El señor desconocido

La opinión de….

Luis A. Puleio C.

Todos los días tengo por paso obligado el transitar en mi vehículo de El Dorado hacia Clayton, pasando por la vía de La Amistad, con destino a mi trabajo. Particularmente, me agrada transitar por allí porque me distraigo viendo el bosque que linda entre los parques Camino de Cruces y Metropolitano. Temprano en la mañana o en el atardecer, mi espíritu se embelesa con el paisaje colmado de verdor y, aunque la vía esté atiborrada de vehículos, yo me recreo observando el follaje.

En no pocas ocasiones me ha tocado ver a un señor de cierta edad, quien armado de un machete y en atuendo del Army, hace cortes en el sector del parque, donde se sembraron innumerables plantones de especies nativas maderables por la Anam y compañías patrocinadoras.

El propósito de esa siembra, me explicó un funcionario de la Autoridad del Ambiente, es la erradicación de la llamada paja canalera (Saccharum spontaneum), que se ha extendido a sitios tan lejanos como el Bayano y Coclé.

La Saccharum spontaneum fue traída por los norteamericanos a Panamá en la década de 1960 con el objetivo de frenar la erosión de las riberas del canal. Por falta de estudios de impacto ambiental de la gramínea, ella se hizo fuerte, dominando a las especies naturales del bosque. La rápida dispersión de la semilla por el viento hizo que la paja gringa creciera de forma incontrolable. Una de las pocas posibilidades de dominarla es a través de costosas reforestaciones con especies locales de rápido desarrollo, cuyas ramas provean de sombra, así y al cabo de unos años la hierba se empieza a debilitar y a desaparecer.

El procedimiento para la preparación de la parcela se hace con el empleo de un tractor para que aplaste y descuaje la hierba, dejando la superficie libre de abrojos.   Si no se dispone de tractor, entonces se hace el corte con machete o con máquinas desbrozadoras. El mantenimiento debe ser constante, para impedir que la paja cobre fuerzas y termine ahogando a los plantones.

Durante el verano he visto al señor desconocido, tema de este artículo, cargando tanques plásticos con agua que él mismo utiliza, con mucha paciencia, para irrigar los plantones, ya que sin ese bienhechor auxilio, las plántulas terminarían secándose, haciendo fracasar el proyecto.   Sostener una reforestación de manera seria, va más allá del brindis y de los discursos laudatorios, exaltando a las organizaciones participantes.

Requiere de un equipo de ciudadanos consagrados en la tarea de conservación y que se empeñen en darle seguimiento a la reforestación, con el corte de la maleza, el control de plagas, la prevención de incendios y el remojar de las plantas durante la época seca. El trabajo de mantenimiento se prolonga por espacio de tres años, alcanzando los arbustos alturas de 10 a 12 pies.

En la actualidad, cuando paso por la vía de La Amistad, puedo apreciar cómo se ha ido regenerando el bosque, que era motivo de grandes llamaradas durante los meses de marzo y abril, y todo ello se lo debemos al señor desconocido que con tanto tesón y amor a la naturaleza ha facilitado la recuperación del dosel que cubre las márgenes de una transitada vía de la urbe capitalina.   ¡Gracias, señor desconocido!

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Este artículo se publicó el 10 de julio de 2010 en el diario La Estrella de Panamá y  el 11 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

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