Investigación transformada en salud

La opinión de…..

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Xavier Sáez–Llorens

De nada sirve producir nuevos conceptos o descubrir pioneros tratamientos si estos no se traducen en una mejor salud para los seres humanos, sin importar raza, condición social o localización geográfica. Todos los que conducen investigación en biomedicina deben procurar, como meta final, que cualquier avance científico repercuta rápidamente en beneficio colectivo. De no ser así, seremos juzgados como simples perseguidores de fama o mercaderes de ciencia, mustio destino para profesionales que dedican su vida en esfuerzo académico, superación curricular y vocación humanitaria. En las dos últimas décadas, se han generado espectaculares conocimientos en el terreno sanitario que deseo compartir con ustedes.

En lo referente a padecimientos crónicos, se han suscitado notorios progresos en cáncer, diabetes, depresión y enfermedad cardiovascular. La mortalidad por malignidades ha disminuido recientemente debido a que las terapias actuales son más específicas y menos tóxicas. Se han descifrado alteraciones moleculares asociadas a una gran variedad de cánceres, lo que propiciará conocer, con bastante anticipación, la predisposición de cada sujeto a desarrollar tumores en su vida futura.

El proyecto “Atlas Genómico del Cáncer” traerá prevención precoz, detección oportuna y manejo individualizado. El control de la diabetes tipo 1 ya ha mejorado notablemente. Preocupa, empero, el desproporcionado incremento en la diabetes tipo 2, ligada a la obesidad. Aunque el apego a hábitos saludables de ejercicio y alimentación resulta primordial para minimizar esta pandemia metabólica, será vital la aplicación de líneas celulares primitivas que reemplacen a las células pancreáticas dañadas, productoras de insulina.

Mediante el análisis de los condicionantes genéticos y de los circuitos neuronales, la depresión, otra afección en aumento, será impactada favorablemente por la introducción de medicamentos más potentes que alivien la enfermedad en horas, en lugar de semanas. Muchísima menos gente fallece ahora, antes de cumplir 60 años, de afecciones vasculares cerebrales y cardiacas respecto a lo observado hace tan solo medio siglo.

La óptima comprensión de factores de riesgo y el advenimiento de fármacos más eficaces han sido clave. Tan pronto se incorporen marcadores genéticos de alarma, se podrá incidir en la prevención, adelantándose a la aparición de los primeros signos y síntomas.

En materia de envejecimiento, el alzheimer y el parkinson merecen atención especial. Con la ampliación de la esperanza de vida, estas aflicciones serán cada vez más frecuentes. Ya se conocen mutaciones genéticas que acrecientan la probabilidad de sufrir estos trastornos neurodegenerativos. Se están diseñando escáneres cerebrales y marcadores sanguíneos para divisar el alzheimer más tempranamente y se ensayan drogas con potencial para atenuar la demencia concomitante.

En parkinson, pronto se probarán remedios que protegen a las neuronas del estrés oxidativo, técnicas de estimulación eléctrica de la médula espinal y trasplantes de células madre para restaurar la síntesis de dopamina, neurotransmisor químico indispensable en la curación.

En pediatría, se destaca la extraordinaria proliferación de vacunas para erradicar infecciones comunes de la infancia asociadas a numerosas fatalidades y secuelas. El Minsa acaba de anunciar la universalización de una vacuna contra el neumococo, principal bacteria causante de neumonía, meningitis, otitis y sinusitis. Gracias a los jerarcas ministeriales y expertos en el ramo, nuestro país puede jactarse de exhibir el más moderno calendario de inmunización de toda la región latinoamericana.

Un aplauso sonoro para todos los involucrados. Otro tema contemporáneo se refiere a la medicina personalizada. El diseño de fármacos que se ajustan a la biología de un determinado individuo, a través de una naciente disciplina denominada farmacogenómica, está irrumpiendo con fuerza en el campo terapéutico. La ciencia ya está en capacidad de secuenciar todo el genoma de una persona para hallar terapias y dosificaciones precisas según el perfil genético particular.

La investigación con líneas de células embrionarias, ahora libre bajo la administración Obama, contribuirá a la obtención de elementos celulares propios para reemplazar tejidos dañados. Estos incluyen cartílagos para articulaciones deterioradas, nervios especializados para problemas congénitos o adquiridos de visión y audición, fibras medulares para que los parapléjicos vuelvan a caminar, etc. La medicina regenerativa se está haciendo realidad.

En cuanto al sida, ya hemos sido testigos de una dramática mejoría en la calidad y expectativa de vida de los portadores del virus. Nuestros bríos están empeñados en lograr que las medicinas y estrategias preventivas alcancen por igual al mundo en desarrollo. El enorme reto que nos espera es encontrar una vacuna exitosa que evite o cure la infección. Desafortunadamente, por más que se promocionen ilusiones personales, todos los intentos han fracasado rotundamente hasta la fecha. El entusiasmo científico, sin embargo, prosigue intacto.

Aunque la ciencia siempre ha sido una carrera de maratón y no de velocidad, vivimos un período francamente revolucionario en investigación. Los raudos y continuos descubrimientos provocan un inusitado optimismo en que este conocimiento sea utilizado y aplicado con audacia para el bien de la humanidad.

En Panamá se produce relevante información científica que pasa usualmente desapercibida, sin ser aplicada localmente. Contamos con brillantes investigadores en temas biomédicos como Eduardo Ortega-Barría, Nicanor de Obaldía III, José Calzada, Juan Miguel Pascale, Blas Armién o Vicente Bayard, entre muchos otros. Los medios de comunicación prefieren exaltar, no obstante, a profesionales panameños que laboran en el exterior. Estos personajes mencionados, pese a enormes limitaciones tecnológicas y económicas, exprimen sudor y mente en instituciones criollas y tienen muchísimas más publicaciones científicas, en revistas de prestigio, que cualquiera de los coterráneos que vive en el extranjero. Nadie es profeta en su tierra. Triste.

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Este artículo se publicó el  2  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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