Cultura ética uno de los pilares de la Concertación – Papadimitriu

La nota en Facebook publicada por la Activista Política….

Jennie   Gonzalez

.

La cultura ética es uno de los pilares del Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo que impulsa la actual administración gubernamental dijo hoy, miércoles, el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu.


El Ministro emitió sus consideraciones en el acto en el que se inauguró las nuevas oficinas del Consejo Nacional por la Cultura Ética ubicadas en la sede de la YMCA en el corregimiento capitalino de Ancón, y que tiene como secretario general a Francisco Beens.


El citado ente adquirió forma como parte de los consensos alcanzados en la Concertación Nacional que hoy está bajo la presidencia de María Fábrega, quien funge, a su vez, como viceministra de la Presidencia.


“El presidente (Ricardo Martinelli) está muy interesado en este tema, que es uno de los pilares de la Concertación que lleva adelante la vice ministra Fábrega (…) Me complace saber que estas oficinas están en el edificio donde vivió el señor (William Crawford) Gorgas”, dijo el Ministro.


El Consejo Nacional por la Cultura Ética tiene como objetivo general promover y fortalecer esta cultura en todos los niveles de la comunidad nacional como condición indispensable para asegurar el auténtico desarrollo humano de todo el ser humano con todas sus facultades y de todos los habitantes de Panamá sin exclusión.


El próximo 15 de julio, un grupo participantes en la Concertación Nacional culminará el proceso de evaluación de los aspirantes a ocupar la Secretaría Ejecutiva de la referida instancia de diálogo.

Al acto de hoy asistieron, además del Ministro de la Presidencia, la viceministra de esa cartera, María Fábrega y Francisco Beens, secretario general del Consejo Nacional por la Cultura Ética, entre otras personalidades

GOBIERNO NACIONAL

¡JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ!

<>
Nota publicada el 17 de junio de 2010  a las 15:15 en Facebook por la autora, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Sólo el hombre trabaja

La opinión del Médico, Escritor y Académico Numerario de la Academia Panameña de la Lengua…

.

Dr. José Guillermo Ros-Zanet

Sólo el hombre trabaja. Y tiene empleo. Y más.   Sólo el hombre sufre desempleo, y mal empleo.

El animal, inmerso (atado) en el entorno natural, no realiza un trabajo. Es utilizado como una herramienta del hombre… Y tampoco vive su vida. Su vida le es vivida por la naturaleza.

Lo que el comprador de fuerza de trabajo compra en el mercado laboral no es trabajo sino capacidad de trabajar.   Y esta acción y esta distinción no parecen ser posibles en el mundo animal.

Sólo el hombre trabaja. Y lo hace para obtener (al actuar negativa o positivamente sobre la naturaleza) los bienes que le permitan satisfacer sus necesidades y deseos… Y sólo el hombre vive su vida, y la conduce hacia el bien o hacia el mal, hacia la construcción o hacia la destrucción, hacia la creación o hacia los acabamientos… Y hacia este último lugar pareciera conducir hoy el hombre su vida, su hacer y su destino.

El animal no vive su vida; pero, tal vez, vive en mayor armonía con la naturaleza, en comparación con el hombre.

El animal especializa su vivir para ADAPTARSE a la naturaleza… El hombre especializa su trabajo para TRANSFORMAR la naturaleza (muchas veces para agredirla, para contaminarla, para expoliarla), para convertirla en duro mundo… En el hombre, la especialización deviene división del trabajo… En el reino animal la evolución lleva a algunas especies a diferenciaciones funcionales, a veces extremas, como ocurre con las hormigas y las abejas: especialización (división) del trabajo”, dentro de la propia especie (obreras, reina, soldados, etc.). Es una división no sólo funcional, sino también estructural (diferenciaciones físicas) dentro de una sola especie…

Sólo el hombre trabaja… “Este pan y este vino, fruto de la vid (de la tierra) y del trabajo del hombre”…

El trabajo, el poder acceder a un puesto de trabajo, a un empleo, se considera como un derecho fundamental… Pero en nuestro tiempo tener acceso a ese puesto de trabajo libremente elegido, bien remunerado y amparado socialmente, se hace cada vez más problemático… Y recordemos que el trabajo dignifica (debe dignificar) al hombre; y el Desempleo disminuye la dignidad humana, la armonía y la salud social. Y personal.

