¿Quién dio la orden?

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República….

MIREYA LASSO


Como secuela de los acontecimientos en Changuinola, que produjeron tanto dolor y lágrimas a las familias de las víctimas, también en el ambiente nacional han quedado interrogantes que merecen respuestas concretas y confiables.

El gobierno podrá brindar todo el apoyo económico, social y psicológico a los sobrevivientes y víctimas; podrá procurar la reconstrucción física de áreas afectadas, pero ese esfuerzo no será suficiente si deja por fuera el dilucidar, sin ambages ni reservas, la respuesta a dos preguntas: ¿Quién ordenó reprimir a los manifestantes? y ¿quién ordenó hacerlo de esa forma? Entiendo que los antimotines no tenían facultad para tomar esas decisiones por sí solos, porque, desde el ascenso del régimen democrático hace veinte años, la fuerza pública ha quedado supeditada a las autoridades civiles.

Este episodio me ha recordado una anécdota que varias veces le escuché al presidente Endara. No recuerdo el motivo exacto que originó una manifestación de protesta en Chiriquí organizada por un grupo de ciudadanos disgustados, quienes amenazaban con cerrar una carretera hacia las tierras altas. El jefe de policía de la provincia, impedido de actuar sin autorización civil, optó por recurrir al presidente de la República, en su carácter de jefe supremo de la fuerza pública. El presidente Endara, quien sufrió en carne propia las represiones arbitrarias del régimen militar, le indicó que debía notificar del incidente al alcalde del distrito, ponerse a sus órdenes y seguir estrictamente las instrucciones que emanaran de ese despacho. Cuál no fue la sorpresa del presidente cuando el jefe policial le respondió: ‘Pero, señor presidente, ¡el alcalde es quien encabeza la manifestación!’. En esas circunstancias, la máxima autoridad civil del país otorgó autorización al jefe policial, por teléfono y luego por escrito, para proceder a despejar la vía usando métodos persuasivos y disuasivos, incluyendo gases lacrimógenos a distancia, pero teniendo cuidado en evitar daños físicos a los manifestantes.  La vía se abrió al tránsito, el problema se ventiló en un ambiente distinto y la anécdota pudo ser relatada posteriormente con hilaridad.

En relación a su experiencia vivida cuando las Fuerzas de Defensa reprimían cuánto les vino en ganas con total desprecio a las autoridades civiles y el régimen militar se desbordaba en arbitrariedades y violaciones de los derechos humanos, escuché muchas veces al presidente Endara comentar que el nuevo gobierno tuvo especial cuidado en que la ley de la nueva policía dispusiera la total subordinación de la fuerza pública a la autoridad civil, imprimiéndole de esa manera el carácter de ‘agentes de la autoridad’. Años más tarde, como miembro de la Comisión Redactora de la Ley de la Policía Nacional en 1997, insistió en repetir el principio de subordinación para impedir la recurrencia de las aberraciones del pasado.

La orden de reprimir las manifestaciones en Changuinola solo pudo ser legítimamente emitida por una autoridad civil —local, distrital, provincial o nacional— como sucedió con el jefe policial chiricano años atrás, pero la manera lacerante como se ejecutó parece ser una orden especial recibida de sus superiores inmediatos por los antimotines. Se podría argumentar que las condiciones en Changuinola eran distintas a las de Chiriquí, donde no existió el grado de violencia alimentada acá por una enrarecida atmósfera de resentimiento y de antipatía por imposiciones consideradas inconsultas e injustas; pero los incidentes que pudimos observar en los medios y la impresionante cantidad de heridos en ojos y rostros, indican que no se empleó la prudencia debida para preservar la integridad de los manifestantes, aún en esas circunstancias críticas.

Lo cierto es que los hechos deben ser investigados sin contemplaciones para sancionar a los responsables, independientemente de su condición o jerarquía, y las causas deben ser puntualizadas para evitar su repetición mañana. Mientras cada uno intenta justificarse recriminando al otro, todos tenemos derecho a conocer quién ordenó disparar perdigones de metal a corta distancia en una acción que nos trae recuerdos funestos de una historia reciente.

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Este artículo fue publicado el  21 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

En este país lo ilegal se premia

La opinión del Economista, Humanista y Educador…….

VICTORIANO RODRÍGUEZ S.


Mientras se motiva al público a debatirse (en un divide y vencerás), buscando responsables de quienes iniciaron los problemas acaecidos recientemente en Bocas del Toro, centenares de heridos, ciegos y hasta algunos muertos, desdichadamente, pronto quedarán en el olvido.

Hace años venimos haciendo llamado a los gobiernos para dejar de aprobar leyes para beneficio o perjuicio de unos cuantos. Es necesario dejar expuesto que si los señores “dis-putados” no aprobaran leyes en la forma poco ética como algunas de ellas, la situación fuera diferente.

Históricamente, en la Asamblea Nacional (los “hooo… nooo…, rables”) olvidan que ellos representan al pueblo. Que en algún momento (cinco años o más) volverán a las comunidades y al igual que sus parientes o amigos pueden quedar perjudicados producto de leyes impuestas.

