No seamos mezquinos

La opinión de la Ex Diputada de la República…..

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Mireya Lasso

Sin perjuicio de mantenernos alerta para exigir a los gobernantes que cumplan sus promesas y sin cejar en denunciar cuando las olvidan, es apropiado reforzar la conducta positiva cuando ella se manifiesta.

Por eso, a pesar de que podamos discrepar con medidas del gobierno nacional en muchos otros campos, opino que no debemos ser mezquinos dejando de reconocer un par de buenas iniciativas y no debemos regatearles el aplauso que merecen. Me refiero a la exitosa celebración de las competencias deportivas centroamericanas y al esfuerzo por solucionar el problema de la acumulación de basura en la ciudad capital y áreas aledañas.

El éxito de la organización y desarrollo de los juegos deportivos regionales es de muchísimas personas que seguramente brindaron su tiempo y su talento de manera generosa.

Todos ellos cerraron fila para compartir el objetivo; cumplieron la meta inspirados en la satisfacción personal de contribuir a promover el deporte nacional, de incentivar a nuestros atletas, de demostrar lo que podemos hacer los panameños contra reloj cuando nos lo proponemos, y de consignar el buen nombre de Panamá.

Desde que surgió la idea de celebrar aquí esos juegos —que parecía extemporánea y descabellada en su momento— el desafío fue aceptado por personas dispuestas a “jugársela” y a participar desinteresadamente en la organización de algo tan estimulante.

Todos hemos ganado: los deportistas que compitieron hoy y los jóvenes que querrán seguir ese ejemplo en el futuro, los técnicos y asesores de cada una de las disciplinas deportivas, el público espectador que fue a apoyar a los nuestros, los organizadores que demostraron su capacidad, el gobierno nacional que lanzó la idea y brindó su respaldo, los estadios renovados e instalaciones deportivas mejoradas.

Es muy posible que en la organización haya habido muchos problemas y que durante el desarrollo de las competencias hubiese muchos obstáculos que superar a como diese lugar, pero es evidente que sería una demostración de tacañería tratar de regatearles a los organizadores –desde el más encumbrado hasta el más humilde– las felicitaciones por su trabajo.

Solo resta que no nos durmamos en nuestros laureles y logremos el necesario apoyo oficial y privado en lo que debe ser el inicio de una nueva etapa de esperanza para los deportistas panameños: más y mejores instalaciones deportivas, más y mejores semilleros de jóvenes deportistas, más y mejores ligas organizadas de deportes.

Por su lado, el problema de la basura no tiene nombre. Es denigrante, vergonzoso y un peligro para la salud. No importan las excusas que se quieran ofrecer porque es prueba contundente de incapacidad gubernamental.

Los residentes de esta ciudad no nos merecemos un gobierno municipal que, con ingresos que superan los 100 millones de balboas, se muestre incapaz de recoger la basura.

Por eso la decisión del gobierno nacional de acometer este problema en el área metropolitana es una medida respaldada por quienes añoramos recuperar aquella ciudad que fue una tacita de oro.

Sin embargo, las medidas tomadas no deben ser soluciones de coyuntura para ser también relegadas al olvido.

Si el problema ha sido endémico, se requiere una reingeniería que provea resultados eficientes y permanentes para todos.

Apoyar el deporte y acabar con la basura: al tiempo que hoy aplaudimos las medidas, exigimos que no deriven en llamaradas de capullo.

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Artículo publicado el 21 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá y 22 de abril de 2010 en el Diario Digital Hora Cero a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Hay que educar la educación. Hay que curar la educación.

La opinión de…..

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JOSÉ GUILLERMO ROS-ZANET

Recordemos que el niño es destino, y que el hombre es un ser-en-camino.   La crisis en el campo educativo, en nuestro país, es expresión de la crisis social, política y económica; expresión, a su vez, de la profunda crisis moral que vive la República.

