Envidia destructiva

La opinión de…

John A. Bennett Novey

Helmut Schoeck, en su formidable obra La Teoría del Comportamiento Social, nos trae a colación que son raras las sociedades que no han reconocido y nombrado los fundamentales problemas de su existencia, y uno de esos graves problemas es el de la “envidia”; tanto el ser envidioso como sufrir la envidia de otros.

El problema surge desde el instante en que adquirimos la capacidad de mutua comparación y así el ser humano ha llegado a ser un ser envidioso, maligna condición que sólo es atemperada por nuestros comportamientos sociales más elevados. La envidia es un comportamiento destructivo y curiosamente es uno que pocas veces es aireado en los medios, quizás por ser políticamente incorrecto; pero, en ello está el problema, pues si no lo entendemos, mal podemos enfrentarlo.

Efecto dañino de la envidia es dejar de hacer algo por temor a ser envidiado, lo cual afecta al desarrollo. ¿Quién no ha escuchado el chiste de los que se encuentran en un pozo inmundo y en vez de colaborar para ir saliendo, halan por los pies a todo el que intenta salir, a punto que ya pocos lo acometen?

La envidia es gran motivadora de torcidas políticas. Y por otro lado vemos que los pueblos que han logrado mayor desarrollo son aquellos en los cuales la sociedad ha reconocido y rechazado.

La envidia se arraiga en el resentimiento, acarreando malevolencia. El resentimiento está latente cuando se odia la buena fortuna de otros a tal punto que se está dispuesto a sufrir con tal de que el odiado también sufra. Muchos que atacan al capitalismo bien saben que bajo cualquier otro sistema su situación sería peor; pero, aún así, abogan por reformas socialistas, no porque crean que con ello prosperarán sino porque también sufrirán los objetos de su envidia.

Los comunistas se oponían a la religión precisamente porque a través de la fe se le brinda al ser humano un mecanismo de compensación que nos liberaba del sentimiento de la envidia. Sin embargo, la envidia moderada es parte intrínseca de nuestro comportamiento que nos motiva a la superación evitando que seamos avasallados.

Por otro lado, a veces nos limita, como el caso del trabajador que se siente aludido cuando le dan un aumento o una posición de mayor jerarquía y ello le enfrenta a sus pares.

La envidia no tiene cabida entre los sentimientos más elevados, tales como la admiración, la amistad y el amor. Gran parte del rechazo que sufrimos de parte de otros es motivado precisamente por el sentimiento de envidia que nos guardan; y aunque el envidioso rechaza ser envidiado, no es raro que dos envidiosos se envidien mutuamente.

Quizás lo más curioso y temible del envidioso es que típicamente no se afana en la superación personal sino en la destrucción del objeto de su envidia. Como ya dije, estos son temas que debemos reconocer y ventilar, si es que vamos a superar la difícil situación socioeconómica en que nos han colocado nuestros malos caminos.

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Este artículo se publicó el 15 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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