Es necesario recordar, médicamente, que nuestra existencia está basada en la lucha contra más de 12 millones de espermatozoides. Olvidan, algunos, que sin lucha no hay victoria. Que la disminución de la jornada laboral a ocho horas fue producto de las organizaciones laborales, así como las vacaciones, el XIII mes, y el respeto a la dignidad del trabajador, entre otras.

Lo preocupante de la situación de Bocas del Toro es la actuación del Ejecutivo, situación comparable con la conocida violencia intrafamiliar.   Téngase presente que el maltratador lástima o golpea a la víctima, después le pide perdón, aduciendo que no era su intención, pero a futuro su actitud es similar o peor, repitiendo el ciclo.

Lo lastimoso de ello es que, producto de sus acciones, los ministros que pudieran estar directamente involucrados en esta lluvia de perdigones, se mantienen en sus cargos como aquel que ha logrado los mayores beneficios para la población, el Estado.

Por otra parte, en otros ministerios y/o instituciones, ya se escucha de perversos actos de corrupción, situación que el señor Presidente dijo erradicaría de sus colaboradores y al igual que en Bocas del Toro, todo quedará en el olvido hasta que venga el próximo gobierno a percatarse que algunos entraron limpios y salieron millonarios.

En los pasillos se rumora del cierre permanente de la Universidad de Panamá, quizás con el insano propósito de congraciarse con el Ejecutivo y lograr de la Asamblea la aprobación de la reelección inmediata, lo cual a todas luces es ilegal, desdichadamente en este país lo ilegal se premia. Dios te salve Panamá.

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Artículo publicado el  x de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Petróleo en las huellas

La opinión de…

Stanley Heckadon–Moreno 

Panamá no es un país petrolero pero, por su ubicación, su Canal y las actividades vinculadas a la vía, está expuesto a derrames mayores y menores que afectan su naturaleza costera. Aquí recapitularemos el primer derrame en estudiarse científicamente.

Fue el 13 de diciembre de 1968. Según los marineros el 13 es mal día. Ese mes la brisa norte que trae el verano se inició temprano levantando marejadas y grandes olas que zarandeaban el viejo petrolero Witwater. Su carga, 20 mil barriles de diésel y bunker. A dos millas de la entrada caribe del Canal, la nave encalla, partiéndose en dos. En su proa quedan ocho mil barriles de aceite que escaparon a razón de 50 barriles diarios. El resto formó una gran mancha que la brisa empujó hacia isla Galeta, hogar del Laboratorio Marino de Punta Galeta. Por 15 años sus científicos estudiaban la naturaleza costera de Colón, estudios que sirvieron para comparar el estado de los arrecifes, manglares y corales antes, durante y después del naufragio.

Empujado por el oleaje y el viento el petróleo cubrió los arrecifes y playas en torno al laboratorio. Su personal y voluntarios de la armada estadounidense quemaron unos cinco mil barriles que quedaron en la playa y otra cantidad se succionó con bombas. Se logró eliminar la mitad del aceite. La otra mitad formó una capa flotante, de una pulgada de espesor, que las corrientes arrastraron por la costa.

Los fuertes vientos y olas mezclaron el petróleo con el agua salada, generando un rocío contaminante que cubrió la costa, los árboles y herbazales de la playa, hasta dos metros de altura. En dos meses, con el calor solar, la vegetación rociada había muerto. Sin árboles, el oleaje aceleró la erosión de los suelos. La especies que habitaban los charcos que deja la marea al bajar perecieron.

A salvo quedaron los arrecifes de aguas profundas, pues no tuvieron contacto con el aceite. También, los organismos que los habitan. Los corales expuestos en bajamar murieron.

Las olas arrojan millones de galones de agua a las playas cada día y la arena las filtra. Meses después, la fina arena de las playas aparentaba estar blanca y limpia. Pero, a una pulgada de profundidad, estaba saturada de aceite. Otro fenómeno fueron las corrientes subterráneas de agua, que mezclaban más el aceite con el agua salada. Esta emulsión penetraba cientos de metros tierra adentro, contaminando el subsuelo y reduciendo fauna que lo habita.

Los más afectados fueron los manglares. Vientos y mareas empujaron el petróleo hacia los esteros, cubriendo la arena y el lodo de los playones. Meses después, al caminar los científicos por los esteros, de cada pisada manaba petróleo a la superficie. Como los suelos de los manglares carecen de oxígeno, los mangles respiran con sus raíces. Cubiertos sus pulmones de aceite, los árboles murieron.  Sobre todo el mangle rojo y el negro, cuyas finas raicillas asemejan deditos que apenas sobresalen del suelo.   El aceite mató las semillas y mangles pequeños. Muertos los manglares, desaparecieron las criaturas que viven entre sus raíces. Los cangrejos perecieron primero. Se observaron garzas y aves marinas cubiertas de aceite y tortuguitas marinas muertas.

El Witwater ha debido servir como campanada para resaltar la importancia de la investigación científica a largo plazo y prepararse para futuros derrames. Pasó el tiempo y poco se hizo. El 27 de febrero de 1986, unos 240 mil barriles de petróleo escaparon de tanques en la refinería de bahía Las Minas. Fue el mayor derrame hasta entonces en el Caribe. Pero ese es tema de otro escrito. Ambos derrames petroleros son lecciones obligatorias para el país, ahora que se torna en epicentro de distribución de combustible, se ensancha el Canal y aumenta el número y dimensión de sus puertos.

