Héctor, el sacerdote de Santa Fe

La opinión del Estudiante Universitario…..

Lorenzo Concepción B.

Al conmemorarse un año más de la desaparición del Padre Héctor Gallego el 9 de junio de 2010, es oportuno recordar su amor y fidelidad por el ministerio sacerdotal. Como Jesucristo Buen Pastor dio la vida, él también la entregó por sus hermanos campesinos, los pobres de Santa Fe.   El sacerdote que supo encarnar el Evangelio en su corazón.   De la Palabra, de donde se inspiraba para servir y no ser servido, llega a trabajar con sus hermanos de Santa Fe.

Héctor Gallego el sacerdote que supo luchar con el arma de la Verdad. Arma que es capaz de debilitar el pensamiento de los hombres frente a sus intereses. La reflexión de la Palabra en cada reunión con las comunidades, y la Eucaristía como culmen en el trabajo del cristiano, hace de este Pastor, aquel hombre que se siente movido por el Espíritu a actuar a favor de los que no cuentan, mediante la predicación y el testimonio de vida. “El tratar de hacer de su existencia un ejemplo de lo que predicaba, y el querer siempre practicar primero en si mismo lo que decía, lo hace un hombre excepcional entre los hombres.”

El profeta que ante la miseria anuncia; ante la injusticia denuncia y ante el mal ataca, logra descubrir el porqué de las cosas. Ante el campesino de Santa Fe, el indio de las montañas, siente la necesidad de hacer despertar del sueño en el que están sumidos. Sus derechos, su libertad, pero sobre todo su dignidad de hijos de Dios, logra tener repercusión en la vida de muchos hermanos gracias al testimonio de vida, y su entrega innegable. Recorrió, como aquel maestro, “de un lugar a otro” por la atención espiritual, por la interiorización y predicación del Evangelio.

Aquella experiencia vivida por Héctor hace de su parroquia, una comunidad de comunidades a ejemplo de las primigenias, “acudían diariamente al templo con perseverancia y con un mismo espíritu. Partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.” Hch 2,46.

Fue la imagen de hombre débil que describe su biografía, pero de profundo y fuerte amor al sacerdocio de Cristo. El Señor se ha servido de los humildes para confundir a los grandes.

Su comunión con el Obispo hace de él, una figura de verdadera comunión eclesial. El hombre que vive una interiorización profunda del misterio de Dios que es capaz de darse a los demás, sin importarle su propia vida. Es el verdadero amor, aquel que se da sin ninguna condición de raza, pueblo, lengua, religión, etc.

Su iluminación profunda de la realidad guiada a la luz del Evangelio, hace surgir un compromiso: aceptar la realidad o seguir viviendo en ella. Su razón y su fe lo hace capaz de trascender y leer los signos de los tiempos. Aquel que penetró en la memoria del pueblo panameño, en el campesino de Santa Fe, “penetró en el santuario una vez para siempre no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una libertad definitiva”, igual que su Maestro a favor de sus hermanos. Hch 9,12.

Transcurrido 39 años de la desaparición del P. Héctor Gallego, que viva en nuestra memoria por siempre, su trabajo a favor del campesino y del hombre oprimido.

“Si desaparezco no me busquen, sigan la lucha”. Héctor está vivo.

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Este artículo se publicó el  9  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Ley que recuerda al cacique Inabaginya

La opinión del Educador Kuna….

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Rodelick Valdés

El pasado 26 de abril, la Asamblea Nacional de Diputados aprobó por unanimidad la Ley Nº 107 por medio del cual se declaró el 13 de junio de cada año, Día del Cacique Kuna Inabaginya. Con esta Ley, el Estado panameño por medio del Órgano Legislativo honra y reconoce la trayectoria y contribución al fortalecimiento de nuestra nacionalidad del cacique Inabaginya.

El saila nació alrededor de 1860 en la aldea de Ginya. Posteriormente su población llegó a la costa caribeña y fundaron el pueblo de Sasardi, en la época en que los franceses realizaban exploraciones en la región para ubicar una de las posibles rutas de un canal interoceánico.

Desde muy joven Inabaginya recibió una formación cultural de su maestro el saila Inanaginya. Tras la muerte de este, Inabaginya lo reemplazo como líder regional. Su fama como defensor de los recursos naturales y marinos llegó a oídos de los gobernantes tanto de Panamá como de Colombia por sus constantes denuncias de la explotación de los recursos por los inescrupulosos cazadores.

