Los valores de siempre

La opinión de…

Penny de Henríquez 

Hoy día todos hablan de los valores de la sociedad como algo nuevo y casi de moda, pero lo cierto es que los valores siempre han estado allí y muchas veces han faltado, lo mismo que ahora. Siempre ha habido gente de bien y personas de mal; el bien y el mal forman parte de la vida misma y nada tienen que ver con gobiernos, asociaciones o grupos especiales.

Decir que todo es peor ahora no creo que es objetivo ni correcto, puesto que los problemas que vivimos en la actualidad también se vivían antes, pero en menor escala porque también éramos menos. El país no era tan grande ni moderno y las comunicaciones tampoco estaban muy desarrolladas como para informarnos lo que pasaba con la rapidez con que lo hacen hoy, en el mismo momento en que suceden.

Hubo grandes crímenes en la historia que hoy nos dejan estupefactos y sucedían cosas que ya no se ven.

Las actuaciones del nazismo y de su máximo líder Adolf Hitler son eventos que todavía nos conmueven por su atrocidad, y sin ir tan lejos, grandes crímenes cometidos en nuestro país con saña y violencia en tiempos pasados nos dicen que la falta de valores ha existido siempre.

(¿Dónde estaban los valores del odontólogo aquel que en compañía de su amante asesinó a golpes a su esposa embarazada, o del joven que atacó y mató a la señora que le mostraba una casa que vendían, o de los altos ejecutivos de una firma de valores que se alzaron con los fondos de todos los cuentahabientes huyendo del país para vivir fuera tranquilamente con el dinero robado?) Nada de eso pasó hoy, pero sucedió en los tiempos que muchos dicen ahora que eran mejores.

Esto no quiere decir que no debamos buscar los correctivos para mejorar toda esa violencia que vemos en nuestro país día a día, pero lo que no hay que hacer es culpar a los demás por esas faltas, sino más bien a todos nosotros, a la sociedad que en vez de mirarse por dentro buscando en dónde falló, intenta lavarse las manos haciendo responsables a otros por los jóvenes que matan o roban, los niños que permanecen en la calle hasta altas horas de la noche, las adolescentes que se prostituyen por algo de dinero y los adultos que se embriagan mientras todo eso sucede sin que ellos se enteren o se preocupen.

Dejemos ya de buscar excusas y pongamos orden en la casa, en la familia y en los hijos, que es en donde germina la semilla de lo bueno y lo malo, de la mentira y la verdad, y hagamos a un lado esa actitud de paternalismo mal entendido buscando en terceros la respuesta a todos nuestros males.

Los gobiernos cambian cada cierto tiempo y con ellos las leyes y la forma de hacer las cosas; lo que perdura por siempre es nuestro amor por la familia, nuestros ejemplos de moralidad, honradez y virtud para los hijos y la enseñanza de obtener las cosas con esfuerzo por el camino recto y que actúen siempre con la premisa de no hacer a los demás lo que no les gustaría que les hicieran.

Si cumplimos con esto nadie tendrá que ayudarnos y el beneficio llegará solo. Empecemos ya.

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Este artículo se publicó el 9 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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