El petróleo de El Quiteño

La opinión del periodista….

ALEXIS   ATENCIO  GUTIÉRREZ

‘ Panamá puede tener petróleo y de existir sería en algunos recodos de los ríos’.

En El Quiteño, un lugar enclaustrado entre montañas al Noreste de David, se abrió un pozo y se sacó un líquido acuoso de color negro, que se transportó hacia la capital vía puerto Pedregal.   Hoy solo queda el pozo sellado, después de ese acontecimiento.

El Quiteño, un regimiento del corregimiento de Las Lomas en la ciudad de David, ubicado a diez minutos de la cabecera de la provincia en automóvil, allá por 1900, según lo cuenta Gustavo Castillo, descendiente de lugareños quien dice que ‘para entonces había más tranquilidad’. Y es que apenas había unas cuantas casas distantes unas de otras.

Castillo amplia su información añadiendo que a inicios del siglo XX llegaron unos hombres que decían ‘buscaban una mina’; como para entonces ya se usaban las carretas, ellos pagaban estas para traer de puerto Pedregal muchas cosas, entre ellas máquinas. Estos hombres decían que venían de Martinica y otros pueblos a trabajar en el lugar .

El relator señala que para 1913 se habían posesionado de las faldas del Cerro Negro, donde existía una quebrada que se conoció como El Vigía. Las carretas, cuenta, se dedicaron a transportar leña, la que servía para hacer mover una caldera, la que a su vez hacia funcionar un barreno que perforaba la tierra.

La historia advierte que el jefe general de la mina era Míster Johnson, al que atendía la caldera le decían ‘el fogonero’, Míster Pier, de quien quedaron varios hijos por estos lares. El señor Aurelio Diez era el jefe de todos los carreteros y José Diez era el segundo.

Las carretas llevaban a puerto Pedregal el producto que acomodaban en barriles. Era una masa negra que le denominaron petróleo.   La llegada del primer auto a Chiriquí ocurrió en 1914, era propiedad de Míster Johnson y lo trajeron del puerto en carreta.

Este pozo fue sellado y allí quedan las huellas y es de fácil comprobación.

¿De verdad era petróleo? ¿De qué tipo de líquido negro parecido a este pudo tratarse que le interesase a los extranjeros para venir al lugar?   ¿Cómo supieron de la existencia de la mina y del lugar?

Hoy El Quiteño es un pueblo próspero, ha crecido de caserío a un lugar de unas 1500 personas según lugareños, con escuela primaria, centro funerario, carretera de asfalto, subcentro de salud y con enormes perspectivas para mejorar sus condiciones sociales y habitacionales.

El día de mañana, puede convertirse en un lugar como en los tiempos de la California norteamericana, cuando se encontró oro en cantidades industriales.

La historia es grata, siempre hay quien le ponga empeño a las cosas y ayer como hoy vendrán gobiernos dispuestos a hacer las cosas bien, a investigar, a producir, a buscar fuentes alternas de energía, sin hacer daño a la madre naturaleza, a tratar de aminorar el costo de la canasta básica.

Será entonces que ese día se investigue si de verdad ese pozo de El Quiteño existe y si este tenía petróleo o eran cuentos de los ancianos o solo fue parte de una leyenda misteriosa que contaban los más viejos a sus hijos, sobrinos o nietos para hacer placentero el momento a la hora de dormir.

Le tocará al gobierno de Ricardo Martinelli realizar los estudios y buscar en sus investigaciones esas fuentes alternas de energía y, de encontrarla, beneficiar en todas las formas al lugar que les facilitó las cosas. Importante será no llegar con la arrogancia de los ricos imponiendo y haciendo sufrir a los más pobres. ¡He dicho!

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Este artículo fue publicado el  27 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Esperanza en la juventud

La opinión de…

Jaime Cheng Peñalba 

Hace un par de días, decidí abandonar el sedentarismo vespertino y emprendí una caminata por algunas calles del barrio de Perejil, donde resido. En unos pocos minutos, me encontré en la parte trasera del antiguo Colegio Javier, ahora monumento solitario por la reciente mudanza de su personal a las nuevas instalaciones en Clayton.

En este colegio trabajé 16 años de mi vida como educador, y no pude evitar contemplar con cierta tristeza el que fuera por incontables anécdotas mi espacio de trabajo en el quehacer de la enseñanza.

