EL Dominio tecnológico frente a la Literatura Infantil y Juvenil

La opinión de la Jurista,  Catedrática Universitaria y Analista Político Social….
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Olga Nelly Tapia

En nuestros pueblos de Panamá y de América los comportamientos culturales han sufrido merma frente a la agresión tecnológica. La mecedora en donde nuestros padres, abuelos o quienes velaran nuestros sueños y entre susurros se nos describía mediante narrativas mundos de magia, tienden a desaparecer de nuestras vidas.

Es memorable aquellos relatos de cuentos emocionantes de grandes aventuras de reinos lejanos que nos hacían soñar en parajes olvidados en los confines de la tierra, las musas surgían de la imaginación y transmutaban sus efectos a nuestras sensibles emociones, haciéndonos sentir bienestar, paz y alegría en ese mundo pequeño que sólo nuestras mentes de niños podían acceder.

Aún con la llegada de la radiodifusión en nuestros pueblos, la imaginación aquella se mantenía latente absorbiendo de todo un poco. Todavía hasta este momento histórico, la mecedora cumplía su misión, mientras la percepción auditiva producía imágenes que llenaban de estrellas y luz excelsa nuestro entorno.

La evolución de las ideas del ser humano, junto al agresivo ataque tecnológico dejan en una tremenda indefensión a la inocencia, la producción del niño y adolescente, la creatividad, al desarrollo integral, a una captación de sus actitudes y ello se reemplaza por un condicionamiento masivo de esa tecnología que con pasos agigantados avanza. Así fenecen los géneros narrativos, la producción de algunas historias, así por igual la mecedora de antaño pierde su rol cultural, pues sólo queda el ruido de su balancín que no sólo duerme conciencias sino al propio ser humano.

El adormecimiento que se produce es de tal magnitud que el idioma de nuestros pueblos se vulnera, el lenguaje parco e incipiente, la oratoria desaparece paulatinamente y grandes fenómenos sociológicos se producen perdiendo identidad; la mecedora se torna vacía ya pierde su encanto, los cuentos de príncipes, reinas y princesas van desapareciendo, igual que la inocencia de esos seres que ven la literatura infantil como algo atrasado y sin ningún valor en sus vidas.

Esto bajo cualquier concepción filosófica, dogmática me hacen inclinar por cuestiones de metodología y didáctica de análisis, a lo que teóricos socialistas – marxistas tienden a enarbolar como banderas y bastiones tendientes a buscar explicaciones a estos efectos o condicionamientos histórico – sociales y por tanto estos supuestos apuntan a la inversión ideológica, a la conciencia de la realidad de la raza humana y sus relaciones entre sí.

Hay en este tipo de explicación un juego de sofismas filosóficos del valor del hombre como tal, frente a circunstancias o contextos económicos – sociales en donde se levantan sus estilos de vida.

Hipostasiar la conciencia, las ideas, la moral, la religión, la metafísica., etc., es un riesgo práctico para contraponer esas verdades en un plano absoluto del hombre sobre la ideología, y suena a sarcasmo, pues la ideología sea cual fuere camina a la par del desarrollo de la especie humana, frente al modelo estructural del Estado y donde se produce el desarrollo y su actividad como tal.

Así pues, la literatura infantil, amén de luchar con estos esquemas esbozados con anterioridad, se encuentra con contradicciones más precisas en su realidad y en la masificación de los medios culturales se les hace ver que el autoritarismo, pobreza, desigualdad, etc., son naturales y a veces hechos inevitables que conllevan mensajes de formas de pensar, de sentir, de vivir su entorno y la producción ideológica por tanto, sea quien fuere quien la ejerza, trasciende sus libros, revistas, juguetes, mobiliario, paletas de colores, programas de televisión, vestuario, decoración, en general su ambiente; la figura de las viejas historias pierden valor y la inocencia y sensibilidad se apartan de las bibliotecas, sitios éstos que recogen grandes tesoros y dejan desprovistos de fertilidad creativa a una masa donde el paso a historias y juegos de videos, donde la violencia se sublima hasta querer o aspirar llegar al control de la matriz, como el film, donde el futurismo roba el escenario rosa por el oscuro brillo que destilan las estrellas en relatos del Cosmos y la Cibernética.

