Esperanza en la juventud

La opinión de…

Jaime Cheng Peñalba 

Hace un par de días, decidí abandonar el sedentarismo vespertino y emprendí una caminata por algunas calles del barrio de Perejil, donde resido. En unos pocos minutos, me encontré en la parte trasera del antiguo Colegio Javier, ahora monumento solitario por la reciente mudanza de su personal a las nuevas instalaciones en Clayton.

En este colegio trabajé 16 años de mi vida como educador, y no pude evitar contemplar con cierta tristeza el que fuera por incontables anécdotas mi espacio de trabajo en el quehacer de la enseñanza.

Cargado de sobresaltos, expectativas, alegrías, enojos y satisfacciones los años pasaron viendo crecer a un sinnúmero de jóvenes (entre ellos a mi hija), con muchas metas y anhelos de superación personal.

Por un momento me pareció escuchar la algarabía de la muchachada en sus horas de esparcimiento, ensimismados en los temas que solo los adolescentes saben comprender y vivir con pasión.

La experiencia que hacen los pre–graduandos en este centro educativo durante un mes de labor social en áreas recónditas de nuestra campiña es única e imborrable. Durante un mes, los estudiantes del Javier, liberados de todo aquello que significa confort y apego urbano, conviven con sus compañeros (as), por espacio de 24 horas, para ofrecerles un proyecto solicitado por muchas comunidades rurales en los meses de enero.

El llamado a hacer y contribuir con el bien común me parece debe ser un principio de todo centro escolar. Ojalá muchas escuelas pudieran ejecutar proyectos sociales como lo ha hecho este colegio por más de 50 años.

Hoy día, muchos de mis amigos, por distintas decisiones del destino, ya no trabajamos en este centro educativo, pero jamás olvidaremos nuestras gratas experiencias en la vocación de formadores en valores.

En la actualidad, desempeño un cargo administrativo en otra escuela de prestigio académico y trayectoria en Panamá, el Instituto Justo Arosemena, pero donde esté me llena de orgullo saber que a pesar de las grandes adversidades en el oficio de enseñar y los difíciles momentos en que atraviesa la sociedad panameña en cuanto a la educación se refiere, muchos maestros y profesores guardamos una gran esperanza en nuestra juventud.

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Este artículo se publicó el 27 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

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