No hay cosa que más me moleste que me crean estúpida

La opinión de…..

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MÓNICA MIGUEL FRANCO

De todas, era la que más odiaba. Ese cuento en concreto me sacaba de mis casillas. Fue la causante de varios ataques de furia de mi profesor y de por lo menos una visita al despacho de la directora. Y aún hoy, cuando por casualidad me toca escucharla, me vuelve a revolver la bilis. Debe ser que cuando repartieron las virtudes, a mí, la caridad y el desprendimiento no me llegaron, ni un poquito, por lo menos no con la gente que se busca lo que tiene. Me explico, la parábola del hijo pródigo me parece una de las farsas más estúpidas y egoístas que se han contado. Y desde luego está escrita desde la visión del hijo calavera o del padre calzonazos, pero nadie ha puesto en negro sobre blanco la opinión del otro hijo. ¡Oh, sí! me contestarán los de siempre, si que lo hace. Ajá, sí, claro, para putearlo y mandarlo a callar…y no nos engañemos, ¡el otro hijo es el único que tiene razón en todo esto!.. Pues ésa es la misma sensación que yo tengo hoy, mientras estoy escribiendo esta columna. El gobierno no se ha puesto los pantalones, y para no disgustar al hijo malo le sigue dando otra oportunidad.

¿Alguien recuerda, aparte de sus familiares, a los muertos en el bus que se incendió hace unos años? ¿Alguien se acuerda de los cientos de muertos en todos los accidentes que han tenido los buses desde hace años? Accidentes que no lo son, accidentes que no son algo fortuito, sino la consecuencia lógica de la desidia, el poco importa con la vida de los pasajeros, la droga, la estupidez humana y la irresponsabilidad compartida entre los dueños de los cupos, los de los autobuses, los conductores y las autoridades.

Se preguntarán a qué viene esto hoy, ¿Por qué el aullido esta semana? Pues porque considero que de vez en cuando hay que darle un toque de atención a las autoridades.   Por si acaso no se han dado cuenta, los buses siguen haciendo exactamente lo mismo que han estado haciendo siempre. Se cruzan de un paño a otro sin duelo, aceleran a velocidades impensables en ciudad, hacen regatas, paran en cualquier sitio, (a pesar de que se les haya eliminado esa parada, a pesar de que haya un letrero de prohibido parar justo delante de sus ojos, a pesar de que hay un policía delante, policía que, obviamente, no mueve una pestaña para imponer la ley). Los pasajeros entran por la puerta trasera, demostrando una completa imbecilidad y un absoluto desprecio por su vida y nadie parece inmutarse.

Pero entonces, de repente, ocurre lo que nadie desea y muere gente.

Al día siguiente de una tragedia salen los mismos de siempre a darse golpes de pecho y a llorar desconsolados, prometiendo mano dura y medidas drásticas, prometiendo seguridad y control, hasta que pasa una mosca en el panorama político y entonces todo se olvida, cada uno sigue con su vida, menos aquellos que la perdieron.

¿Dónde quedó la prohibición de que los “pavos” vayan colgando de la puerta abierta? ¿Dónde quedó la prohibición de rodar con las llantas lisas? ¿Dónde quedó el regulador de velocidad en los camiones y en los buses, que el mismo presidente prometió a toda boca en los medios de comunicación tras la última tragedia? Y tantas y tantas otras promesas de regulación que quedaron en agua de borrajas. No me sirve que me hablen del Metrobus, ¿saben ustedes cuantas personas pueden morir hasta que eso se implemente?

Tantas muertes inútiles, tanto desperdicio de vidas humanas y nada ha cambiado. Al final, el hijo pródigo hace lo que le apetece y encima tiene en perspectiva un jugoso premio en efectivo al final del camino. Al parecer, la mafia del transporte ha conseguido con este gobierno lo que había conseguido con todos los anteriores, tenerlos comiendo de su mano.

Ahora le toca al pueblo… no se engañen señores, a los sinvergüenzas en este país les toca siempre y a los otros, bueno, a los otros siempre se las tocan.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Episcopado

La opinión del Sacerdote Jesuita…..

