Apertura del tapón del Darién, su impacto

La opinión de…..

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Severino Mejía

Los intentos de abrir el tapón del Darién son de vieja data. La carretera Panamericana se corta en esta provincia evitando la interconexión, vía terrestre, desde la Patagonia en Argentina, hasta bahía de Prudhoe en Estados Unidos.

Es un tema que despierta pasiones. Por un lado están los ambientalistas que se oponen por el impacto ecológico a uno de los tres ecosistemas más ricos del mundo, que mantiene un ambiente selvático todavía no depredado del todo (la selva maya y el Amazonas son los otros dos); los ciudadanos que sienten aprehensiones de su apertura y, finalmente, los empresarios e inversionistas que ven limitada la expansión de sus actividades comerciales vía terrestre, del sur al norte del hemisferio.

Hay tres factores que a mi juicio deben ser considerados en el análisis de este tema, antes de abocarnos a una toma de decisión que puede tener serias consecuencias. Estos factores tienen que ver con las consideraciones de carácter ecológico, los aspectos de seguridad pública y las previsiones de salud.

En lo que respecta a las consideraciones de carácter ecológico, según la ambientalista Natalia Arango, de The Nature Conservancy, el tapón del Darién es una zona única en el mundo porque es el punto donde confluyen la biodiversidad de Norteamérica, Centroamérica y Suramérica. Dañarlo es lo más grave que le pueda pasar al mundo.

Por otro lado, la zona fue declarada por la Unesco como reserva de la biósfera y Patrimonio de la Humanidad en 1983.

De acuerdo a Marc J. Dourojeann, autor de Evaluación ambiental de proyectos de carretera en la Amazonia, no hay un solo registro de carreteras abiertas en los bosques tropicales que no fuera el origen de graves deterioros ambientales que, en general, solo se ha detenido cuando ya no quedaba prácticamente nada por destruir del ecosistema original.

Los impactos ambientales no planificados, que se traducen esencialmente en deforestación masiva, son muchas veces superiores a los previstos en los planes que se aprueban en base a costosos estudios.

Según Stanley Heckadon, todas las construcciones de carreteras en el siglo XX estuvieron acompañadas de procesos de deforestación masiva, de un avance descontrolado de potreros y de quemas, con su temible consecuencia para la calidad de los suelos (La Prensa, 24 de noviembre de 2004).

En cuanto a los aspectos de seguridad pública, podemos mencionar que en la actualidad, la presencia del Frente 57 de las FARC es un hecho conocido e innegable. Se ha tomado parte del territorio cerca a la frontera colombo–panameña para continuar con el trasiego de drogas hacia Estados Unidos. A pesar del difícil acceso por las características geográficas de la provincia del Darién, los guerrilleros se mueven por las decenas de trochas y ríos que existen en los puntos fronterizos. La carretera les permitiría legalmente su movilización adoptando identidades ficticias. Esto les facilitaría llegar a cualquier punto del país sin problema alguno.

Súmele a lo señalado, la migración de ilegales que ya no solo son de la región, sino también de nacionales africanos y asiáticos que cruzan el Atlántico, vía Brasil, Ecuador y Colombia, para llegar a nuestro territorio con intenciones de seguir hacia Estados Unidos. Si la migración centroamericana y mexicana es intensa, podemos deducir que la suramericana sería mucho mayor. ¿Está Estados Unidos preparado para atender esta nueva perspectiva?

Mientras nuestro país no disponga de políticas de Estado en materia de seguridad pública, ni consolide la presencia gubernamental en la provincia del Darién, mediante un desarrollo sostenible agresivo, a mi juicio, no estamos preparados para hacerle frente a una eventual bomba migratoria; a las incursiones, mucho menos complicada, de las columnas de las FARC; al trasiego de drogas, armas, municiones y movimientos de ilegales a través de nuestra frontera. La carretera es una vía de aproximación afortunada para los malhechores.

En lo que respecta al último factor, previsiones de salud, la barrera natural que representa la selva de Darién ha impedido que la fiebre aftosa y el gusano barrenador se expandan hacia el norte. Abrirla conlleva al igual que los temas de seguridad, una preparación apropiada. Por lo anterior concluimos que no estamos preparados para atender el impacto de la apertura del tapón del Darién.

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Este artículo se publicó el 4 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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