Es una crisis de los valores superiores del espíritu, en el hombre. Y esta situación engendra, a su vez, una crisis de identidad en el hombre: el horror de no conocer ni su raíz ni su destino, y de no entender su presente como ser-en él-mundo, y entre sus semejantes. Angustia visceral del hombre. Ya no parece ser el “ Homo Viator ”, el ser en camino; ahora el hombre es el ser en el pozo, en la profunda oscuridad.

Es la crisis moral que lleva a la crisis de identidad: Es el agostamiento y el agotamiento de la familia. Enfermedad de los gobiernos y del Estado, que llega hasta las murallas de la Nación. El malestar profundo de la cultura, de la política.

La familia es la institución primordial donde el niño se hace persona, ser humano. El hombre, al nacer, es el ser más desvalido de la creación; pero es el único ser capaz de aprenderlo todo, absolutamente casi todo, desde un medio rico en valores personales y familiares, tanto morales, como espirituales. Alma, voluntad y espíritu.

Desde la riqueza o desde la pobreza integral del núcleo y del entorno familiar se formarán las personas o las subpersonas, los seres humanos o los subhumanos que habrán de llenar las aulas escolares, primarias y secundarias; y más tarde, las universitarias. El entorno mundo.

En Panamá desaparece la familia como ente formador de personas. El niño crece en una especie de desierto de relaciones interpersonales. Es la carencia de estímulos afectivos, intelectuales y espirituales positivos. El niño crece como un tullido, como un minusválido afectivo, intelectual y espiritual. Hay pobreza del ser. Y hay pobreza de vocabulario, que lleva a la pobreza del pensar y del saber, y a gravísimas limitaciones del conocer, del pensar, del idear y del hacer. Un mundo empequeñecido, sin horizontes y sin cielo; y casi sin tierra: Horror del existir y del no ser ser.

La existencia de estos ejércitos de mutilados afectivos e intelectuales es una realidad nacional. Estos niños ya están en las aulas escolares, y constituyen fuente de problemas y conflictos en el ámbito educativo del país. La violencia juvenil, estudiantil. La conflictividad negativa, oscura. Las repeticiones de grado y de año. Las malas herencias, de cuatro décadas perdidas para la salud de la Patria. Hoy el gobierno, el Estado y la Nación deben tomar clara y profunda conciencia de esta verdad. Sólo de esa manera se pondrán en camino para el encuentro de verdaderas soluciones, trascendentes. ¡Qué al niño no se le robe ni el nacimiento ni la infancia ni la niñez!

El hombre es, fundamentalmente, lo que vivencia los primeros cinco años de la vida. Son los años en que el niño debe vivir en el seno amoroso de una familia completa y madura, una familia rica, sobre todo, en valores espirituales y morales.

Que lo que yo llamo la bondad infinita del útero (del nido) materno, se prolongue en el nido familiar y en el nido escolar, y en el nido social, y más. En Panamá sufre hoy la familia. Los gobiernos y el Estado han hecho muy poco para la buena permanencia del núcleo familiar. Se fomentan parejas en lugar de familias.

Recordemos que ninguna institución puede reemplazar a la familia buena, completa y madura, como ente formador de personas.

El maestro y el pediatra han de entender debidamente al niño, en el mundo y en su mundo; para ayudarlo eficientemente en su caminar para ser, para ser persona. Recordemos: saber más (educarnos y educar integralmente) para ser más; no para tener más. Para ser más conciencia, más persona, más humanidad. Más ser.

Debido a la pobreza o a la ausencia del entorno familiar, sólo llegarán al mundo escolar minusválidos afectivos, tullidos intelectuales y espirituales. ¿Y que podrá hacer o realizar un maestro con escolares que llegan al aula como reales infradotados afectivos e intelectuales? (De allí la gravísima responsabilidad de la educación preescolar. Si existe la educación parvularia fuera de la institución familiar, la misma debe ser responsabilidad del sector educación y no del sector trabajo).

