Convenios en letra muerta

La opinión de…..

,

Fernando Gómez Arbeláez

A pesar de la abundante publicidad con que el Gobierno Nacional ha venido promocionando el cierre de negociaciones sobre una pluralidad de convenios bilaterales que pretenden evitar la doble imposición o tributación de particulares, así como prevenir la evasión fiscal en materia de impuesto sobre la renta, la información oficial nunca es extensiva al contenido de esos convenios.

Hasta el momento apenas se publica que siete países negociaron convenios con Panamá, de los cuales solamente uno, el acordado con México, ha sido firmado y luego aprobado por la Asamblea Nacional. Pero de sus textos, o de las políticas generales que en la mesa de negociación habrán orientado a los representantes del Estado panameño frente a esos países, poco o nada se sabe.

Se argumenta que, en principio, la firma de un mínimo de 12 convenios deberá ayudar a que Panamá sea eventualmente excluida de la “lista gris” de paraísos fiscales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), al igual que de otras listas redactadas por varios países unilateralmente.

Más allá de ese objetivo inmediato, sin embargo, en cada convenio el Estado deberá pactar la garantía de una justicia tributaria efectiva a los panameños con renta extranjera del lado de los países firmantes y, del lado de Panamá, a los particulares de esos países que inviertan sus recursos y generen ingresos en el territorio nacional.

Al carecer de funcionarios competentes en la materia, el Gobierno ha necesitado contratar a un grupo de consultores técnicos independientes, a profesionales del sector privado, para que negocien estos convenios a nombre del Estado. Su trabajo negociador suele facilitarse gracias a dos “convenios modelo” empleados como borradores, uno propuesto por la OCDE y otro por Naciones Unidas. El primero, el más utilizado, es con frecuencia suplementado por el segundo, quedando como tarea pendiente la negociación de aquellos temas estrictamente bilaterales.

Entre lo poco que los consultores reconocen acerca de esos siete convenios, destaca que Panamá no ha considerado en ninguno a la visión moderna de resolver las controversias entre los países firmantes respecto a la interpretación y ejecución de cada convenio.

La vieja experiencia de muchos países con el anterior “convenio modelo” de la OCDE demuestra que los particulares quedan desamparados cuando se pacta, en el artículo 25 ó 26 de los convenios (“mutuo acuerdo”), que toda controversia deberá ser obligatoriamente resuelta mediante un nuevo acuerdo bilateral, excluyendo así a los demás mecanismos previstos por el derecho internacional.

En otras palabras, si un país firmante aplica alguna norma o procedimiento local que flagrantemente contraviene a lo pactado en el convenio en perjuicio de un particular, no hay nada que el otro país pueda hacer en defensa de su nacional si la contraparte rechaza convenir ese nuevo acuerdo.

Los convenios se transforman en letra muerta para los particulares, sin garantías ni protección que les ofrezcan seguridad ante posibles arbitrariedades del otro país en su detrimento.

Pero desde 2008, la versión actualizada del “convenio modelo” de la OCDE adiciona un quinto párrafo a su artículo 25, con el cual se permite que la controversia pueda ser resuelta mediante arbitraje. Convenios como los firmados por el Reino Unido y Francia, en vigencia desde 2010 y entre Estados Unidos y Alemania, Bélgica y Canadá, respectivamente, han desarrollado esta moderna corriente negociadora.

Resulta inexplicable que Panamá haya quedado rezagada en la adopción del quinto párrafo sobre arbitraje, el cual ha permanecido ausente en todos sus siete convenios. Por ello, la oportunidad que procuran las actuales negociaciones no puede ser desperdiciada firmando convenios ineficaces que solo tienen como norte a la “lista gris” de la OCDE. Los consultores negociadores deben enmendar esa notable ausencia cuanto antes, si realmente buscan que las disposiciones acordadas tengan una finalidad práctica en beneficio de todos los involucrados.

<>

Este artículo se publicó el 20 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: