¿Quién dio la orden?

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República….

MIREYA LASSO


Como secuela de los acontecimientos en Changuinola, que produjeron tanto dolor y lágrimas a las familias de las víctimas, también en el ambiente nacional han quedado interrogantes que merecen respuestas concretas y confiables.

El gobierno podrá brindar todo el apoyo económico, social y psicológico a los sobrevivientes y víctimas; podrá procurar la reconstrucción física de áreas afectadas, pero ese esfuerzo no será suficiente si deja por fuera el dilucidar, sin ambages ni reservas, la respuesta a dos preguntas: ¿Quién ordenó reprimir a los manifestantes? y ¿quién ordenó hacerlo de esa forma? Entiendo que los antimotines no tenían facultad para tomar esas decisiones por sí solos, porque, desde el ascenso del régimen democrático hace veinte años, la fuerza pública ha quedado supeditada a las autoridades civiles.

Este episodio me ha recordado una anécdota que varias veces le escuché al presidente Endara. No recuerdo el motivo exacto que originó una manifestación de protesta en Chiriquí organizada por un grupo de ciudadanos disgustados, quienes amenazaban con cerrar una carretera hacia las tierras altas. El jefe de policía de la provincia, impedido de actuar sin autorización civil, optó por recurrir al presidente de la República, en su carácter de jefe supremo de la fuerza pública. El presidente Endara, quien sufrió en carne propia las represiones arbitrarias del régimen militar, le indicó que debía notificar del incidente al alcalde del distrito, ponerse a sus órdenes y seguir estrictamente las instrucciones que emanaran de ese despacho. Cuál no fue la sorpresa del presidente cuando el jefe policial le respondió: ‘Pero, señor presidente, ¡el alcalde es quien encabeza la manifestación!’. En esas circunstancias, la máxima autoridad civil del país otorgó autorización al jefe policial, por teléfono y luego por escrito, para proceder a despejar la vía usando métodos persuasivos y disuasivos, incluyendo gases lacrimógenos a distancia, pero teniendo cuidado en evitar daños físicos a los manifestantes.  La vía se abrió al tránsito, el problema se ventiló en un ambiente distinto y la anécdota pudo ser relatada posteriormente con hilaridad.

En relación a su experiencia vivida cuando las Fuerzas de Defensa reprimían cuánto les vino en ganas con total desprecio a las autoridades civiles y el régimen militar se desbordaba en arbitrariedades y violaciones de los derechos humanos, escuché muchas veces al presidente Endara comentar que el nuevo gobierno tuvo especial cuidado en que la ley de la nueva policía dispusiera la total subordinación de la fuerza pública a la autoridad civil, imprimiéndole de esa manera el carácter de ‘agentes de la autoridad’. Años más tarde, como miembro de la Comisión Redactora de la Ley de la Policía Nacional en 1997, insistió en repetir el principio de subordinación para impedir la recurrencia de las aberraciones del pasado.

La orden de reprimir las manifestaciones en Changuinola solo pudo ser legítimamente emitida por una autoridad civil —local, distrital, provincial o nacional— como sucedió con el jefe policial chiricano años atrás, pero la manera lacerante como se ejecutó parece ser una orden especial recibida de sus superiores inmediatos por los antimotines. Se podría argumentar que las condiciones en Changuinola eran distintas a las de Chiriquí, donde no existió el grado de violencia alimentada acá por una enrarecida atmósfera de resentimiento y de antipatía por imposiciones consideradas inconsultas e injustas; pero los incidentes que pudimos observar en los medios y la impresionante cantidad de heridos en ojos y rostros, indican que no se empleó la prudencia debida para preservar la integridad de los manifestantes, aún en esas circunstancias críticas.

Lo cierto es que los hechos deben ser investigados sin contemplaciones para sancionar a los responsables, independientemente de su condición o jerarquía, y las causas deben ser puntualizadas para evitar su repetición mañana. Mientras cada uno intenta justificarse recriminando al otro, todos tenemos derecho a conocer quién ordenó disparar perdigones de metal a corta distancia en una acción que nos trae recuerdos funestos de una historia reciente.

