Derechos curvos

Reproducimos el artículo de opinión de….

John A. Bennett Novey e Irving H. Bennett N.


Una curva lanzada por los políticos es llamar derecho a un pseudoderecho, como derecho al agua, educación, vivienda y un salario digno.   Decir que alguien tiene derecho al agua, por ejemplo, implica que hay que proporcionársela y no sólo que tiene derecho a proporcionársela.   Los derechos, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad (el usufructo del producto de nuestras facultades) tienen un origen.

La economía y el mercado necesitan un marco institucional, o reglas de juego sustentadas sobre una base moral, que rige al legislador. No es lícito disponer que el secuestro y el crimen sean cosas buenas y deseables. La acción humana es por naturaleza libre, lo cual implica propósito deliberado, elección, preferencia y selección de medios para lograr los fines elegidos. No podemos hablar de libertad cuando existe coacción, como cuando el Gobierno dicta los precios. Ello destruye el mismo cimiento de la sociedad, que consiste en la facultad y el derecho de elegir.

Muchos se escandalizan de la gran riqueza de unos frente a la extrema pobreza de otros y reclaman la distribución de esa riqueza producida por los pocos. Esto constituiría un robo, lo cual va en contra del séptimo mandamiento.   Parecieran pensar que la riqueza es un pastel de tamaño limitado que al ser consumido por el que hizo el pastel priva de ello a quienes no lo produjeron.   Lo que hace el hombre es producir riqueza, unos más y otros menos, y el que no produce se muere.   La manera natural de distribuir esa riqueza es el intercambio de bienes y servicios, los cuales cada uno tiene que producir.   Por ello, no es verdad que el pastel sea algo limitado, sino que su tamaño está en proporción a la productividad de las personas.

La justicia social consiste en descubrir las reglas del juego que permitan a cada uno producir e intercambiar libremente lo que es propio.   Es injusto poner barreras al comercio, limitar las libertades y coartar los derechos de las personas sobre lo suyo y lo que hace con su propia vida.

La justicia social no se refiere a cosas materiales sino a la misma sociedad y a su interacción.   La justicia distributiva se refiere a la distribución que el padre hace a sus hijos y miembros de su familia.   Esto se aplica al estado con los bienes e impuestos justos que han contribuido los ciudadanos para el bien común, y esto está limitado a aquello que realmente es el bien de todos y no de algunos. No es lo mismo quitar y repartir que dar a cada uno lo que le es propio. El mismo derecho a la vida es derecho de propiedad y desde el momento en que el Estado entra a disponer de lo que es propiedad de las personas, vulnera su propio sentido.

A los politiqueros les encanta el falaz concepto de una justicia social que les convierte en repartidores y les coloca en el mejor sitio para pelechar. Los grupos rentistas lo usan como blasón de sus reclamos.

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Este artículo se publico el 7 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a los  autores,  todo el crédito que les corresponde.

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