Sin placas no hay paraíso

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

.

MARIELA SAGEL

Panamá se está distinguiendo, de entre todos los países del mundo, por carecer de placas de circulación o identificación vehicular. En buen panameño, si un conductor comete un delito, no hay manera de rastrear el auto, a menos que los sofisticados sistemas de seguridad del Estado ya tengan un GPS instalado —sin nuestro conocimiento— en nuestras licencias o cualquier otro dispositivo.

Las placas son responsabilidad del Municipio y, según he investigado, la gestión anterior dejó la casa en orden para que todos tuviéramos esa identificación que hace unos años, por decisión de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, nos clavó con una imagen de un sistema de transporte que nunca llegó a realizarse. Es muy peligroso no tener esa identificación y no todos mostramos el papel que nos da la autoridad competente en la ventana del auto, mucho menos los agentes se toman la molestia de verificarlo.

El burgomaestre, que ya no puede ir más abajo en las encuestas de aceptación entre sus propios electores, porque tendría que ser submarino para hacerlo, ante la botada que le dio el presidente, descubrió, ¡oh sorpresa! después de un año, que su antecesor le había dejado, supuestamente ‘las arcas vacías’.   Eso quiere decir, para la gente medianamente inteligente, que por un año el tipo no miró ni lo que había recibido, ni mucho menos hizo su trabajo.   Quiso romper un record Guinness en la Cinta Costera y la convirtió en una sucursal de Cerro Patacón. Adjudicó casi un millón de dólares en consultorías que, honestamente, cuando veo los nombres de los beneficiados, podría decirle al oído, no me ayudes compadre.

Su renuencia a renunciar se convirtió en cinismo, que ya ni siquiera da risa, sino que ofende. Lo que se muestra en su acto de aferrarse al puesto contra todo y contra todos es el desmembramiento del partido que lo postuló, que lo nacionalizó y que ahora lo quiere reemplazar sin perder el espacio, porque sabe que el avasallamiento del disco compacto que le viene va a ser peor que una aplanadora y quedará fuera de la papa.

A estas alturas del partido, aferrarse a la excusa que no se tenía experiencia en el manejo público es un atrevimiento. En la Alcaldía de la Ciudad Capital se ha registrado el 10% de los despidos masivos que se han dado en el gobierno, especialmente en puestos que no son los gerenciales, —mismos que ahora el alcalde ha pedido sus renuncias—, personas con gran experiencia en la gestión municipal, que tanta falta hace.

En una caricatura se mostraba al alcalde con varias patas, como el pulpo Paul, haciendo ver que no tenía suficientes para meterlas todas y creo que se quedó corto el autor de la misma.   La Alcaldía capitalina se le entregó mediante una transición ejemplar, sistemática y, sobre todo, electrónica, donde todo estaba registrado; y eso fue hace más de un año y por espacio de dos meses, donde hubo abrazos y manifestaciones de apoyo de parte y parte. Y que conste que el alcalde anterior tuvo a una Contraloría hostil a cuestas durante sus dos períodos.

Como la ignorancia es atrevida, montarle una campaña sucia al señor Juan Carlos Navarro por culpa de la incompetencia del señor Vallarino ya raya en lo ridículo.   Pero peores cosas he visto en este tortuoso año y, la verdad, ya nada me sorprende por el descaro y desparpajo como se han estado haciendo las cosas y se ha ido ‘a balazo’ hacia una dictadura civil con altas dosis de racismo y ofensa y, sobre todo, violación de los derechos humanos.

Ceder la Alcaldía al Chucky legislativo va a ser otra burla y una abierta violación a la Ley, además que será peor para el agonizante partido arnulfista seguir perdiendo ese espacio donde camina como en un entramado de tablas carcomidas por la polilla. La polilla del poder a todo trapo. A lo mejor le toca considerar al inmenso burgomaestre lo que escuché en el Cañonero de Domplín que le ofrecerían: ser embajador extraordinario y plenipotenciario de Panamá en el reino mágico de Walt Disney. ¿Por qué no? Allí seguramente rompería un record, lo que le encanta: ser el primer panameño en presentarle sus credenciales a Micky Mouse.

<>

Este artículo fue publicado el  18 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Las cosas puntuales ignoradas

Una  reflexión  de…

Donatilo Ballesteros S. 

La convulsión que los últimos acontecimientos han generado en el acontecer nacional pone de manifiesto el manejo carente de principios básicos en el desarrollo de un país que se precia de ser democrático, inteligente y emprendedor.   No niego que tenemos personas de una inteligencia brillante, creativas y que disponen de agilidad y solidez profesional, pero ciertamente no son las que dirigen, ni pretenden hacerlo.

