‘Otro triste 10 de julio’

La opinión de…

Carlos Antonio Harris Jiménez

El título de esta entrega corresponde al de un correo que recibí el domingo 11 de julio. No he quedado impactado por su contenido, porque hace ya algún tiempo lo veía venir, sino por el retorno de las botas.

Es la narración del ultraje y salvaje ataque a su integridad física y moral, del que fue víctima una educadora chiricana en la ciudad capital, cuyo presunto delito parece haber sido acudir a una reunión de los grupos que se han atrevido a disentir con el estilo de legislar del actual gobierno, aparentemente pro–militarista.

Se trata de la amarga experiencia de una educadora de Chiriquí, quien relató que el sábado 10 de julio, ella había salido del hotel Soloy y caminaba por la acera cuando se le acercaron cerca de 10 policías, uno de ellos dijo: “Esta es la hijue…”. La agarraron por el cabello, le bajaron la cabeza con violencia y le gritaron que no los viera a la cara. Por si fuera poco, le tiraron gas pimienta, le apretaron las manos con zunchos plásticos y, para rematar, le pusieron esposas. La golpearon para subirla a empujones al carro de la policía y la tiraron en el vagón, pero lo que más le dolió fue ver los rostros de los bocatoreños golpeados, con la cara hinchada y presos en las instalaciones de la Policía de Ancón.

Le pregunto a muchos de los distinguidos lectores, si lo narrado tiene algún parecido con lo ocurrido aquel tristemente recordado viernes 10 de julio de 1987, cuando las hordas armadas del general hoy preso en París, reprimieron brutal y criminalmente en la ciudad de Panamá a un pueblo cuyo pecado fue reclamar democracia, justicia y libertad.

No debemos ver con indiferencia lo ocurrido a cientos de panameños que se han atrevido a luchar por lo que consideran, con razón o sin ella, son sus derechos. Esta educadora no estaba en la calle tirando piedras ni gritando consignas, era una dama que caminaba sola por la acera, por eso pregunto si eran necesarios 10 cobardes uniformados para ultrajarla de la manera como lo hicieron.

Lo que pasa es que a los uniformados del cambio, se les ha dado carta blanca para matar y ahora son intocables.

Desde hace un año vemos signos que son preludio de una tormenta. Cuando se pisotean la Constitución y las leyes de la República, cuando se irrespeta la separación de los poderes, y unos parecen borregos de los otros, y cuando la libertad de expresión comienza a recibir advertencias y la inseguridad jurídica aumenta a pasos agigantados, panameños, la democracia está en peligro.

Este país es de todos y todos debemos cuidar las instituciones democráticas y aportar nuestro esfuerzo en la medida de nuestras posibilidades, a la solución de los problemas nacionales, pero es función del grupo gobernante escoger los caminos necesarios para llegar al país que queremos y no al que tenemos. Pero teniendo siempre presente los intereses de las grandes mayorías nacionales. Nunca se debe olvidar que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto.

Un llamado especial a los medios de comunicación social, recuerden que cuando ustedes comienzan a callar, las democracias comienzan a morir.

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Este artículo se publico el 13 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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