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Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Expectativas frustradas

La opinión de…

Carlos Guevara Mann

El ejercicio del poder público en Panamá manifiesta ciertos rasgos negativos. Los más evidentes son la ineptitud o mediocridad administrativa, la corrupción institucionalizada y una tendencia autoritaria heredada de la dictadura militar. Al respecto, podemos establecer diferencias analíticas útiles –sobre bases fundamentadas– entre los distintos gobiernos posteriores a la invasión estadounidense de 1989.

La ineptitud y la corrupción son fenómenos difíciles de medir. Aun así existe, entre otros indicadores, el Índice de Percepción de la Corrupción, compilado por Transparencia Internacional y disponible para Panamá desde 2001 (http://www.transparency.org/).

La calificación promedio obtenida en los años de Mireya Moscoso fue de 3.5. En los años de Martín Torrijos, bajó a 3.3. En otras palabras, la percepción de corrupción, de por sí preocupante (cercana a 0, que indica percepción de alta corrupción), se acentuó bajo el más reciente gobierno del PRD.

El impulso autoritario, presente en todos los gobiernos, también es más evidente bajo las administraciones del PRD. Los gobiernos no-PRD mangonearon la función legislativa menos que las administraciones del partido de los cuarteles.

Por ejemplo, no asumieron facultades legislativas extraordinarias, abominable degeneración del sistema democrático, constitucionalizada mediante la ley fundamental impuesta por los militares en 1972 y mantenida felizmente desde entonces por el sector político. Los gobiernos del PRD las obtuvieron de una Asamblea complaciente en 1995, 1996, 1997, 1998, 1999, 2005, 2007 y 2008.

Las administraciones en que no intervino el PRD pretendieron menos control sobre los medios de comunicación.   El primer gobierno perredista siguiente a la invasión nombró un procurador que se dedicó a perseguir el periodismo independiente. En su afán de silenciar la crítica, el segundo gobierno perredista utilizó el presupuesto estatal como ninguno de sus predecesores, destinando a gastos de “publicidad” al menos 101 millones de balboas (La Prensa, 18 de julio de 2010).

Los gobiernos no-PRD evitaron nombrar a cercanos colaboradores de la dictadura, vinculados a graves violaciones a los derechos humanos, en cargos públicos de alta jerarquía. Y, aunque ciertamente reprimieron las protestas populares, sus actividades represivas no causaron la muerte de ningún manifestante.

Algo distinto ocurrió en 1995, cuando cuatro obreros murieron durante manifestaciones contra la política laboral del gobierno de Pérez Balladares (La Estrella de Panamá, 10 de mayo de 2010). En protestas sindicales durante el gobierno de Martín Torrijos perecieron al menos dos obreros a manos de agentes de la Policía Nacional (Frenadeso, 8 de junio de 2008).

Ante estas realidades incontrovertibles, en 2008-2009 muchas voces conscientes pidieron la unión de la oposición para evitar la continuidad del PRD, con la consecuente acentuación de la corrupción y la tendencia autoritaria. Sobre las bases señaladas, la expectativa era que un gobierno de la oposición sería menos corrupto y represivo que uno del PRD.

Al momento de emitir su voto, ninguno de los 952 mil 333 ciudadanos que respaldó en las urnas a la Alianza por el Cambio se hubiese imaginado que, a poco más de un año en el poder, el gobierno de esa coalición incorporaría a las filas estatales a entusiastas servidores de la dictadura, montaría un aparato de espionaje, anularía la separación de poderes, combatiría el periodismo independiente y reprimiría brutalmente unas protestas causadas por la ineptitud y arrogancia de funcionarios del propio gobierno, con deplorable saldo de muertos y heridos.

Ninguno de los miles de civilistas que apoyó a Martinelli y produjo su triunfo se hubiese imaginado jamás que una administración compuesta por individuos que lucharon contra el régimen militar ejecutaría una sanguinaria jornada de represión en el 23 aniversario del “Viernes Negro” de la dictadura.

Por la mente de ninguno de los miles de panameñistas que favorecieron con su voto a la Alianza por el Cambio hubiese pasado jamás que la cúpula de un partido reprimido y perseguido a lo largo de su historia sería cómplice de violaciones a los derechos humanos como las que se suscitaron hace unos días en Bocas del Toro.

Urge que el gobierno nacional, elegido por una mayoría de votantes que exigía y esperaba menos autoritarismo y corrupción en el ejercicio del poder, corrija su rumbo, antes de que sus acciones conduzcan a escenarios de desobediencia civil y violencia social.

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Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Reflexión y tolerancia ante la crisis

La opinión del Periodista….

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GARRITT  GENETEAU


Históricamente los gobiernos han afrontado serios problemas con las bananeras de Chiriquí y Bocas del Toro. No es la primera vez que ocurren derramamientos de sangre con motivo de las protestas de los obreros del banano. Las compañías norteamericanas que explotan ese recurso natural han llegado hasta el extremo de provocar guerras tanto en Panamá como en otros países centroamericanos.

Tenemos los ejemplos de la Guerra de Coto, conflictos civiles en Guatemala, Honduras y Nicaragua donde han derrocado presidentes para instaurar títeres con el apoyo de las bayonetas gringas. Sería largo enumerar los conflictos que los pueblos centroamericanos han tenido que lamentar a lo largo del siglo XX.