El rechazo a la legislación aprobada ha obligado a rectificar los puntos más conflictivos para atenuar las protestas. Si los reporteros hubiesen preguntado a los dirigentes, que vociferaban frente a las cámaras, el texto y número del artículo que les incomodaba, estoy seguro de que no lo conocían, no lo habían leído, ni sabían la razón de su protesta.

En el intermedio de esta vorágine de protestas orquestadas, surgió el asunto de una jueza acusada y eliminada del sistema por razón de un fallo emitido en una petición que era de su exclusiva competencia. Los tribunales superiores y las salas y el pleno de la Corte Suprema están llenos de recursos de apelación contra decisiones de las instancias judiciales inferiores.

Queda en entredicho la independencia judicial, tan cacareada en seminarios sobre la administración de justicia. Vale la pena preguntar: ¿Dónde está la famosa asociación de jueces? ¿Qué ha hecho para defender la independencia judicial?   ¿Para qué sirve esa asociación que ante medidas arbitrarias contra sus miembros guarda silencio cómplice? ¿Será que ya desapareció? No podemos ignorar estas situaciones, que forman parte inevitable de acontecimientos que nos atañen a todos los que aspiramos a la independencia judicial plena y transparente.

La libertad de expresión y de protesta también está lacerada por el abuso, la arbitrariedad de los dirigentes y los altos riesgos a los que someten a sus seguidores. Lo ocurrido en Bocas fue el resultado de acciones desmedidas, donde sus gestores no corrían ningún riesgo, pero expusieron a otros, a la masa, a los explotados y utilizados por la dirigencia, a situaciones cuyos resultados se conocen.

El cierre de vías, instituciones y empresas públicas o privadas infringe el derecho de quienes no participan de esa forma de protesta. En nuestro medio hemos abusado de tales medidas, imponemos por la fuerza y nos quejamos cuando en la misma medida se nos reprime.

Hemos renunciado al diálogo constructivo y procuramos condicionar la participación en reuniones, a la aceptación de nuestros criterios, por errados que sean.

Caemos en la diatriba, la procacidad y exaltamos la calumnia como arma idónea para ilustrar sobre hechos, que con mejores vocablos podemos defender y exponer.   Es impostergable la necesidad de elevar cultural, moral y profesionalmente, nuestro comportamiento como dirigentes, políticos, miembros de una agrupación, estadistas, educadores y ciudadanos de un país que reclama su posición en el mundo civilizado.

<>

Este artículo se publicó el 18 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Trabajo, individuo y sociedad

La opinión del Pedagogo, Escritor, Diplomático…

Paulino Romero C.   

El hombre se ve obligado a trabajar porque no nace aislado, sino en una sociedad.   Desde su nacimiento ella le da protección, ayuda y seguridad. Además, al entrar en la sociedad el hombre se siente heredero de un vasto legado de cultura: una inmensa herencia de conocimientos y sabiduría; los frutos de muchísimos años de actividad económica, en forma de bienes capitales; habilidades y discernimientos en el arte del trato social, que han ido aumentando con el paso del tiempo y generaciones cada vez más refinadas en la apreciación de la belleza. Todo ello es el producto del esfuerzo de sus antepasados.

En el presente el hombre se apoya en el trabajo incesante de quienes constituyen su sociedad. El adulto tiene la responsabilidad de hacer ver al niño la deuda que tiene con la sociedad pasada y actual y enseñarle que esa deuda se paga con trabajo: con una labor honrada, productiva y útil, que a su vez contribuirá a la salud de la sociedad y a que se realicen las potencialidades de sus sucesores venideros. La comprensión de esta deuda recíproca puede mejorar mucho la actitud del individuo ante el trabajo de su vida entera, ayudándole a percibir su importancia y dignidad.

Durante la primera fase de la vida infantil gran parte de esa carga pesa sobre los padres, pero el Estado debe encargarse de ella, de más en más, cuando los recursos de los padres no son apropiados. Mientras que el hombre debe estar dispuesto a realizar un trabajo útil, el Estado tiene el deber de proporcionarle empleo. Porque el desempleo es uno de los males más nocivos y el pueblo que lo tolera merece su consecuente menoscabo moral.

El Estado también debe proporcionar seguridad social en forma de protección contra los peligros de las enfermedades, de los accidentes y de la ancianidad. Solamente cuando el hombre consigue librarse de la necesidad, del temor al desastre económico y de la falta de oportunidades para trabajar puede aspirar a la libertad de vivir creativa y constructivamente. Si la educación que el niño recibe en la escuela le prepara para una libertad que luego no podrá ejercer en la sociedad adulta a causa de las condiciones económicas, sociales o políticas que el Estado puede controlar, si quiere, esa educación habrá sido engañosa y falsa.

Por otra parte, el hombre indolente carece de libertad interior, pues está dominado por su indolencia. Por ello la libertad interior puede ser más difícil de lograr en un Estado benéfico mal organizado. Es obligación del Estado encontrar el delicado equilibrio por el que la libertad exterior del individuo se fomenta mediante la supresión de los obstáculos de carácter social y económico sin menoscabar su incentivo para lograr la libertad interior.

<>

Este artículo se publicó el  19  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Hasta cuándo, señor Presidente?

La opinión de…

Luis Roberto Pinedo

Soy uno de los tantos panameños que está aburrido de tantas manifestaciones por nada. Cada vez que algún grupo opositor quiere ganar protagonismo, inventa algún cuento para llamar la atención y perjudicar a terceros. No veo por dónde se puede agarrar ese toro que cada año está fuera de sus barreras.   Cuando no son los obreros son los maestros, médicos o los estudiantes que siguen protestando a pesar de las múltiples y variadas muestras de atención que se les han brindado.

Nuestro país ha logrado tres grados de calificación exitosa gracias a que todos los panameños hemos contribuido a mejorar nuestras finanzas públicas, bien administradas en las manos de este gobierno. Sin embargo, coincido con el señor Presidente, en que hay quienes quieren ver a nuestro país destruido y sin recursos para entonces tener elementos de destrucción y simplemente adueñarse de estos recursos. No soy político y así seguiré hasta que me vaya para el cielo, pero mientras estoy vivo quiero un Panamá con rumbos fijos y un buen timonel.

Nada puede realizarse de la noche a la mañana, pues primero se planifica y luego se ejecuta. Los planes del gobierno del cambio van bien encaminados y eso lo estamos viendo cuando se anuncian nuevas propuestas de desarrollo a todo lo largo de nuestro territorio. Sabemos que hace falta mucho por hacer y hacia ese punto se está dirigiendo la nave del Estado, sin embargo, me opongo a que haya malos panameños que solo les importa su bolsillo.

Exhorto al señor Martinelli a que no se deje distraer con tanta bulla y siga adelante, pero cuidando de tener a los mejores y más capacitados miembros en su equipo de trabajo, pues si algo falla habrá comida para los leones. Me gustaría trabajar para mi país y dar apoyo a todo para que nada falle. Aunque no estoy pidiendo empleo, sería gratificante aportar mis experiencias hasta que culmine la tarea del cambio.

Las encuestas de opinión se hacen al calor de cualquier acontecimiento y como somos emocionalmente susceptibles caemos en la trampa de desacreditar inmediatamente sin haber analizado el porqué de cada situación. Espero que mejore el sistema de comunicación del Estado para que cuando se vea venir el fuego enemigo, ellos sean los primeros en apagar dicho fuego, y que no sea el presidente Martinelli quien tenga que hablar de las obras que se realizan.

<>

Este artículo se publicó el 19 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Quién capitaliza los errores del gobierno?

La opinión del Administrador de Empresas y Ex Legislador de la República…

.

JOSÉ DOMINGO TORRES

Pertenezco a ese 60% de panameños, que frente a la oferta electoral de la última campaña presidencial, no dudó en votar por Ricardo Martinelli para presidente de la República.

Durante su primer año de gobierno el presidente Martinelli y su equipo de gobierno estuvieron navegando en un país en calma. Si bien su estilo de gobierno trajo enfrentamiento con sectores de la sociedad civil y los medios de comunicación, la oposición política no le hacía mella a su gestión.

La mayor oposición del presidente Martinelli ha sido del propio equipo de trabajo y de su propio estilo de gobierno.

Lo que sí derramó el vaso de agua fue la imposición de la Ley 30, conocida con la ‘Ley Chorizo’. No es cierto, como él señala, que si la mencionada ley se hubiera dividido según los temas se demoraría años en aprobar ese paquete de leyes. En una equivocada economía legislativa se decidió meter en una ley de aviación temas laborales, ambientales, penales, entre otros y allí tienen los resultados.

El oficialismo tiene los votos en la Asamblea Nacional para aprobar las leyes que ellos crean necesarias para el desarrollo y modernización del país; así que era innecesario recurrir a subterfugios y madrugonazos para aprobar leyes como la misma Ley 30.

Los tristes acontecimientos que se desarrollaron en la provincia de Bocas del Toro y el mismo gobierno lo reconoce, no debieron ocurrir. Y agrego yo, si cada uno de los actores oficialista hubiera hecho su trabajo.