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Este artículo fue publicado el  21 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

En este país lo ilegal se premia

La opinión del Economista, Humanista y Educador…….

VICTORIANO RODRÍGUEZ S.


Mientras se motiva al público a debatirse (en un divide y vencerás), buscando responsables de quienes iniciaron los problemas acaecidos recientemente en Bocas del Toro, centenares de heridos, ciegos y hasta algunos muertos, desdichadamente, pronto quedarán en el olvido.

Hace años venimos haciendo llamado a los gobiernos para dejar de aprobar leyes para beneficio o perjuicio de unos cuantos. Es necesario dejar expuesto que si los señores “dis-putados” no aprobaran leyes en la forma poco ética como algunas de ellas, la situación fuera diferente.

Históricamente, en la Asamblea Nacional (los “hooo… nooo…, rables”) olvidan que ellos representan al pueblo. Que en algún momento (cinco años o más) volverán a las comunidades y al igual que sus parientes o amigos pueden quedar perjudicados producto de leyes impuestas.

Es necesario recordar, médicamente, que nuestra existencia está basada en la lucha contra más de 12 millones de espermatozoides. Olvidan, algunos, que sin lucha no hay victoria. Que la disminución de la jornada laboral a ocho horas fue producto de las organizaciones laborales, así como las vacaciones, el XIII mes, y el respeto a la dignidad del trabajador, entre otras.

Lo preocupante de la situación de Bocas del Toro es la actuación del Ejecutivo, situación comparable con la conocida violencia intrafamiliar.   Téngase presente que el maltratador lástima o golpea a la víctima, después le pide perdón, aduciendo que no era su intención, pero a futuro su actitud es similar o peor, repitiendo el ciclo.

Lo lastimoso de ello es que, producto de sus acciones, los ministros que pudieran estar directamente involucrados en esta lluvia de perdigones, se mantienen en sus cargos como aquel que ha logrado los mayores beneficios para la población, el Estado.

Por otra parte, en otros ministerios y/o instituciones, ya se escucha de perversos actos de corrupción, situación que el señor Presidente dijo erradicaría de sus colaboradores y al igual que en Bocas del Toro, todo quedará en el olvido hasta que venga el próximo gobierno a percatarse que algunos entraron limpios y salieron millonarios.

En los pasillos se rumora del cierre permanente de la Universidad de Panamá, quizás con el insano propósito de congraciarse con el Ejecutivo y lograr de la Asamblea la aprobación de la reelección inmediata, lo cual a todas luces es ilegal, desdichadamente en este país lo ilegal se premia. Dios te salve Panamá.

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Artículo publicado el  x de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Petróleo en las huellas

La opinión de…

Stanley Heckadon–Moreno 

Panamá no es un país petrolero pero, por su ubicación, su Canal y las actividades vinculadas a la vía, está expuesto a derrames mayores y menores que afectan su naturaleza costera. Aquí recapitularemos el primer derrame en estudiarse científicamente.

Fue el 13 de diciembre de 1968. Según los marineros el 13 es mal día. Ese mes la brisa norte que trae el verano se inició temprano levantando marejadas y grandes olas que zarandeaban el viejo petrolero Witwater. Su carga, 20 mil barriles de diésel y bunker. A dos millas de la entrada caribe del Canal, la nave encalla, partiéndose en dos. En su proa quedan ocho mil barriles de aceite que escaparon a razón de 50 barriles diarios. El resto formó una gran mancha que la brisa empujó hacia isla Galeta, hogar del Laboratorio Marino de Punta Galeta. Por 15 años sus científicos estudiaban la naturaleza costera de Colón, estudios que sirvieron para comparar el estado de los arrecifes, manglares y corales antes, durante y después del naufragio.

Empujado por el oleaje y el viento el petróleo cubrió los arrecifes y playas en torno al laboratorio. Su personal y voluntarios de la armada estadounidense quemaron unos cinco mil barriles que quedaron en la playa y otra cantidad se succionó con bombas. Se logró eliminar la mitad del aceite. La otra mitad formó una capa flotante, de una pulgada de espesor, que las corrientes arrastraron por la costa.

