¿A quién le interesa el trabajo infantil?

La opinión de….

Efraín Hallax 

Muy pocas culturas escaparon de la aterradora práctica de la esclavitud. Los niños utilizados como trabajadores no eran la excepción, sino la regla. La humanidad no se multiplicó solo por mandato divino; lo hizo por razones comerciales.

Con el arribo de la revolución industrial, las reglas contra el trabajo infantil afloraron en la conciencia humana, desarrollándose a partir de entonces un movimiento más noble de nuestra civilización. En el proceso, el niño vio y disfrutó mejores oportunidades. ¡La sociedad se humaniza una pulgada, y nace la sociedad protectora de animales pequeños!

Últimamente tenemos una campaña contra el trabajo infantil en Panamá. ¿Qué buscamos con esas campañas? ¿Realmente atacamos el problema? Los niños trabajando sin ir a la maravillosa escuela… el show del día, el Oscar de las primeras damas, y luego la nada, el vacío.

La fiebre es el trabajo infantil. La enfermedad contagiosa es el exceso de niños inmersos en la pobreza, sin futuro. Nuestras familias están intelectualmente enfermas, y se niegan a tomar las medidas para frenar este cáncer que nos carcome socialmente. La mayoría de los jefes de hogar (la mayoría mujeres) decidió que sus hijos no tendrán educación sexual en las escuelas.

Faltos de neuronas, por no llamarlos ignorantes, prefieren ver a sus hijas embarazadas a los 12 años por falta de educación sexual, en vez de hablarles claro: “Ponte un condón hasta en las orejas, hijo mío”.   “Tómate una pastilla”. “Esto es un óvulo, aquello un espermatozoide…”. Nuestro primer problema es la educación sexual, fuente fundamental del problema social que inspira esta nota. Ella es casi inexistente, y cuando ocurre se inclina a la morbosidad. ¡La cultura de la incultura!

Casa Esperanza, el Hogar Malambo, la Fundación Pro Niños de Darién, Pro niños de Capira, La Chorrera y Chorrillo, etc., serán las únicas instituciones y comunidades que crecerán, aparte de los impuestos el próximo mes.   Sin educación sexual, los niños florecen como el berro en Boquete… silvestre y en cada esquina. Ni el fútbol detiene el sexo en la juventud. Son unos verracos. Son jóvenes y la sexualidad corre por sus venas.

Estrechamente vinculada a la falta de educación sexual está la Iglesia. Ella debería serle más fiel al futuro del niño que a sus dogmas de 2 mil años, donde el condón y las pastillas anticonceptivas son inventos del demonio. En el otro extremo se hallan quienes promulgan que si un hombre y una mujer no han pasado un curso de educación sexual, no tienen trabajo, y amor para crear un bebé, no pueden procrear:  no baby posible, niet, no baby, nine, niente bebushken. No debemos confundir que sexo y niños son dos cosas diferentes; pero sin educación sexual, son muy similares.   Prohibir el sexo no es la solución.

El tercer problema involucra al Estado y a la sociedad no pensante; ambos se hacen los locos (no confundir locura, con partido político alguno) cuando se menciona la educación sexual.   El Ministerio de Salud no puede operar a una mujer para que deje de tener hijos ni tampoco le interesa, aunque esta haya tenido 15 vástagos y su matriz cansada ruegue por ser operada, si no tiene 35 años de edad.   La respuesta es no.

No veo a ninguna asociación de distinguidas damas de aquellas que reparten canastillas en los hospitales, libro y ortiga en mano, enseñándole a la orgullosa homenajeada cómo dejar de traer más niños al mundo… “Sonrían para el periódico, por favor”. Hipocresía, ignorancia, o ambas cosas (confieso que estoy confundido).

La mujer sin educación sexual, pare, y sigue pariendo, mientras que nosotros leemos en los medios que tenemos que detener el trabajo infantil, ¿Cómo se detiene una epidemia?

Reconozco que hay panameños con el deseo de ayudar a estos niños, pero sugiero que dejen a los “esclavos” tranquilos y enfoquen sus esfuerzos en la raíz del problema. Niños quebrándose la espalda, niños pidiendo limosna y mendigando en los semáforos, prostituyéndose, siendo abusados. Déjenlos tranquilos. Total, si a sus padres no les importa, si la Iglesia lo promueve, si los partidos políticos necesitan más clientela, y tú y yo no hacemos nada para educarlos, ¿para qué preocuparnos?  ¡Al trabajo infantil dile sí! y sigamos poblando la Tierra.  ¡Sonrían por favor!

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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