Cómo es posible que los servicios de inteligencia del Estado no hayan detectado oportunamente lo que se venía tramando en sectores de Changuinola. Cómo es posible que las autoridades regionales y nacionales del Ministerio de Trabajo no le prestaran la atención inmediata, expedita a las reclamaciones de los trabajadores del Sindicado Bananero de Bocas del Toro, antes de que ocurrieran los hechos.

Peor aún, cómo es posible que la dirigencia provincial de los partidos que componen la alianza de gobierno en Bocas del Toro no tuvieran el mínimo olfato de la protesta que se venía organizando y de los posibles niveles de violencia que la misma protesta generaría.

El recién estrenado ministro de Seguridad y la ministra de Trabajo deberían poner sus cargos a disposición del presidente, si es que el propio presidente no les pide la renuncia; por su responsabilidad de acción u omisión en el manejo de los disturbios ocurridos en Bocas del Toro.

Existe otro elemento muy preocupante que se ha percibido en estos últimos días. La politización del Ministerio Público. Las órdenes de conducción y de arrestos a dirigentes gremiales sin la debida justificación, pone en alerta a quienes de una manera u otra luchamos por que exista una democracia de verdad en el país.

Ahora bien: ¿Quién capitaliza los errores del gobierno? En cualquier otro país la respuesta sería muy fácil: ‘Los partidos de oposición’. Pero estamos en Panamá y aquí las cosas son distintas. Ni el PRD, ni el PP, partidos de oposición, capitalizan los errores del gobierno.   Los errores de gobierno los capitalizan los grupos de izquierda agrupados en Frenadeso.   Y eso para mí es muy preocupante.   El país necesita que el gobierno del presidente Martinelli sea exitoso, que su gestión fortalezca no solo la economía del país, sino el sistema democrático que actualmente vivimos.

Un desencanto generalizado del electorado panameño será aprovechado por los sectores de la izquierda, que utilizan todas las reglas de la democracia como sistema de gobierno, para luego poner la de ellos que coartan las libertades ciudadanas e imponen un régimen de terror, como las experiencias dadas en hermanos países de Latinoamérica.

En buena hora que el gobierno entienda que ha cometido errores y que debe corregir el rumbo que lleva. Cada crisis genera oportunidades. Y la crisis de los actos violentos de Bocas del Toro le brindan al presidente oportunidad para recomponer sus relaciones con los grupos de la sociedad civil. Ellos deben ser un apoyo a su gestión de gobierno y hay que escucharlos. Además, debe recomponer su relación con los medios de comunicación, a lo largo de su período siempre habrá diferencias, pero no se debe hacer de esto una lucha frontal.

El gran reto que sí hay que vencer es el tema de la inseguridad. Sabemos que eso no se hace en un día, pero en esta materia es donde hay que gastar todas las energías gubernamentales.

El éxito o fracaso del gobierno del presidente Martinelli marcará el rumbo que seguirá el país en los próximos años.

No nos engañemos, un fracaso del gobierno actual, no le abre las puertas al PRD, sino a los grupos de izquierda. Y con estos grupos en el poder uno sabe cómo comienza, pero no sabe cómo termina. Allí tenemos el caso de Venezuela para referencia.

<>

Este artículo fue publicado el  19 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Distinguido huésped

La opinión de…

Mario Velásquez Chizmar 

El Palacio de las Garzas tiene sustancias soporíferas e hipnóticas.   Todo es arribar al solio presidencial, para disminuir entusiasmo y visualizar espejismos.   La prueba irrefutable es un hecho notorio repetitivo: la barba crece y se suda en exceso, sólo el clamor popular mantiene el mismo tono de timbre vespertino, hoy tinto en sangre. Estructura de contradictoria codicia: atrae ciertas personalidades y ahuyenta a otras. Unos prefieren la seguridad de sus paredes, su olor a marismas y albas volátiles; otros, los que temen a su embrujo, coinciden en que hacer reuniones fuera de Palacio alivia y en que quitarse la corbata aligera la carga.

Entrambos, lo mismo. Ya con timidez, labrada e intencional, o con espectáculos de machismo trasnochado, ambas corrientes acrecientan riquezas al poderoso. ¡Pobres los asalariados, marginados e independientes! El actual gobierno responde con absoluta fidelidad a este principio. Lo hace combinándolo con una publicidad engañosa, pero de primerísima calidad.