Los fuertes vientos y olas mezclaron el petróleo con el agua salada, generando un rocío contaminante que cubrió la costa, los árboles y herbazales de la playa, hasta dos metros de altura. En dos meses, con el calor solar, la vegetación rociada había muerto. Sin árboles, el oleaje aceleró la erosión de los suelos. La especies que habitaban los charcos que deja la marea al bajar perecieron.

A salvo quedaron los arrecifes de aguas profundas, pues no tuvieron contacto con el aceite. También, los organismos que los habitan. Los corales expuestos en bajamar murieron.

Las olas arrojan millones de galones de agua a las playas cada día y la arena las filtra. Meses después, la fina arena de las playas aparentaba estar blanca y limpia. Pero, a una pulgada de profundidad, estaba saturada de aceite. Otro fenómeno fueron las corrientes subterráneas de agua, que mezclaban más el aceite con el agua salada. Esta emulsión penetraba cientos de metros tierra adentro, contaminando el subsuelo y reduciendo fauna que lo habita.

Los más afectados fueron los manglares. Vientos y mareas empujaron el petróleo hacia los esteros, cubriendo la arena y el lodo de los playones. Meses después, al caminar los científicos por los esteros, de cada pisada manaba petróleo a la superficie. Como los suelos de los manglares carecen de oxígeno, los mangles respiran con sus raíces. Cubiertos sus pulmones de aceite, los árboles murieron.  Sobre todo el mangle rojo y el negro, cuyas finas raicillas asemejan deditos que apenas sobresalen del suelo.   El aceite mató las semillas y mangles pequeños. Muertos los manglares, desaparecieron las criaturas que viven entre sus raíces. Los cangrejos perecieron primero. Se observaron garzas y aves marinas cubiertas de aceite y tortuguitas marinas muertas.

El Witwater ha debido servir como campanada para resaltar la importancia de la investigación científica a largo plazo y prepararse para futuros derrames. Pasó el tiempo y poco se hizo. El 27 de febrero de 1986, unos 240 mil barriles de petróleo escaparon de tanques en la refinería de bahía Las Minas. Fue el mayor derrame hasta entonces en el Caribe. Pero ese es tema de otro escrito. Ambos derrames petroleros son lecciones obligatorias para el país, ahora que se torna en epicentro de distribución de combustible, se ensancha el Canal y aumenta el número y dimensión de sus puertos.

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Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Expectativas frustradas

La opinión de…

Carlos Guevara Mann

El ejercicio del poder público en Panamá manifiesta ciertos rasgos negativos. Los más evidentes son la ineptitud o mediocridad administrativa, la corrupción institucionalizada y una tendencia autoritaria heredada de la dictadura militar. Al respecto, podemos establecer diferencias analíticas útiles –sobre bases fundamentadas– entre los distintos gobiernos posteriores a la invasión estadounidense de 1989.

La ineptitud y la corrupción son fenómenos difíciles de medir. Aun así existe, entre otros indicadores, el Índice de Percepción de la Corrupción, compilado por Transparencia Internacional y disponible para Panamá desde 2001 (http://www.transparency.org/).

La calificación promedio obtenida en los años de Mireya Moscoso fue de 3.5. En los años de Martín Torrijos, bajó a 3.3. En otras palabras, la percepción de corrupción, de por sí preocupante (cercana a 0, que indica percepción de alta corrupción), se acentuó bajo el más reciente gobierno del PRD.

El impulso autoritario, presente en todos los gobiernos, también es más evidente bajo las administraciones del PRD. Los gobiernos no-PRD mangonearon la función legislativa menos que las administraciones del partido de los cuarteles.

Por ejemplo, no asumieron facultades legislativas extraordinarias, abominable degeneración del sistema democrático, constitucionalizada mediante la ley fundamental impuesta por los militares en 1972 y mantenida felizmente desde entonces por el sector político. Los gobiernos del PRD las obtuvieron de una Asamblea complaciente en 1995, 1996, 1997, 1998, 1999, 2005, 2007 y 2008.