Los sucesos acaecidos recientemente pudieron evitarse si el gobierno de Ricardo Martinelli hubiera concertado la discusión de la Ley 30, que es muy lesiva para los intereses del sindicalismo nacional, y en particular para las dos regiones afectadas directamente. Al gobierno le faltó visión para prever los sangrientos enfrentamientos. Debió haber consultado con los sindicatos para llegar a un consenso.

Hay que recordar el sabio dicho que reza “es mejor un buen arreglo que un mal pleito”, como ocurrió en este caso. Olvidaron que el sindicato bananero ostenta una larga, combativa y honrosa lucha para el logro de mejores días para sus miembros. No se puede llevar a la industria del banano a la ruina, se requiere disponer intereses personales. Lo ocurrido en Puerto Armuelles fue un claro ejemplo de falta de diálogo.

El flamante defensor del Pueblo, Ricardo Vargas, mostró como siempre su desmaña y nulidad tras permitir el endurecimiento de la crisis cuando muy bien se pudo evitar la catástrofe en Bocas.

Hay que recordar que cuando el ex presidente Martín Torrijos quería imponer la Ley 17 para llevar a cabo reformas en el Seguro Social se dio cuenta de que la misma era impopular, pero el gobierno de entonces reflexionó y logró consensuar la Ley 5, que fue aceptada por los gremios.

De esta manera se evitó un derramamiento de sangre. ¿Por qué esperar a que la violencia se apodere de nuestras calles dejando ciegos y muertos, siempre los más humildes hijos del pueblo?

Llamamos la atención del presidente de la República, Ricardo Martinelli, para que sopese bien los pro y contra de sus decisiones y no actúe a la ligera, porque este apresuramiento no mediato puede traer consecuencias como las de Bocas del Toro, que todos estamos lamentando.

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Artículo publicado el  21 de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Triunfarás si perseveras y te motivas

La opinión de la Miembro del Club Rotario …

Marisín Villalaz de Arias

Los jóvenes deben aprender la perseverancia. La vida está llena de obstáculos que, a veces aparecen para salvarlos; otras veces los creamos nosotros inconscientemente, ya que pensamos que alguien quiere hacernos daño y busca trancarnos con trampa, el devenir diario. Cuando nos ponemos una meta, es lo único importante para llegar al fin con el triunfo. En cualquier competencia que entremos, nuestra mentalidad debe ser de triunfador; así mismo llevamos en la vida el reto de salir adelante, de primeros, como reyes de la situación en que nos encontremos.

Por otro lado, cuando pensamos en alguna circunstancia, muchos lo hacen sin motivación alguna. Y yo me pregunto: ¿qué hay después de ese pensamiento? Debe venir la acción para transformarla en la perseverancia para lograr el triunfo. Saber enfrentar cualquier adversidad no es suficiente porque si no repetimos las acciones con tesón, difícilmente alcanzaremos la meta que nos hemos impuesto. El positivismo nos ayuda a continuar adelante y no hablemos con la negación por delante. Si alguien pregunta por nuestra salud, aunque en ese momento sintamos un fuerte dolor, debemos sonreír y responder que estamos bien. La vida hay que vivirla con pasión, con una entrega total ya que, si dejamos las cosas a medias, seremos mediocres.   El triunfador, cuando finaliza una hazaña, ha lograr el triunfo. En cambio, el que pierde se conforma con pensar que estuvo a punto de lograrlo. Al contrario, como no siempre se puede ganar, analicemos cuál fue ese casi, ese detalle, el ligero empuje final que nos faltó para lograrlo y que, la próxima vez haremos un pequeño esfuerzo para ser el primero.

Debemos hacernos un autoanálisis cada vez que finalizamos un acto de nuestra vida, privando la conciencia y la honestidad de ser sinceros con nosotros mismos y concluir en qué consistió ese casi que no permitió el triunfo. Después, la perseverancia nos permitirá buscar nuestro porvenir que tendremos claro; comprenderemos que no esperamos sino que actuamos para lograr un triunfo. Es indispensable motivarnos en todo lo que queremos llevar a cabo porque sin la motivación no encontraremos el momento de empezar ni de continuar. Delante nuestro siempre habrá un reto y demos gracias a Dios que lo tenemos porque nos motivará a lograr el final y a tener algo por qué luchar para que la vida nos premie con lo mejor. Nuestra obligación es, primero con nosotros mismos, luego con los nuestros.

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Este artículo se publicó el  22  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde

Coiba, seis años después

La opinión de….

ISIS  PINTO

Los retos y desafíos de esta reserva natural exigen esfuerzo, dedicación y compromiso

El 26 de julio es una fecha muy especial para Panamá: ese día, en el 2004, la Isla de Coiba fue declarada Parque Nacional mediante Ley No. 44 elevando su fundamentación jurídica a rango superior al establecido previamente, por la Resolución JD 021 de 17 de diciembre de 1991. Posteriormente, en el año 2005, la UNESCO reconoció al Parque como Sitio de Patrimonio Mundial Natural, lográndose cautivar los ojos del mundo al difundir ver maravillas naturales e históricas.

