Terapia con células madre

Reproducimos el artículo de opinión del Doctor ….

Pedro Ernesto Vargas

Muchos de los tejidos humanos se renuevan o reemplazan sus células viejas, por la capacidad de sus propias células madres (somáticas) para multiplicarse en esas líneas celulares, como también lo hacen para multiplicarse ellas mismas, es decir, en células no diferenciadas.

De allí el tremendo potencial terapéutico que se les reconoce a estas, aún no probado en cada instancia y el entusiasmo por la terapia con ellas. Los usos terapéuticos de las células madres se pueden agrupar así:

1. Aplicaciones actuales, con células madres hematopoyéticas, en trastornos de la sangre e inmunológicos y ciertos trastornos metabólicos, pero sin éxito aún, en aquellos que afectan el sistema nervioso central.

2. Aplicaciones experimentales, como para esclerosis múltiple y quizás en algunas otras enfermedades desmielinizantes, con atención al hecho de que las células trasplantadas pueden inducir crecimientos tumorales en estos pacientes y de hecho lo han inducido tanto en el cerebelo como en el tallo cerebral y la medula espinal.

3. Aplicaciones potenciales, en donde se califican la enfermedad de Parkinson, los daños de la médula espinal, la degeneración de la retina, la diabetes tipo 1, algunos tumores cerebrales, algunas enfermedades cardiovasculares, otras enfermedades metabólicas muy limitadas, la osteoporosis y otras, pero cuya eficacia y seguridad no han sido probadas.

Solamente el trasplante de células madres hematopoyéticas, ya sea de la médula ósea, de sangre del cordón umbilical o de sangre periférica, entra en esa categoría de aplicaciones establecidas. Sin embargo, es necesario señalar inmediatamente que no para todo antojo o ambición. Toda otra terapia con células madres es experimental y su uso se debe regir bajo estándares severos y estrictos, donde la protección del paciente es prioritaria. Eso no ocurre en los paraísos de células madre, donde se ha desarrollado otra forma de turismo médico, el turismo de células madre, y donde la terapia no es ni experimental ni innovadora.

Los paraísos de células madre son estos países donde se ofrece esta terapia por parte de grandes emporios no nacionales, que se trasladan a sitios donde estas entidades no son acreditadas ni reguladas, para ofrecer tratamientos no probados y nocivos o potencialmente nocivos. Esto es muy distinto de aquellos sitios donde entidades acreditadas y reguladas ofrecen tratamientos probados y eficaces a menos costo. Es temerosa la forma como el turismo de células madre se ha ido popularizando mientras se diezman las esperanzas y se promueven, sin misericordia ni escrúpulos, el miedo y la vulnerabilidad de los enfermos.

Muchos de estos paraísos de células madre ni siquiera proveen evidencias de sus resultados y mucho menos de la seguridad y eficacia de sus tratamientos; otros ni siquiera dan prueba de si inyectaron células madre ni reconocen si el mínimo logro se hizo por vía de otras formas probadas de manejo, como, por ejemplo, la terapia física de rehabilitación.

Peor aún, los gobiernos de estos países donde los paraísos se asientan, hacen poco o nada por proteger a los pacientes, a pesar de que esos tratamientos no han sido probados, los ponen a riesgo y siguen siendo costosísimos. Si algo puede compararse con los paraísos fiscales son estos paraísos de células madre, donde se huye de las leyes y se rehúye la responsabilidad con un afán utilitarista de hacer dinero.

En otras palabras, las consideraciones bioéticas de la terapia de células madre son insoslayables porque en cada situación hay que tener evidencia probada de su eficacia y absoluta certeza de que no es nociva. Hoy, desafortunadamente, hay claras señales de que muchas de las personas que buscan una respuesta terapéutica a sus terribles males son engañadas al ofrecérseles “la bala mágica”, que, contrariamente, los podría poner en riesgo tres, cuatro, cinco.

Las autoridades nacionales han revelado un interés en regular el turismo médico. Es imperativo que se reconozca, primero, la desventaja que tenemos, por el hecho de estar frente a un debate con profundas raíces políticas, religiosas, culturales, sanitarias, científicas, académicas, profesionales y éticas, que se presenta con urgencia de regulación, urgencia y regulación que suelen aparecer cuando aún no se alcanza consenso. También es válido recordar que, mientras la ética suele presentarse con grandes aspiraciones, o ser maximalista, cual lo recuerda Ronald B. Miller, la política suele ser minimalista y, en esta disyuntiva de las células madre, el minimalismo reviste serios y duraderos riesgos.

Sin las asesoría propias, incluso de instituciones académicas y de investigación mejor desarrollados, allende nuestras fronteras, las grandes empresas transnacionales, interesadas en el negocio más que en la salud, facilitarán para ellas legislaciones y regulaciones laxas que no apuntan a la seguridad de los pacientes y borrarán la diferencia entre lo experimental y lo aplicable, entre lo innovador y la novedad, entre la verdad y la mentira.

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Este artículo se publico el 7 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

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