En defensa de la Universidad

La opinión del Docente Universitario en Psicología Clínica…..

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Jorge I. Cisneros

El 7 de octubre la Universidad de Panamá, cumplirá setenta y cinco años de vida como la institución insignia de la educación superior en el país. Desde sus modestos inicios en el Instituto Nacional, hasta el complejo académico y físico que se esparce brindando carreras técnicas, de licenciatura, postgrados y un amplio espectro de diplomados, seminarios, ha transcurrido un provechoso tiempo.

La base educativa, sanitaria, administrativa y científica que alimenta el Estado panameño ha tenido en la Universidad de Panamá su sustento primordial. No sólo en estos campos los universitarios han sido protagonistas del destino de la nación, sus aportes al perfeccionamiento de la nacionalidad y de la identidad, las luchas por la soberanía y el compromiso permanente por los intereses populares le ganaron un sitial de respeto y la acreditaron como una institución fundamental para construir el futuro de la República.

Estos momentos deben ser propicios para valorar el pasado y en función del acumulado de experiencias, trazar estrategias y metas para ir cimentando los logros habidos, despojándonos de falsas modestias y egos enaltecidos, enfrentando las fallas. Eso debería ser hasta una tarea osada, sin miedos, de cara a buscar las carencias humanas, metodológicas, conceptuales, tecnológicas, con las herramientas que convierten a las universidades en estructuras poderosas, lo que se logra solo cuando la verdad le da el sentido de su ser.

No es así como estamos transitando el año de las bodas de diamante. El país nos mira atónitos, pues lejos de emprender lo que debe ser prioritario para darle impulso a los proyectos que nos sitúen cerca de los paradigmas de calidad, el año transcurre marchitándose en esfuerzos para perpetuar un estilo de gobierno académico que se materializa en mantener a las mismas personas, en los mismos cargos, con la arrogancia que permite desconocer una y otra vez las normas orgánicas porque al entender de esas mismas personas su ausencia significa la debacle del sistema que se ha construido para que nada cambie en el ámbito de las autoridades y sus redes de poder.

La Universidad necesita quien la defienda, hoy más que nunca, pero no de aquellos que señalan sus aspectos críticos y tratan de explicar que ha sucedido para que exista la percepción de que vivimos en una pendiente que la arrastra hacia estadios que debieron superarse. En verdad la Universidad si necesita ser defendida a toda costa de quienes la perciben como un feudo personal donde no tiene cabida la critica, la disensión y menos aún la confrontación de ideas.

Es tiempo para que los universitarios hagan caso omiso de los mensajes que promueven el miedo y crean el clima de que es inminente la inestabilidad y el caos, si no seguimos adocenados.

El título de Rector, a partir de su uso en las Partidas de Alfonso X El Sabio en el siglo XIII fue complementado en España – ya en el siglo XX – con el tratamiento de Magnífico, adjetivo que hoy ante nombres como Unamuno pareciese poco. Hoy los homenajes pretenden inmortalizar los cultos individuales en avenidas, parques y en los escasos claustros donde por excepción se manifiesta la inteligencia creativa, vibrante, que reta la intolerancia y pugna por el derecho de trazar las rutas del futuro sin condiciones, se asilan los que son percibidos como disidentes, cuando no abiertamente se condenan como enemigos.

Afiches que promueven la celebración del septuagésimo quinto aniversario de la Universidad de Panamá, han sido editados con el nombre de Quijotadas, tiene impresa una imagen pequeña del Caballero y Rocinante y otra que cubre más de la mitad del cartel presenta al Quijote adusto con su lanza.   En uno de sus extremos tiene un logo de los 75 años y una leyenda que dice Universidad de Panamá, 2010: “Año del 75º Aniversario”, está firmado por la Vicerrectoría Académica. El que tiene el número 5, es de febrero de 2010, El pensamiento que se destaca es el siguiente “Peca de complicidad el pueblo que perdona a sus traidores”.

Extraña reflexión para promover un evento que debe ser motivo de orgullo de todos, o sencillamente desde ya se hila la trama subliminal que identifica como traidor a quien ose no enrolarse en las coordenadas trazadas por los epígonos de la reelección. En verdad la universidad necesita quien la defienda.

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Este artículo se publicó el  20  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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