Cargado de sobresaltos, expectativas, alegrías, enojos y satisfacciones los años pasaron viendo crecer a un sinnúmero de jóvenes (entre ellos a mi hija), con muchas metas y anhelos de superación personal.

Por un momento me pareció escuchar la algarabía de la muchachada en sus horas de esparcimiento, ensimismados en los temas que solo los adolescentes saben comprender y vivir con pasión.

La experiencia que hacen los pre–graduandos en este centro educativo durante un mes de labor social en áreas recónditas de nuestra campiña es única e imborrable. Durante un mes, los estudiantes del Javier, liberados de todo aquello que significa confort y apego urbano, conviven con sus compañeros (as), por espacio de 24 horas, para ofrecerles un proyecto solicitado por muchas comunidades rurales en los meses de enero.

El llamado a hacer y contribuir con el bien común me parece debe ser un principio de todo centro escolar. Ojalá muchas escuelas pudieran ejecutar proyectos sociales como lo ha hecho este colegio por más de 50 años.

Hoy día, muchos de mis amigos, por distintas decisiones del destino, ya no trabajamos en este centro educativo, pero jamás olvidaremos nuestras gratas experiencias en la vocación de formadores en valores.

En la actualidad, desempeño un cargo administrativo en otra escuela de prestigio académico y trayectoria en Panamá, el Instituto Justo Arosemena, pero donde esté me llena de orgullo saber que a pesar de las grandes adversidades en el oficio de enseñar y los difíciles momentos en que atraviesa la sociedad panameña en cuanto a la educación se refiere, muchos maestros y profesores guardamos una gran esperanza en nuestra juventud.

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Este artículo se publicó el 27 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

Responsabilidad con la democracia

La opinión de…

Carlos David Abadía Abad

Estamos en el quinto gobierno post militar, el cuarto elegido en democracia, y se percibe que la actual administración desea realizar una serie de obras necesarias como el Metro, la construcción de pasos elevados y la extensión de los corredores, mejorar el transporte público de la capital, ampliar las carreteras en otras provincias, reestructurar la educación, las finanzas públicas y hacer más eficiente la gestión gubernamental, entre otros cambios que los panameños apoyamos.

Pero un gobierno también tiene una responsabilidad con la democracia. En el caso nuestro, esa responsabilidad es aún mayor tras los 21 años de dictadura que pasamos, recientemente, y para fortalecer nuestros escasos 20 años de vida democrática.

Nuestra democracia es frágil, no solo por el corto tiempo que tiene, sino porque la mitad de este tiempo gobernó el partido de la dictadura, que en dos periodos mantuvo políticas y acciones que debilitaron los sistemas democráticos; los dos gobiernos anti dictadura no hicieron lo necesario para eliminar esos vicios. Si bien el presidente Endara respetó la separación de poderes, como ninguno lo ha hecho, se quedó corto en otras cosas, la principal, que no eliminó la Constitución.

Muchos de los que votamos por el presidente Ricardo Martinelli lo hicimos para que su gobierno fortaleciera nuestro sistema democrático, que va más allá de celebrar elecciones honestas y transparentes. Martinelli representaba una fuerza política distinta a las que habían gobernado durante estos últimos 20 años y esto le daba una condición muy especial de independencia política; no necesitaba caer en los vicios de los gobernantes anteriores, y el hecho de que no era un político tradicional junto a su preparación empresarial se percibían como una combinación equilibrada y un punto de ventaja sobre los otros mandatarios.

El gobierno ha cometido algunos errores que ponen en peligro nuestro sistema democrático. Su comunicación ha sido ineficaz, a pesar de mantener una campaña mediática intensa y costosa, pero equivocada. No ha querido escuchar a los otros sectores que juegan un papel importante en la vida del país como la sociedad civil, los ambientalistas y los gremios serios. Por no escuchar y querer descalificar a los grupos mencionados, planteó una ley que incluía la reforma de varias leyes, en vez de proponer las reformas en cada uno de sus ámbitos, bien explicadas a la sociedad, con ello se hubiese evitado todo lo sucedido.

Con todo lo acontecido la democracia ha perdido. Los grupos de la izquierda antidemocrática (vean que la calificó puntualmente, ya que la izquierda democrática, como en Chile o Brasil, aquí no existe) son los que han sacado más ventaja, aprovechando no las virtudes sino los errores de comunicación y actuación del gobierno.