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Rosendo Torres

Ayer 17 de abril, después de una larga espera se llevó a cabo con toda la solemnidad del caso la consagración del nuevo Arzobispo de la sede metropolitana de la Iglesia Católica en Panamá. Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, de 53 años, asumió la dirección de los esfuerzos de todos los miembros de la iglesia católica en este país, sustituyendo al benemérito Monseñor José Dimas Cedeño Delgado, quien por razón de la edad presentó su dimisión. En los últimos días varios grupos de laicos que prestan servicio en distintos movimientos dentro de la iglesia ofrecieron su agradecimiento al obispo saliente reconociéndole su inspiración, ayuda, ánimo y presencia en los distintos empeños en que se agitan por la gloria de Dios y progreso espiritual y moral de la cristiandad católica arquidiocesana.

En Panamá han existido 46 obispos y una galería de ellos remozada se encuentra en el salón McGrath, en el edificio del Arzobispado, situado en la barriada de Carrasquilla. Me he dado cuenta que hoy hay muchos panameños que no saben que existe Carrasquilla y menos dónde está el edificio relativamente nuevo del Arzobispado, es decir donde funcionan las oficinas no la residencia del Obispo, ni de nadie de sus colabores.

Monseñor Ulloa es el tercer arzobispo más joven ya que con anterioridad estuvo Monseñor Tomás Clavel Méndez que fue creado arzobispo a los 43 años y luego Monseñor Marcos Gregorio McGrath de 45, ambos beneméritos y de feliz recordación. Todo este movimiento que ocurre en nuestra Iglesia Católica ocurre de acuerdo con los cánones del Derecho Canónico desde el canon 375 en adelante, en la parte III del libro II que trata del pueblo de Dios.

Como recorderis leo el primer canon 375: “

1. Los Obispos, que por institución divina son los sucesores de los Apóstoles en virtud del Espíritu Santo que se ha dado, son constituidos como Pastores en la Iglesia para que también ellos sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno.

2. Por la consagración episcopal junto con la función de santificar, los Obispos reciben también las funciones de enseñar, y regir, que sin embargo, por su misma naturaleza, sólo pueden ser ejercidas en comunión jerárquica con la cabeza y con los miembros del Colegio.

Existen otros cánones donde se explican aspectos de las funciones del Obispo. Episcopos. Es una palabra griega formada de la preposición “epi”: Sobre, skopeo: ver. Que inspecciona o mira por sus diocesanos.

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Este artículo se publicó el  18  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hechos son amores

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…..

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MARIELA SAGEL

“Hechos son amores y no buenas razones” dice del más sabio de los refranes españoles, y por allí se van “por bulerías” como ellos mismos dicen, para criticar a Rodríguez Zapatero tildándolo que ejecuta una legislatura de ruptura.

Sin embargo yo quiero referirme al hecho bienvenido de la designación de Roxana Méndez como primera Ministra del Interior, que fue anunciado por el presidente Martinelli, lo que llena de alegría al género al que pertenecemos además que, a las que la conocemos, sabemos que es bien merecido el nombramiento no solamente por la lealtad que ella ha mantenido desde el inicio con el partido al que pertenece y su cabeza, así como supo separarse a tiempo de una gestión municipal que nos tiene hundidos en la basura y en la inmundicia, al punto que el ministro de Salud ha decretado una alerta sanitaria a nivel de la ciudad.

Roxana tiene además la muy formada experiencia de haber dirigido una fundación que ha sido exitosa y ha sentado precedentes, los que nadie le va a escatimar, sabe de las necesidades del pueblo y no le adornan, precisamente, premios de baile por hacer su trabajo sino todo lo contrario, un compromiso muy grande en una posición de tanta relevancia y responsabilidad. Enhorabuena por ese nombramiento, lo que sumará una cara bonita y fresca y con clase al gabinete.

Otro hecho interesante que se da en esta semana pestilente es la anunciada implementación de la llamada Ley Zanahoria, que debe su nombre a que fue Antanas Mockus, hoy candidato a presidente de Colombia, que la puso en ejecución en Santa Fe de Bogotá cuando era alcalde.   Y los resultados le dieron vuelta a la tuerca.   De ser la ciudad más peligrosa del país ahora es una perla de cultura, decencia y buenas maneras. Y simplemente la Ley Zanahoria ordena que cierren los bares y el expendio de licores a las 2 de la mañana.