Algunos podrán pensar que es muy poco lo que se puede hacer frente al problema de niños provenientes de desiertos afectivos, intelectuales y espirituales; pero creo que pueden realizarse acciones positivas; sobre todo si el maestro comprende cuál es su verdadera misión, y si conoce profundamente el problema social, político, económico, intelectual, educativo, y ético del país, del hombre, del niño.

Y si se conoce a sí mismo, como ser humano y como humanidad, y quiere al niño.

¡Qué donde existan niños de lento aprendizaje (o niños normales o niños superdotados) no existan nunca maestros de lenta enseñanza!


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Este artículo se publicó el 23 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

En defensa de la Universidad

La opinión del Docente Universitario en Psicología Clínica…..

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Jorge I. Cisneros

El 7 de octubre la Universidad de Panamá, cumplirá setenta y cinco años de vida como la institución insignia de la educación superior en el país. Desde sus modestos inicios en el Instituto Nacional, hasta el complejo académico y físico que se esparce brindando carreras técnicas, de licenciatura, postgrados y un amplio espectro de diplomados, seminarios, ha transcurrido un provechoso tiempo.

La base educativa, sanitaria, administrativa y científica que alimenta el Estado panameño ha tenido en la Universidad de Panamá su sustento primordial. No sólo en estos campos los universitarios han sido protagonistas del destino de la nación, sus aportes al perfeccionamiento de la nacionalidad y de la identidad, las luchas por la soberanía y el compromiso permanente por los intereses populares le ganaron un sitial de respeto y la acreditaron como una institución fundamental para construir el futuro de la República.

Estos momentos deben ser propicios para valorar el pasado y en función del acumulado de experiencias, trazar estrategias y metas para ir cimentando los logros habidos, despojándonos de falsas modestias y egos enaltecidos, enfrentando las fallas. Eso debería ser hasta una tarea osada, sin miedos, de cara a buscar las carencias humanas, metodológicas, conceptuales, tecnológicas, con las herramientas que convierten a las universidades en estructuras poderosas, lo que se logra solo cuando la verdad le da el sentido de su ser.

No es así como estamos transitando el año de las bodas de diamante. El país nos mira atónitos, pues lejos de emprender lo que debe ser prioritario para darle impulso a los proyectos que nos sitúen cerca de los paradigmas de calidad, el año transcurre marchitándose en esfuerzos para perpetuar un estilo de gobierno académico que se materializa en mantener a las mismas personas, en los mismos cargos, con la arrogancia que permite desconocer una y otra vez las normas orgánicas porque al entender de esas mismas personas su ausencia significa la debacle del sistema que se ha construido para que nada cambie en el ámbito de las autoridades y sus redes de poder.

La Universidad necesita quien la defienda, hoy más que nunca, pero no de aquellos que señalan sus aspectos críticos y tratan de explicar que ha sucedido para que exista la percepción de que vivimos en una pendiente que la arrastra hacia estadios que debieron superarse. En verdad la Universidad si necesita ser defendida a toda costa de quienes la perciben como un feudo personal donde no tiene cabida la critica, la disensión y menos aún la confrontación de ideas.

Es tiempo para que los universitarios hagan caso omiso de los mensajes que promueven el miedo y crean el clima de que es inminente la inestabilidad y el caos, si no seguimos adocenados.

El título de Rector, a partir de su uso en las Partidas de Alfonso X El Sabio en el siglo XIII fue complementado en España – ya en el siglo XX – con el tratamiento de Magnífico, adjetivo que hoy ante nombres como Unamuno pareciese poco. Hoy los homenajes pretenden inmortalizar los cultos individuales en avenidas, parques y en los escasos claustros donde por excepción se manifiesta la inteligencia creativa, vibrante, que reta la intolerancia y pugna por el derecho de trazar las rutas del futuro sin condiciones, se asilan los que son percibidos como disidentes, cuando no abiertamente se condenan como enemigos.