Esta exposición también nos trazó un reto a los panameños, fortalecer la gestión del área marina protegida más grande de Panamá para que sea comparable con otros parques marinos reconocidos internacionalmente por su gestión ejemplar.

Han pasado 6 años y ya se pueden citar algunos avances como: 1) un completo plan de manejo cuyo proceso dejó capacidad instalada en las autoridades, universidades, organizaciones ambientales y comunidades participantes, 2) se ha destinado un fondo estatal permanente para realizar investigaciones en Coiba y otras organizaciones han financiado más de 3 estudios científicos cuyos resultados contribuirán a mejorar la toma de decisión para la gestión del Parque, 3) participación de las autoridades en diversos encuentros internacionales para intercambio de experiencias en áreas marinas protegidas, 4) se ha recibido apoyo financiero que aporta a la gestión de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) en el Parque, 5) las comunidades más cercanas al Parque han ampliado su conocimiento sobre ésta área marina protegida y la importancia de proteger los recursos naturales, 6) se ha conformado la primera red de turismo rural ‘Aventuras Rurales del Golfo de Chiriquí (ARUG)’ conformado por 40 personas de las comunidades que ofrece servicios de ecoturismo en la zona generando ingresos para el sustento de sus familias, 7) se refuerzan los patrullajes realizados por ANAM en colaboración con MarViva, 8) se ha incrementado la cantidad de visitantes que llegan a Coiba (aprox. 4000 a 7000 personas al año) lo que genera empleo para los operadores de turismo y prestadores de servicio. No obstante, aún queda mucho por hacer y no es un trabajo solamente del Gobierno sino de todos los involucrados en esta gestión.

Las expectativas generadas para esta área marina protegida son muy altas, tanto a nivel nacional como internacional. Para cumplir con este reto Coiba requiere el nombramiento de 40 guardaparques certificados, establecer 5 puestos de control en puntos estratégicos del Parque, dotarse de lanchas y equipos para las labores de vigilancia, implementar el plan pesquero y sus respectivos monitoreo biológicos, brindarle mantenimiento adecuado a los senderos terrestres existentes y abrir otros (marinos y terrestres) para ofertar a los visitantes, implementar el plan de autofinanciamiento del Parque, retirar el ganado en soltura, incorporar a las comunidades en la conservación al mismo tiempo que se le permita ofertar sus servicios para el patrimonio y áreas aledañas.

La Fundación MarViva además de colaborar en las labores de patrullaje que realiza la ANAM, trabaja en 6 comunidades de Veraguas y Chiriquí aledañas a la reserva, formando microempresarios locales y promoviendo en ellos el uso sostenible de sus recursos.

Para lograrlo cuenta con el programa de Comunidades, Comunicaciones e Incidencia Política que trabajan de la mano con las instituciones y autoridades locales, que para este año darán inicio a varios proyectos innovadores que fortalecerán la gobernanza, la oferta turística y pesquera artesanal, al tiempo que promoverán la conservación y aprovechamiento sostenible de los recursos costeros marinos.

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Este artículo fue publicado el  22 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La gran huelga o la gran flauta

La opinión de…

Guillermo Sánchez Borbón 

Después de que me alejé del conflicto bananero de Bocas del Toro, en 1960, se creó una situación sobremanera peligrosa: una gran masa de trabajadores al garete, sin dirección ni rumbo.   Afortunadamente, en ese preciso momento aparecieron tres personas que le imprimieron rumbo al movimiento: Serracín, Binns y Schuverer (no estoy muy seguro de la ortografía de los nombres. Hace tiempo doné mi biblioteca a una institución cultural, y ahora no tengo cómo verificar la ortografía correcta de las personas nombradas.

De antemano pido excusas a ellos y al lector por cualquier incorrección en que haya incurrido). Los tres jóvenes le imprimieron dirección y liderazgo al movimiento cuando más falta le hacía; pero ambos carecían de know how sindical cuando –sobre todo al principio– más falta hacía.   Luego cometieron un error imputable a la falta de experiencia, o a la ambición.   Se postularon como candidatos a diputados para las venideras elecciones.   Sacaron muchos votos, pero los tres personajes terminaron peleados a muerte entre sí y no volvieron a hablarse.   Ignoro por qué fue el pleito entre ellos, pero me lo imagino.

Hubo otras huelgas con el correr del tiempo, pero todas se resolvieron pacíficamente. Bastó que cada una de las partes cediera un poco. En ninguno de los conflictos se derramó ni una gota de sangre, porque no peleaban grandes principios sino intereses económicos, sobre los cuales resulta más fácil llegar a un acuerdo que cuando la lucha gira en torno de sonoras abstracciones. Es más fácil convencer a alguien de que pague tres centavos en vez de dos, que persuadirlo de que el cielo está –o no está– empedrado de buenas intenciones.   Hubo otros conflictos, algunos de ellos muy acalorados, pero en ninguno de ellos se derramó una sola gota de sangre.

Y ahora sí, vengamos al tema. Cuando leí la obra maestra del teólogo Martinelli, me llevé las manos a la cabeza. ¿A quién se le habrá ocurrido esta estupidez criminal?, me pregunté aterrado.   La respuesta es obvia: al mismo Martinelli o a cualquiera de sus acólitos o amanuenses (Gustavo Pérez, Mulino (no Mussolini), Alma (no caritativa) Cortés, siguiendo instrucciones de su jefe.