Enseguida pitaron los dueños de bares y restaurantes, que si el turismo se va a ahuyentar, que si la seguridad jurídica.   Vale más la seguridad de nuestros hijos y de nosotros mismos y hasta de la fuerza pública que es la que tiene que velar porque estemos a salvo y, si queremos parrandear, salgamos temprano.   Lo que pasa es que se ha hecho costumbre salir tarde a los bares. Una de las veces que fui a Bogotá en misión oficial, nos reuníamos a cenar temprano y cerca de las 11 ya estábamos todos bien portaditos en nuestras habitaciones. Y de eso dan fe mis compañeros de viaje, comisionados de la policía, funcionarios del ministerio tanto de Gobierno como de Relaciones Exteriores y periodistas, que nos acompañaron a negociar una repatriación de insurgentes del vecino país.

Esta ley no solamente debería aplicar a los bares y lugares públicos, también debe ser ley para las fiestas privadas. Hay áreas sociales de condominios donde a veces hay que llamar a la policía bien entrada la madrugada porque los decibeles no dejan dormir al vecindario entero y mientras más alta la música, más altos los gritos. A la gente le encanta oírse y si tienen que competir con la música, pues más alto hablan.

Apoyo con denuedo esta iniciativa del Ministro Mulino y ojalá que sea realidad pronto. Escuchaba en un programa de radio que en los barrios populares las cantinas abren a las 10 de la mañana, entonces, ¿qué hacen expendiendo licor a las 12 de la noche?

Los hechos demuestran que bien pensados, pequeñas acciones y decisiones como éstas, en medio de esta locura, dan una luz de esperanza para que algo cambie mientras todo sigue igual (bien dicho por Lampeduza en su laureado libro El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” y que los que nos mandan a veces dejen de ser testaferros de los espurios egoísmos de los que los rodean.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los cierres de calles

La opinión del Empresario…..

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John A. Bennett Novey

La periodista Mónica Palm reporta en este diario que “los cierres de calles serán un delito”.  No logro entender cómo en algún momento legislaron que un delito solo era falta, ya que la virtud de una actuación humana no depende de la legislación sino de su propia naturaleza. Mil parlamentos proclamando al asesinato como falta solo aclararían que se trataba de mil torpes parlamentos.

El gran reto legislativo no está en inventar leyes, sino en descubrir aquello que es esencial para nuestras vidas; cosas que han existido mucho antes de que los humanos las hubiésemos advertido y plasmado en una roca, pergamino o pedazo de papel.   Si en algún momento en Panamá se estableció en ley que la interrupción del libre tránsito, particularmente la violenta, era solo una falta, ese hecho en sí fue delictivo; algo así como decretar que el secuestro solo fuese una falta.

El derecho al libre tránsito es tan importante como el derecho a la vida, pues sin él la misma vida se pone en riesgo, y nadie, ni una agrupación de personas, se puede erguir en contra de ello.   Si así se ha hecho costumbre, es porque en el pasado los politiqueros lo usaron para sus desviados fines, aupando a grupos universitarios y a otros al cierre de calles. Secuestrar significa el retener indebidamente a personas para exigir algo; visto así, el cierre de calles es un secuestro.

Si una persona en una ambulancia fallece porque algún grupo cerró una calle para quejarse de asuntos administrativos, ello es un acto criminal.   Las calles son de utilidad pública y cerrarlas en protestas nos llevará a una desintegración social.

Siempre existirán situaciones de fuerza mayor que lleven a la rotura de las garantías constitucionales, pero después del hecho los responsables deben responder por sus actos; ciudadanos o gobierno. El cierre de calles es terrorismo y si los gobiernos lo permiten el mensaje que se da es que conviene la subversión o que los fines justifican los medios.

La agresión engendra agresión defensiva y a eso se ha llegado en nuestras calles.  Nadie puede, en justicia, negar el derecho de defensa. Y ni hablemos de lanzar bloques desde un edificio de 50 pisos o más; ya que ello es igual que salir a disparar con un arma de fuego.