Afiches que promueven la celebración del septuagésimo quinto aniversario de la Universidad de Panamá, han sido editados con el nombre de Quijotadas, tiene impresa una imagen pequeña del Caballero y Rocinante y otra que cubre más de la mitad del cartel presenta al Quijote adusto con su lanza.   En uno de sus extremos tiene un logo de los 75 años y una leyenda que dice Universidad de Panamá, 2010: “Año del 75º Aniversario”, está firmado por la Vicerrectoría Académica. El que tiene el número 5, es de febrero de 2010, El pensamiento que se destaca es el siguiente “Peca de complicidad el pueblo que perdona a sus traidores”.

Extraña reflexión para promover un evento que debe ser motivo de orgullo de todos, o sencillamente desde ya se hila la trama subliminal que identifica como traidor a quien ose no enrolarse en las coordenadas trazadas por los epígonos de la reelección. En verdad la universidad necesita quien la defienda.

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Este artículo se publicó el  20  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las reformas electorales

La opinión de…..

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

Recientemente la Comisión Nacional de Reformas Electorales aprobó la sustancial rebaja de los porcentajes para poder inscribir nuevos partidos políticos.   Pienso que es una iniciativa muy importante —en el caso de ser aprobada en la Asamblea de Diputados— para ampliar el escenario de oportunidades y de participación a bloques importantes de la sociedad que luchan por tener expresiones propias en el campo de la democracia electoral.

La marginalidad política reduce los espacios de la democracia participativa y crea un campo de presión social cuando parte de la población no encuentra escenarios en donde pueda volcar su pensamiento y desarrollar una militancia.

Esa inteligente iniciativa va de la mano con el fortalecimiento de las instituciones políticas del país. La modernización del régimen de oportunidades electorales, no sólo es una ayuda al desarrollo de la vida democrática, sino que le impone nuevas realidades a los llamados partidos tradicionales.   Cada cierto tiempo el sistema toma medidas para refrescar sus espacios legales de participación cuando la clase política dominante va perdiendo su capacidad de representatividad y cuando la población deja de sentirse reflejada en los discursos de los dirigentes de esas organizaciones políticas.

Aparentemente, la era de los megapartidos llegó a un punto de agotamiento. Por ello es poco probable que los porcentajes que alcanzaron en las pasadas elecciones sean mejorados en el 2014. Como en política no hay espacios vacíos ese retroceso de los megapartidos darán pie al surgimiento de nuevos movimientos que se alimentaran de ese electorado insatisfecho.

Ese fenómeno va de la mano con una anterior decisión de la Corte Suprema que reconoce la legalidad de las candidaturas independientes, inclusive para la Presidencia. La mesa está servida. Ha llegado el momento de una recomposición de fuerzas que, desde la política, militan por espacios de poder. Esa iniciativa es más vinculante con las nuevas realidades del país y con los fenómenos que están produciéndose en toda la región.

Los llamados partidos tradicionales se van quedando rezagados con respectos a esos cambios. Su identidad histórica se va perdiendo con la misma velocidad que la generación que les dio origen.   Su incapacidad para abordar los graves problemas estructurales y para crear los consensos básicos que se requieren para su solución, golpean directamente su propia existencia.

El camino hacia las elecciones de 2014, estará lleno de sorpresas.

Esa recomposición de fuerzas creara nuevas oportunidades y nuevas opciones. Producirá nuevas iniciativas en el campo de las alianzas y lo más importante, le impondrá a la clase política nuevos métodos en el manejo hacia la sociedad.

Las fuerzas que dirigen el gobierno caminan hacia la creación de un amplio movimiento nacional, similar en sus formas al que liderizó Omar Torrijos.   Por otro lado el PRD —que ha debilitado su espacio de centroizquierda— aventurándose a escenarios que no le pertenecen, corre el riesgo, de perder nuevamente.   Es desde ese centroizquierda abandonado que surgirán los nuevos movimientos que, aunque no sean opción de poder, jugaran un papel importante en las alianzas y en el equilibrio político de la nación.

Los contenidos de la política panameña son únicos y responden a la agenda dada por una economía abierta de mercado y por la globalización.

Las diferencias estarán suministradas por las prioridades y por el discurso de cada una de ellas para ganar la aceptación electoral. En conse cuencia no hay nada que inventar.


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Este artículo se publicó el 20 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá y Fuenteovejuna, todos a la una

La opinión del Ingeniero…..

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Eduardo A. Esquivel R.

En Panamá curiosamente estamos en una etapa “mediática” en que las figuras públicas son más populares producto de campañas publicitarias costosas o porque fueron presentadores de televisión.

Desafortunadamente esta popularidad es ilusoria y temporal, ya que llega un momento en que la realidad supera la ficción.

Las “consultas” populares que se planean, si no son manipuladas como el referéndum por la Ampliación del Canal o algunas encuestas, sin duda son positivas, ya que el gobierno se dará cuenta de su eficiencia y de su verdadera popularidad. Estas no son vinculantes directamente, aunque si lo serán de cualquier manera, ya que el Pueblo comprobara si el Gobierno escucha su voz o si la ignora. Y esto sera decisivo para las decisiones en el referéndum por la reelección o en las elecciones presidenciales en el 2014.

A mi parecer los “Temas” nacionales no pueden ser sometidos a consulta porque son muy complejos. Por ejemplo: ¿Cómo podría ser sometido a consulta la seguridad pública? ¿O la Educación? Lo que tiene que ser sometido a consulta o a aprobación o desaprobación son los funcionarios públicos (Ministros) responsables por estos temas: La seguridad, la salud, la educación, la alimentación, el medio ambiente, el trabajo, la vivienda, la energía, el comercio, etc.

Una vez un sabio dijo que los gobernantes solo se podían mantener en el poder a través de dos medios: por la esperanza o por el miedo. Lo curioso es que en nuestras pseudos-democracias, casi siempre se accede al poder explotando la esperanza del Pueblo, con promesas de resolver todos sus problemas, y al fallar en estas promesas, cuando el Pueblo les reclama, recurren a la segunda opción, el miedo, para mantener el poder.

La Ley que sanciona con 2 años de cárcel a las personas que cierren calles no solo es absurda sino que puede ser peligrosa, ya que las personas, en su desesperación, pueden optar por otros medios de protesta mucho mas violentos, como esta ocurriendo en muchos países ahora mismo.

Las manifestaciones y cierres de calles seguirán, y no creo que el Gobierno pueda meter miles de personas a la cárcel, al menos que quieran convertir el país en cárcel.   Escuche en la calle decir a alguien que lo único que falta es que los diputados oficialistas saquen una Ley que prohíba criticar o hablar mal del gobierno. Bueno, de hecho sin ley, hacer esto ya es bastante peligroso, si no que lo digan los civilistas.

La situación de Panamá cada vez me recuerda más a Fuenteovejuna de Lope de Vega, donde el pueblo, cansado del abuso del poder del Comendador, hace justicia por sus manos. Y cuando el juez pregunta quien es el culpable, le dicen “Fuenteovejuna, (el Pueblo) señor”.

Ante la imposibilidad de meter todo el pueblo en la cárcel y comprobado el abuso del poder, el Rey lo que hace, sabiamente, es reconocer que el pueblo no quiere poder sino justicia. Como lectura alternativa, sobre el mismo tema, les recomiendo la vida de Julio Cesar.

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Este artículo se publicó el  20  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los errores del Vaticano

La opinión de…..