Avanti.   De La Prensa del 17 de julio copio: “el Gobierno asumió su culpa. Anoche el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, admitió que hubo fallas en el manejo de la crisis de Bocas del Toro que dejó dos víctimas fatales y más de 200 heridos la semana pasada”. Otra falla de la misma naturaleza y dejan a la provincia tan despoblada como la encontró Colón. “Lamentamos lo sucedido en la provincia de Bocas del Toro”.

¿Entonces por qué lo provocaron? ¿O es que se imaginan que alguien en su sano juicio va a tragarse el grosero cuento de que los policías, por su propia cuenta e iniciativa, se trasladaron a Bocas del Toro con el único fin de agredir a los obreros que por pura casualidad estaban en el lugar de los hechos?   La lógica indica que no estaban en el lugar de los hechos por pura casualidad, sino que fueron enviados por sus jefes expresamente para agredir a los trabajadores. ¿Es que nos creen tan idiotas como su jefe? Todos los panameños exigimos que se haga justicia, una justicia que castigue ejemplarmente a los únicos culpables: los que ordenaron este acto criminal y lo ejecutaron.

Pero la obra maestra de esta sucesión de imbecilidades es la siguiente: “el subcomisionado de la estación de Policía de Bocas del Toro, Didier de Gracia, aseguró que los disparos llegaron a los ojos de los manifestantes porque muchos se agachaban a recoger piedras o bombas, muchas de ellas lacrimógenas para apagarlas en un tanque con agua, o que se agachaban para cubrirse, lo que los ponía a nivel de los disparos de la Policía”. O sea, que los abaleados son los únicos culpables por desquitarse de las balas, en vez de correr hacia ellas como machos. Cada día aprende uno algo nuevo.

En la octava página del mismo diario tropiezo con este titular: “Crisis deja 52 heridos en los ojos”. ¿Cuántos de ellos quedarán ciegos de por vida? ¿Cómo harán para ganarse la vida de ahora en adelante? ¿O eso no es asunto que le quite el sueño al ilustrado gobierno que nos gastamos?  ¡El Señor nos coja a todos confesados!

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Este artículo se publicó el 22 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Changuinola, la primera derrota

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

DEMETRIO  OLACIREGUI

‘ La matanza de sus conciudadanos, la traición de sus amigos,  su absoluta falta de fe, de humanidad y religión, son ciertamente medios con los que uno puede adquirir el imperio, pero no adquiere con ellos ninguna gloria’.   Maquiavelo.

Los campesinos e indígenas bocatoreños dieron un ejemplo de dignidad y valentía a todo el país y lograron derrotar el engaño y el miedo que emplea el presidente Ricardo Martinelli como instrumentos para ejercer el poder. En un balance político, la masacre de Changuinola significó una derrota, la noche negra, del gobernante panameño.   Ofuscado, sin poder salir de su estupor, Martinelli fue testigo de una descarnada realidad que jamás imaginó.

El admirable sueño de cinco años de gobierno, que inició con un aplastante triunfo electoral, comienza a eclipsarse, a extinguirse en forma prematura.   Martinelli vive su mala hora, su derrota política a manos de quienes su gobierno calificó como indios ignorantes, borrachos, vagos y malhechores.

Más allá del carácter cínico de su visita a Changuinola, Martinelli le debe una explicación sincera y sin ambages al país.   La Asamblea Ciudadana, conformada por 80 organizaciones civiles, la Defensoría del Pueblo, organismos de derechos humanos nacionales e interamericanos han documentado las atrocidades cometidas por el gobierno contra los bocatoreños.   Los hechos demuestran que la Policía recibió órdenes de disparar con saña, contra todo lo que se movía, incluyendo niños, mujeres y ciudadanos indefensos.   Lo ocurrido no tiene nada de accidental. Fue planificado como un castigo ejemplar para atemorizar al movimiento sindical. Una comisión independiente que establezca las responsabilidades penales y civiles, incluyendo posibles delitos de lesa humanidad, debe investigar los hechos y entregar un informe imparcial en un plazo perentorio.

Con lo ocurrido en Changuinola la sociedad panameña se ha despertado del falso exitismo de la multimillonaria propaganda oficial que satura y abruma.   Ese mismo colectivo nacional reconoce que la Ley 30, contra la que lucharon los bocatoreños, es un adefesio inconstitucional que debe ser derogado, porque atenta contra derechos humanos fundamentales.

Líderes sindicales lo han llamado ‘el carnicero de Changuinola’ y son pocos los que creen en la sinceridad del mea culpa de Martinelli.    Solo hay que recordar que en forma locuaz dijo que ‘se le fue la mano en pollo’, banalizando así hechos tan dramáticos como desgarradores. Y desnudando el racismo, la discriminación y la intolerancia hacia la población bocatoreña.

Ni los bocatoreños, ni el colectivo nacional, aceptan las declaraciones de arrepentimiento de Martinelli, porque no van acompañadas de una renuncia a sus expresiones y gestos de odio y rencor.   Su cinismo se encierra en cosas elementales.

Le es imposible abandonar el doble discurso y el falseamiento de la realidad, pues son las herramientas predilectas con las que adultera los hechos. Esperar que respete los derechos humanos y las libertares cívicas, es otro imposible, porque ha hecho de su violación sistemática una de sus banderas.