Las administraciones en que no intervino el PRD pretendieron menos control sobre los medios de comunicación.   El primer gobierno perredista siguiente a la invasión nombró un procurador que se dedicó a perseguir el periodismo independiente. En su afán de silenciar la crítica, el segundo gobierno perredista utilizó el presupuesto estatal como ninguno de sus predecesores, destinando a gastos de “publicidad” al menos 101 millones de balboas (La Prensa, 18 de julio de 2010).

Los gobiernos no-PRD evitaron nombrar a cercanos colaboradores de la dictadura, vinculados a graves violaciones a los derechos humanos, en cargos públicos de alta jerarquía. Y, aunque ciertamente reprimieron las protestas populares, sus actividades represivas no causaron la muerte de ningún manifestante.

Algo distinto ocurrió en 1995, cuando cuatro obreros murieron durante manifestaciones contra la política laboral del gobierno de Pérez Balladares (La Estrella de Panamá, 10 de mayo de 2010). En protestas sindicales durante el gobierno de Martín Torrijos perecieron al menos dos obreros a manos de agentes de la Policía Nacional (Frenadeso, 8 de junio de 2008).

Ante estas realidades incontrovertibles, en 2008-2009 muchas voces conscientes pidieron la unión de la oposición para evitar la continuidad del PRD, con la consecuente acentuación de la corrupción y la tendencia autoritaria. Sobre las bases señaladas, la expectativa era que un gobierno de la oposición sería menos corrupto y represivo que uno del PRD.

Al momento de emitir su voto, ninguno de los 952 mil 333 ciudadanos que respaldó en las urnas a la Alianza por el Cambio se hubiese imaginado que, a poco más de un año en el poder, el gobierno de esa coalición incorporaría a las filas estatales a entusiastas servidores de la dictadura, montaría un aparato de espionaje, anularía la separación de poderes, combatiría el periodismo independiente y reprimiría brutalmente unas protestas causadas por la ineptitud y arrogancia de funcionarios del propio gobierno, con deplorable saldo de muertos y heridos.

Ninguno de los miles de civilistas que apoyó a Martinelli y produjo su triunfo se hubiese imaginado jamás que una administración compuesta por individuos que lucharon contra el régimen militar ejecutaría una sanguinaria jornada de represión en el 23 aniversario del “Viernes Negro” de la dictadura.

Por la mente de ninguno de los miles de panameñistas que favorecieron con su voto a la Alianza por el Cambio hubiese pasado jamás que la cúpula de un partido reprimido y perseguido a lo largo de su historia sería cómplice de violaciones a los derechos humanos como las que se suscitaron hace unos días en Bocas del Toro.

Urge que el gobierno nacional, elegido por una mayoría de votantes que exigía y esperaba menos autoritarismo y corrupción en el ejercicio del poder, corrija su rumbo, antes de que sus acciones conduzcan a escenarios de desobediencia civil y violencia social.

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Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Reflexión y tolerancia ante la crisis

La opinión del Periodista….

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GARRITT  GENETEAU


Históricamente los gobiernos han afrontado serios problemas con las bananeras de Chiriquí y Bocas del Toro. No es la primera vez que ocurren derramamientos de sangre con motivo de las protestas de los obreros del banano. Las compañías norteamericanas que explotan ese recurso natural han llegado hasta el extremo de provocar guerras tanto en Panamá como en otros países centroamericanos.

Tenemos los ejemplos de la Guerra de Coto, conflictos civiles en Guatemala, Honduras y Nicaragua donde han derrocado presidentes para instaurar títeres con el apoyo de las bayonetas gringas. Sería largo enumerar los conflictos que los pueblos centroamericanos han tenido que lamentar a lo largo del siglo XX.

Los sucesos acaecidos recientemente pudieron evitarse si el gobierno de Ricardo Martinelli hubiera concertado la discusión de la Ley 30, que es muy lesiva para los intereses del sindicalismo nacional, y en particular para las dos regiones afectadas directamente. Al gobierno le faltó visión para prever los sangrientos enfrentamientos. Debió haber consultado con los sindicatos para llegar a un consenso.