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Brittmarie Janson Pérez


He seguido el escándalo de los sacerdotes que abusan sexualmente de menores desde 1993 cuando en el estado de New Mexico se descubrió que los curas que sufrían de esa enfermedad, luego de ser tratados en un centro llamado Servants of the Paraclete, eran enviados sin advertencia a pueblos vecinos donde repetían sus crímenes.   Inclusive, el arzobispo Roberto Sánchez, partícipe del encubrimiento de tales sacerdotes, renunció al descubrirse que siendo arzobispo se había aprovechado de tres inocentes doncellas.

El segundo escándalo ocurrió casi 10 años después. Comenzó con denuncias en Estados Unidos que rápidamente encontraron eco en 12 países, inclusive Panamá.   Respondiendo a la pobre defensa de la Iglesia por parte del arzobispo José Dimas Cedeño, escribí un artículo titulado “La Iglesia no se sabe confesar” (El Panamá América 3 de abril 2002). Dije que la Iglesia había cometido varios errores tratando de proteger la reputación de la institución.   El primero fue ocultar el abuso sexual perpetrado por sacerdotes enfermos imponiendo silencio a las víctimas. El segundo fue trasladar a los sacerdotes enfermos a otras parroquias bajo circunstancias que les permitían seguir abusando de la juventud que confiaba en ellos.   El tercer error lo cometían los prelados que trataban de desviar la responsabilidad que le incumbía a la Iglesia.

El tercer escándalo surgió en febrero de este año en Alemania. Alrededor de 20 ex alumnos de un prestigioso colegio jesuita de Berlín denunciaron que habían sido abusados sexualmente por dos sacerdotes de esa institución en la décadas de 1970 y 1980. Poco después, el director del colegio admitió que el abuso había sido “sistemático” (http://www.spiegel.de/international/germany/0,1518,675331,00.html).   Desde entonces, víctimas de ese crimen en Alemania, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Holanda, Italia, Kenya, Malta, México y Noruega han expuesto a los medios de comunicación los horrores que sufrieron.

No hay complot contra la Iglesia.   Sucede que, con cada escándalo, más se descubre la maldad fríamente encubierta.   Y las absurdas excusas de los voceros de la Iglesia no hacen sino evocar otro oleaje de comentarios indignados.

El problema radica en la estructura y mentalidad del Vaticano.   Por una parte, la curia –arrogante y aislada de un mundo que desprecia– ha actuado con lentitud medieval en los juicios de sacerdotes inculpados.   Por otra parte, para proteger a la Iglesia del escándalo o por amistad personal, prelados poderosos han cometido errores imperdonables.   Por ejemplo, Juan Pablo II trajo a Roma y protegió a un encubridor conocido, el cardenal Bernard Law, así como protegió y alabó a su amigo Marcel Maciel, el pervertido fundador de los Legionarios de Cristo.   Al cura pederasta canadiense Bernard Prince, lo honró con el puesto de secretario general de Propaganda Fides, otorgándole el título de monseñor a pesar de los graves cargos que pesaban en su contra.

Pero hay una buena nueva.   El papa Ratzinger emitió el 12 de abril nuevas medidas sobre denuncias de sacerdotes acusados ante las autoridades civiles, especificando que en casos graves él mismo podrá removerlos del sacerdocio (http://www.vatican.va/resources/resources_guide-CDF-procedures_en.html).

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Este artículo se publicó el  20  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La pobreza ensalza la política

La opinión de…..

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RAFAEL CARLES

Proyecciones estadísticas, datos demográficos y estudios oficiales muestran que un tercio de los pobres actuales en Panamá son ex integrantes de la clase media. El hecho constituye un sarcasmo histórico, cuando uno evoca que, durante la mayor parte del siglo pasado, el sueño de los pobres fue llegar a ser clase media.

Pero, más allá de los tremendos efectos psicosociales de este despeñadero histórico, quisiera recordar que el hecho tiene complejas consecuencias políticas.   Durante más de veinte años de turbulencia transformativa de esta sociedad, la dictadura militar de Torrijos y Noriega representó los intereses populares. La primera conquista fue la participación política, condición inexcusable de las reivindicaciones económicas y sociales, no tan apremiantes en aquellos tiempos por el crecimiento de la economía con activa movilidad social ascendente. Por esto fue aquello que “el pueblo al poder”, consigna sobreviviente de esos tiempos, precisamente como un catalizador para impulsar al partido de los militares de vuelta al sillón, luego del nacimiento de la nueva democracia.