Martinelli ha sumido al país en una especie de montaña rusa.   Ha impregnado el ambiente de un ánimo variable con una velocidad tal que lo que hoy son promesas del paraíso, mañana se convierten en un infierno. Las subidas y bajadas vertiginosas provocan más decepciones que expectativas.

Tras la represión y muerte en Changuinola, la estabilidad social ha saltado por los aires. Es una tragedia para el país que la voluntad cambiante de Martinelli sea la que conduzca sus acciones políticas.  En la noche ordena represión y en la mañana promete indemnizar a las víctimas. Habla públicamente de diálogo y mantiene la persecución judicial, fiscal y policial contra sus adversarios.

Martinelli puede ordenar reprimir a manifestantes, con saldo de muertos y heridos, muchos ciegos de por vida, puede perseguir y espiar a sus adversarios sin orden judicial, puede mentir y engañar a la población, pero de ahora en adelante deberá sopesar cada uno de sus actos, si no quiere colocarse en la mira de nuevas derrotas políticas con su secuela de descrédito e impopularidad.

En días pasados el Panamá América se preguntaba en uno de sus editoriales: ‘¿Tiene el presidente la capacidad de corregir errores, de enmendar prácticas contrarias a la Constitución, instalar un discurso democrático de respeto a los adversarios y opositores, y retomar la senda que le marcó el electorado el año pasado? ¿O seguirá la democracia panameña a la deriva?’.

Esas preguntas interpelan a un gobierno que carece de respuestas, condenado a vivir cada vez con márgenes más cuestionados de poder y confinado al recurso último de agredir, reprimir, encarcelar y asesinar a sus adversarios, medios que históricamente solo conducen a mayores derrotas.

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Este artículo fue publicado el  22 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Aprendizaje: El ‘perpetuum mobile’

La opinión del Profesor y Arquitecto….

ALCIBÍADES ATENCIO C.

Leonardo Da Vinci también buscó afanosamente al utópico perpetuum mobiles: mecanismo capaz de generar su propia energía para moverse perpetuamente sin otra ayuda. Vg. un motor eléctrico a baterías, una vez en movimiento este motor moverá dinamos que recargan las baterías manteniendo el equilibrio entre electricidad consumida y regenerada. Simplemente es imposible, sin embargo, esa prodigiosa máquina existe en nosotros.

Es el proceso de aprendizaje, donde la energía inicial que mueve al motor (cerebro) es el conocimiento adquirido previamente, el cual al ser analizado por la razón crítica (dinamo) recarga la batería (memoria) con nuevos conocimientos. He aquí la importancia del razonamiento crítico, al permitirnos analizar los conocimientos y experiencias previas para crearnos nuestros nuevos conocimientos. Lamentablemente, nuestro sistema educativo es memorístico, tal como transferimos información de disquete a disquete, conocimientos que serán herramientas para resolver problemas cotidianos, pero al enfrentar problemas inesperados el atrofiamiento del razonamiento crítico impide crear alternativas.

Hay fenómenos físicos que afectan a las máquinas, similares a los que afectan el aprendizaje, y puedo hacer mil analogías entre mecánica y aprendizaje, resaltando siempre la importancia del estudiante como eje del sistema educativo.

Estudiante o fórmula uno (F1): Debe ser sometido a prueba, donde el educador sea la pista ideal para que el F1 demuestre su velocidad y estabilidad en la pista, de lo contrario estaremos destruyéndolo sin poder evaluarlo. Los desertores y fracasados escolares son chatarras de F1, que pudieron ser exitosos corredores, pero la pistas fallaron.

Estudiante o proyectil disparado verticalmente: La altura lograda será directamente proporcional a la velocidad inicial de salida. Es decir, ‘los logros académicos dependen directamente de la capacidad del maestro como salida inicial’, con una educación primaria deficiente, sin duda, el cuerpo docente secundarios mal emparapetado frenará más la poca velocidad que trae el estudiante, impidiéndole lograr la altura correspondiente a su talento, produciendo ciudadanos mediocres que serán padres, y algunos serán educadores o políticos, manteniendo el círculo vicioso.

Estudiante o resistencia: Muchos son rebeldes sin causas, ofrecen resistencia al aprendizaje, ven al educador como enemigo tratando de penetrar en su mundo, es el caso del jet supersónico (educador) y la resistencia del aire (estudiante), cuando el jet alcanza velocidad supersónica, el aire oprimido produce una explosión, capaz de destruir a cualquier burdo avión. Lamentablemente entre el encuentro del estudiante y un burdo educador se destruye es al estudiante. El educador debe ser absolutamente idóneo (bien perfilado como jet para romper la resistencia del estudiante sin causarle daño).

Quizás mis conceptos sean bien conocidos en Finlandia, donde solo confían la educación a educadores elite de elite, mientras en Panamá, gobiernos y dirigentes gremiales, protegen un funesto mercado negro de diplomas y seminarios falsos, nombramientos políticos y por coimas a ignorantes en perjuicio del estudiantado, el educador idóneo se convierte en un Miserable Ilustrado, suplicando por una vacante. Patentizo con los reportajes ‘Denuncian favoritismo en vacantes’, La Prensa, 11-3-2005, de Sady T y Elsa M, donde la foto muestra profesoras sentadas en el piso esperando el milagro de ser nombradas.

