Distinguido huésped

La opinión de…

Mario Velásquez Chizmar 

El Palacio de las Garzas tiene sustancias soporíferas e hipnóticas.   Todo es arribar al solio presidencial, para disminuir entusiasmo y visualizar espejismos.   La prueba irrefutable es un hecho notorio repetitivo: la barba crece y se suda en exceso, sólo el clamor popular mantiene el mismo tono de timbre vespertino, hoy tinto en sangre. Estructura de contradictoria codicia: atrae ciertas personalidades y ahuyenta a otras. Unos prefieren la seguridad de sus paredes, su olor a marismas y albas volátiles; otros, los que temen a su embrujo, coinciden en que hacer reuniones fuera de Palacio alivia y en que quitarse la corbata aligera la carga.

Entrambos, lo mismo. Ya con timidez, labrada e intencional, o con espectáculos de machismo trasnochado, ambas corrientes acrecientan riquezas al poderoso. ¡Pobres los asalariados, marginados e independientes! El actual gobierno responde con absoluta fidelidad a este principio. Lo hace combinándolo con una publicidad engañosa, pero de primerísima calidad.

Todavía muy popular, a pesar de haber usado su poder para encarecer la vida, limitar los derechos constitucionales, degenerar el sistema jurídico, promover abusos policiales, provocar intranquilidad social, cercenar conquistas laborales, derramar petróleo sobre los avances en materia ambiental, enredarnos en una multimillonaria compra de carreteras que no le costarían al pueblo, vender como valores sociales las decadentes prácticas del transfuguismo y la deslealtad, debilitar la institucionalidad, acostumbrarnos a la inseguridad ciudadana y retroceder en políticas internacionales. ¡Volvieron a sus andanzas aquellos que creíamos congelados! ¡Y faltan cuatro años!

Varios condujeron al PRD al sótano de la popularidad y así triunfó el sonido de la flauta embaucadora, mimetizada con la promesa del cambio. Aun a lo interno del PRD insisten repetir las mismas caras o personajes con los mismos defectos.   Respeten la memoria de Omar Torrijos. No hay más quinta frontera para ganar electores. Nuestro discurso práctico es la democracia. Dejen de llorar al viejo. Rescatemos su ejemplo como líder natural en la lucha por lograr la ampliación del espectro social de beneficiados del desarrollo. Darnos el lujo de perder otra vez es traicionar al pueblo y a Omar. Perderemos otra vez con caras viejas o maquilladas.

Este pueblo, que con razón se decepciona más y más de los autonombrados paladines del cambio, merece un líder inmune al hechizo de Palacio, que de una vez por todas realice el anhelo de una sociedad próspera y segura para la integridad física, honra y bienes de los ciudadanos. Parece imposible un gobierno creador, eficaz al armonizar las distintas fuerzas sociales para convertirlas en garantía de la continuidad del bienestar y el crecimiento.

¡Ahora le toca al pueblo echarse a un lado! Por eso los perdigonazos a los ojos y los celulares que después ellos mismos regalaron. El pueblo está enviando un alto y claro mensaje de hastío. No quiere volver a esquemas superados. El conjuro del cambio condenó a este pueblo a vivir malos ratos hasta el año 2014. Si en este contexto el PRD quiere ser una verdadera opción, tendrá que proponer al Palacio de las Garzas a un lúcido, orientado, despierto y distinguido huésped.

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Este artículo se publicó el 18 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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