Separación de poderes, ¿mito o realidad?

La opinión de…..

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Carlos Eduardo Rubio

La separación de poderes en un sistema presidencialista como el de Panamá es un baluarte para la democracia, pero no se está cumpliendo.

Los pensamientos de Rousseau y Montesquieu han quedado pisoteados, debido a la falta de cultura política en nuestro país y, también, gracias al aprovechamiento del excesivo poder por parte del líder del Ejecutivo, aunado al hecho de la práctica consuetudinaria del abuso conveniente de tener mayoría en la Asamblea Nacional.

Estos aprovechadores se excusan diciendo que los gobiernos anteriores lo han hecho, a pesar de que estoy convencido de que conocen el refrán que reza: “dos males no hacen un bien”.

Esta falta de una armónica colaboración y de la separación de poderes nos ha traído mala fama internacional, lo cual puede producir consecuencias desastrosas. El hecho de que se incumpla el artículo constitucional hace que en nuestra República no existan los pesos y contrapesos necesarios para fortalecer la democracia, logrando así una correcta fiscalización de las decisiones que provengan del Ejecutivo.

Muy por el contrario, el próximo presidente de la Asamblea Nacional, peligrosamente, declara que todo proyecto del Ejecutivo será aprobado por el primer Órgano del Estado.

¿Es esto democrático, serio, constitucional y respetuoso del estado de derecho?

Definitivamente que debemos hacer los correctivos pertinentes. Una posible solución sería realizar la elección de diputados en día distinto a la del presidente, lo cual admito requiere de un cambio cultural del electorado. También debemos analizar una reforma en la distribución de curules, a fin de eliminar el monopolio de los partidos grandes en los circuitos plurinominales, logrando así una distribución equitativa para todos los partidos y los candidatos independientes.

Hagamos un amplio debate, a fin de presentarle al país la conveniencia o inconveniencia del sistema parlamentario, además, para que los partidos políticos hagan un gran esfuerzo en la formación política de sus miembros y, en especial, de sus candidatos.

Esto es imperante, urgente y necesario, para entender que el Ejecutivo no puede hacer todo lo que le dé la gana, a pesar de que su mandato es unipersonal.

La Asamblea Nacional no puede aprobar lo que diga el Ejecutivo. La Constitución dice que su contralora es independiente, y ésta debe ser nombrada (no ratificada) por el órgano más democrático del país.

El poder de ratificación y el poder de elaboración del presupuesto tiene que ser a conciencia, no por un favor al presidente de turno.

Con las últimas declaraciones del próximo presidente de la Asamblea Nacional, pienso que una vez más el órgano deliberativo del país requiere de nuevas caras.

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Este artículo se publicó el 26 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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