El mundo ha cambiado dramáticamente durante los últimos cuarenta años. Y sufre el Trabajo. El Trabajo se ha transformado en empleo; y el empleo, en el empleo precario, y hasta en empleo esclavo.

En nuestro tiempo (¿modernidad? ¿postmodernidad?) y circunstancia, sufre el empleo (el trabajo) formal y el pleno empleo.   El trabajo pasa hoy, tal vez, más trabajos que en cualquier otra época… Hoy tener trabajo no siempre significa tener empleo.   Y muchas veces, tener un empleo no significa tener un trabajo (el caso, en nuestro medio, de los funcionarios llamados “botellas” y “garrafones”)… El empleo formal disminuye, y da paso a un creciente empleo informal. Y crece el empleo precario; que deja al obrero, al empleado, al margen de importantes prestaciones sociales… (Y recordemos que el ingreso o salario medio per cápita influye sobre el nivel de vida. O está en relación directa con el mismo).

Y, por otra parte, al disminuir el empleo formal, la permanencia segura, la estabilidad en el puesto de trabajo (la intemporalidad), va dejando de ser la buena compañía del empleo, del puesto de trabajo.

Crece el empleo temporal, sobre todo en ciertos espacios (y, es claro que no me olvido de los trabajadores temporales, estacionales –las llamadas “poblaciones golondrinas”–: el caso de los cortadores de caña y de los cosechadores de café, de áreas rurales)… El empleo temporal (“de prueba”), crece sobre todo en las áreas urbanas, y por lo general, se prolonga indefinidamente, a saltos sucesivos, repetidos, pero sin generar permanencia ni protección social.

Hoy amplios sectores de producción disminuyen progresivamente la demanda de factores de producción; entre estos factores está, fundamentalmente, la mano de obra, la fuerza (humana) de trabajo… Hoy podemos decir que el triunfo de la tecnología intensiva y extensiva hace posible la derrota del pleno empleo.

El llamado neoliberalismo y los amplios fenómenos de globalización de la economía y de la producción, que condicionan y hacen posible, a su vez, la flexibilización del marco laboral legal y el debilitamiento de los sindicatos (de las bases sindicales; no, de las dirigencias), ponen hoy serios obstáculos a la buena salud del mundo del trabajo…

El llamado neoliberalismo y la globalización no son, necesariamente, males ni males en sí mismos… Lo que los convierte en males del tiempo y el espacio es la profunda crisis de “Eticidad” (esencia de lo ético) que recorre el mundo actual, y que parece conducir y presidir mucho del vivir, del pensar, del hacer (del trabajo y del ocio) del hombre contemporáneo… El ocio ocioso domina y predomina sobre el ocio creador.

Más “Eticidad” lleva a más productividad del hombre (del individuo), de las sociedades y de los pueblos.

<>

Artículo enviado el 15 de junio de 2010 para su publicación a Panaletras por el autor, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

El silencio de Martín Torrijos

La opinión de la Ex Legisladora de la República…

MIREYA LASSO

Por la jerarquía de la posición que ocupó, la voz de todo ex presidente debe tener un peso específico en la opinión pública nacional; sin embargo durante el primer año del presente gobierno, el ex presidente Martín Torrijos se ha mantenido aparentemente alejado de los problemas nacionales.  En cambio, nos hemos enterado que prefiere concurrir a actividades lejos de Panamá: en Argentina, Guatemala, República Dominicana y otros destinos.

Da la impresión de haber olvidado las vicisitudes de su patria y de su gente, cuando en otra ocasión pareció amarlos entrañablemente al recorrer la espinosa senda que lo llevaría a la posición cimera para otorgarle la posibilidad de resolver las dificultades de la población más necesitada, sobre todo de los menesterosos. En su exitosa campaña presidencial se presentó como el líder político que, habiendo supuestamente heredado una vocación especial, embelesó a la juventud con el ‘Sí se puede’.

Pero ese ausente paladín, que otrora pareció preocuparse por el bienestar de su pueblo, inexplicablemente hoy parece indiferente.    Su silencio llama a la reflexión, porque aparentó poseer dotes de líder político, con capacidad para alcanzar la candidatura de su partido a la máxima magistratura en dos oportunidades. Con mensajes de esperanza, recorrió el país de arriba a abajo en busca del apoyo popular, para obtener en 1999 el 38% de los votos y luego mejorar su caudal electoral en el 2004 con el 48% del sufragio popular. En ambas ocasiones también consiguió concitar el respaldo de otros grupos políticos que confiaron en su liderazgo, con quienes logró formar sendas alianzas electorales.

A esa aparente habilidad política demostrada en 1999 y en el 2004 también habría que sumar su privilegiada experiencia de cinco años como primer mandatario de la nación. Son pocos los ex presidentes que todavía se hallan entre nosotros y que comparten esa experiencia singular; solo podemos imaginar el conocimiento que se adquiere sobre los intríngulis, las presiones y las tensiones que se concentran en ese puesto, sobre todo en un régimen presidencialista como el nuestro. Imagino que allí deben confluir intenciones altruistas de quienes desean el buen gobierno y aspiran a lograr lo mejor para el país; pero seguramente también se ponen de manifiesto las debilidades egoístas de quienes, por ambiciones políticas o apetencias personales, buscan el favor especial y el oído amigable de quienes detentan el poder, sin importarles las consecuencias negativas para el país.

Esa característica de la cual disfruta un ex presidente y líder político, que verdaderamente está en sintonía con su gente, la entendió a cabalidad Guillermo Endara. Él comprendió que ese doble papel le imponía una responsabilidad patriótica de ejercer, desde la oposición política, una férrea fiscalización de las acciones del gobierno, para evitar las arbitrariedades e injusticias que un gobernante, sus asesores y sus acompañantes pueden cometer, voluntaria o involuntariamente, a sabiendas o sin saberlo. Consecuente con su filosofía política —y sobre todo sin cola de paja— fustigó sin tregua a los gobiernos PRD de 1994-1999 y del 2004-2009, y al gobierno de su propio partido de 1999-2004; pero también supo responder afirmativamente a invitaciones para brindar asesoramiento con sus ideas todas las veces que entendió que el bien nacional estaba de por medio.

Contrasta entonces el silencio casi sepulcral del ex presidente Torrijos ante algunas acciones del presente gobierno, sobre todo en lo que tiene relación con medidas que resultan ser una repetición de aquellas que fueron acremente criticadas por los actuales gobernantes cuando estaban en oposición.

Los actuales gobernantes le presentan muchas oportunidades en bandeja de plata para levantar su voz acusadora y para explicar su propia gestión, pero parece preferir un enigmático silencio.   Causa extrañeza que si antes nos quiso hacer creer que era un auténtico dirigente político nacional, hoy se esconda en un inexplicable mutismo —que ensordece— para proclamar la hipocresía de su ‘Sí se puede’,  que parece confesar la falsedad de su aureola pasada.

<>

Artículo publicado el 16 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El oficio de columnista

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

MARIELA SAGEL


Los que nos leen creen que este oficio de escribir columnas de opinión es soplar y hacer botellas. Y encima tienen el atrevimiento de agredirnos si no están de acuerdo. El que tiene una columna de opinión es porque tiene la valentía de exponer lo que piensa de algo, esperando que quien disienta, lo haga con respeto. Hay quienes ponen su acuerdo o desacuerdo en la misma página digital, o quienes se toman el trabajo de escribirle al autor.

No acostumbro ver los comentarios que ponen las personas en el mismo periódico, porque ya me he dado cuenta que muchos lo hacen desde el anonimato, escudándose en falsas identidades. Otros, convencen a columnistas fijos que escriban contra un tema y son los primeros que ponen comentarios elogiosos y ataques con nombre y apellido, muchas veces por asuntos tangenciales. Esos son patéticos y da mucha pena que los que se consideren columnistas serios se presten para esa triangulación de odios y maldades.

El oficio de un columnista es esclavizante, no remunerado, tiene una extensión limitada, además de ingrato. Es decir, uno se tiene que ceñir a las palabras que le permita el formato del diario. Tener una columna fija es aún más esclavizante aún, porque requiere que uno siempre tenga cosas frescas qué decir y que sean interesantes para el público y que las envíe a tiempo. Yo tengo casi 30 años de emitir mi opinión, tanto en temas políticos como culturales, en diarios locales y extranjeros, y en revistas nacionales e internacionales. Así que vengo de vuelta de todo.