El gobierno inicia su segundo año y tiene tiempo suficiente para recuperarse, eso sí, tiene que hacer sus ajustes inmediatamente. Hagan una parada técnica, evalúen qué hicieron mal este primer año para no repetirlo; qué no hicieron, qué debían haber hecho, qué hicieron bien, qué podía hacer mejor. Si este ejercicio lo hacen de manera honesta y sincera, tengan por seguro que su mala imagen se revertirá inmediatamente.

Su responsabilidad con la democracia es lo más importante que tienen ustedes, más que todas las obras que concluyan, porque poco servirán si perdemos las libertades que rescatamos al desplazar el sistema dictatorial que tuvimos.

Y, por favor, no cometan el error de pensar que las crisis que viven otros países de nuestra América Latina no sucederán aquí, craso error cometerían; solo vean cómo se confundió a los trabajadores de Bocas del Toro, exacerbando los ánimos, esto nos indica claramente los niveles de organización de los grupos que solo esperan el momento en que el gobierno se equivoque para actuar.

Señor Presidente, haga los cambios que sean necesarios para corregir las irregularidades que han encontrado; esos cambios serán más profundos si escucha a todos los que quieren a este país, que son la mayoría. A los grupos que tienen sus agendas políticas todos los conocemos, no les dé campo fértil para que crezcan en sus aspiraciones.

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Este artículo se publicó el 27 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Acerca de las Becas de Desarrollo Profesional de la OEA

La opinión de…

Andrés Pizarro Sotomayor 

En una primera etapa, en la década de los 70s, la CIDH comenzó otorgando becas para que estudiantes o profesionales jóvenes tuvieran la oportunidad de hacer una maestría en un área relacionada con los Derechos Humanos.

De ahí el nombre de “beca”, el primer becario fue un argentino, que hoy es partner en una firma de abogados aquí en los Estados Unidos.

Posteriormente, a principios de los 90s, la orientación del programa cambió y se decidió que en lugar de patrocinar los estudios de los becarios era mejor darles al oportunidad de trabajar en la propia CIDH pagándoles un salario que les permitiera cubrir sus costos de vida en esta ciudad.

Y ha sido bajo esta modalidad que se ha mantenido el programa de desarrollo profesional de la CIDH, se mantuvo el título de “becario” porque así fue en sus inicios, pero tal denominación no corresponde ya con la naturaleza del cargo.

Tampoco podría decirse que los becarios son propiamente pasantes, o “pasantes pagados”, esa descripción también sería inexacta. Sin demeritar la labor que llevan a cabo los pasantes, y que es verdaderamente esencial para el trabajo de la CIDH, la verdad es que es una figura distinta a la del becario, difiere principalmente en las calificaciones que se piden y en la naturaleza de las obligaciones que se le exigen.

Además, en la duración de su término y en el hecho de que con los becarios tienen una relación contractual con la OEA.

Las “becas”, o mejor dicho, el programa de desarrollo profesional de la CIDH es en gran medida independiente de los programas de becas regulares de la OEA.

Los aspirantes envían sus aplicaciones directamente a las oficinas de la Secretaría Ejecutiva de la CIDH sin pasar por todo el proceso de los Organismos Nacionales de Enlaces (ONE), y por lo tanto sin la necesidad de trámites o aprobaciones que deban cumplirse ante autoridades nacionales.

Asimismo, los ganadores son elegidos por la propia CIDH como órgano autónomo e independiente de la CIDH.

Becarios panameños a la fecha ha habido pocos, Luis Carlos Rodríguez (1990-1991); Javier Vásquez (1997-1998); Ana Lorena Carballeda (2003-2004); y Andrés Pizarro (2007-2008). Como datos relevantes podemos mencionar que L.C. Rodríguez fue uno de los dos becarios elegidos en la primera generación de esta segunda etapa (la etapa actual en la que los becarios son destinados a trabajar en la CIDH).

Además, de los cuatro, dos de ellos J. Vásquez y A. Pizarro pasaron posteriormente a incorporarse al staff de un organismo internacional.

El primero es actualmente Director de Derechos Humanos de la OPS; y el segundo, es abogado de la CIDH.