Hay que recordar el sabio dicho que reza “es mejor un buen arreglo que un mal pleito”, como ocurrió en este caso. Olvidaron que el sindicato bananero ostenta una larga, combativa y honrosa lucha para el logro de mejores días para sus miembros. No se puede llevar a la industria del banano a la ruina, se requiere disponer intereses personales. Lo ocurrido en Puerto Armuelles fue un claro ejemplo de falta de diálogo.

El flamante defensor del Pueblo, Ricardo Vargas, mostró como siempre su desmaña y nulidad tras permitir el endurecimiento de la crisis cuando muy bien se pudo evitar la catástrofe en Bocas.

Hay que recordar que cuando el ex presidente Martín Torrijos quería imponer la Ley 17 para llevar a cabo reformas en el Seguro Social se dio cuenta de que la misma era impopular, pero el gobierno de entonces reflexionó y logró consensuar la Ley 5, que fue aceptada por los gremios.

De esta manera se evitó un derramamiento de sangre. ¿Por qué esperar a que la violencia se apodere de nuestras calles dejando ciegos y muertos, siempre los más humildes hijos del pueblo?

Llamamos la atención del presidente de la República, Ricardo Martinelli, para que sopese bien los pro y contra de sus decisiones y no actúe a la ligera, porque este apresuramiento no mediato puede traer consecuencias como las de Bocas del Toro, que todos estamos lamentando.

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Artículo publicado el  21 de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Triunfarás si perseveras y te motivas

La opinión de la Miembro del Club Rotario …

Marisín Villalaz de Arias

Los jóvenes deben aprender la perseverancia. La vida está llena de obstáculos que, a veces aparecen para salvarlos; otras veces los creamos nosotros inconscientemente, ya que pensamos que alguien quiere hacernos daño y busca trancarnos con trampa, el devenir diario. Cuando nos ponemos una meta, es lo único importante para llegar al fin con el triunfo. En cualquier competencia que entremos, nuestra mentalidad debe ser de triunfador; así mismo llevamos en la vida el reto de salir adelante, de primeros, como reyes de la situación en que nos encontremos.

Por otro lado, cuando pensamos en alguna circunstancia, muchos lo hacen sin motivación alguna. Y yo me pregunto: ¿qué hay después de ese pensamiento? Debe venir la acción para transformarla en la perseverancia para lograr el triunfo. Saber enfrentar cualquier adversidad no es suficiente porque si no repetimos las acciones con tesón, difícilmente alcanzaremos la meta que nos hemos impuesto. El positivismo nos ayuda a continuar adelante y no hablemos con la negación por delante. Si alguien pregunta por nuestra salud, aunque en ese momento sintamos un fuerte dolor, debemos sonreír y responder que estamos bien. La vida hay que vivirla con pasión, con una entrega total ya que, si dejamos las cosas a medias, seremos mediocres.   El triunfador, cuando finaliza una hazaña, ha lograr el triunfo. En cambio, el que pierde se conforma con pensar que estuvo a punto de lograrlo. Al contrario, como no siempre se puede ganar, analicemos cuál fue ese casi, ese detalle, el ligero empuje final que nos faltó para lograrlo y que, la próxima vez haremos un pequeño esfuerzo para ser el primero.

Debemos hacernos un autoanálisis cada vez que finalizamos un acto de nuestra vida, privando la conciencia y la honestidad de ser sinceros con nosotros mismos y concluir en qué consistió ese casi que no permitió el triunfo. Después, la perseverancia nos permitirá buscar nuestro porvenir que tendremos claro; comprenderemos que no esperamos sino que actuamos para lograr un triunfo. Es indispensable motivarnos en todo lo que queremos llevar a cabo porque sin la motivación no encontraremos el momento de empezar ni de continuar. Delante nuestro siempre habrá un reto y demos gracias a Dios que lo tenemos porque nos motivará a lograr el final y a tener algo por qué luchar para que la vida nos premie con lo mejor. Nuestra obligación es, primero con nosotros mismos, luego con los nuestros.

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Este artículo se publicó el  22  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde