¿La conciencia tiene precio?

La opinión del Economista, Humanista y Educador…

VICTORIANO RODRÍGUEZ S.

A un año, el gobierno ha puesto en ejecución algunos programas sociales necesarios tales como: las becas universales, 100 para los 70, las mochilas y textos escolares, etc., pero otras nada convenientes como las leyes del “carcelazo” y el “chorizo”.

Se observan algunas mejorías, en poblaciones marginales y pobres (producto de lo anteriormente expuesto), pero no a los niveles esperados. La clase media siente desmejorado su poder adquisitivo producto de los impuestos. Los incrementos salariales alcanzan a la clase baja y política, no así a la clase media, pero el aumento de precio arropa a todos por igual.

Pareciera que la conciencia tiene precio y el silencio nos hace cómplices. Muchos seudodirigentes, producto de un salario gubernamental u otros favores, silencian su voz y vuelven a rehacer su aparición demagógica cuando salen de las regalías.

Ahí el problema de las causas perdidas por la población. Al finalizar cada gobierno, surge el compromiso de pago de los XIII meses adeudados por el gobierno, y las reclasificaciones de cargos, adeudadas también, pero se observa poco interés en honrar los pagos.

Surge la situación del aumento a los jubilados -a todos los jubilados-, palabra empeñada por el Señor Presidente, pero a la fecha se semeja a un juego de ping-pong y el señor Eladio pareciera desaparecido. Los jubilados cerrarán filas, el aumento tiene que ser para todos por igual.

Entre los cambios esperados por la población están las investigaciones inconclusas, las cuales quizás nunca culminen, entre ellas del Fondo de Inversión Social (FIS), donde algunos se hicieron ricos y quizás salgan millonarios, también sobre el cobro de impuestos a los yates que han ingresado al país, mediante artimañas presuntamente legales.

Ahora, bajo la presunción de error o ignorancia, algunas empresas de telefonía trasladaron al consumidor un impuesto no correspondiente y hacen ofertas con engaños.   Esperaremos multas millonarias sobre ellas.   Se vislumbra la privatización del IDAAN, bajo la concepción de inoperancia. ¿Olvidará la población lo sucedido con la privatización del IRHE, INTEL y las licencias de conducir?

La historia nos enseña que muchos “líderes” de estos movimientos reciben regalías que ni sus más cercanos colaboradores se enteran.  Esperamos que en quienes recaiga la responsabilidad de negociar lo hagan de cara al pueblo, más que para sus bolsillos.  ¡Dios te salve Panamá!

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Artículo publicado el 8  de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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