Todavía muy popular, a pesar de haber usado su poder para encarecer la vida, limitar los derechos constitucionales, degenerar el sistema jurídico, promover abusos policiales, provocar intranquilidad social, cercenar conquistas laborales, derramar petróleo sobre los avances en materia ambiental, enredarnos en una multimillonaria compra de carreteras que no le costarían al pueblo, vender como valores sociales las decadentes prácticas del transfuguismo y la deslealtad, debilitar la institucionalidad, acostumbrarnos a la inseguridad ciudadana y retroceder en políticas internacionales. ¡Volvieron a sus andanzas aquellos que creíamos congelados! ¡Y faltan cuatro años!

Varios condujeron al PRD al sótano de la popularidad y así triunfó el sonido de la flauta embaucadora, mimetizada con la promesa del cambio. Aun a lo interno del PRD insisten repetir las mismas caras o personajes con los mismos defectos.   Respeten la memoria de Omar Torrijos. No hay más quinta frontera para ganar electores. Nuestro discurso práctico es la democracia. Dejen de llorar al viejo. Rescatemos su ejemplo como líder natural en la lucha por lograr la ampliación del espectro social de beneficiados del desarrollo. Darnos el lujo de perder otra vez es traicionar al pueblo y a Omar. Perderemos otra vez con caras viejas o maquilladas.

Este pueblo, que con razón se decepciona más y más de los autonombrados paladines del cambio, merece un líder inmune al hechizo de Palacio, que de una vez por todas realice el anhelo de una sociedad próspera y segura para la integridad física, honra y bienes de los ciudadanos. Parece imposible un gobierno creador, eficaz al armonizar las distintas fuerzas sociales para convertirlas en garantía de la continuidad del bienestar y el crecimiento.

¡Ahora le toca al pueblo echarse a un lado! Por eso los perdigonazos a los ojos y los celulares que después ellos mismos regalaron. El pueblo está enviando un alto y claro mensaje de hastío. No quiere volver a esquemas superados. El conjuro del cambio condenó a este pueblo a vivir malos ratos hasta el año 2014. Si en este contexto el PRD quiere ser una verdadera opción, tendrá que proponer al Palacio de las Garzas a un lúcido, orientado, despierto y distinguido huésped.

<>

Este artículo se publicó el 18 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Oídos sordos

El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente.    La opinión de….


MÓNICA MIGUEL  

Una tesis evolutiva sostiene que el lenguaje humano se desarrolló para poder comunicarse sin utilizar las manos para gesticular. Esta ventaja evolutiva se revierte cuando la negativa de un interlocutor a escuchar de verdad logra hacer que la contraparte se cabree y decida volver a utilizar las manos.

Hay una frase de Mario Benedetti que cuadra a la perfección con el estado de ánimo que se percibe en nuestro país en este momento: ‘No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable de coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente’.

Aquí todos hemos tenido la culpa de los muertos, de los ciegos y del miedo. Todos, como sociedad, y como sociedad debemos reconocer nuestros errores. Los primeros en reconocerlo deben ser los gobernantes.

Señores, para ser político se debe saber aceptar críticas, no solo escucharlas, sino aceptarlas y pensar sobre ellas, porque los panameños tienen todo el derecho del mundo a decirles a ustedes lo que piensan de su forma de gobernar.

Los que protestaron también se equivocaron. Es cierto que es muy fácil pedir calma cuando no eres el eterno rechazado, cuando no eres el que has sido relegado, engañado y burlado; es cierto que no es fácil entender, en medio de la ira, la llamada a la calma; cuando no tienes trabajo, cuando no tienes educación, cuando tus hijos pasan hambre.

Pero también ellos se han equivocado, sí, porque a pesar de lo que dicen los que, inflamados de romanticismo retrógrado y mal entendido, ven la lucha como la forma de lograr lo que se desea, la lucha de los pocos contra los muchos suele terminar mal.

De nada sirve ahora exigir responsabilidades políticas, buscar culpables o exhibir logros, si es que los hay, lo cierto es que varias personas no van a volver a su casa, y otras van a volver ciegas.

No señores, eso fue una tontería. El resto de la sociedad tenemos la culpa por crear el problema. Con esto no quiero, en ningún caso, decir que los indígenas que se lanzaron a la lucha sean descerebrados que no sean capaces de pensar por sí mismos, sino que, todos, desde hace siglos (los españoles hicieron su parte, pero los panameños han continuado y lo han hecho muy bien) hemos contribuido a esto, hemos apartado a esos pueblos, los hemos relegado a las montañas, hemos rechazado su cultura, hemos tratado de acabar con su idioma y las voces que abogaban por ellos lo hacían desde la caridad mal entendida de ofrecer limosnas que no eran ni lo que se quería ni lo que se pedía.

Todo esto ha sido una estupidez. No, no empiecen, no he dicho que nadie sea estúpido, sino que todos hemos cometido una estupidez, que es, según la definición del DRAE: ‘una torpeza notable en comprender las cosas’.