El poco tiempo que dedican los padres a sus hijos alimentan el fenómeno y se van levantando hombres mecánicos que abandonan totalmente la humanística de sus ancestros y la búsqueda del enriquecimiento de su haber cultural.

Conceptuamos que nuestra preocupación no es de ahora, existe un punto de partida histórico para América Latina, independiente cual sea la forma del pensamiento político de quien les escribe estas líneas, hablo en mi calidad de analista, es mi deber escudriñar, buscar cualquier circunstancia que me lleve a datos de importancia en materia ideológica que no sólo inciden en los procesos políticos globales sino sobre el entorno cultural que representan.

Documentos procedentes de la Universidad Católica de Chile, de los años de 1970 y 1972, nos llevan al examen de la revista “Cuadernos de la Realidad Nacional” los cuales buscaban un marco teórico para el análisis de los fenómenos en mención, pero los mismos se vieron inconclusos debido al golpe militar a Salvador Allende, en 1973, el cual impidió el ejercicio investigativo señalado. No obstante, hay señalamientos de tipo de difusión global hechos en ese entonces por Rafael Echevarria y Fernando Castillo quienes intentan dar una metodología a este fenómeno ideológico y el condicionamiento histórico que dicha influencia cultural enmarca, igual que Jesús Manuel Martínez, quien hizo un enfoque más directo a los medios de difusión social. Para ese entonces, la canción popular, las revistas femeninas ilustradas pasaron la lupa a los estudiosos en materia sociológica.

El 23 de Agosto de 1986, tuve la oportunidad de intercambiar opiniones con los esposos Mattelart, quienes dedicaron tiempo y espacio para exponer sus ideas en cuanto a sus investigaciones sobre la obra “Para Leer al Pato Donald”,  la influencia de los personajes de tiras cómicas, pero me encantó la explicación dada por Michael Mattelart, la figura de la mujer en las revistas femeninas y algunas otras tiras cómicas.   Fue un intercambio de excelencia académica donde ambos nos beneficiamos.

Todavía hasta hoy se desconoce cuanto es la influencia ideológica, venga de donde venga, hacia nosotros niños, adolescentes, pero sí vale decir que los anteriores estudios señalaban directamente a ciertos países con ideas neocoloniales como detractores de la inocencia de la literatura infantil, pero hoy, existen otras tendencias de interés, los videos, los juegos, las cómicas mangas, el arte japonés, caricaturas, las películas de hombres robots, los sueños espaciales que ya miran nuestra mecedora como un ser obsoleto y carente de validez para los nuevos contextos culturales donde se levantan nuestras generaciones.

Deseo terminar estas cavilaciones con algunas observaciones señadas por Jean Paul Sastre en el prólogo a Los Condenados de la Tierra, de Franz Fanon, refiriéndose al Colonialismo y Neocolonialismo: “se les metía en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se pegaban a los dientes, después de una breve permanecia en la metrópoli, se les devolvía a su país falsificados”, esto haciendo referencia de que nuestra América produjo durante el sistema social de las épocas medievales, donde el feudalismo y otros prestaban servicio, una ideología llena de dolor para imponer a nuestros indígenas estilos de vida, lenguajes que hasta ellos aún aprendiendo su pronunciación, estaban bien lejos de conocer y valorar su contenido.

Hoy la mecedora está sola porque los lugares y espacios que eran de su propiedad en razón del esparcimiento y entretenimiento que brindaba en los núcleos familiares, han sido cambiado en su totalidad; hoy día es reemplazada por cómodos almohadones donde aunado al hipnotismo surten, con la proyección de la tecnología, un mensaje sublimado que desea alcanzar nuestras almas.

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Artículo publicado el 22 de marzo de 2010 a las 15:50 en Facebook por la autora, a quien damos todo el crédito, los méritos y la responsabilidad que le corresponde.