Viajó y se entrevistó con los gobernantes de ambos países para tratar temas políticos, de soberanía y de explotación de los recursos naturales. El gobierno colombiano le dijo que ya no tenía jurisdicción de esos territorios, mientras que Panamá empleaba y ejecutaba algunas medidas para acercarse a la facción de Inabaginya, que al principio no aceptó las propuestas de Belisario Porras.

Formalmente, en el año de 1919, Inabaginya reconoce la soberanía de Panamá. En el año de 1932 las islas de la confederación de Inabaginya participaron en las elecciones de ese año. El Cacique murió el 13 de junio de 1938 en su pueblo de Muladup.

Con la Ley Nº 107 se retrotrae la figura de Inabaginya al ámbito social y cultural actual de los pueblos indígenas de nuestro país, en medio de las concesiones mineras en otras áreas comarcales, construcción de hidroeléctricas, explotación de árboles madereros en zonas protegidas del Darién y desalojos de comunidades Nasos violando todo tipo de derechos humanos. La defensa de los recursos e intereses sociales de los pueblos indígenas debe partir de organismos o instituciones democráticas de nuestra nación que tanto pregonan derechos.

Así como se debatió en torno a la vida, trayectoria y aporte de Inabaginya en el pleno legislativo, se requiera que los diputados indígenas y no indígenas asuman su función de ser los fiscalizadores de los atropellos e irregularidades que las autoridades del Órgano Ejecutivo cometan con los hermanos indígenas y de denunciarlos ante la faz del país.

Inabaginya es el tercer cacique kuna que se le aprueba una Ley para la conmemoración de su día. Los otros son Nele Kantule y Simral Colman. Finalmente esperamos que la proyección de la Ley no solo sea en pueblos indígenas sino en el resto de la sociedad panameña para que se reescriba la historia patria y que las presentes y futuras generaciones panameñas sepan, conozcan y valoren la participación de los caciques indígenas en los albores de nuestra república.

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Este artículo se publicó el  9  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Aduladores

La opinión de….

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Miguel A. Boloboski Ferreira

“Crea una aureola cuando habla. Tiene la determinación y claridad de los iluminados. Su persona irradia una gran atracción, hace frases rotundas, bien balanceadas de aplastante lucidez.  Su reloj está siempre adelantado 15 minutos; tanto en su muñeca como en la historia. Sufre la tragedia del profeta, presagia la evolución y el rumbo de los acontecimientos. Es una especie de vigía que observa desde lo alto de su inteligencia el cambio mundial, y lo comprende e interpreta con la profundidad y cultura enciclopédica solo posible en unos cuantos cerebros escogidos por la biología y las circunstancias”.

Si bien el autor en el prólogo de su obra no generaliza, sino que se refiere a un individuo en particular (todavía vivo y vigente), bien puede tomarse como la radiografía que hacen los aduladores de cada gobernante de turno.

Nuestra América, la de los criollos, mestizos, mulatos, zambos y todas las demás etnias que por estos Lares han cruzado, es rica en aduladores. Sin ellos nuestra historia seguramente seria otra; muy distinta por cierto.

José López de la Huerta, nos indica que el adulador es la persona “adulona, servil, pelotillera y cobista”. El adulador puede serlo una sola vez, mientras que el adulón y el pelotillero lo son por costumbre. El lisonjero es más fino que el adulador. Este lo alaba todo, y sacrifica sin arte ni rebozo su propia opinión, la verdad, la justicia y cualquiera otro respeto.

Todos lo conocemos. Es el personaje que nunca pone una mala cara, pero, a solas con el gobernante, lanza sus sibilinos puñales contra algún inocente. Siempre que puede, se adjudica méritos ajenos y se deshace en halagos hacia los superiores.

Leo del periodista nicaragüense Alfonso Dávila Barboza una anécdota del emperador Napoleón Bonaparte. Bonaparte tuvo noticias que la población francesa, cuando se refería a él lo mencionaba con desprecio. Una mañana llamó con urgencia a sus tres inmediatos consejeros y los interrogó sobre las noticias recibidas y estos a una sola voz dijeron: “Nada de eso.   Más bien le señalan a usted, como bondadoso y paternalista”.

