¡Pa´l carajo!

La opinión de…

Juan Carlos Ansin 

Calma. No hay palabras sucias. Las hay malsonantes, pero eso depende del oidor. Las palabras no nacen sucias, las ensuciamos nosotros. En sí mismas no son ni lindas ni feas, son como son, símbolos, representaciones. Ladrillos de una construcción. La belleza y la fealdad están en manos del arquitecto y del observador. Entonces a no asustarse. El carajo es la cesta del palo mayor donde se apostaba el vigía o donde se mandaba a cumplir un castigo. Fue del carajo de La Pinta donde Rodrigo de Triana gritó: ¡Tierra! Aclarado el sentido del título paso al objeto del escrito.

Vivimos en un momento de la evolución del pensamiento regido por la conducta binaria, propia del dualismo computacional del 0 y el 1, del sí o el no, del bien o del mal. Actuamos con la lógica del algoritmo constructivista de quien pide al camarero un vaso de agua y éste pregunta si la desea en un vaso grande o chico, de botella o natural, con o sin gas, con o sin hielo.   Escuchaba en estos días a los comentaristas de fútbol en cámara lenta, es decir, a los que lo observan por TV y se mofan del árbitro o discuten a los técnicos que lo ven a ras del suelo y a cien kilómetros por hora. Se debatían entre el pragmatismo estratégico y el fútbol arte.

En este tema debo admitir que fue más equilibrado el “tiqui-toque” del fútbol español, práctico, solidario y trabajador, que uno lleno sólo de genios individuales. No faltará alguien que, con las habilidades del pulpo Paul, me endilgue la etiqueta del PSOE. Respondo entonces que el jugador español Pedro -quien pecó de individualista al no dar el pase final a un compañero que lo pedía desesperadamente para asegurar el segundo tanto español contra Alemania- sería un típico representante del PP, el engañoso Parido “Popular” de las individualidades egocéntricas.

Esta dicotomía racional también sucede en el G20, donde ante la crisis económica depresiva que se nos viene encima, unos abogan por el ahorro fiscal y otros por el gasto estimulador. Lo mismo ocurre con el empantanamiento en la guerra de Afganistán. Todo estriba en tomar partido por dos estrategias, la militar o la diplomática.

Este dualismo maniqueo lo padecemos también aquí, con la peregrina teoría de fomentar “crecimiento” a costa del salario y la protección legal del trabajador. Para nuestra sociedad opulenta la violencia es un tema policial y no un caso manifiesto de injusticia social, tal y como estamos viendo brotar peligrosamente en el país.

Dice el periodista británico Orlowski: “… Esta no es la gran visión que para la sociedad tuvo Lenin o que tiene Milton Friedman. Son las personas ricas construyendo un bote salvavidas para abandonar el barco”. Un barco que hace agua por la desmedida ambición de sus navieros y la impericia del capitán, quien en medio de la tempestad no decide mejor cosa que mandar al carajo a su contramaestre y al timonel.

<>

Este artículo se publicó el  18  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: