Austeridad gubernamental y educación

La opinión de….

Robin Rovira Cedeño

Decía Ghandi: “Toda comida que comemos innecesariamente es comida que le robamos a los pobres”.   Opino que por mucho auge económico que goce un país, todo gasto innecesario de su gobierno bajo el comodín “responsabilidad administrativa” se traduce en una burla a los hambrientos de ese país.

Cierto es que Jesucristo dijo que “a los pobres siempre los tendremos con nosotros”, pero una política de austeridad equitativa permanente en los entes que regenta un gobierno sería una muestra de respeto a los hambrientos; sobre todo, en un país de grandes contrastes como el nuestro, donde, por un lado, hay penthouses como sólo se ven en Estados Unidos o Europa y en donde, por otro lado, existen personas que viven de forma miserable.

No soy un sedicioso, sólo quiero lanzar una voz de alerta a este gobierno, porque sabido es que “el diablo vive en los detalles” y por allí ya escuché, de un detractor de este gobierno, decir que a éste le espera “una gran sorpresa”.

No sé a qué se refería exactamente, pero me hizo recordar que cuando un pueblo se siente defraudado toma decisiones que dejan boquiabiertos a los demás. Por ejemplo, sé de un país donde, debido al descontento, le dieron el voto a un partido cuyo presidente, se decía, tenía fuertes indicios de ser el jefe de los escuadrones de la muerte.   Lo que valida la idea de que en política no hay sorpresas sino sorprendidos.

Cuando el príncipe Felipe y la reina Isabel se casaron, Ghandi les dio como regalo de bodas un retazo de tela de lino. Este regalo llevaba inserto el mensaje de que los adornos no son más importantes que la tela en sí. Que el hombre no debe extraviarse en el “bien-estar” y olvidarse del “bien-ser”.   Es decir, “la belleza de la economía radica en la necesidad; una cosa es bella cuando es necesaria”.

Fue en CADE’ 96 que el Dr. Miguel Ángel Cornejo dijo: “Lo único que podemos hacer por un miserable es educarlo.   Una nación que no invierte en educación tarde o temprano tiene que invertir en armas”.

En este país es necesario invertir mucho más en educación porque, por un lado, algunas escuelas y colegios se asocian más, infraestructuralmente hablando, a cárceles y, por otro lado, con el devenir de los tiempos algunos docentes han perdido la perspectiva de su función como “formadores” creyendo, más bien, que son “reformadores” y que las escuelas y colegios son, por ende, reformatorios, lo que a la postre hace que en tales escuelas y colegios se estén incubando futuros resentidos sociales, que es el primer paso para la delincuencia.

Es probable que alguien diga que me fui por la tangente o me catalogue de alarmista, pero escucho mucho últimamente: “odio la escuela” y allí están las estadísticas.

Ojo, “Cruzada contra la violencia”.

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Este artículo se publico el 8 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

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