El discurso que no escuché

La opinión del Ingeniero y Analista Político…

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MARIO A. ROGNONI

M is amigos siempre me han criticado que por sufrir de diabetes, muchas veces al comer y subírseme el azúcar, me quedo dormido en los lugares menos apropiados. Controlada el azúcar, controlado el sueño. Pero, no dudo, hay días en los que fallo en mi control.   Es por eso que creo no escuché en la campaña presidencial un discurso clave del entonces candidato Martinelli, por lo que quizás ahora me sorprenden algunas medidas.

‘Panameños —me imagino hoy que dijo—— una vez electo presidente iniciaremos el fiel cumplimiento de nuestras propuestas, para lo cual subiremos el ITBMS de 5 a 7%.   Panamá aspira a tener grado de inversión y una vez lo logremos modificaremos el Código de Trabajo para reducir la fuerza de las huelgas, debilitaremos el sindicalismo, cambiaremos el día de descanso semanal, que no será ya el domingo’.

‘Conciudadanos —debe haber continuado—, con el propósito de agilizar los proyectos del Estado de interés social, no tendrá el gobierno que presentar estudios de impacto ambiental, eso se lo dejaremos a los proyectos privados solamente. De igual forma, para agilizar las compras propiciaremos las compras directas del Estado, si es a suplidores que nos hayan ayudado en campaña y de quienes conozcamos los precios.   Advierto que estaré considerando romper relaciones con Taiwán y establecerlas con la República Popular China, salvo que Taiwán muestre su apoyo a nuestro país con una donación sustancial, como un avión o similar’.

‘La violencia —habrá dicho— la detendremos. Para eso indultaré a todo policía que mate, hiera o afecte a un ciudadano en el cumplimiento de su deber.  Además, no habrá cárcel para aquel policía que mate, hiera o cometa un delito en el cumplimiento de su deber, salvo que en juicio sea encontrado culpable, y de ser así, no pagara cárcel en presidio, sino trabajando en los cuarteles de la institución’.

‘Panameños —estoy seguro añadió— hoy día está probado que los presidentes tienen que viajar por el mundo.   En mi primer año de gobierno espero poder hacer veinte viajes que produzcan resultados concretos al país.   Pero no viajaré solo, siempre me acompañara mi vicepresidente, que prefiero tener cerca.   Sé que muchos de mis proyectos no podrán iniciarse antes de un año, y quizás hasta después del primero es que verán el inicio del Metro, así como la llegada del primer Metrobús.   Pero en ese primer año consolidaré mi mandato, nombrando allegados a la Corte Suprema de Justicia, cambiando la procuradora general de la Nación, cambiando al fiscal electoral y consolidando mi bancada, ofreciendo apoyo a diputados, alcaldes y representantes tránsfugas’.

‘Gobernar —me imagino dijo— no es fácil.   Pero yo sé, por lo que no necesito que esa sociedad civil que nadie elige ni sabemos cuántos son vendrá a darme consejos y directrices.   Lo haré con mi Gabinete y si es necesario la Asamblea legislará a puerta cerrada.   Espero contar con el apoyo de los medios, como me han respaldado en campaña y no pienso permitir mucha discrepancias ni criticas, concentrémonos en el futuro, solo veamos el pasado para perseguir a los PRD y sus ex funcionarios‘.

No sé, me parece que en algún lado debe haber dado ese discurso, porque a las promesas que conocí del estudio despierto de su campaña, tengo que sumarle todas esas otras cosas, que por algún motivo no estaban en su plan de gobierno o simplemente me dormí cuando las dijo.   No dudo que dentro de su plan había muchas cosas buenas que hicieron que un 62% del electorado votara por él, pero, me pregunto, ¿lo habría hecho si hubiese sabido el resto del programa?

Lo triste es que siempre hay una diferencia clara ente el candidato y el presidente.   Siempre habrá un discurso que nadie escucha, un discurso que solo conocemos una vez en ejercicio el presidente electo. Porque es diferente hablar del juego que jugar.

Lo peligroso es que si en el primer año de gobierno llevamos ya las actuales sorpresas, ¿qué podemos esperar en cuatro años más? Nuestro sistema no permite correcciones por parte del electorado, el término del gobierno es fijo y, aunque se arrepientan los miles que lo eligieron, solo nos resta esperar. Lo ideal en una democracia como la nuestra es que los gobernantes escuchen a su electorado, que mantengan un sistema de consulta y contacto con los sectores. Si la Asamblea Nacional de Diputados aplicara al pie de la letra su reglamento, la democracia sería más efectiva.

Un primer debate amplio, consultando a todos los afectados, un segundo debate enriquecedor y un tercer debate simplemente de verificación. Lamentablemente la actual Asamblea está creando problemas a la democracia panameña, hoy difícilmente un panameño saldría a defender la institución legislativa. Problemas que se agravan por la debilidad de dos de los tres Órganos del Estado. Ni el legislativo ni el judicial gozan de respeto popular.

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Artículo publicado el 15 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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