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Este artículo se publicó el  26  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El idioma español me encanta

La opinión de…

Maribel Ortiz 

El premio de la Furia Roja, tan oportuno con el cabezazo de Puyol y el derechazo de Iniesta, es coincidente con la aparición y presentación en Panamá de la Nueva Gramática de la Lengua Española (Espasa 2010), que tomaré para permitirme compartir una de las menciones que hizo la noche del 8 de julio en la Biblioteca Nacional el académico español Bosque Muñoz, de la Real Academia de la Lengua Española, él a cargo de la recapitulación de dicha obra; y compartir también otra mención que quedó en la tertulia posterior para el brindis por parte de Berna Pérez Ayala de Burrel, académica directora de la Academia Panameña de la Lengua.

La mención de Bosque Muñoz, a pregunta puesta por el público, es una de las más frecuentes conjugaciones que no me gusta oír mal y, por supuesto, no soy una experta del lenguaje sino usuaria como cada hispanohablante: la conjugación es la del verbo haber en función de cantidad, cuyo mal uso ¡cuán a menudo ha tomado lugar en las conversaciones! A tal punto es prolífico su mal uso que a todos se nos pega…, incluso en la comunicación “culta” de los profesionales. No soy tampoco, ni lejos, una purista del idioma: es más importante para mí que haya comunicación a que no la haya; sin embargo, me encanta el español y me gusta hablarlo y oírlo de la mejor manera así sea en la conversación campechana. Digo esto con la autoridad de haber estudiado gramática y a la vez tragar el uso prolífico de otras deformaciones.

Por ejemplo, en Panamá decimos comúnmente “habían personas” (mal) cuando deberíamos decir había personas; igual que cuando usamos hay, que no tiene mayor problema y cuya sustitución en caso de duda nos ayudará a saber cómo podemos y debemos usar este verbo “haber” para cantidad. Decimos entonces hay enredos, hay cosas, hay personas y no se nos ocurre, ni lejos, un plural ficticio. Pues tampoco debemos crearlo para había, hubo, habrá, habría. Hay es simple conjugarlo bien. Había es frecuentemente sustituido por “habían” (mal con n), como ocurre con habrá (mal “habrán”) o hubo (mal “hubieron”).

“Lo”. Es el otro horror. En lugar de la palabra simple y llana, decir, mal: “lo que es” es terrible: la mesa blanca que está aquí (perfecto) y sin embargo es frecuente oír: “lo que es la mesa blanca que está lo que es aquí” (¡qué horror!). O aún bien “el diseño que harán mañana” para dañar la frase con algo como: “lo que es el diseño que harán mañana” (¡qué horror!). Puede sin duda decirse, bien: el diseño que harán mañana es importante para lo que proyecten en el futuro (oración subordinada, sí). Y nos preguntamos muchos de dónde vino este horroroso “lo que es la mesa blanca” en vez de decir con simpleza y corrección “la mesa blanca”. ¿De dónde? Para mala influencia, nada menos que de la televisión extranjera hispanohablante a la que ya muchos nos hemos hecho asiduos oyentes.

Voy a dejar por fuera de este escrito el también horroroso dequeísmo para en su lugar mencionar algo bueno en conclusión: hablar, escuchar, escribir y leerespañol aún me encanta. ¿Y a usted?

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Este artículo se publicó el 26 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La tragedia de Bocas del Toro

La opinión del Analista Político…

Gil Moreno 

Hay personas que cuando algo sale mal, le echan la culpa a otros. La tragedia de Bocas del Toro pudo evitarse. Fueron de 10 a 11 días de huelga. Hubo suficiente tiempo para atender esta situación.   A los obreros más bien se les ninguneó, se les trató de ignorantes y hasta de borrachos, y todo porque cuando la pobre gente “bebe”, es un delito, ellos cuando se emborrachan es una gracia que hay que celebrar.

Sabemos que el gobierno tenía pleno conocimiento de todo lo que estaba sucediendo y dejó que las cosas se agravaran. Lo único que solicitaban los huelguistas era la derogación de la ley 30, no se les atendió. Según el gobierno la culpa de todo lo que ha sucedido la tiene la oposición, los medios de comunicación y los dirigentes obreros de la capital, que fueron los que le metieron en la cabeza ideas malsanas y argumentos falaces para que se lanzaran a una huelga, que según el propio gobierno no se justificaba.

Pero en realidad el responsable directo de todo es el capitán del barco, que se empecinó en el error y no escuchó el clamar del pueblo que pedía la derogación de la ley injusta.

