La revocatoria de mandato

La opinión de…..

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Moisés Pinzón Martínez


Así como nos expresamos, pensamos y así como pensamos actuamos; por lo que las palabras son una radiografía del pensamiento. El proceso de aprendizaje a lo largo de la existencia humana está plenamente vinculado al desarrollo de las manos y del lenguaje. Es el lenguaje el que nos permite comunicarnos con la naturaleza, en cuanto hemos ido aprendiendo a conocerla y, por ende, a controlarla.

Desde la total ignorancia en que existíamos hace muchos miles de años, pasando por el aprendizaje en el control del fuego y luego del invento de la rueda, hasta en la actualidad con la construcción de la estación espacial internacional, la actividad política también ha tenido un proceso evolutivo cónsono con la evolución de la comunicación.

Cada nueva época es mejor. Los que definimos hoy el acontecer político, ayer éramos esclavos. La capacidad de comunicación que hoy tenemos ha permitido que manejemos un conocimiento general de las circunstancias en las que vivimos, muy superiores; es por lo que exigimos a aquellos que detentan el poder mayor participación y transparencia en las decisiones que se toman sobre la “cosa pública”.

En la medida que la comunicación (que la sociedad mantiene con su entorno) ha mejorado, en esa misma medida la “cosa pública” se fue democratizando. Es por lo que la revocatoria de mandato es un término nuevo, que define los sucesos por el cual se puede destituir a una determinada autoridad escogida por el voto popular ante el incumplimiento de las promesas electorales.

¿Y por qué nace este nuevo concepto, que perfecciona la comunicación entre nosotros?

En los primeros tiempos de vida en comunidad el poder emanaba de los individuos más observadores; los que lograron aprender conocimientos que el resto de los pobladores no poseían. Desde entonces hasta ahora, el mantener el conocimiento circunscrito exclusivamente a un sector determinado y evitar a toda costa que el conjunto de la sociedad maneje la suficiente información, ha sido una tarea prioritaria de los sectores que detentan el poder. Sin embargo, inevitablemente, de generación en generación, el conocimiento se va multiplicando por muchos motivos y caminos; siendo el más determinante el desarrollo de los medios de producción, el cual exige cada vez mayor preparación para poder utilizarlos.

El conocimiento masivo que la sociedad ha adquirido en los últimos cien años, y que además madura a grandes pasos, ha determinado y determina cambios constantes en el manejo que los sectores en el poder le dan a la democracia; lo cual implica el grado de participación que la población votante tiene en la toma de decisiones sobre los asuntos que afecten positiva o negativamente al conjunto. Esta realidad ha ido evolucionando. En los primeros tiempos la orientación del poder era un asunto de una decisión personal de un gurú o curandero, después era la decisión familiar, después de un grupo de familias, después de un sector social, para que hoy sea un asunto de toda la sociedad. En las cuatro primeras fases del desarrollo de ésta, el incumplimiento o no de los acuerdos y compromisos en el ejercicio “del poder” se resolvía con discreción, en reuniones muy privadas o en los campos de batalla.

Hoy, los sectores involucrados son tan diversos en cantidad e intereses, producto de la masificación de la educación y las comunicaciones, que se hace imperativo garantizar el cumplimiento de las promesas electorales por vías que permitan la participación masiva de la población. Siendo los partidos políticos la forma más evolucionada que hemos encontrado para tal fin.

La Revolución Francesa impone una nueva visión: “El poder emana del pueblo”. Nace el concepto que reza que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Pero esta nueva consigna representa la realidad existente entonces, hace 200 años, que se enfrentaba a la realidad autocrática de que “la voz del rey era la voz de Dios”.

Hoy el “poder” emana del pueblo, del voto popular, a partir de planes y programas presentados por los partidos, para su evaluación en una elección general. Como consecuencia, las decisiones de las “autoridades escogidas” no pueden ser el producto de su conciencia, mas sí de las promesas electorales, evaluadas por la membresía del partido.

Es por lo que la revocatoria de mandato se convierte en una exigencia moderna, que permite que el electorado pueda actuar en defensa de sus intereses ante la posible ineptitud de sus delegados escogidos, siendo la “democracia partidista” la vía más ordenada para su aplicación.

Este nuevo concepto, la revocatoria de mandato, contradice la tesis de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”; esta consigna indica que luego de escogidos los dignatarios, ellos deben actuar de acuerdo a su conciencia o lo que es lo mismo “hacer lo que les dé la gana”.

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Este artículo se publicó el  15  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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