Una educadora se lamenta ‘mis 40 puntos pierden contra 11 puntos’; la educadora Aleyda García con tres licenciaturas, denuncia: ‘En la Junta de Selección me aconsejaron poner una venta de tortillas’. Reportaje ‘El gasto no refleja el aprendizaje’, 15 -1-2010 de U. Molina, habla de los ‘cursos cursis’, hechos que vengo denunciando hace años, lo cual es producto de la corrupción al nombrar a cualquier ignorante como educador y luego dizque lo capacitan con cursos cursis, lo que también es corrupción, pues cuesta millones al Estado y jamás se supervisa qué hacen estos farsantes con el estudiantado. Entonces, urge implementar una ley inviolable: Solo estudiará para maestro el graduado de premedia con índice mayor de 4.5. Solo estudiará para educador de secundaria el licenciado/a con índice mayor de 2.0.

Otro ejemplo de complicidad es: Advertí a Andrés Rodríguez ‘voy a denunciar dos nombramientos fraudulentos’, respondió ’no denuncie’. Creí mi deber proteger los intereses del estudiantado y denuncié, por esto fui injuriado y destituido del MEDUCA, le dije ‘Andrés, ayúdame’, contestó, ‘le dije que no denunciara’. Pagaré con mi vida este acto heroico, porque nadie quiere ver la infamia cometida por el MEDUCA contra mí. Soy víctima del desprestigio del docente ante la sociedad, gracias a una vergonzosa dirigencia gremial, que ignora los intereses del estudiantado.

Con qué moral estos gremios piden aumento, si aupan la infamia contra el estudiantado y con esta actitud cómplice denigran a educadores idóneos, dignos de respeto y de un salario mínimo de $1000 mensuales, el cual sería sustentado en rigurosas pruebas de conocimientos, inteligencia y habilidad para educar y eliminar al farsante, pero si demuestra inteligencia y vocación (habilidad), se suspenda del cargo garantizándole el reingreso cuando sea especialista en la cátedra asignada.

Nuestros estudiantes son metales preciosos para forjar joyas invaluables, no barro para que ignorantes practiquen con ellos el difícil arte de orfebre (enseñar.)

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Este artículo fue publicado el  22 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De puentes sociales y la construcción del equilibrio

La opinión del Abogado…

Ramiro Guerra Morales 

Hace algunos meses escribía que los estados y el ejercicio del poder, en democracia, ineludiblemente demandaban de redes de intermediación e interlocución societaria para conocer con grados de aproximación importante, por donde camina el sentimiento y la conciencia de esa categoría trascendental que -en la ciencia política- denominamos como pueblo; que en nuestra sociedades asume formas colectivas de organización que son tenidas como interlocutorias de los sentimientos y problemas de aquel, y que en todo estado que se aprecie de democrático, resultan importantes para procurar políticas públicas dialogadas y mayormente consensuadas.

Lo anterior viene como anillo al dedo, cuando observo en el país, la tendencia que ha venido dando cuenta de un alejamiento de los que administran el poder político del resto de esas colectividades u organizaciones que sienten que no se les toma en cuenta y en el peor de los casos, se les subestima y hasta menosprecia. Lo grave de todo esto es que suele justificarse con argumentos fácil de refutar. Los estrategas políticos no han sabido distinguir que una cosa fue el procedimiento y la forma que -en campaña electoral- le aseguró la victoria y otra, el procedimiento y la forma para gobernar. En la primera, mayor peso tienen los individuos y en el segundo, se impone la interlocución y los recursos de mediación social. En Latinoamérica la dirección en una de esta vía o la otra, muchas veces ha marcado la diferencia, los grados y la intensidad de los conflictos sociales.

Somos del criterio que la crisis de Changuinola no hay que observarla como simplemente un estallido social focalizado o localizado, sin rango de magnitud nacional; sería un error mirarlo desde esta perspectivas.   El mismo envió clara señales en cuanto a la forma y el método de conducir la nave del estado y su relación con la sociedad. Este es el asunto de fondo que habrá de concitar la atención de los gobernantes. La crisis no tuvo nada que ver con si se falló en la información o que los voceros o los relacionistas públicos, se quedaron cortos.  Se subestimó el diálogo y la consulta de una ley que por los aspectos que contiene, resultaba de alta sensibilidad y voltaje para los actores sociales involucrados, dada su afectación.

El señor presidente, Lic. Martinelli, creo que es consciente, que los efectos de la situación vivida en Bocas del Toro, tendrá su repercusiones a lo interno de la gobernabilidad.   Como producto del balance y la autocrítica se habrán que producir algunos reacomodos y enfoques en torno a forma y procedimiento, y ello es normal que se haga, ya que de la crisis también se aprende a corregir y subsanar errores.

Lo sucedido en Bocas del Toro hay que evitar que vuelva ocurrir; en democracia, si es posible construir la paz y vivir en tolerancia. Panamá cuenta con todas las condiciones para que prime el sosiego y el equilibrio social. En ese sentido a construir puente sociales y los procedimientos para que funciones la interlocución social.

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Este artículo se publicó el  22  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.