Las aventuras de Fannie y Freddie

La opinión de….

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Francisco Ibero

Fannie Mae y Freddie Mac son, respectivamente, los nombres informales de Federal National Mortgage Association y Federal Home Loan Mortgage Corporation. Ambas fueron creadas como instituciones gubernamentales que posteriormente fueron traspasadas a inversionistas privados en 1968 y 1989. En este artículo pretendo mostrar que ambas jugaron un papel importante en la crisis subprime, papel que ha sido ignorado por muchos porque no cuadra con la “versión oficial” de la misma.

Aparentemente son empresas privadas, pero técnicamente son empresas patrocinadas por el Gobierno (government sponsored enterprises). Como tales, tienen varios privilegios: exención de impuestos estatales y locales; requisitos de capital de 2%–3% de los activos frente al 6%–8% de los bancos; línea de crédito de varios billones con el Tesoro, entre otros.

En la práctica, los estadounidenses las consideran como empresas públicas. Dan por supuesto que el Gobierno las rescatará en caso de problemas y quienes compran sus bonos de deuda cobrarán pase lo que pase.

Fannie y Freddie no conceden hipotecas a clientes. Solo operan en el mercado secundario. Compran hipotecas a bancos y compañías hipotecarias. Suelen conservar una parte importante y venden el resto en forma de títulos hipotecarios a diversos inversionistas. Hay que notar que, incluso cuando venden títulos, ambas cargan con el riesgo de que los clientes de las hipotecas originarias dejen de pagar. Pienso que esto es un error. En buena lógica y como sucede en el caso de los bancos, son los compradores de títulos los que deben correr y corren con el riesgo.

Nuestras dos compañías se financian mediante bonos de deuda que colocan con facilidad ya que el público considera que están garantizados por el Gobierno. Las ganancias que obtienen por cada hipoteca que conservan o cada título que venden son más bien pequeñas, pero los volúmenes que manejan son enormes. Por ejemplo, en el año 2003 tenían más del 50% de la deuda hipotecaria de Estados Unidos. Aquí hay otro riesgo importante. Si las hipotecas son de buena calidad, todo va bien. Pero apenas los préstamos malos llegan a cierto nivel, no muy alto, se comen fácilmente las ganancias.

En principio y en teoría, el objetivo principal asignado a Fannie y Freddie ha sido contribuir a hacer más accesible la vivienda propia para la gente de escasos recursos. Curiosamente, podían comprar hipotecas hasta de 417 mil dólares, cifra que se aumentó a 730 mil en diciembre de 2007. No hay que pensar mucho para concluir que estas no son hipotecas accesibles para familias de escasos recursos.

En 1992 el Congreso creó una institución reguladora denominada Office of Federal Housing Enterprise Oversight (Ofheo), adscrita al Ministerio de Vivienda, para supervisar la actuación de las dos compañías. El grupo supervisor comenzó con 200 funcionarios y un presupuesto anual de 65 millones. Los revisores nunca encontraron nada extraño, entre otras razones porque era el propio Ministerio de Vivienda el que obligaba a ambas a comprar hipotecas de dudosa calidad, por decir lo menos.

Es fácil entender que ambas compañías debían y deben satisfacer los intereses del Ministerio de Vivienda y del Congreso para subsistir. De hecho, el ministerio les imponía metas detalladas respecto al porcentaje de hipotecas de familias con bajos ingresos que debían comprar.

La inestimable contribución de Fannie y Freddie a la crisis subprime se dio por dos vías. Primero, ellas establecían de facto los estándares de crédito de los préstamos hipotecarios, ya que compraban al menos el 50% de los mismos. Los estándares se fueron relajando poco a poco en la medida en que el Ministerio de Vivienda las forzaba a comprar más y más hipotecas de baja calidad. La política respecto al abono inicial fue de particular importancia. Dicho abono se fue reduciendo progresivamente hasta que fue eliminado totalmente. En segundo lugar, al concentrar tantas hipotecas de mala calidad en dos compañías con requisitos de capital ridículamente bajos, el desastre estaba servido.

Ambas compañías comenzaron a comprar hipotecas subprime en 1993. Peter Wallison, ex consejero general del Tesoro, estimaba en 2008 que el 40% de las hipotecas en poder de ambas eran subprime.

Hubo quienes advirtieron a tiempo sobre los problemas potenciales. Lawrence Summers, secretario del Tesoro con Clinton, se quejó en 1999 del estatus anómalo de las compañías. Por su parte Lawrence J. White, que fue miembro de la directiva de Ofheo, defendió en 2004 que no deberían tener ningún privilegio.

Actualmente están intervenidas por el Gobierno. En el primer trimestre del año perdieron 18.5 billones. Hasta ahora, el Gobierno ha gastado 145 billones en su “rescate”. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, el costo final para los contribuyentes puede llegar a 380 billones.

La ley de reforma financiera recientemente aprobada tiene mil 500 páginas, pero no incluye nada respecto a Fannie y Freddie. Quienes crearon y alimentaron este desastre, pretenden saber cómo manejar todo el sistema financiero. Sería cómico si no fuera trágico.

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Este artículo se publico el 21 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

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