Es un error argumentar que algún acto delictivo no debe ser considerado como tal, porque se presta para “encarcelar o perseguir a disidentes”, ya que toda ley está sujeta al abuso del poder y a ser mal interpretada y usada. Mal precedente distinguir unos delitos como tales y otros no, pues ello se presta a la discrecionalidad; triste facultad cuando se trata de funcionarios públicos.

Dicho lo anterior, aclaro que igualmente se debe respetar el derecho a protestar, pero sin violencia; y cuando se da, los demás que acompañan a los violentos son cómplices de esa violencia. A los buenos gobernantes les exigimos buen criterio para no hacer redadas indiscriminadas y masivas. Ya la sociedad sabrá juzgar estas cosas.

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Este artículo se publicó el  18  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ídolos: Ejemplo y ruta por seguir

La opinión del Periodista…

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RAÚL EDUARDO CEDEÑO

Una de las situaciones más grandes que están afectando la moral de nuestra sociedad es el estar poniendo a ídolos falsos como ejemplo para nuestra juventud.

Y si hoy vemos los resultados de la desidia nacional en poner buenos ejemplos a la juventud, ¿qué podemos esperar de los años que vienen?

Es más peligroso tener ídolos falsos que en no tenerlos, porque todo ídolo verdadero es ejemplo y es ruta. Quizás sea por ello que cuando ponemos al frente de nosotros a ídolos falsos, sin moral alguna y lleno de las más atemorizantes actitudes, entonces tenemos que conformarnos con los resultados de la criminalidad que hoy tenemos y una actitud muy inmoral o amoral por parte de nuestras jóvenes generaciones.

Ellos seguirán esos derroteros equivocados y muy peligrosos para la juventud de hoy como la del mañana. Poniéndoles esos héroes que hoy les estamos forzando a aceptar como guías no está siendo lo más recomendable. Y el que muchos de esos falsos guías hayan sido sinceros en un momento relampagueante de sus vidas, o generosos algunos de ellos, no reduce el riesgo, lo aumenta.

Es que el riesgo está no en apariciones públicas reservadas, sino en el aplauso público que muchos piden para ellos. Todo ello nos lleva a caer en un abismo al que tantos héroes sin cabezas nos han lanzado.

Lo arriba indicado no es con el propósito de hundir reputaciones por el gusto de hacerlo, porque con ello no lograría derribar a nadie si fuese mi intención. Somos muchos en nuestra sociedad que así pensamos del tema, y a ese número de personas no nos mueven enconos personales.

Lo que sí pedimos es que seamos vigorosos en el juzgamiento que están haciendo círculos de nuestro país para promover ídolos que no tienen siquiera la cultura mínima para mejorar nuestro diario vivir, ya sea en la pintura, en los temas de programas de telenovelas y actuaciones deshonrosas, así como la música inculta, especialmente.

A esos que han sido colocados como falsos ídolos y ejemplo para la juventud y la niñez tenemos que levantarles la fe, pero no adulándoles sus yerros y festejando públicamente su incultura. Si pensásemos que no hay entre nosotros pasta para construcciones más nobles, entonces sería canallesco privar a los lectores de esta opinión y serían muy pocos los que se ocuparían de hacerlo.

Sin embargo, lo manifestado anteriormente no simboliza que no tengamos héroes verdaderos en nuestro país, porque afirmar que el héroe, guía o ídolo es un producto de la imaginación popular, sería traicionar la virtud y el patriotismo.

Además, nuestro pueblo no puede aceptar que aquí en nuestra tierra no exista ningún guía verdadero, porque ello significaría que somos un pueblo que no tiene o no ve futuro.

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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010  en el diario El Siglo,  a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Panamá La Loca

La opinión del Economista…..

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Flavio Velásquez Espino

Comparo los problemas que agobian Panamá con los que han sumido en el pesimismo a Europa y los Estados Unidos.  Estos países capitalistas avanzados sufren retrocesos políticos y económicos. Panamá no.   Nosotros sufrimos el trauma del éxito y del crecimiento. Y estamos en eso todavía.

