Panamá sigue colombianizándose

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

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GARRITT GENETEAU


La alarmante cantidad de homicidios ocurridos durante la semana pasada ha vuelto a poner sobre el tapete la dramática y peligrosa situación de violencia que mantiene en zozobra a todo el país. Los ciudadanos honorables, que felizmente son la mayoría, viven reclamando una acción radical e inmediata para controlar y, si es posible, erradicar el imperio del mal que ha tomado las ciudades como campo propicio para cometer todo tipo de crímenes.

En casi todos los delitos de gran envergadura que dejan su saldo de muertos, violaciones carnales, estafas, tráfico de drogas, etc., vemos involucrados a ciudadanos colombianos que entran al país con una asombrosa facilidad, gracias a la flexibilidad de las leyes de inmigración. Un problema que amerita especial atención, ya que llegan en avión en horas de la mañana, matan y regresan a su tierra en el avión de la tarde. Así evaden la acción de nuestra justicia y los delitos quedan en la más vergonzosa impunidad. En otras ocasiones estos mensajeros de la muerte llegan para contratar asesinos del patio.

También nos “visitan” mujeres del vecino país que los carteles de la droga envían para contactar asesinos o cometer ellas mismas diversas ilicitudes. Éstas se hacen pasar como prostitutas para no despertar sospechas.   Se ha relacionado a una de estas colombianas con el asesinato del abogado Javier Justiniani, a quien se vio merodeando por el lugar del crimen y a quien se señala como la que contrató al asesino confeso.

Nuestras autoridades deben ser más estrictas al autorizar el ingreso, no solo de colombianos, sino de ciudadanos de cualquier país que no muestren solvencia económica.   Consideramos un grave error ese “acuerdo” Martinelli-Uribe que libera las restricciones a los colombianos que ingresan al país. Panamá solo debe recibir a ciudadanos de comprobada honestidad, preferiblemente que vengan a invertir en beneficio de los panameños.   Los otros, si se cuelan deben ser expulsados inmediatamente, porque estos elementos sospechosos pueden convertirse en una verdadera pesadilla.

Colombia cada día se convierte en el país con mayor índice de violencia, junto con México y Brasil. No dejemos que estos elementos indeseables contaminen aún más con el veneno del crimen a nuestra juventud.

¿Acaso necesitamos más evidencia de la participación colombiana en la escalada de violencia que pone en peligro nuestras vidas y haciendas? No debe existir entrada expedita para los extranjeros que no puedan demostrar un estatus que garantice su moral, honestidad y, sobre todo, que no arrastren un pasado criminal.

Por otro lado, mientras que las autoridades policivas y de investigaciones no realicen una limpieza total del personal carcomido por la corrupción ya demostrada, prevalecerá la impunidad en el sistema de justicia en Panamá. El autor es periodista y docente universitario.

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Artículo publicado el  5  de mayo de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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