Llamó luego a su ama de llaves y a la jefa de cocina, haciéndoles la misma pregunta. Estas nerviosas, dijeron una a una: “Emperador, es cierto, de usted hablan barbaridades y se nota en los corrillos que lo desprecian”. Corroborado lo anterior Napoleón manifestó a sus consejeros: “Se retiran de aquí ya; voy a pensar si los mando a fusilar”.

¿Cómo distinguir entre un adulador y un amigo? Es esta la dicotomía de todo ser humano, en especial del poderoso de turno.

Michel Foucault recomienda detectar la parresia, palabra griega que significa franqueza. El parrésico, a diferencia del adulador, habla la verdad, merece credibilidad por su ética y valentía, pues no se trata solo de manifestar lo que piensa sino de hacerlo con peligro de la vida, o sea confrontando al poder, sabiendo que el poderoso puede castigarlo por semejante atrevimiento.

Generalmente preferimos engañarnos convencidos de que los subalternos piensan respecto a nosotros lo que quisiéramos que pensasen.

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Este artículo se publico el 9 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

Fenómeno sin explicación

La opinión de…..

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Marisín Villalaz de Arias

Infinidad de ocasiones me he hecho estas preguntas: ¿Qué sucede con muchos hombres panameños? ¿Por qué no avanzan ni progresan en sus vidas? Es un fenómeno que me agradaría me respondieran los sociólogos a ver si logro comprenderlo. Las mujeres muchas veces toman la iniciativa para mejorar su status de vida en la familia; ciertos hombres consiguen un empleo y no progresan en el mismo, quedándose rezagados mientras sus esposas surgen, estudian, toman cursos y se elevan sobre sus maridos. Se nos ha dicho que las universidades están llenas de mujeres y los primeros puestos los ganan ellas.  Muchos puestos de responsabilidad son ocupados por mujeres.

Matrimonios se rompen por el fenómeno al cual he hecho alusión ya que las mujeres se cansan de cargar con un marido que no tiene incentivos en su vida y, cuando ellas logran un buen salario que les permita criar solas a sus hijos, los dejan. Por otro lado, muchos hombres solo piensan en el sexo, haciendo alarde de cuántas mujeres se levantan creyéndose más machos por ello; logran engancharse a una de ellas y abandonan su hogar irresponsablemente para luego ni darles pensión alimenticia a los niños. ¿Cuántos casos de estos hay en la justicia? Y los jueces no fallan porque son hombres irresponsables igual que los padres.

Si este país continúa así, formaremos un matriarcado que tampoco beneficia a una sociedad en donde luchamos por una igualdad. ¿Cuántas cárceles de mujeres y de hombres existen? La mayor parte de los casos de violencia son causados por hombres y encima, maltratan a las mujeres y a los hijos sin importarles nada. Me agradaría que los hombres de mi patria fueran más responsables, que se quiten el exceso de sexo de la cabeza, que actúen con conciencia de familia, pensando que es el núcleo más importante en la vida. Si los hijos tienen vicios, generalmente es culpa de los padres que se llenan de hijos y nos los atienden; porque, como dice una amiga, la gran mayoría de las madres, lo único malo que hacen es morirse.

Este deseo es compartido por miles de personas, sobre todo por mujeres que desean encontrar hombres que les den seguridad porque ellos la tienen; que formen una familia con los dos a la cabeza y que sean suficientemente maduros para ser esposos modelos. El día que logremos esto, Panamá crecerá, las familias se reforzarán y habrá menos violencia juvenil.

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Este artículo se publicó el  9  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ayudantes e inspectores de almas

La opinión del Ingeniero Civil…

RICARDO SALCEDO S.

En el curso del diario vivir se dan situaciones inesperadas que afectan el ánimo y la tranquilidad de las personas, llevándolas a menudo a caer en angustias que, unas veces, son superadas por la fortaleza de sus valores y, otras, por la asistencia espiritual de congéneres que la brindan con el ejemplo de sus correctos procederes, observaciones o consejos aportados oportunamente. Hay quienes en su paso por la vida imprimen una huella muy profunda por su integridad, sencillez, amabilidad y buen humor en el trato con sus semejantes.