No hemos comprendido la necesidad de llegar a una sociedad plural, donde todos, y reitero, todos, seamos escuchados, aceptados y valorados, donde valga lo mismo la voz del obrero de la construcción que la del ngäbe, o la del bribrí.

Donde seamos capaces de lograr acuerdos para que todos podamos vivir como deseemos, sin imposiciones y desde luego sin mesías políticos que crean saber lo que es bueno para nosotros, porque no somos niños de pecho, somos una sociedad adulta que tiene el derecho y el deber de elegir lo que desea para su futuro y el de sus hijos.

Por eso, no busquemos martirios si no queremos inmolarnos nosotros mismos. No azucemos guerras si no estamos dispuestos a ver morir a nuestros hijos.   La sangre derramada es muy difícil de recoger. Siempre hay otras formas de protestar, y de ganar. Si no me creen, pregúntenselo a Gandhi.

<>

Este artículo fue publicado el  18 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Las tenazas del temor

La opinión de…

Berna Calvit 

En los resultados de la encuesta especial que una prestigiosa firma realizó para un canal de televisión creo haber encontrado la explicación del extraño comportamiento que observaba en muchas personas.

Con una amiga conversaba, entre otras cosas, de lo cara que está la comida, la escasez de todo en el Seguro Social, la delincuencia… En vez de estar reclinada y cómoda, para poder oírla me inclinada hacia delante. “¿Por qué hablas tan bajito?”, pregunté.

Miró hacia todas partes, ¡hasta el techo miró!   Casi en secreto me dijo: “¿No sabes que ahora hay “testigos protegidos”, que antes llamábamos “sapos”, que si nos oyen hablando así nos pueden acusar de enemigas del gobierno?

Hasta números tienen; el sapo 693463 fue el que informó que dirigentes del Suntracs planeaban cosas horrendas contra el canal y el aeropuerto”.    Ya yo había notado personas hablando bajito, como en confesionario; tocándose una oreja como señal de posible “testigo protegido” cerca; y cambios bruscos en la conversación al acercarse los meseros.

Por teléfono se habla en clave como en tiempos de la Cruzada Civilista.   No entendí lo que mi amiga S.2 (así se identifica) contaba. “¿Supiste lo que pasó donde trabaja el hijo de T. O.? El que está arriba, arriba, regañaba a los muchachos como a niñitos porque tenían la calle trancada, ¡qué novedad”! ¿Mulino?, pregunté. “No, el del cerro”.

Después, por las noticias, entendí que “el cerro” era la colina universitaria donde está el despacho del de “arriba, arriba”, Gustavo García de Paredes, rector de la U. de P.

Hace unos días me llama F.G. y dice de un tirón: “No digas mi nombre, estoy llamando desde un teléfono público; a R. L. lo andan buscando; que E.G. avise a la periodista A.M. para que contacte a R.L. que está con M.B. en El P.; no puedo avisarle porque su celular está intervenido”.

Mi compadre O., politólogo taxista, llamó para decirme que “El “mechiblanco”, ¡no digas nombre!, dijo que los indígenas que protestaban en Bocas estaban borrachos”.

¿Habrá suficientes pincha–teléfonos para llamadas así en todo el país? Entre amigos nos preguntamos si tenemos los papeles en orden, cédula, licencia, los impuestos, multas pendientes. Miren lo que le está pasando al españolito Paco Gómez Nadal y al periodista panameño Carlos Núñez. ¡Y el pele police!

La encuesta especial que menciono arriba la encontré en el sitio web de TVN-Canal 2. No tengo información sobre la metodología usada, pero el sólido prestigio de la encuestadora, Dichter & Neira, es garantía de seriedad.

Un 71.4% dice que el derecho a hacer oposición está en riesgo; el 80.5% teme por el derecho a protestar; el 78.1% dice que está en riesgo el derecho a expresarse libremente.

Lo que refleja la encuesta es preocupante: el temor nos atenaza; se ha enquistado en nuestra sociedad. Para facilitar el poder político se puede crear temor por diversos medios: el acoso (inspectores fiscales, de sanidad); la necesidad (te inscribes en mi partido, o te boto); el espionaje telefónico; la manipulación de la ley (Ley Chorizo), etc.

Fomentar estos miedos es peligroso; cuando se rompe la barrera del miedo los estallidos pueden resultar caros. Lo sucedido en Bocas del Toro es costosa experiencia política, más dolorosa y costosa para las víctimas del exceso policiaco.

