Minería a cielo abierto – más peligros que ventajas

La opinión de…..

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Arturo Rebollón Hernández

Soy creyente de que una minería responsable podría dar oportunidad de empleo y mejorar las condiciones de vida a personas de zonas apartadas, pero sucede que las empresas responsables en este ramo son rara avis in terra, todos son unos pillos que, como hace 500 años, quieren nuestro oro por espejitos y vidrios de colores, lo que hace de los beneficios para el país de estas operaciones sean una utopía.

Estas empresas, o más bien sus dignatarios son falsos, mentirosos, defraudadores, irresponsables y, además, socios deshonestos con el país. Pero parece que esto es el común denominador de estas empresas en el mundo.

Así vemos como recientemente en Estados Unidos las compañías que provocaron el desastre ecológico más grande en el Golfo de México están iniciando una batalla legal, escudándose en leyes acomodaticias hechas a su medida por políticos inescrupulosos para limitar su responsabilidad en la catástrofe, cuya reparación puede costar miles de millones; una de ellas pretende limitar su pago a 23 millones de dólares, y otra pretende solicitar el reembolso de gastos incurridos en la limpieza por trabajo ecológico al gobierno norteamericano. Si no fuera una cosa tan seria, daría risa.

El Gobierno estadounidense es poderoso y no dudamos de que doblegará a estos insensatos abusadores. Pero en los países pequeños y débiles como los nuestros, a merced de políticos corruptos que ven en cada una de sus actuaciones una posibilidad de lucrar, sin importarles que sea en detrimento de todo un país, los ciudadanos no podemos permitir que se sigan otorgando más concesiones mineras leoninas negociadas a escondidas, sin transparencia, sin consultar ni compensar a los afectados.

Las que ya se han extendido deben revisarse, como también lo ha ordenado el presidente Obama en Estados Unidos.

La minería de cielo abierto tiene muchos inconvenientes ecológicos, que en desiertos aislados como Atacama, en Chile, Kalahari, en África, Gobi, en China, no tiene mayores consecuencias, pero en bosques tropicales húmedos como los nuestros, tierras fértiles donde llueve profusamente, donde nacen ríos importantes, se pueden distribuir los contaminantes más rápido de lo que se emiten, con una deficiente y escasa infraestructura de control, con una permeabilidad de nuestros suelos, lo que hace que el manejo irresponsable de sustancias catalizadores de alta toxicidad sea un perfecto coctel para un desastre ecológico de grandes proporciones como contaminación de cuencas enteras y mantos acuíferos, en los que por supuesto estas compañías tienen cubierta su responsabilidad, la que sería limitada por un contrato apócrifo hecho a espaldas del pueblo.

Sopesando estos elementos, considero un riesgo mayor e inconveniente para el país activar irresponsablemente concesiones y minas, sin los estudios serios al respecto y una participación razonable del Estado y los afectados, que contemple la compensación de los riesgos.

Debemos luchar por que se respete nuestro ecosistema privilegiado.

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Este artículo se publicó el 18 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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