La vulgaridad y otros detalles de la vida social

La opinión de…..

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Carmen Quintero Russo

Hoy por hoy la preocupación de un gran número de panameños es no solo la creciente criminalidad y los criminales que nos acechan a la vuelta de la esquina, sino también el derroche de vulgaridad y malas costumbres que mediatizan las relaciones sociales.  Las posibilidades de salir a la calle y no tener un encuentro de mal gusto con otro ciudadano es poco probable, lo que va desde la impertinente negación a contestar el saludo, a la agresión de un empujón o de una “buena tirada de puerta”.

Pareciera que en los últimos años, después de la crisis de la década de 1980 y la invasión, eventos que generaron en su momento un vacío en el orden social,  las definiciones sociales en cuanto a la cooperación y a la convivencia pacífica tienen un nuevo sentido.  El concepto de “buenas relaciones” hoy día no necesariamente implica el verse en el lugar del otro y no hacerle a él lo que no quieres para ti.   Todo lo contrario, los espacios sociales se han convertido en campos de batalla en donde predomina el conflicto y un constante desagrado por el entorno.

Como resultado de esto, hoy día en nuestro quehacer diario nos enfrentamos a un rompecabezas de insensible violencia, matizado por una constante algarabía y el uso constante de palabras altisonantes.   Los modales son expresiones concretas de nuestros sentimientos, algunos dicen que son el espejo del alma, ya que expresan lo que se lleva por dentro.   Imagínense entonces, si esto es cierto ¿qué tienen por dentro las personas que se regodean en la vulgaridad de las malas palabras, el deleite por lo procaz y la impertinencia desbocada?

Tanto el hogar como la escuela deben ser fuentes de ejemplos de buena conducta y armonía, pero pareciera que estos han perdido el rumbo. En muchos de ellos encontramos centros de discordia y lucha cotidiana, donde no se educa a nadie, sino más bien se desvirtúa el buen sentido de la vida en el desorden y la agresión; en lugar de elevar, rebajan y transmiten conductas desviadas.

Los medios de comunicación no se quedan atrás; es deplorable escuchar programas radiales en donde los locutores utilizan expresiones, que si bien reflejan el sentir y los estados de ánimo colectivos de una parte de la población, están llenas de vulgaridad, agresividad y alusiones sexuales bastante explícitas.   Los malos modales y la descortesía con mucha frecuencia se justifican alegando una falsa sinceridad, ya que para muchos desafectos al buen gusto y la consideración estas no son sino hipocresías.

La vulgaridad denigra y perturba la inteligencia agregándose a la lista de factores irracionales tales como los prejuicios y las bajas pasiones. La vulgaridad es una fuente de razonamiento equivocado que enturbia las relaciones sociales con mensajes de hostilidad. No se trata de un modelo a seguir sino a rechazar a ver si se logra recobrar algo de tranquilidad y buen gusto.

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Este artículo se publicó el 16 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

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