Mucho necesita la Humanidad de la vigencia de tales condiciones espirituales para hacer cotidianamente un mundo mejor.   Sin duda, El Creador siembra esta clase de seres para que en su actuar estén continuamente atentos y dispuestos a ofrecer a los demás el bagaje de sus enriquecedores estímulos, conocimientos y advertencias para crear bienestar… sobre todo espiritual.

Lo anterior es particularmente importante en un mundo cada vez más materializado, inmerso en el vértigo de los avances tecnológicos y de la ciencia, y en el modo de vida acelerado, casi sin dejar espacio para la formación religiosa, artística, deportiva, cultural, amical, en fin, para la de los rumbos del espíritu.

En la categoría de las personas delineadas, muchos pueden identificar a algún conocido que por su trayectoria, o por alguna acción determinada, los han impresionado con el currículum de sus valores y, o, con su vocación de mejorador de almas.   Son personas que dentro de todos sus atributos les emergieron sobresalientes: su bondad, su buena conversación salpicada de chispas de ingenio, su minuciosidad y su firmeza.

En Panamá, país pequeño en territorio, pero grande en proyecciones históricas y en la calidad anímica de muchos de sus habitantes, hemos tenido la fortuna de contar con estos personajes semi-anónimos, que además de vibrar con las conquistas de los atletas, artistas, intelectuales y estadistas nacionales, y con música primordialmente típica y latinoamericana, han contribuido al concierto y mejoramiento patrios, ofreciendo en conferencias profesionales, medios de comunicación y otros foros, planteamientos acerca de grandes temas permanentes, como: el desarrollo del Canal de Panamá; los desarrollos morales, cívicos y sociales; y, el devenir político del país.

Retratado en los comportamientos descritos, y a un año de su deceso el pasado 9 de junio, el ingeniero civil Harry A. Díaz Strunz, especializado en inspección de edificios —además ex embajador y ex cónsul de Panamá— aplicó sus aptitudes y disciplina profesionales también en pro del mejoramiento moral y material de quienes trataba, cual un incansable inspector de almas.   Un panameño más de mérito, sin mucha bulla, pero en contraste con quienes desde las candilejas de un poder arbitrario han causado daño y dolor a otros.

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Artículo publicado el 9 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Justicia para el padre Gallego

La opinión de….

Carlos Guevara Mann

Treinta y nueve años atrás –el 9 de junio de 1971, en horas de la noche– un comando del G–2 irrumpió en la pintoresca campiña de Santa Fe de Veraguas y secuestró al sacerdote Héctor Gallego. Todavía hoy no se sabe con certidumbre qué hicieron con él.

Inicialmente se rumoró que había sido martirizado y lanzado desde un helicóptero, como después lo haría el reverendo Papo con sus infortunadas víctimas en el Darién (otro repugnante capítulo de la historia del narco–militarismo que permanece sin castigo).

Luego se comentó que había sido torturado hasta la muerte y enterrado en uno de los cuarteles de la dictadura, que también funcionaban como cementerios. Aquellos recintos de terror ofrecían la seguridad que los militares y sus cómplices del PRD necesitaban para cometer sus crímenes de lesa humanidad.

El desalojo de la narco–cleptocracia de Torrijos, Paredes y Noriega generó en la ciudadanía alguna confianza de que a través de una recta aplicación de la justicia, el rumbo del país pudiese enmendarse.   Muy pronto, sin embargo, esas esperanzas se esfumaron. Las pésimas actuaciones de jueces, fiscales, magistrados y procuradores de baja calidad profesional y moral se encargaron de erradicarlas.

El juicio por el asesinato de Hugo Spadafora (1993) dejó al descubierto que a pesar del cambio de régimen político, el sistema judicial panameño sigue penetrado por la corrupción, la ineptitud y la desidia.   El proceso judicial culminó con la absolución, por un jurado de conciencia, de siete de 10 sindicados.

Entre octubre y noviembre de 1993 se llevó a cabo el juicio por la desaparición del padre Gallego. Cuatro agentes de la Guardia Nacional torrijista fueron acusados: Agrazal, Magallón, Madriñán y Walker.

Solo los últimos dos se presentaron a la audiencia. Magallón, convenientemente, está “prófugo” de la justicia desde hace años. Agrazal tuvo un proceso distinto, al término del cual fue absuelto.