Atemoriza no poder confiar en las autoridades. En Telemetro Reporta, el 12/7/2010, el periodista Álvaro Alvarado preguntó al procurador encargado Bonissi sobre la orden de conducción contra el profesor Jované.   Respondió: “Puede ser, lo más seguro, que el señor Jované, igual que otros ciudadanos responsablemente deben presentarse ante las autoridades para aclarar la situación, pero no es la forma correcta señalar que la Policía Nacional ni las autoridades están persiguiendo por perseguir, sino simplemente haciendo las investigaciones del caso”. Cantinflesca y “guabinosa” respuesta que dejó patidifuso al periodista y a mí, patidifusa y asustada.

¿Oyó algún “testigo protegido” que le dije a P. Z. que el gobierno debe averiguar quién instruyó disparar perdigones a la cara de los alzados? ¿Me estarán buscando y no estoy enterada?

El Presidente lamentó públicamente lo ocurrido en las zonas bananeras. Parecía sincero, pero no basta disculparse, ni regalar celulares y alimentos a las víctimas; ni repartir culpas entre sindicalistas, oposición y periodistas.

Lo que debe hacer es empezar por “deschorizar” la Ley 30. Y extirpar, de raíz los temores que han sembrado en nosotros.   Dijo Publio Siro, poeta dramático de la antigua Roma: “El que es temido por muchos, debe temer a muchos”.

<>

Este artículo se publicó el 19 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Qué pobres personas

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO  A.  HOLDER

El asunto de Bocas Del Toro ha dejado muchas reflexiones.   Pero para como se dan las cosas en este país, muchos de los famosos estrategas apuestan a que dentro de un tiempo prudencial (ojalá sea pronto, desean) todo volverá a la normalidad.

Eso quiere decir que algunos vuelven al deporte de la politiquería insensata y destructiva; a su cambiadera de un partido a otro; a sus hojas de cálculo y grados de inversión. Los que sufrieron el abuso y los vejámenes, los que pusieron los muertos y heridos, los que perdieron la vista también vuelvan a la condición de invisibilidad de la cual formaban parte hace tan solo unas tres semanas.

Hace tres años publiqué el artículo titulado ‘Cómo interpretar a Watson’. Se refería a los comentarios que emitiría el notable y, hasta entonces, altamente respetado premio Nobel en Medicina   Dr. James Watson, con respecto a supuestas diferencias entre negros y blancos.

El Dr. James Watson compartió el premio Nobel en 1962 por sus descubrimientos sobre la estructura del DNA, y en una entrevista para el Sunday Times británico, dijo que se sentía ‘deprimido sobre las posibilidades de África’, porque ‘todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es igual a la nuestra, cuando todos los estudios dicen que no es así’- (‘Inherently gloomy about the prospect of Africa’ because ‘all our social policies are based on the fact that their intelligence is the same as ours — whereas all the testing says not really’).

Señalaba en el artículo que: ‘No hay que hacer grandes esfuerzos por inferir lo obvio. De la boca de uno de los científicos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, sale —sin resquemor alguno— la validación que muchos racistas necesitaban para retomar y seguir ondeando las banderas de la superioridad blanca’.

Watson fue censurado por organizaciones y círculos sociales, políticos y, ante todo, por los círculos y la comunidad científica que lo denunciaron severamente. Con su ligereza intelectual echó al abismo social los esfuerzos de siglos para revertir una concepción que no tiene fundamento científico, tal cual, prontamente muchos de sus colegas salieron a expresar.

Lo más crítico de la situación de Changuinola, lo más perverso, lo más brutal, no tiene que ver con el uso de la fuerza por parte de los antimotines. No tiene que ver con los muertos, aunque cada vida es importante; ni mucho menos tiene que ver con los daños materiales y las amenazas al turismo de la región.

Lo más crítico tiene que ver con la vergonzosa caracterización que hicieran los altos funcionarios del gobierno sobre la población que protestaba.

Cuando escribí el artículo sobre el Dr. Watson, ofrecí un espacio de tolerancia desde mi muy humilde lugar en este mundo, entendiendo que una cosa puede ser la verdad científica sobre un hecho y otra muy distinta (y muchas veces peligrosa) la formación programada y el condicionamiento mental del individuo por su entorno desde su primer día.

Pero eso no es excusa, mucho menos en Panamá, para personas que supuestamente han alcanzado un alto nivel educativo. Gente que ha vivido aquí entre varias etnias, grupos humanos y culturas.

Decía que ‘… la interpretación que yo hago del Dr. Watson se sostiene en lo que considero la etapa superior que todos debemos aspirar a alcanzar.   Las luchas de los últimos sesenta años no solo han sentado las bases alrededor del mundo (…), para que se tome en cuenta la participación de todos los grupos humanos en el desarrollo de la Humanidad.