En 1998 nos unimos a un grupo de “escribidores” en un Círculo de Columnistas, que tuvo poca vida, pero mucha salsa, porque las mejores plumas de entonces convergieron allí. Algo muy importante que se realizó durante esa corta vigencia fue recibir capacitaciones de profesores de español y de periodistas experimentados.

Las columnas de opinión son eso, la opinión de quien las escribe y como nadie es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, hay quienes no nos leen, o a quienes no leemos. Yo dejé hace mucho rato de siquiera mirar el titular del todopoderoso farsante de La Prensa , porque no paso al que cree que sabe escribir o que todo lo sabe.   Igual pueden hacer todos aquellos que no les caigo bien.

Me adhiero a lo que una vez dijo Voltaire: “Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo”.   Esa es la base de la libertad de expresión.

<>

Artículo publicado el   14   de junio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

No necesitamos ser elegidos para ser ciudadanos

La opinión de…..

Raúl Leis R.

Diversas entidades ciudadanas se expresaron así: “Los grandes retrocesos en materia de derechos humanos que contiene la ley 9 en 1 y la forma poco democrática e irrespetuosa como es discutida, son una muestra del deterioro de nuestro sistema democrático, lo que afectará el ambiente del diálogo y convivencia que necesita el país… No se debe seguir irrespetando a la sociedad civil y creer que el país y las instituciones se pueden cambiar según la decisión unilateral del Consejo de Gabinete.”

De este difícil contexto por el que atravesamos me pregunto ¿Por qué afirma el gobierno y algunos políticos que la sociedad civil no es legítima, pues no fue elegida y quiere cogobernar?

Invito a un ex presidente y político, el sociólogo brasileño Fernando Henrique Cardozo para que ponga los puntos sobre las ies. “La legitimidad de las organizaciones de la sociedad civil emana de lo que hacen y no de a quienes representan ni de ningún tipo de mandato externo. En última instancia, son lo que hacen.

El poder de la sociedad civil es un poder difuso. Consiste en su capacidad de discutir, proponer, experimentar, denunciar y servir de ejemplo. No es un poder de decisión. Esta legitimidad es por definición una labor permanente. Nunca llega a alcanzarse de manera definitiva.

Se obtiene en el foro del debate público y debe renovarse y revitalizarse continuamente. Este diálogo abierto, en el que participan muchos actores que defienden intereses distintos, y en ocasiones divergentes, es algo más que la suma de sus partes. El debate y la reflexión que genera la sociedad civil constituye la base de la gobernanza mundial en el mundo contemporáneo.”

Creo que solo una visión miope y atrasada puede asumir que la actividad política se reduce a la labor de los partidos o los políticos, relegando así al ciudadano común solo a sus deberes laborales y familiares, y pasivamente, a la espera que los políticos hagan bien su trabajo.

Para esta visión la política es un gran negocio manejado solo por una élite de iniciados, funcionarios, cuadros partidarios, empresarios y caudillos. Para ellos, el resto de los miembros de la sociedad son únicamente una “masa”, un conjunto de individuos apáticos y sumisos que no merecen la libertad porque ni siquiera saben como usarla, y que necesitan ser manejados hacia un futuro que desconocen, pues son incapaces de alcanzarlo por sí mismos.

Esta visión promueve la falta de fe del ciudadano en sus potencialidades y capacidades, pues se le impone un modelo domesticador, alejándolo de las posibilidades de autoconstruir una ciudadanía activa y transformadora. Es en fin, un caldo de cultivo de reacciones impositivas que contribuyen a desmantelar nuestras instituciones políticas, y a merma las posibilidades de democratizar la democracia.

Muy por el contrario, creo que el rol esencial de la sociedad civil, es ponerle límites al estado y al mercado, para proteger el espacio de libertad desde el cual aportar a la construcción de democracia y el desarrollo humano sostenible.

Lo medular de la sociedad civil somos los ciudadanos, que actuamos con derechos y deberes, para mejorar nuestra sociedad, y en ello no representamos a nadie – no a la manera de los políticos o sus partidos – sino que más bien, nos representamos a nosotros mismos en tanto que somos agentes de cambio, pues no necesitamos ser elegidos para actuar como ciudadanos.

