El interés social de los estudios de impacto ambiental

La opinión de….

Rafael Negret 

Ya en el año de 1860, el Gobierno de Estados Unidos de América consideró que el territorio usurpado a sangre y fuego a los indígenas Miwok –Yosemite, en la Sierra Nevada de California– debería declararse área protegida, considerando el “interés social” en función a sus bellezas escénicas.

Con el concepto de preservación se inició el proceso de incorporación de la variable ambiental en las políticas nacionales.  Continuó perfeccionando estrategias con las de conservación, desarrollo rural integrado, planes de manejo, ecodesarrollo y actualmente el desarrollo sostenible, como propuesta política de un nuevo paradigma para las relaciones sociedad–naturaleza, del cual los estudios de impacto ambiental son instrumentos de planificación.

A partir de la década de 1960, publicaciones como Primavera Silenciosa, Los Límites del Crecimiento, Civilización y Pecado, la teoría de Gaia, así como las propuestas de los ideólogos del Partido Verde francés, Daniel Cohn Bendit, Michel Bosquet, Jean Pierre Dupuy y muchos otros pensadores e investigadores, demostraron con creces que la polémica sobre ecología contra desarrollo no tiene asidero porque niega los valores económicos, políticos, ambientales y sociales del mundo natural en que nacemos, crecemos, nos alimentamos y vivimos.

Es que el simbolismo de la cigüeña trayendo el bebé en el pico es una bella metáfora que evoca nuestras aspiraciones celestiales, pero los elementos fundamentales de la vida, como el agua, el suelo y el aire, los aporta el “paraíso terrenal”…

Si algo positivo quedó entre las decepciones y fracasos de la conferencia sobre cambio climático en Copenhague–2009, es que el tema de los servicios ambientales como mecanismo de valorar económicamente los bienes naturales, incluyendo el negocio de los bonos de carbono, los pagos por el agua, la valoración de los bosques nativos y la biodiversidad son claves para el desarrollo y que la estrategia correcta consiste en incorporarlos en las políticas nacionales.

Los estudios de impacto ambiental hacen parte del proceso y tienen como objetivo esencial cumplir las obligaciones del Estado y proteger los derechos de la sociedad; derechos a respirar un aire puro, disfrutar de la belleza, misterios y milagros de la naturaleza; bañarse en playas sin contaminantes, alimentarse y beber agua saludable.

Por esto, los estudios de impacto ambiental tienen profundas implicaciones sociales al considerar los valores éticos, que son exclusivos de la razón humana y determinan preceptos que definen los límites entre el bien y el mal.

Los organismos internacionales que analizan el desarrollo de los países latinoamericanos han diagnosticado siempre que las causas del atraso y la insustentabilidad del proceso de América Latina se fundamenta en la pobreza, la ignorancia, la injusticia, la debilidad legal e institucional, la ausencia de políticas claras, la falta de planificación, ocasionando además la destrucción de los recursos naturales, que paradójicamente es la gran ventaja comparativa de nuestro continente.

Las crisis ambiental y financiera que azotan a nuestra civilización contemporánea son simplemente indicadores de la pérdida de valores éticos y morales;  de la destrucción del capital natural, ignorando con desidia que su fragilidad es nuestra.

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Este artículo se publico el 29 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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