El jurado encontró culpables a Magallón (prófugo), Madriñán y Walker, pero tan negligentes fueron la investigación y el proceso judicial, que ni siquiera pudo conocerse dónde están los restos del padre Gallego. Además, la administración de justicia fue incapaz de establecer quiénes planearon tan abominable crimen.

La ciudadanía entera sabe que el G-2, al que pertenecían los guardias involucrados, estaba a las órdenes del inocente abuelito hoy recluido en el penal de La Santé.

Sabe también que en el Panamá de la época nada ocurría sin el visto bueno de Omar Torrijos, gobernante absoluto del país desde que se deshizo de Boris Martínez en 1969 hasta que un misterioso accidente aéreo (¿ideado por el inocente abuelito?) le arrancó la vida, en 1981.

El 27 de mayo último, en un acto de desagravio por la desaparición forzada de Heliodoro Portugal –otra de las víctimas de la narco-dictadura– el presidente Martinelli dijo que su gobierno –sin tener participación en los hechos de sangre del régimen militar– “pide perdón a todas las víctimas y asume el compromiso de hacer justicia”, en representación del Estado panameño.

El 1 de junio, el Consejo de Gabinete aprobó un proyecto de ley que “tipifica correctamente los delitos de desaparición forzada de personas y torturas en el Código Penal”. El proyecto debe ser presentado a la Asamblea Nacional en su próximo período de sesiones ordinarias, que se inicia el 1 de julio (Boletín de la Presidencia, 1 de junio).

En su homilía del 6 de junio, el Arzobispo de Panamá pidió “llevar a fondo” la investigación de la desaparición del padre Gallego, añadiendo que “un poco de buena voluntad y de hacer memoria, aclararían el misterio”.   Algo parecido puede decirse al respecto de los demás crímenes de la narco–dictadura, tanto los que documentó la Comisión de la Verdad como los que esa entidad no pudo descubrir.

La impunidad en que permanecen los abusos del régimen militar es el emblema de la falta de justicia imperante en Panamá. ¿Contribuirán las recientes medidas del Gobierno nacional y las exhortaciones del Arzobispo a revertir el putrefacto estado del sistema judicial?

Usted, que lee esto, no lo pierda de vista: sin la recuperación del ramo judicial y sin una minuciosa rendición de cuentas sobre el ejercicio del poder público, al menos desde 1968, Panamá no alcanzará los niveles de desarrollo a que aspiramos.

Las exigencias de justicia no constituyen, por lo tanto, “expresiones de resentimiento” ni “periódico de ayer”.

Por el contrario: son un primer peldaño que tenemos que subir para lograr una república democrática, ordenada y decente, donde prevalezcan –simultáneamente– la seguridad ciudadana y el respeto por los derechos humanos.

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Este artículo se publico el 9 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

Tres millones y pico

La opinión del periodista y Docente Universitario…

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MODESTO A. TUÑÓN F.

Cuando Panamá llegó al primer millón de habitantes, a finales de los años 50, hubo algarabía. Se organizó una celebración festiva con el ‘niño millón’, Cándido. Al nacer este bebé, se le prometió todo tipo de obsequios para que superara una futura y humilde existencia, llena de necesidades y a partir de esa época, la gente se interesó por saber cuántos éramos.

La Dirección Nacional de Estadística y Censo organizó sus tareas en función de diversificar la información sobre los indicadores sociales más importantes y, convirtió la faena de contarnos en su quehacer de creciente eficiencia; con la honrosa distinción de hacernos un país ejemplar en cuanto al procesamiento de los datos poblacionales.

El desarrollo frecuente de publicaciones sistematizadas como Panamá en cifras y estrategias del tipo de Encuestas de hogares, le han permitido a esta institución avanzar por delante en cuanto a los modelos a aplicar para hacer del censo un ejercicio con un alto nivel de precisión.

Una vez que cumplía una misión en Sambú, Darién, durante una caminata hacia Garachiné, encontré a un funcionario que trataba de reconstruir sobre papel un conjunto de cambios o movilización de algunas comunidades indígenas que habían dejado de existir, porque se habían movido o creado un núcleo poblacional más concentrado sobre un área que les permitiría una mejor vida.