Claro, ahora dicen los gobernantes, para justificar la represión, que el pueblo se desbocó, que se cometieron tropelías, y no quieren comprender que estas manifestaciones son muy propias de los pueblos (a través de la historia), que cuando ven cerrados sus caminos, y no encuentran respuestas, recurren a situaciones extremas, que son las que originan las revoluciones, los alzamientos y las guerras civiles.

Se sabe que hay 2 personas muertas, alrededor de 200 heridos y más de 50 que van a perder la vista o parte de ella.   Qué necesidad había de llegar a estos extremos?    Algunos funcionarios del gobierno, principalmente el Sr. Presidente, dicen ahora que lamentan lo sucedido, cuando ya es demasiado tarde, porque no es el dinero ni la ayuda que han prometido lo que va a calmar tanto dolor por la sangre derramada.

Ojalá que esto le sirva de lección a los gobernantes para que se humanicen, dejen a un lado la soberbia y acepten sus errores.

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Este artículo se publicó el  26  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los derechos humanos son progresivos

La opinión de…

Johnny Sáurez Sandí 

La Declaración del Milenio de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Nueva York, el 8 de septiembre del año 2000 ) contiene un llamado a fortalecer el imperio de la ley a nivel internacional y especialmente convoca al respeto irrestricto de todos los derechos humanos y de todas las libertades básicas aplicadas y aceptadas por la comunidad internacional, subrayando algunas áreas fundamentales en las cuales las Naciones Unidas y los estados individualmente deben de enfocar su atención en el nuevo milenio.

Los derechos humanos son normas de carácter universal e inalienable, son reglas de convivencia que se han ido perfeccionando gracias al compromiso de hombres y mujeres preclaros, cuyo objetivo es proteger a toda la raza humana de los impulsos destructivos de sí misma. Estos derechos tan de moda hoy, han sido el freno para contrarrestar los instintos destructivos de líderes y grupos de poder que han pululado a través de la historia y pululan todavía en nuestros días, a lo largo y ancho de la geografía del mundo.

Cuando los países legislan y las sociedades acogen en sus sistemas jurídicos normas de derechos humanos, es porque han comprendido su imperiosa necesidad y han avanzado en el ascenso a la protección plena de la dignidad de la persona humana y de la sociedad misma como un solo cuerpo unitario.

Tenemos hoy día varias generaciones de derechos humanos, se clasifican hasta en tres o cuatro, desde aquellos básicos, de más larga data, conocidos como los derechos civiles y políticos, entre ellos el derecho a la vida, a las libertades de reunión, de opinión y de asociación. Más adelante se codificaron aquellos que se denominan como de segunda generación, en los que toda persona tiene derecho a la seguridad social y a optar por la satisfacción plena de los derechos económicos, sociales y culturales. Luego, allá por los años 80 del siglo anterior, ven la luz del día unos derechos que se han denominado de tercera y cuarta generación; vinculados con la solidaridad humana, el derecho a un medio ambiente sano, el derecho a la paz, a una vida digna y al libre desarrollo de la personalidad, entre otros.

En vista de lo expuesto, todo país que haya avanzado en la aplicación de los derechos humanos, no importa de qué generación, de manera alguna puede retroceder, no puede ningún gobernante ni su élite, justificar la eliminación o limitación de un derecho humano que la sociedad que dirige ya ha alcanzado y practicado de manera plena. Ningún gobernante, grupo de interés, parlamento o Estado en el mundo, puede promover la eliminación de derechos humanos consolidados en sus sociedades con el objetivo o excusa proteger intereses nacionales, de seguridad, económicos o de grupos de presión.

Los derechos humanos son progresivos, van siempre hacia adelante, son como los ríos, no se devuelven. Los estados asumen obligaciones y deberes en virtud de lo dispuesto por el derecho internacional y las costumbres, asimismo se comprometen a respetar, proteger y a poner en práctica los derechos humanos. La obligación de respetarlos significa que todos los estados deben de abstenerse de interferir o limitar el disfrute de los derechos humanos.

Las sociedades son heterogéneas, conformadas por personas y grupos diversos, pero integran un solo cuerpo que debe guardar la armonía si pretenden perpetuarse en el tiempo. Los pueblos organizados deben tender siempre hacia la armonía, hacia la perfección de las reglas de convivencia.   Ninguna de las partes de ese cuerpo social puede disfrutar de derechos especiales, ni mucho menos coartar los de la otra antojadizamente.

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Este artículo se publicó el 26 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.