<>

Este artículo se publicó el  16  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Busquemos la unidad

La opinión de….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO


Panamá siempre ha sido un pueblo que no ha podido determinarse cabalmente, que no ha podido imponer su voluntad en la realización de su propio destino por tener esa voluntad crónicamente mediatizada. Pareciera que factores de orden geográfico, histórico y cultural se concentraron para demorar la integración de una conciencia nacional y una voluntad colectiva.

Al igual que otros pueblos hispanos y por el papel que desarrolló desde la época de la colonia, nuestro país no ha sido privado de ningún proceso que le ayudara a lograr un desarrollo continuo en su propio beneficio.

Hoy esa tendencia negativa la estamos percibiendo hacerse cada vez más grande, porque estamos viendo cómo crece entre nuestros ciudadanos una desesperación y angustia y pareciese que espíritus malignos nos están rellenando de desesperación, de inconformidad y desaliento; nos están saturando de desánimo, de tristeza, de contienda y de otros muchos calificativos, todos negativos para nuestra paz espiritual, paz con la palabra de nuestro Señor Jesucristo, y también de la paz social que hoy nos hace falta cada vez más.

Esa denegación de las mejores actitudes que solamente promueven un constante espíritu de división y descontento entre los ciudadanos, nos resta las fuerzas necesarias para buscar la unidad que se requiere para obtener la victoria.

Por falta de unidad y principios de solidaridad para con los que menos tienen, nuestra sociedad en general no está haciendo ese trabajo. ¿Discrepar? Sí, no todos opinamos igual. Más no busquemos divisiones que provoquen la ira y acciones violentas. Dejemos atrás aquello de poner a un lado todo lo que nos hace apartarnos de la búsqueda de lo mejor para nuestro país y evitemos el estar llenos de egoísmos y otras muchas cosas que nada bueno traen para nuestra vida colectiva.

Frente al prometedor futuro que tenemos por delante, Panamá tiene que estar unida. No podemos desperdiciar esta oportunidad que tanto nos ha costado alcanzar. La tenemos a la vuelta de la esquina, en nuestras manos. A toda nuestra sociedad se le hace un llamado a la integridad y a la unidad; para lo que se aproxima se necesita integridad, valentía, unidad y humildad en nuestras acciones para poder enfrentarlo y salir adelante.

Y vuelvo a repetirlo hoy: Panamá tiene gente lo suficientemente buena para lograrlo, en gobierno y en oposición, en la clase trabajadora y en la empresarial, en la clase alta y en la masa misma. No dejemos para mañana lo que tengamos que hacer hoy para lograrlo. Estamos seguros que todos queremos un mejor Panamá.

<>

Artículo publicado el   13   de junio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Advertencia a los panameñistas

La opinión del Periodista…

MANUEL VEGA N.

Mao Tse Tung decía que ‘la crítica debe hacerse a tiempo’ y que ‘no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar solo después de consumados los hechos’.   En este sentido, la critica de don Jorge Gamboa A.,   no solo es oportuna, sino que apunta al centro del verdadero problema por el que atraviesa el panameñismo con CD.

Desde el inicio de la alianza política se intuyó que el CD recién llegado al poder iniciaría una campaña, completa en recursos, para absorber a los diputados y funcionarios arnulfistas nombrados en el gobierno.   Lo que no se predijo fue que este intento sería muy intenso, agresivo, rastrero de parte del CD, amparado en la ambición y deslealtad de nuestros copartidarios.

Así tenemos que el CD ha irrespetado a los líderes históricos del arnulfismo (Arnulfo Arias y Mireya Moscoso), ha atacado a un dirigente actual del partido llamándolo ‘miedoso’ y está haciendo una campaña proselitista desleal entre los miembros del panameñismo.   Y lo peor, según señala Gamboa A., es ¿cómo los llamados dirigentes panameñistas soportan estos ultrajes dirigidos al partido?

Lo mismo ocurre con el abandono político en que el partido, a través de sus ‘dirigentes’, tiene alcalde Bosco Vallarino, quien se ha quedado solo en medio del fuego cruzado del PRD y del CD.

Por esto hacemos nuestro el clamor de Gamboa A. y lo acompañamos en su justo reclamo de que ‘el partido active sus organismos directivos y se reúna a, por lo menos, debatir la situación’.   A esta altura del juego aún estamos a tiempo de revertir el marcador.

<>

Artículo publicado el 16 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.