30, no es fácil sortear la cantidad de acontecimientos que se han desencadenado. Podría ser por la cantidad de “padrinos” que corrieron a bautizar con curiosos epítetos la nueva normativa; o por la lluvia de desinformación, medias verdades y mentiras redondas que se lanzaron de un púlpito y otro, cada uno intentando afiliar a la feligresía expectante; o por la conducta sospechosa y blandengue de autoridades que solo confesaron su escasa capacidad sobre el tema o por la falta de entereza para asumir responsabilidades públicas.

Sin pretensión alguna y hasta donde llegan mis limitadas capacidades, harto conocidas, considero oportuno precisar algunos aspectos sobre las cuotas sindicales.

1. Las cuotas, en general, no son un tema sindical. Las cuotas son establecidas por todas las organizaciones, clubes sociales, empresariales, de ejecutivos, etc., como parte de su régimen interno de funcionamiento.

En lo que concierne a las cuotas a favor de los sindicatos, en el Código del 47 como en el del 72 se dispone que las cuotas son un tema de los estatutos y que los estatutos se aprueban, exclusivamente, en asambleas generales de trabajadores.

2. El origen de la obligación de pagar cuotas sindicales surge por la afiliación al sindicato, y como la afiliación a un sindicato queda a voluntad de cada trabajador, solo deben y pagan cuotas sindicales los que hayan decidido afiliarse al sindicato. Decir que la Ley 30 concede el derecho a que todo trabajador elija si quiere pertenecer o no a un sindicato, es una aberración del tamaño de la catedral de San Felipe, con todo su peso descomunal y dimensiones insospechadas.

3. El único principio de cotización obligatoria apareció en el Código de Trabajo de 1972 en el sentido de que los trabajadores no afiliados tenían que pagar cuotas al sindicato si este tenía la mayoría de los trabajadores afiliados en la empresa. Sin embargo, ese principio de cotización obligatoria existió hasta el 19 de febrero de 1993, fecha en que la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional tres párrafos del artículo 373 que establecía la cotización obligatoria indirecta.

4. A la fecha de hoy la única cotización obligatoria que existe en la legislación laboral se aplica únicamente en aquellas empresas que tengan vigente convenciones colectivas de trabajo.   En esos casos, el trabajador no afiliado al sindicato le paga cuotas al sindicato que intervino en la celebración de la convención solo y únicamente si la empresa, por decisión unilateral, decide concederle a ese trabajador los beneficios pactados en la convención colectiva.

Si tomamos en cuenta que la minoría del conjunto de los trabajadores panameños son los que aparecen estadísticamente inventariados como afiliados a sindicatos y que no todos esos sindicatos tienen convenciones colectivas de trabajo en sus empresas, el tamaño del “problema” que podemos presumir debió motivar la aprobación de la Ley 30 sobre el pago de cuotas sindicales, se reduce a términos tales que resulta inconcebible, por decir lo menos, el porqué se ha llegado a tanto por tan poca cosa.

5. Disponer que un trabajador beneficiario de lo pactado en la convención colectiva no queda obligado a pagarle cuotas al sindicato que negoció el beneficio, es tanto como que el Gobierno, nacional o local, decida no cobrarle al ciudadano corriente tasas por beneficios o mejoras derivados de la prestación de servicios públicos o por la construcción de obras de uso común.

Pero sucede que el Gobierno nos cobra a todos las tasas con la misma exigencia y prontitud con que nos obliga a pagar los impuestos.   ¿Por qué, entonces, los sindicatos no deben recibir las cuotas por parte de quienes se benefician de sus luchas?

6. La derogación o suspensión de toda ley o de algunos de sus artículos no debe dejar fuera de atención la vigencia actual del Decreto Ejecutivo No. 193 del 9 de julio que, además de servir solo como soberano ejemplo de improvisación, aturdimiento y desesperación, refleja indignos atributos que son o deben ser impropios en quienes ejercen altos cargos oficiales.

7.   Sacándole un pelo al gato, podría decirse, de ser el caso, que lo único rescatable de la Ley 30 es que puso a la dirigencia sindical a pensar, en su gran mayoría, en cómo ir a buscar las cuotas sindicales en lugar de seguir “esperando” por ellas.

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Este artículo se publicó el 28 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El centro político bajo sitio

La opinión de…

Eloy Fisher  

Los eventos del pasado mes demuestran los temblores subyacentes a las acciones de la actual administración. La disyuntiva entre arnulfismo y torrijismo, ideologías que desgraciadamente se identificaron con la acción inconsistente de sus líderes, hoy quedan emparchadas por seguidores que no se apegan a los ideales originales. Esta falta endémica en ideas políticas, y sus derivados concretos en materia pública, ofrece el contexto para que surjan agrias recriminaciones desde las esquinas del tinglado político.

A grandes rasgos, el centro político en Panamá está bajo sitio. Lo vemos cada vez más con la polarización de la opinión pública. En un sistema electoral donde las victorias políticas son irrevocables, existe licencia para que el ganador haga lo que le venga en gana. No existe tal cosa como un compromiso, no existen incentivos para el consenso – y la opinión pública hoy empieza a reflejar esta realidad. El rol histórico de oposición (hoy en crisis producto de la re-estructuración del PRD) en sus momentos más heroicos sólo busca entorpecer, a veces sin mayor justificación, la estampa oficial – no se habla como una oposición leal para servir de contrapeso responsable al poder. A nivel internacional, vemos como la definición de “gobierno republicano” sufre a manos de quienes se creen escogidos por la historia. En Panamá, en el gobierno y en la sociedad civil, tristemente atestiguamos una falta rotación en nuevos liderazgos, y esto sin duda fortalece la adicción al poder y a la palestra pública.

Los nubarrones no son exclusivos a nuestro país: en Estados Unidos, el Presidente Obama, producto de las contradicciones en su gestión, está asediado por un núcleo duro de conservadores, en algunos lugares sin filiación partidista, algo que estorbará una re-elección que hasta hace poco se creía asegurada. En América Latina, vemos como el atractivo tono del populismo busca reducir esos molestosos tonos de gris en nuestra conducta humana a una batalla entre el bien y el mal, algo que alimenta la ramplonería de nuestros más bajos instintos. Si la política es como la guerra, donde todos los despojos van al bando victorioso, ¿qué incentivo existe en ser misericordiosos con nuestros rivales y hasta con los inocentes?

“Izquierdas” o “derechas” son etiquetas inadecuadas para describir un rico espectro de formas de pensar sobre el ser humano y la sociedad. Izquierda no es sinónimo a una ciega adhesión al totalitarismo, y la derecha, tal como se concibe en Panamá, no sólo es tener fe en los mercados. Dentro de las distintas escuelas de pensamiento, siempre existieron herejes, que buscaron heredarnos alternativas que en su momento no eran posibles.

Contrario a la sabiduría popular, la Historia por sí misma no cuenta con poderes de absolución, toda victoria es producto de la terquedad de una idea, que se nutre de sus defensores más críticos, dispuestos a poner en entredicho convenciones. Ya lo dijo Robert F. Kennedy, que “la crítica más aguda frecuentemente viene acompañada del idealismo más profundo y el amor a la patria”. Y es por eso, que la primera regla de democracia es respetar y aceptar la existencia de diferencias, sean incómodas o bienvenidas.

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Este artículo se publicó el  27  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.