El poder judicial en democracia

La opinión del Abogado…..

Ramiro Guerra 

Por años se le ha venido facturando a los poderes ejecutivos y legislativo las carencias democráticas de nuestros países y naciones. Teorías van y vienen, desde históricas, sociológicas y hasta sicológicas para explicar la manía o tendencia de subalternizar las relaciones societales al poder del estado, dando lugar a un contrato de mandato fallido y donde la condición de mandante o soberano popular no pasa de ser una frase hueca y defenestrada.

Como he señalado en otras ocasiones, Latinoamérica sigue constituyendo un sembradío de democracias limitadas, mediatizadas o vacías, como algunos politólogos la denominan en los tiempos actuales.

Las coyunturas y los periodos donde la relación, estado y sociedad civil se han conducido horizontalmente, han sido la excepción y en ese sentido las fuerzas motrices que han jalonado nuestra historia y lo pendular, ha sido el perfeccionamiento de nuestro ethos nacional y la lucha permanente por construir paradigmas y correlatos donde la democracia como recurso del encuentro del yo y tu, con el poder, no se reduzca a una simple condición del yo mando y tu obedeces.

Falta mucho por desarrollar cultura ciudadana y deliberativa; los atrasos en esta asignatura, coadyuvan a crear relaciones alienadas que terminan perneando nuestra propias conciencias dando a formas institucionales que, por su forma, no tienen que envidiar al mundo democrático desarrollado pero que en la realidad solo expresan documentos y letras muertas.

Seamos transparentes y críticos con nosotros mismos, si el poder es fuerte, lo es en tanto todavía la cultura ciudadana y de participación sufre los embates de la cultura autoreferencial que dificulta la construcción de los puentes para edificar un sentido referencial y de pertenencia, en el sentido de que juntos podemos diseñar esa horizontabilidad e influencia recíproca de ida y vuelta entre estado y sociedad civil.

Las reflexiones anteriores, sin ánimo de expiar culpas a los que desde la atalaya del poder ejecutivo o de la falacia parlamentaria siembran criterios y juicios, lo hacen en tanto que en nuestras regiones y países latinoamericanos, salvo miniaturas excepciones, los operadores de la justicia no tienen conciencia de que aquellos encuentran sus amarres y límites en los controles jurídicos que como fallos y sentencias emanan de sus estrados tribunalicios.

Razón tenía Looke cuando depositaba en el órgano judicial la responsabilidad de evitar que lo político desbordara el funcionamiento equilibrado y armonioso del estado y la sociedad, como lo señala un destacado colombiano, que no es más que la defensa y vigencia del estado de derecho constitucionalizado.

Cuando nuestra Corte Suprema de Justicia, haga conciencia, que su deber ético y compromiso es con el país, su estado de derecho y la democracia, mucho de esa cultura de desbordaje de supeditar el derecho a la política, irá quedando rezagada y entonces valores como la libertad, integridad y respeto humano, entonarán las notas de la vida en democracia,

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Este artículo se publicó el  27  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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