Hay que recordar que entre 1968 y 1989, los gobernantes de turno tomaron la posta en la expresión de las necesidades de los más pobres y marginados, a los que sirvieron, al modo populista, tanto a través de la beneficencia pública como a través del derecho de los nuevos trabajadores que los años benévolos de la dictadura incorporaban al sistema productivo.

Posteriormente y sin querer reconocerlo del todo, el militarismo se consolidó en sectores medios a pesar de las políticas retrógradas, en parte por su tremendo aparato de repartir prebendas y también por simpatía partidista.

Pero hoy las cosas son mucho más complejas, tras los sismos económicos y sociales de los últimos años. La pobreza actual en Panamá expresa una profunda crisis de poder, distributiva y cultural, del conjunto de esta sociedad, y ello plantea desafiantes dilemas políticos.

Quienes vienen de la pobreza tradicional tienden a conformarse con algún poquito más que pueden recibir, y a mostrarse reconocidos al patrón de turno. Traslucen menos amargura que los sectores medios devenidos en pobres, más propensos a la desconfianza y al resentimiento, envenenados por la percepción del despojo.

Pero ellos añoran algo más que los bienes y el ingreso perdidos. Extrañan también un conjunto de valores y objetivos de vida en los que no pocos creyeron y vieron luego fracasar. Su escepticismo no es olvido, es desaliento. Quizá, para una generación siguiente, será violencia.

El dilema de la reconstrucción de la política sobre esos escombros sociales tiene perplejo al espectro político panameño. La democracia, triunfante en el poder desde 1989, refleja sus errores al enarbolarse en consignas sociales —”ahora le toca al pueblo”—, las cuales desnaturalizan su verdadero propósito, al acumular pequeños o grandes privilegios particulares que atropellan la equidad y profundizan la desigualdad.

La actual democracia vacila ante el agobio del propio descrédito. La clase gobernante, agotada ya la esperanza de la receta neoliberal, enmudece. ¿Quién tendrá mensaje creíble y posible para los desencantados? Porque, paradójicamente, en esa pobre clase media empobrecida reside, potencialmente, la mayor fuerza política para gestionar la reinserción de la mayoría de los panameños, hoy en la sala de espera del camino hacia un mundo de oportunidades de realización plena y dignidad.

Si el dilema central del panameño de hoy es la desigualdad, la respuesta tiene que ser esperanzadora. No puede ser divisoria o fragmentaria, como ha predominado en nuestra historia política y social.  Para tal efecto, el país requiere de políticos que cuenten con un currículum digno para presentarse y ganar ese concurso cívico. Hasta ahora, no existe ningún partido político con prédica igualadora y de ciudadanos íntegros, atributos fundamentales para hacer de un pueblo una nación. Por eso, curiosamente, sólo reconociendo y haciendo caso de nuestra realidad podremos proyectarnos hacia el futuro.

Para encaminarse a ese destino, el país deberá evitar la ansiedad por fechas electorales, así como la lectura de encuestas por un tiempo. Sólo concentrar la energía en buenas ideas y todavía mejores comportamientos. Los panameños tardamos casi un siglo en lograr que la primera de nuestras reivindicaciones centrales se realizara.   Hoy los tiempos exigen no sólo paciencia, sino también trabajar con otros sectores tradicionalmente divergentes.

Si eso no se hace, el reto seguirá vacante hasta que lo recojan quienes sepan insuflarle a la política la semilla de la confianza. El rumbo está claro: hacia un país sin contradicciones sociales tan profundas como el actual.


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Este artículo se publicó el 20 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.