El resultado de esas luchas ha ocultado el verdadero sentimiento de muchas personas, en todas las áreas sociales y del pensamiento. Han optado por lo ‘políticamente correcto’, en disimulado intento por ocultar sus verdaderos sentimientos.   No todos, aclaro’.

Al igual que para África, los científicos sociales e historiadores saben que muchos grupos humanos se han alzado para defender sus territorios y sus familias frente a un invasor arrollador que su único motivo era el lucro desmesurado.

También saben que si un niño negro del África —o un indígena de Bocas del Toro— inicia su vida en iguales condiciones que un niño blanco de Inglaterra, por no decir los Estados Unidos, o de Costa del Este o Paitilla, tendrán las mismas posibilidades de éxito o fracaso.

Personeros del gobierno han tenido que salir a pedir disculpas por las ofensas displicentes sobre la comunidad de Changuinola y la caracterización de ‘indios’, ‘analfabetas o borrachos’ que prefirieron sobre ellos.

Tal como se comportó Watson, han mostrado quiénes son: Su real sentimiento por aquellas personas que no son de su círculo, que no se parecen a ellos.  Qué pobres personas.  Qué pobre condición humana.

<>

Este artículo fue publicado el  19 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Endara y la democracia panameña

La opinión de…

.

Eloy Fisher

Días después de otro aniversario del Viernes Negro,   me referiré a quien diseñó (para bien o para mal) nuestro encuadre democrático tras la estrepitosa caída del termidor norieguista.

El Presidente Endara fue quien sentó los cimientos de esta democracia, atiborrada de contradicciones irreconciliables, que a la vez garantizó espacios democráticos en una institucionalidad débil y cada vez más descompuesta.

La liberalización económica trajo consigo el rompimiento de un andamiaje social, anclado en la burocracia militar, que garantizó algunas libertades pero a costo de eliminar algunos derechos.   En la medida que los sistemas de seguridad y de justicia permanecieran débiles, sería más difícil conculcar a la prensa y a la ciudadanía –excepto en los casos donde el mismo Presidente interviniera-, tal como ocurrió con Endara y los primeros casos de calumnia e injuria.

Al final de cuentas, el multipartidismo y el fraccionalismo político, aunado a la alternatividad republicana, serían garantías de que ningún grupo político permanecería en el poder lo suficiente para concentrarlo demasiado. Fue un golpe maestro de improvisación efectiva: la descentralización del poder no sería a pesar del juega vivo –sería su resultado -.

Las contradicciones del sistema lentamente lo transformarían. Tras 1994 se iniciarían amagues para cambiar el régimen: la fallida re-elección, los subsiguientes emparches constitucionales negociados desde el Ejecutivo, el debilitamiento de los partidos bisagra como la democracia cristiana y los liberales, todo conspiraba en contra del régimen diseñado tras la post-invasión.

Y hoy estamos atestiguando su transformación definitiva con la reforma de los estamentos de seguridad, la concentración de movimientos políticos y el progresivo desmantelamiento de otros movimientos sociales, sean sindicales o gremiales, que puedan competir en una futura contienda electoral con la alianza Cambio Democratico-Arnulfismo y con el PRD.

El radiocomentarista Eduardo Castillero se preguntó si no era contraproducente la estrategia del gobierno de descalificar a los sindicatos y a los gremios.

Es menester estudiar a qué responden sus éxitos, y de cómo los líderes de estas organizaciones salen re-elegidos por sus constituyentes. A mi modo de ver, tal ejercicio permitiría ver futuros proyectos de liderazgos, y de cómo se insertan en el lento desmontar del régimen endarista, donde poco a poco veremos perecer la alternatividad y los antiguos espacios de descuido democrático.

Por eso, estos días serán vistos como el final de ese viejo capítulo de la democracia panameña que inició a la sombra de las ominosas tanquetas estadounidenses. Este episodio, a pesar de los buenos oficios del Vice-Presidente Varela, la Iglesia, estamentos de la sociedad civil y algunos sindicalistas, radicalizó a sectores de la clase media y endureció los planes de transformación política a cargo de la actual administración.

Entre los heridos y muertos de estos lamentables sucesos, también se cuenta el zigzagueante centro político en Panamá, hoy más débil e irrelevante. Y contrario a lo que se repitió con alguna frecuencia, todos sabemos como esto empieza: con dos bandos que buscarán de ahora en adelante cualquier excusa para batirse y que terminará en esas desgraciadas espirales de revolución y contrarreacción.

Y a falta de serenidad, quienes estamos en los distintos espectros del centro, nos espera sobrevivir en medio del fuego cruzado.

<>

Este artículo se publicó el  19  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.