Ambos tipos de crisis son normales porque pertenecen a los retos que impone el avance de la civilización en diversos estadios de desarrollo. Pero veamos estas diferencias.

Los Estados Unidos y Europa están afectados por una gran crisis de desocupación y deterioro del liderazgo político y empresarial.   Es decir sufren dos crisis al mismo tiempo, una económica y otra política.   En Panamá, por el contrario, estamos cerca del pleno empleo, por lo tanto no nos afecta el paro.   Y el país, en una manifestación heroica de optimismo popular, ha elegido a un nuevo dirigente político para que resuelva los problemas de liderazgo político de siempre que hasta ahora no han resuelto nunca los problemas de siempre. Por lo tanto Panamá en estos momentos, según la percepción pública, no sufre de una falta de liderazgo político. Aunque el liderazgo elegido sea sustentado por suposiciones y esperanzas. Y estamos en eso todavía.

Y si bien las encuestas panameñas indican que la gente siente que nuestros problemas más graves son los de la violencia y la corrupción, en mi opinión esos no son objetivamente los problemas más graves de Panamá.

Todos los problemas graves de Panamá dependen de uno sólo:  la incapacidad de gestión pública y privada.   Es decir una falla fatal de liderazgo político y empresarial. Por ejemplo, en cualquier gran empresa como banco, supermercado, restaurante o cine la empresa o el ejecutivo respectivo, muestra que carece de la capacidad de ajustar la oferta a la demanda de servicios y productos en las horas de punta; las cuales prácticamente por el crecimiento que nos afecta, abarcan mucho más horas que las de punta.   Y casi todos los establecimientos no cuentan con una adecuada oferta de estacionamientos, ni con una adecuada gestión de trámites y procedimientos administrativos en función de una proyección de demanda creciente.

Por parte del gobierno y del funcionario público la situación es peor; no existe ningún servicio o trámite público que sea prestado de manera satisfactoria.

En otras palabras las crisis de Panamá están determinadas todas por una sola crisis catastrófica en la gestión de funciones.    En otras palabras nuestros dirigentes públicos y privados no muestran, o no tienen, las capacidades que se necesitan para manejar el éxito, el progreso y el crecimiento de las necesidades y demandas de los ciudadanos. Les resulta difícil o imposible adecuarse al determinante básico consistente en el hecho sencillo que el progreso y el éxito vienen de abajo, vienen de la demanda. Lo cual significa que los problemas vienen de arriba, vienen de la oferta. Y noto algo peor. Que no se dan cuenta de esto ni de la naturaleza de sus responsabilidades.

Y por último me resulta alarmante que no se sienten culpables de nada. Es decir, no ven que todos los tranques de tramitación y de movimiento vienen de arriba. Vienen de una falla en la gestión de funciones.  Lo repito indignado: “hay una falla de gestión grave en Panamá que hay que resolver de manera urgente”. Que es una falla de productividad y efectividad laboral, localizada al vértice en los niveles normativos y ejecutivos y que se transmite al resto de la estratificación laboral de base.

Una falla que por estar localizada en la cabeza, como la locura, puede crear riesgos y desgracias físicas predecibles y costosas; porque esa locura de gestión está a punto de trancar catastróficamente el éxito, el pleno empleo y el crecimiento que Panamá ha disfrutado hasta ahora. Y esa falla compromete y tranca además el cumplimiento de las grandes visiones políticas del Presidente Martinelli.

Como siempre, termino con una nota optimista, como la del electorado mayoritario, quien eligió una fuerte voluntad política para impulsar al gobierno y a las empresas de manera correcta hacia un futuro de orden y de mejor calidad. Estoy seguro que se logrará porque no hacerlo sería una locura.

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Este artículo se publicó el  18  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ley fascista impone “Cárcel para el pueblo”

La opinión del dirigente sindical y Secretario General del SUNTRACS…..

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GENARO LÓPEZ

Quien escribe ha sido perseguido, reprimido y encarcelado injustamente, al igual que toda la dirigencia del Suntracs, incluso a nuestro compañero Saúl Méndez se le montó una acusación para llevarlo a los tribunales, comprobándose en el juicio la falsedad de las acusaciones.

En 1995, cuando Ernesto Pérez Balladares reformó el Código de Trabajo imponiendo la Ley 44, más de 500 miembros del Suntracs, en ellos casi la totalidad de la dirigencia, fueron encarcelados. En el 2001 bajo la administración de Mireya Moscoso, cuando se aumentó el precio del pasaje, cientos de panameños fueron reprimidos y encarcelados. En el 2005, Martín Torrijos impuso la Ley de la Muerte, donde más de 1,000 panameños fueron detenidos.

Al Suntracs en los últimos años le han asesinado cinco de sus dirigentes, todos luchadores que entregaron su vida por mejores condiciones de trabajo, por seguridad social, por el derecho a la vida del pueblo panameño.

Pese a todo ello, nunca hemos claudicado, hemos seguido en las calles, porque ni la represión ni la muerte detendrán a una organización que está consciente que los derechos que no se conocen y no se defienden se pierden.   Porque el movilizarnos e incluso trancar las avenidas es un derecho universalmente reconocido producto de las heroicas luchas del movimiento social. No es una ley fascista la que nos detendrá.

¿Quienes y por qué se movilizan?

-Se movilizan los pobladores que no ven respuestas a sus demandas comunitarias: acceso al agua potable, a la prestación del servicio de recolección de la basura, la seguridad ciudadana;

-se moviliza el obrero al cual todos los días se le violenta su derecho al trabajo y a un salario que propenda a una vida digna, al que se le coloca en la informalidad laboral, al que se le descuenta la cuota de seguridad social pero que el empresario retiene ilegalmente, al que lucha por no morir producto de que el empresario no cumple las normas de seguridad laboral;

se moviliza el campesino porque no puede sacar sus productos ante la falta de caminos, porque la escuela de su hijo es menos que rancho, porque sus hijos mueren de desnutrición;

-se moviliza el indígena que es desplazado de sus tierras ancestrales porque los gobiernos han decidido favorecer a las transnacionales mineras a pesar que contaminan el ambiente;

-se moviliza el estudiante porque el aumento del costo de la vida parece no tener fin, porque en sus escuelas se están cayendo y no hay material didáctico;

-se moviliza el docente que se opone a la imposición de un proyecto que busca profundizar la desigualdad social, al negar la oportunidad a los estudiantes a recibir una educación integral, humanitaria y científica;

-se movilizan los profesionales que han visto pauperizarse sus condiciones materiales de vida.

Es decir, ¿quiénes son los “famosos terceros”?, ¿los que crea el gobierno a través de sumas millonarias (22 millones) que entrega a los medios de comunicación social?

Dónde están los derechos de los primeros, es decir del pueblo, que sale a protestar porque se le ha violentado un derecho universal y constitucional.

Es sabido por todos, que nunca las movilizaciones y cierres de avenida son la primera acción del pueblo, siempre previo a ello ha existido las cartas de denuncias y solicitudes, las cuales son desatendidas por las autoridades.

Es sabido que las propuestas del pueblo siempre son descartadas por el gobierno, porque no se corresponde con los intereses de los grupos de poder económico y político (las 100 familias que integran la mafiocracia).

Nunca la violencia en las acciones de cierre de calles la inicia quienes ejercen el derecho a la protesta, son los llamados cuerpos policiales los que inician la represión.

A este gobierno no le interesa controlar la inseguridad ciudadana, la delincuencia que se vive, todas sus acciones, y la creación del Ministerio de Seguridad, las bases aeronavales y la incorporación de los miembros de las extintas Fuerza de Defensas a la Policía Nacional son claro ejemplo de ello, están dirigidas a penalizar la protesta social, a reprimir al pueblo.

Esta ley fascista del gobierno impone “cárcel para el pueblo”, pues sabe que en julio se sentirán los efectos del aumento del ITBMS a 7%, porque sabe que el pueblo trabajador estará en las calles rechazando las reformas a la seguridad social y al Código de Trabajo.

Ante la intimidación del gobierno de Martinelli, este primero de mayo movilización popular.


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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.