El funcionario se ‘rompía la cabeza’, pues con la información sobre el nuevo poblado, inexistente en los informes emanados del censo anterior, y como se acercaba el siguiente —aproximadamente, en unos ocho meses—, debía readecuar el mapa, situar el nuevo conglomerado humano y hacer las estimaciones correspondientes; pues era confuso trabajar con esta circunstancia de caseríos y pueblos desaparecidos y surgimiento de nuevas comunidades.

Unas explicaciones sobre la dinámica indígena bastaron para crear una información en el mapa que ayudara a los empadronadores que posteriormente recorrerían esa región con la misión de registrar la nueva realidad de esos conglomerados rurales. Esta es la dinámica a que nos acostumbró ese equipo del censo, cuyos resultados son esclarecedores con los datos y publicaciones consolidados.

Pese a esta historia, los saldos del recuento de este año han dejado más conjeturas que balances esclarecedores; mayor confusión que certezas y una extraña sensación en el ánimo de quienes hemos admirado por décadas el trabajo que cumple este ente. El primer síntoma es de duda, porque las previsiones de los últimos años del ente de las estadísticas manifiestan un crecimiento poblacional que nos hacía llegar alrededor de los 3.5 millones de habitantes; sin embargo, la cifra final según el primer avance, era de 3.18, que dista mucho del balance previsto. Y lo extraño es que la diferencia, no es hacia arriba, sino hacia abajo; es decir somos menos de lo que pensábamos. Un informe inicial expuso que se habían producido algunas contingencias que afectaron el desarrollo del empadronamiento. Normalmente la institución conoce de medidas alternas para superar estas circunstancias.

Se oyen quejas de un importante porcentaje de personas de que a su residencia no fueron a hacer las entrevistas. La veracidad de este reclamo se puede comprobar fácilmente. En cualquier oficina, habría que consultar al conjunto de los compañeros y hacer un balance. Con toda seguridad, por lo menos una o dos personas asegurarán que no fueron visitadas. Si se utilizan estos datos de gente que considera o afirma que no fue empadronada y se hace una proyección estadística a partir de los esquemas de probabilidad, se encontrará la cifra perdida para ajustar esas previsiones del propio organismo rector de los censos. Y esto significaría que la actividad de recabar insumos no fue suficientemente completa.

La inseguridad o vacilación en los resultados del censo de 2010 tiene un doble peligro para los planes nacionales de desarrollo. En principio, porque genera dudas en el ejercicio de proyección que el instituto estadístico ha elaborado en años recientes, así como en la consolidación de tendencias en la progresión de los estimados. Además, los resultados del censo son los indicadores oficiales que posibilitan la planificación de la inversión y ésta no puede basarse en cifras irreales. Si de algo tenemos que estar seguros es del índice de crecimiento y del tamaño real de la población panameña. Ese dato, al igual que la dimensión y los puntos de referencia de las fronteras, son información que todo coterráneo debe conocer y en los últimos años, nos hemos dado la satisfacción de saberlas y en todas las reuniones internacionales, se brinda todo tipo de referencias sobre estos temas.

El desajuste de los indicadores locales más tradicionales, puede crear diferentes escenarios de conflictos para Panamá y sus actividades económicas. ¿Podría imaginarse la planificación de la producción de los rubros más estratégicos como arroz, leche, entre otros, para una población específica y resulta que es mayor que los estimados? ¿A quién se deja por fuera entonces? O, en otro orden, ¿cuál sería el impacto real de las obras de desarrollo? Pensar que 2000 jóvenes de una región requieren un centro escolar; ejecutar la obra y entonces darse cuenta que la cifra real, es 10000 y no caben los chicos, porque el censo no generó los datos adecuados.

Se explicó que hubo incidencias de orden institucional que afectaron el censo, como el cambio de administración, movimiento del recurso humano con poco tiempo de preparación de los nuevos funcionarios, lo que demuestra que este tipo de ejercicios no corresponde a un gobierno específico, sino a un Estado; es decir, es un patrimonio de todos los panameños.

Lo importante es tener un claro panorama de lo que ha sucedido realmente, preparar un informe minucioso y aplicar los correctivos necesarios para devolver al Instituto de Estadística y Censo la credibilidad necesaria. Todos queremos saber realmente cuántos somos. Hay necesidad de dar prioridad a estas perspectivas para que se recupere la confianza en las estadísticas fundamentales de la sociedad de este pequeño istmo.

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Artículo publicado el 9 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.